22 September 2017
 

Evangelio para el domingo 3 de septiembre 2017. Empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increpado: -«¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.» Jesús se volvió y dijo a Pedro: -«Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.»

Entonces dijo Jesús a sus discípulos: -«El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrada? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.» Palabra del Señor. Mateo 16, 21-27.

APRENDE A PENSAR SEGÚN LA MENTE DE  DIOS

°°° “Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: -«¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.» Jesús se volvió y dijo a Pedro: -«Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.» °°° Mateo 16, 21-27. 

            Para un discípulo es esencial captar claramente a quién está siguiendo; de esto depende la naturaleza y el significado de su seguimiento. Cuanto más los discípulos toman conciencia de quién es su Maestro, y de su originalidad, tanto más fuerte se hace la exigencia de permanecer junto a él y de seguirlo.  Ahora, la tarea primera del discípulo es seguir al Maestro, permitiéndole a él que indique el camino. Pedro hizo lo contrario de un discípulo: se había puesto delante de Jesús para apartarlo de un camino que consideraba equivocado. Jesús lo remite a su puesto de discípulo. Le explica con claridad que su camino conduce a la resurrección a través de la pasión y muerte. Señala a Pedro como “Satanás”, subraya que el camino anunciado por él fue establecido por Dios. Quien quiera apartarlo de él, dejándose determinar por los impulsos y deseos humanos, se pone contra Dios y se pone del lado de la tentación, cuya tarea es separar de la voluntad de Dios. Los pensamientos del ser humano no siempre han coincido con los pensamientos de Dios. El mismo creador afirma: "Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos " Isaías 55,8. Confiamos más en nuestras propias fuerzas, creemos que nuestra inteligencia siempre tiene la razón, nos falta mucho conocimiento del ser de Dios. Cuando creemos que todo está terminado, las posibilidades se cerraron, justamente la Palabra de Dios nos dice todo lo contrario: por ejemplo: Ya no puedo mas. Dios me responde: “Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza». Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo. II Corintios. 12,9. Digo: No tengo perdón de Dios.  El Salvador me responde: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia." Juan 10,10.  Digo, no puedo cambiar mi vida, soy impotente. Dios me responde: "No os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto." Romanos 12,2. Digo, es imposible. Dios me recomienda: «Lo imposible para los hombres, es posible para Dios.» Lucas 18,27. Dios tiene su plan y nosotros debemos ajustarnos a su pensamiento: “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.” Mateo 16,24. El pensamiento de Dios, es y seguirá siendo el máximo alimento para la razón humana. Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué.

Mateo 16, 21-27  Padre, Jorge Humberto Peláez. SJ. ü Para poder comprender el texto que nos propone el evangelista Mateo, es necesario refrescar el evangelio del domingo anterior pues constituyen un solo relato que se divide por razones de brevedad.

ü En el evangelio que meditamos el domingo anterior, escuchamos la confesión entusiasta de Simón Pedro quien, en nombre de sus compañeros, reconocía a Jesús como Mesías e Hijo de Dios. Esta confesión le mereció el reconocimiento de su Maestro, quien lo constituyó en piedra o fundamento de su proyecto apostólico.

ü En el texto evangélico que acabamos de escuchar, Jesús comunica a sus discípulos la agenda de sufrimiento que le espera en los próximos días: “Debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas del Sanedrín, padecer la muerte y resucitar al tercer día”

ü Simón Pedro, que siempre había dado muestras de un temperamento impulsivo, entró en shock ante el anuncio de la pasión y muerte de Jesús: “¡Jamás, Señor! Eso no te puede suceder”

ü ¿Por qué esta reacción de Pedro? En esa etapa de maduración en la fe, Pedro y sus compañeros no podían aceptar la idea de un Mesías fracasado, que tuviera que someterse a las más crueles torturas y a la muerte. Sus ilusiones estaban puestas en un Mesías que restauraría las viejas glorias de Israel. Solamente después de la resurrección comprendieron el plan de Dios, cuya oferta de salvación pasaba por la muerte pero culminaría en la resurrección.

