22 September 2017
 

Evangelio para el domingo 20 de agosto 2017. Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: -«Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: -«Atiéndela, que viene detrás gritando.» Él les contestó: -«Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»

Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: -« Señor, socórreme.» Él le contestó: -«No está bien echar a los perros el pan de los hijos.» Pero ella repuso: -«Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»  Jesús le respondió: -«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» En aquel momento quedó curada su hija.  Palabra del Señor. Mateo 15, 21-28.

UN PECADOR SE CONVIERTE EN CREYENTE POR SU HUMILDAD

            La virtud de la fe, se mueve en la humildad, la confianza y la perseverancia. Así nos lo hace entender el texto bíblico sobre el encuentro de la mujer Sirofenicia con el Salvador del mundo. Hay casos que llaman mucho la atención, por su insistencia, por la perseverancia, por la cantidad de motivaciones en la mente y en el corazón de alguien que padece un mal y busca afanosamente la solución a su problema. 

            Dios permite que millones y millones de personas se beneficien de su bondad y misericordia, a través del misterio de la fe. Es la única condición que propone para encontrar la salvación y liberación que Él mismo ofrece con la instauración de su Reino. A primera vista puede parecer muy simple la solución, alguien puede decir: Yo le digo al Señor que sí creo en Él y de paso me sana, me perdona, me libera, me da solución a mi dificultad. Así pues, el asunto no es decirle, sí Creo. El problema es demostrarle y lograrlo convencer que existe esa realidad en nuestra mente y en nuestro corazón. La mujer cananea no se deja abatir, insiste persistentemente, acepta la reprimenda de Cristo y también le da una respuesta: “También los perros se comen las migajas que caen de las mesas de sus amos”. Jesús no tiene otra salida, y accede a que se cumpla lo que aquella mujer desea. La humildad es la virtud moral, que nos va a abrir todos los caminos para la conquista de la verdad. Dios admira mucho la gente humilde, la gente que sabe pedir, que se sabe arrodillar, que sabe reconocer su propio estado de vida. La humildad se opone al orgullo, a la soberbia, a la egolatría. Cuánto mal hace la soberbia para aquellos que pretenden llegar donde Dios; porque la soberbia es la afirmación aberrante del propio yo. El humilde localiza algo malo en su vida y puede corregirlo. La virtud de la fe reclama la humildad: Aprendemos a orar como lo hizo alguien en la historia: “Señor, ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes y a no mentir para ganarme el aplauso de los débiles. Si me das fortuna, no me quites la felicidad. Si me das fuerza, no me quites la razón. Si me das éxito no me quites la humildad. Si me das humildad, no me quites la dignidad. Enséñame a perdonar, que es lo más grande del fuerte y a entender que la venganza, es la señal primitiva del débil”. Padre, Jairo Yate Ramírez.  Arquidiócesis de Ibagué. 

Reflexión Papa Francisco. Mateo 15, 21-28. Un creyente puede perder la fe, por sus pasiones y vanidad, mientras que un pagano puede convertirse en creyente a través de su humildad. Esta ha sido la idea que ha desarrollado el papa Francisco esta mañana en la homilía de la misa de Santa Marta. Las lecturas del día invitan a reflexionar sobre un doble camino: "de la idolatría al Dios viviente" y, al contrario, "del Dios viviente hacia la idolatría". La meditación del Santo Padre ha surgido del Evangelio, que narra la historia de una mujer valiente, la cananea, pagana, que pide a Jesús que libre a su hija del demonio. Francisco ha señalado que es una madre "desesperada", y una madre "frente a la salud de su hijo, hace de todo".

 Así, el Papa ha indicado que "Jesús le explica que ha venido primero para las ovejas de la casa de Israel, pero se lo explica con un lenguaje duro: 'Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perros'. Esta mujer, que ciertamente no había ido a la universidad, sabía cómo responder".

Esta mujer - ha indicado Francisco - "no tuvo vergüenza" y por su fe, Jesús, "le hizo el milagro". Y ha añadido: "se había expuesto al riesgo de hacer el ridículo, pero ha insistido, y del paganismo y de la idolatría ha encontrado la salud para su hija y para ella ha encontrado al Dios viviente. Este es el camino de una persona de buena voluntad, que busca a Dios y lo encuentra. El Señor la bendice. ¡Cuánta gente hace este camino y el Señor la espera! Pero es el mismo Espíritu Santo que le lleva adelante para hacer este camino. Cada día en la Iglesia del Señor hay personas que hacen este camino, silenciosamente, para encontrar al Señor, porque se dejan llevar adelante por el Espíritu Santo". Fuente: Zenit.

Pistas para la Lectio Divina...

