24 November 2017
 

Evangelio para el domingo 12 de noviembre 2017. En Jerusalén dijo Jesús esta parábola: "Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.

A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!" Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas." Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis." Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor, señor, ábrenos." Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco." Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora."  Palabra del Señor. Mateo 25, 1-13.

EL REINO DE DIOS, SERÁ DE LOS PRUDENTES Y SENSATOS

"Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas “. °°° (Mateo 25, 1-13). Las parábolas sobre el Reino guardan un mensaje eminentemente comunitario. La comunidad es la primera beneficiada con el Reino propuesto por Jesús. Se forma y se construye el ambiente comunitario con base en la Palabra; no somos los autores principales, somos el resultado de una Palabra que se encarnó en nuestros corazones y sentimientos, y nos permitió llamarnos hermanos, comunidad, Iglesia, Reino. Precisamente, el Reino será de aquellos que aprendan la gran lección divina: sean prudentes y sensatos. Por ende, hay que evitar constantemente la insensatez. El Papa Francisco en su homilía matutina de la casa santa Marta, explicaba esta gran verdad, diciendo: “El insensato no escucha. Piensa que escucha, pero no escucha. Siempre hace lo que quiere y por eso la Palabra de Dios no puede entrar en su corazón y elimina todo lugar para el amor. °°° Los insensatos no saben escuchar. Esa sordera es la que le lleva a su gran equivocación”.

            Entendamos que la vida se va construyendo con los pequeños esfuerzos, con los avances, con las dedicaciones, con la comprensión vital de la significación de la presencia de Dios en lo que pensamos, en lo que hacemos, en lo que decidimos. Si soy sensato permito que me aconsejen y me indiquen el camino; si no lo soy, me convierto en la persona necia, terca e intransigente.  ¿Cuál será el remedio? Los grandes ideales se plantean desde la sabiduría, así lo enseña la Sagrada Escritura: “La sabiduría es radiante e indefectible, la ven fácilmente los que la aman, y la encuentran los que la buscan; ella misma se da a conocer a los que la desean”. (Sabiduría 6,12). Desafortunadamente, no todos se dejan guiar por la sabiduría que viene de Dios. Algunos piensan que tienen la razón, estos se convierten en insensatos: su pensamiento es absurdo, ilógico, incongruente. Otros, aplican la sabiduría, que los convierte en prudentes, sus frutos son: personas discretas, moderadas, precavidas, de buen juicio, razonables y reflexivas.  Sabiamente dice la Escritura que el Reino de Dios vendrá de un momento para otro, su venida es inminente, no lo sabemos con exactitud, pero en este esperar la recomendación bíblica es estar atentos, vigilantes, con la llama de la fe encendida, con las lámparas encendidas. Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué.  

Papa Francisco. Mateo 25, 1-13. La lámpara que tenemos es la mejor.

Cuántas veces uno se despista y vive en la oscuridad. Y a veces unos se quieren poner a la luz del otro, como estas jóvenes que buscaron poner en sus lámparas el aceite de las otras. Pero cada uno tiene su luz. En cada uno Dios ha dejado una luz particular, una luz que le hace ser él mismo. Por eso, en el Reino de los cielos cada uno tiene que ser él mismo.

Unas luces son más fuertes, otras más débiles, otras cambian constantemente… Y así podemos encontrar un sinfín de luces como personas. Y cada uno tiene que cuidar  y dar cuentas de esa luz que recibió. Porque esa lámpara que Dios nos ha dado la tenemos que poner en el candelabro. Y puede que a veces no me guste mi lámpara, no me guste mi luz o gaste mi aceite. Puede que a veces utilice mis cualidades para presumir o a veces quiera ocultar esa luz, esas virtudes o defectos. Incluso a veces no quiero mi lámpara.