ü ¿Cómo responde Jesús ante la reacción primaria de Pedro?

o   Nos sorprenden las duras palabras del Maestro: “¡Déjame seguir mi camino, Satanás! Me estorbas, porque tus ideas no son las de Dios sino las de los hombres”

o   Contrastan estas duras palabras con el elogio que le había hecho poco antes, y sobre el cual meditamos el domingo anterior: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque esto no te lo reveló la naturaleza humana, sino mi Padre que está en el cielo”

o   Después de semejante “piropo”, Jesús lo llama “Satanás”. Antes Jesús había reconocido que las palabras de Pedro eran una revelación de Dios Padre; ahora lo llama “tentador” porque pretende apartarlo del cumplimiento de la voluntad del Padre. Las palabras de Pedro, que pretenden modificar la agenda de Jesús, nada tienen que ver con la voluntad de Dios.

ü Después de este enérgico llamado de atención, Jesús plantea su plataforma programática, que está en total sintonía con el Sermón de las Bienaventuranzas: “Si alguien quiere venir conmigo, renuncie a sí mismo, cargue su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la conservará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si pierde la vida?”

ü ¿Cuál es el alcance de estas palabras de Jesús?

o   Acoger el mensaje de Jesús no puede reducirse a una cierta simpatía ideológica, que se podría expresar en frases como ¡qué bello mensaje!, ¡qué espíritu revolucionario!, ¡qué poeta más inspirado!, ¡qué chévere!

o   Acoger el mensaje de Jesús no puede reducirse a una cierta adhesión social, como sería la participación en algunos ritos y en contribuir a campañas de beneficencia organizadas por la Iglesia.

o   Tampoco se trata de imitar a Jesús porque es imposible reproducir el contexto social, religioso, político dentro del cual llevó a cabo su ministerio

ü El sentido positivo de acoger el mensaje de Jesús  se expresa a través de la palabra “seguimiento”:

o   Seguir a Jesús es buscar continuamente la voluntad del Padre a través de una lectura cuidadosa de los hechos de la vida diaria.

o   Seguir a Jesús es cultivar una vida de oración que nos permita manifestar a Dios todo lo que sucede en nuestra vida y crear el silencio para que Él se manifieste.

o   Seguir a Jesús es preocuparnos por los excluidos de la sociedad, a los que él atendió de manera preferencial.

o   Seguir a Jesús es establecer unas relaciones interpersonales en el respeto, la justicia y el amor.

ü Estas crudas palabras de Jesús – “si alguien quiere venir conmigo, renuncie a sí mismo, cargue su cruz y sígame” – nos producen una cierta incomodidad porque preferiríamos un Cristianismo “light”, que se fuera acomodando a los sondeos de opinión, que no hiciera denuncias embarazosas, que nos diera una palmada de aprobación en el hombro y avalara nuestras ambigüedades.

ü Es importante precisar que estas palabras radicales de Jesús a propósito del seguimiento no pueden interpretarse como una glorificación del masoquismo, como si el sufrimiento fuera un valor que debe ser buscado por los seres humanos:

o   El masoquismo - o sea la complacencia de sentirse maltratado o humillado - es una perversión psicológica y nada tiene que ver con el plan de Dios.

o   Dios quiere que seamos felices, que disfrutemos de los bienes y oportunidades que Él ha creado para todos.

o   Ciertamente el sufrimiento es un componente de la experiencia humana. Asumirlo en la fe es  vivirlo como  una oportunidad de maduración, como una purificación de nuestros egoísmos, como una plegaria unida al sacrificio de Cristo.

Mt 16, 21-27  Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del apostolado Logos.

Idea principal: O pensamos como Dios o pensamos como el mundo y los hombres. No hay otra opción.

Resumen del mensaje: Cuando Jesús anuncia por primera vez que va a Jerusalén a padecer y que allí será entregado a muerte, y resucitará al tercer día, se encuentra con la reacción, de buena fe pero exagerada, de Pedro que quiere impedir ese fracaso a Cristo. La respuesta de Jesús hoy no es ciertamente de alabanza, como en el domingo pasado, sino una de las más duras palabras que salieron de su boca: “Apártate de mí, Satanás”. Cristo le invita –nos invita- a pensar como Dios y no como los hombres.