Mateo 15,21-28: Ante la humildad de la mujer cananea: ¿Qué tan grande es mi fe? “Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas” Fuente: Centro Bíblico Pastoral para la América Latina (CEBIPAL) del CELAM. Padre, Fidel Oñoro   

 Con el relato del itinerario de fe de mujer cananea entramos en el cuarto cuadro de la galería presentada por el evangelista Mateo. El cuadro anterior había sido el del proceso lento y doloroso vivido por Pedro en medio del lago, a él Jesús le habló de su “poca fe”, de su “duda”.  El de hoy, por el contrario, es un cuadro radiante: la fe valiente de una mujer que fue felicitada por Jesús y a quien conocemos como “la cananea”.

Mateo ha preferido llamarla “cananea” y no “sirofenicia” -como hace el evangelista Marcos- quizás para hacernos sentir más la grandeza de su confesión de fe: de un cananeo no se esperaría tanto. De hecho, el pueblo cananeo es recordado continuamente en el mundo del Antiguo Testamento como un pueblo confuso e idólatra; incluso, ya desde las antiguas gestas de la ocupación de la tierra, el pueblo de Israel consideraba estos antiguos pobladores de Canaán como gente primitiva y bruta. Pues esta mujer emerge repentinamente desde dentro de esa penumbra.

No solo frente a la fe todavía germinal de Pedro, sino también frente a la falta de fe de los fariseos y los saduceos, a los cuales Jesús les ha recordado la profecía de Isaías 29,13 (“Este pueblo me honra con los labios pero su corazón está lejos de mí”, citado recientemente en Mateo 15,8), la mujer, madre de familia, cananea, pero también sufriente, emerge como paradigma de fe: “¡Mujer, grande es tu fe!” (v.28).

 El grito de fe de la cananea nos pone en contacto con una realidad profundamente humana: ¿Qué no haría una madre de familia para lograr que su hija se cure y se salve?

 Esta madre de familia presentada como una de las mujeres fuertes del Evangelio, nos enseña su propio camino de fe a través de la ruta de la oración que pasa por diversos tropiezos. Notemos

1. La mujer ora de lejos

La mujer va gritando detrás del grupo que acompaña a Jesús. En su grito podemos captar su agitación interna, su confusión, su sufrimiento. El contenido de su grito tiene una gran fuerza que se capta en cada término que utiliza:

·         Ella invoca “piedad”, así como se hace frecuentemente en los Salmos (por ejemplo 6,2; 9,13; 24,16, 51,3 y muchos otros).  Nos han dicho que es una pagana, de ahí que sorprenda que ponga en sus labios lo mejor de la oración de Israel.

·         Le da dos títulos a Jesús, “Señor” e “Hijo de David”, títulos que evocan el misterio de Jesús que los discípulos han venido conociendo gradualmente. Su oración se inserta en una experiencia de Jesús y no es simplemente un favor que se pide sin involucrarse en su misterio.

·         Le expresa la realidad de su hija: “está malamente endemoniada” (15,22). No pide que la cure, simplemente dice que es lo que pasa.  La mujer apela a un Jesús “pastor” para quien es suficiente “ver” para “compadecerse” y “actuar”.

En el diálogo con Jesús ocupa un lugar central el don del pan, que significa la plenitud del bien y que es el don propio de un padre para sus hijos.

Sagazmente la mujer retoma las palabras de Jesús y las pone a su favor: a los perritos les tocan las migajas que caen de la mesa de los patrones. Ella hace una profunda reflexión: ve a los hijos como a sus patrones, comprendiendo la obra de Jesús con ella como la extensión de su misión al pueblo judío, su rebaño (ver Isaías 53,6; Miqueas 2,12). La mujer se sabe colocar en el lugar de los pequeños que entran en el Reino (ver 18,4). Entonces Jesús le concede lo pedido.

¿Cómo ve esta mujer a Jesús? La mujer sospecha que este Hijo de Israel tiene un corazón grande y que el banquete en el que él da el pan es de una abundancia tan grande, tan extraordinaria, que es para todos, no importan los comensales: incluso los perritos.  Esta mujer intuye que donde está la salvación todos se pueden beneficiar.

Este itinerario de fe y de oración de la mujer es importante para nosotros, nos permite ver el trasfondo espiritual, los gestos, las palabras y sobre todo la actitud fundamental de una oración de intercesión. Y un dato importante: se trata de una oración autoincluyente, o sea, al pedir por su hija esta mujer pide también por sí misma (“Ten piedad de mí”, “Socórreme”), mostrando así que lleva en su corazón orante el dolor de su hija y que, por tanto, también la madre necesita sanación. Esta identificación de fondo, haciendo propio el dolor de aquél por el cual se suplica es característica de una auténtica oración.