Pero esa lámpara puede ser fea, puede tener una luz muy tenue, puede que vea más la oscuridad que la luz. Pero es la luz que no me ha regalado Dios; es la luz que me acompañará a lo largo de mi vida. Por lo tanto, tengo que aceptarla. Y tengo que cuidarla. Y me puede pasar que piense que no me va bien esta lámpara. Quisiera otra más o menos luminosa. Y siempre estoy queriendo la vela o el aceite de los otros. Pero, en realidad, la lámpara que tengo es la mejor, ¡porque es mi lámpara! Es un regalo de Dios. Lo importante es ver mi vida y mi historia desde los ojos de Dios y no desde una mirada humana. He de elevar la mirada; contemplar la maravillosa obra de Dios en mi vida y darle las gracias.

«La lámpara, cuando comienza a debilitarse, tenemos que recargar la batería. ¿Cuál es el aceite del cristiano? ¿Cuál es la batería del cristiano para producir la luz? Sencillamente la oración. Tú puedes hacer muchas cosas, muchas obras, incluso obras de misericordia, puedes hacer muchas cosas grandes por la Iglesia —una universidad católica, un colegio, un hospital...—, e incluso te harán un monumento de bienhechor de la Iglesia, pero si no rezas todo esto no aportará luz. Cuántas obras se convierten en algo oscuro, por falta de luz, por falta de oración de corazón». Homilía Papa Francisco, casa santa Marta.

Padre, Fidel Oñor. CJM. Mateo 25, 1-13.

El capítulo 24 de Mateo tiene como tema central la vigilancia: el discípulo que espera la venida del Señor no se echa a dormir, no deja que la rutina lo adormite, sino que está siempre atento a lo que ocurre a su alrededor, con una gran capacidad de discernimiento.

En el comienzo de capítulo 25, con la parábola de las 10 vírgenes, Jesús educa en esta actitud que debe ser característica de todo discípulo suyo, de todo aquel que vive una relación estrecha, de abandono total a Jesús (expresado en la imagen de las “vírgenes”).

“Vigilar” significa propiamente abstenerse del sueño. Esto es lo que precisamente se ilustra en el comportamiento de las vírgenes. Podemos sacar las siguientes lecciones:

(1) La pertenencia al Reino de Dios no se da por sí misma, sino que presupone el comportamiento intencional, las decisiones.  Así como las vírgenes que se preparan activamente para la venida del novio, es necesario actuar sabiamente, con prudente previsión y coherencia.  El Reino de Dios se gana con la sabiduría y se pierde con la necedad.

(2) Las 10 vírgenes comienzan iguales, en las mismas condiciones, pero luego 5 le toman ventaja a las otras cinco. Jesús enseña que personas que ha comenzado juntas y han tenido muchas cosas en común pueden llegar al fin de manera distinta, según su comportamiento.

(3) El ritmo de la vida ocurre normal, el tiempo pasa y caemos en la rutina. Jesús enseña a vivir intensamente cada día, no debemos esperar hasta el fin, hay que estar siempre preparados. En nuestra mente y en nuestro corazón debe estar siempre presente el Señor y su voluntad, viviendo la vida como un “entrar” continuamente en el Reino.

(4) Solo si estamos preparados podremos entrar en el Reino de los cielos, en el señorío pleno y bienaventurado de Dios y acogidos en la comunión definitiva con él. Quien no está preparado se encuentra con una puerta cerrada debido a su irresponsabilidad.

(5) El futuro se gana en el presente. Hay que tomar en serio el tiempo presente. El cielo comienza en la tierra.

Padre, Jorge Humberto Peláez. SJ. Mateo 25, 1-13

ü     Los comentaristas de la Biblia coinciden en afirmar que esta parábola de las vírgenes prudentes y de las vírgenes necias es de difícil comprensión. Y la dificultad consiste en que ofrece una serie de elementos que distraen al lector. Veamos algunos de estos distractores: ¿por qué se habla de vírgenes? ¿por qué a unas se las califica de prudentes y a otras de necias? ¿por qué las llamadas prudentes fueron tan egoístas que no quisieron compartir el aceite? Se describe la llegada del novio, pero la novia ¿dónde está, por qué no se habla de ella? Estos factores dificultan que se pueda captar su sentido profundo.