Puntos de la idea principal:

            En primer lugar, los hombres pensamos de ordinario en clave de éxito, y no de fracaso. Y cuando no viene ese éxito, nos invade la depresión, el desaliento y la tristeza. Preguntemos, si no, al profeta Jeremías en la primera lectura. Profeta del tiempo final del destierro y figura de Jesús en su camino de pasión, y de todo cristiano que quiera ser consecuente con su fe. Era joven y el ministerio que le tocó no era nada fácil: anunciar desgracias, si no cambiaban de conducta y de planes incluso políticos de alianzas. Nadie le hizo caso. Le persiguieron, le ridiculizaron. Ni en su familia ni en la sociedad encontró apoyo. Jeremías sufrió angustia, crisis personal y pensó en abandonar su misión profética. ¡Qué fácil es acomodarse a las palabras de los gobernantes y del pueblo para granjearnos el éxito y el aplauso! Los profetas verdaderos, los cristianos verdaderos, no suelen ser populares y a menudo acaban mal por denunciar injusticias. En esos momentos, miremos a Cristo en Getsemaní.

En segundo lugar, los hombres pensamos de ordinario en clave de poder y ambición, y no de humildad y desprendimiento. A Pedro no le cabe en la cabeza la idea de la humillación, del despojo, del último lugar. No había entendido que toda autoridad se debe ejercerla como servicio, y no como dominio. ¡Le quedaba tanto por madurar! Nos queda tanto por madurar. Pensamos como los hombres y no como Dios. A esto lo llama el Papa Francisco “mundanidad” (Evangelii gaudium, nn. 93-97). Y cuando Pedro entendió, afrontó todo tipo de persecuciones, hasta la muerte final en Roma, en tiempos de Nerón, como testigo de Cristo. Los proyectos humanos van por otros caminos, de ventajas materiales y manipulaciones para poder prosperar y ser más que los demás y dominar a cuantos más mejor. Pero los proyectos de Dios son otros.

Finalmente, los hombres pensamos de ordinario en clave de comodidad, y no de cruz. Ni a Pedro ni a nosotros nos gusta la cruz, ya sea física –enfermedades-, moral –abandono, calumnia, incomprensión- o espiritual –noches oscuras del alma que nada ve ni siente; sólo hay un túnel oscuro. ¿A quién le gusta la cruz? Ya nos avisó Jesús. No nos prometió que su seguimiento sería fácil y cómodo. “Carga con la cruz y sígueme”. Preferimos un cristianismo “a la carta”, aceptando algunas cosas del evangelio y omitiendo otras. Queremos Tabor, no Calvario. Queremos consuelo y euforia, no renuncia ni sacrificio. La cruz la tenemos, tal vez, como adorno en las paredes o colgada del cuello. Pero que esa cruz se hunda en nuestras carnes y en nuestro corazón, de ninguna manera. La clave para cuando nos visita la cruz de Cristo nos la da san Pablo en la segunda lectura de hoy a los romanos: ofrecernos a Dios como ofrenda viva, santa y agradable a Dios. Sólo así pensaremos como Dios.

Para reflexionar: ¿Pensamos como Dios en materia de negocios, de moral sexual, de política, de relaciones humanas? Dice el papa Francisco: “La mundanidad espiritual, que se esconde detrás de apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia, es buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal…Si invadiera la Iglesia (esta mundanidad) sería infinitamente más desastrosa que cualquier otra mundanidad simplemente moral”(Evangelii gaudium, n. 93).

Para rezar: Señor, aquí tienes mi mente. Sabes que a veces pienso como el mundo, con las categorías del mundo. Hoy quiero convertir mi mente a Ti, para que piense como Tú, tenga tus mismos criterios. No quiero escuchar de tus labios lo que dijiste a Pedro: “Aléjate de mí, Satanás; piensas como los hombres, no como Dios”. Me encantaría poder decir como san Pablo: “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí” (Gál 2, 20), quien piensa en mí, quien ama en mí, quien decide en mí”. Amén.