Mateo 15, 21-28 Padre. Jorge Humberto Peláez. SJ.

ü      El evangelio de hoy tiene como figura dominante a una mujer cananea quien, ante la enfermedad de su hija, busca en Jesús la solución a su drama familiar.

ü      Muy probablemente nos hemos sentido impactados al escuchar de labios de Jesús expresiones muy duras dirigidas a esta madre angustiada: “sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel”, “no está bien echar a los perros el pan de los hijos”. ¿Por qué Jesús utiliza semejante lenguaje?

ü      Es importante que conozcamos el contexto de esta acción salvífica de Jesús:

o       Los fariseos y los maestros de la ley han declarado la guerra a Jesús. Por eso él se retira a la región de Tiro y Sidón, que era un territorio pagano, al norte de Galilea.

o       En este relato Jesús muestra que la salvación ha superado las fronteras religiosas y culturales de Israel para abrirse a los demás pueblos.

o       En el Antiguo Testamento, el adjetivo cananeo/a designaba a los paganos, es decir, a aquellos pueblos que no pertenecían al pueblo de la promesa; el mismo alcance tenía la palabra “perro”, que era usada de manera despectiva por los judíos para referirse a los extranjeros que no compartían la fe en Yahvé.

o       Al escribir este relato, Mateo piensa en aquellos miembros de la comunidad que ponían obstáculos al bautismo de los paganos y veían con malos su integración a la Iglesia. Entre los judíos bautizados era frecuente creer que ellos, en virtud de su raza, eran los únicos destinatarios de las promesas. Jesús rompe estos esquemas exclusivistas.

ü      Después de comprender el contexto de este relato – que es la tensión entre los judíos bautizados que  rehusaba recibir a los paganos dentro de las comunidades cristianas -, podemos profundizar en la petición que esta madre angustiada dirige a Jesús:

o       Es una solicitud desinteresada pues la mujer no pide para ella sino para su hija, que se encuentra en una situación desesperada.

o       La madre cananea nos enseña que debemos ser sensibles a las necesidades de los demás. Con frecuencia, sólo tenemos ojos para nuestras dificultades personales. La incapacidad para mirar a nuestro alrededor nos hace creer que nuestros problemas son los más grandes y que nuestro drama individual no tiene comparación... Al mirar el entorno podemos redimensionar nuestras dificultades.

o       La petición de la madre angustiada se inspira en una confianza sin límites: “”Ten compasión de mí, Señor, hijo de David”, “Señor, socórreme”

o       En este relato, los discípulos sirven de facilitadores, pues establecen un puente de comunicación entre Jesús y la mujer. Ante el aparente desinterés de Jesús por los gritos de ésta, ellos hacen de promotores de su causa; en el lenguaje de hoy, podemos afirmar que se muestran hábiles maestros en el arte del cabildeo o lobby.

o       Jesús quiere poner a prueba la fe de la cananea para cerciorarse de la autenticidad de su oración. Cualquiera de nosotros hubiéramos vuelto las espaldas a Jesús, pues hubiéramos considerado insultantes sus palabras.

o       Sin embargo, la cananea no se desanimó, sino que siguió insistiendo. Por eso Jesús reconoció la admiración que sentía hacia ella: “Mujer, ¡qué grande es tu fe!”

ü      Además de la persistencia en la oración, otro gran tema teológico de este relato de San Mateo es la universalidad del anuncio de salvación:

o       Este mensaje de universalidad aparece con gran nitidez en la primera lectura, tomada del profeta Isaías: “A los extranjeros que se han dado al Señor para servirlo (....) los traeré a mi monte santo, los alojaré en mi casa de oración”

o       Esta misma idea resuena en el Salmo responsorial: “Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben”

 

o       El tema de la universalidad de la salvación suena muy bien a los oídos de una sociedad pluralista como la nuestra. Ahora bien, el reconocimiento de la universalidad también plantea serios problemas prácticos porque nos exige abrirnos a otras culturas, con horizontes simbólicos que nada tienen que ver con lo que hemos aprendido nosotros. Pensemos, en concreto, que la universalidad del anuncio de la salvación  nos exige aceptar formas litúrgicas que pueden parecernos exóticas (los africanos y los asiáticos hablan con Dios  mediante símbolos ajenos a las  costumbres occidentales), sus tradiciones culturales tienen consecuencias en cuanto al ordenamiento disciplinar (el Derecho Canónico es una estructura absolutamente extraña para ellos), las formulaciones doctrinales que han sido elaboradas por la Iglesia a lo largo de los siglos deben ser  expresadas en un lenguaje comprensible para estas culturas que no  se articulan dentro de nuestros conceptos filosóficos y teológicos heredados del mundo greco - romano.