ü     Por eso es importante aclarar el contexto. Esta parábola debe ser interpretada dentro de una problemática que los primeros cristianos vivían con particular intensidad;

o       Ciertamente, ellos se sentían muy cercanos al Cristo histórico, que se había hecho como uno de nosotros, había muerto y resucitado. La primera venida de Cristo los marcaba profundamente.

o       Y al mismo tiempo vivían la esperanza de la segunda venida de Cristo, al final de los tiempos, como Señor y Juez universal.

o       Estos primeros cristianos vivían con una gran esperanza el periodo intermedio entre la primera y la segunda venida de Cristo al mundo. Ahora bien, en esa época  abundaban los fanáticos que anunciaban que la segunda venida se iba a dar en un periodo muy corto y estaría precedida por aterradores fenómenos de destrucción y muerte.

o       Este tipo de predicación se llamaba “apocalíptica”, asustaba a los oyentes y tenía un efecto paralizante: si pronto iba a regresar Jesucristo y todo sería destruido, ¿para qué trabajar, para qué esforzarse, para qué emprender proyectos? Esta parábola pretende orientar a la comunidad respecto a la problemática de la segunda venida del Señor.

ü     Después de conocer el contexto, pasemos a los protagonistas del relato:

o       La traducción habla de “vírgenes”; sería más exacto identificarlas como “mujeres jóvenes”. Estas diez muchachas eran las damas de honor de una boda que tenía un retraso significativo.

o       El texto las clasifica en dos grupos: cinco eran necias y cinco eran sensatas. Estos adjetivos no pretenden reflejar su coeficiente intelectual ni son el resultado del puntaje obtenido en algún test psicológico… Estos adjetivos califican la forma como ellas afrontan el futuro: unas fueron previsivas y otras fueron descuidadas y dejaron todo para el último momento.

o       Nos desconcierta la respuesta que dan las muchachas prudentes o previsivas a la solicitud de sus compañeras; se niegan a compartir el aceite que tenían. ¿Acaso son unas egoístas que aprovechan la oportunidad de ganarse el reconocimiento de los asistentes a la boda? Esta interpretación es muy simplista para ser verdadera. Hay realidades y valores que no se pueden transferir, pues no son objeto de intercambio. Cada uno de nosotros es el protagonista de su propia historia, es el constructor de su proyecto de vida. Y en ese proceso debemos asumir personalmente la responsabilidad de nuestras opciones. Nadie nos puede sustituir en la toma de decisiones.

ü     El tema de fondo que plantea esta parábola es la forma como nos ubicamos entre le presente y el futuro:

o       Hay personas cuyo único punto de referencia es el presente: se gastan todo el dinero que ganan, aprovechan todas las oportunidades de divertirse que se les presentan, no están interesadas en un proyecto de vida que les exija formular metas en el mediano plazo.

o       En el otro extremo encontramos a aquellos personajes que, obsesionados por unas metas de éxito y de reconocimiento social, sólo piensan en alcanzarlas. Y se olvidan del presente, no tienen tiempo para la familia, no disfrutan las cosas bellas y simples que nos ofrece la vida en su cotidianidad.

o       Esta parábola invita a vivir el presente con una apertura hacia el futuro. Es una exhortación a vivir en plenitud cada minuto que nos regala la vida. Es una propuesta de espiritualidad para buscar y hallar a Dios en todas las cosas, pues Dios se nos manifiesta aquí y ahora.

o       El texto del evangelio de este domingo termina con una frase llena de sabiduría: “Estén vigilantes porque no saben el día ni la hora”

ü     Esta eucaristía dominical es una magnífica oportunidad para revisar la manera como estamos gestionando nuestras vidas: ¿tengo en orden mis asuntos o continuamente voy posponiendo su organización? ¿si Dios me llamara en los próximos días, tengo resueltos mis asuntos afectivos, económicos y laborales, y tengo la conciencia en paz? No olvidemos que la vida la tenemos prestada y que estar vivos es un auténtico milagro.