24 November 2017
 

ARQUIDIÓCESIS DE IBAGUÉ RED NACIONAL PARA LA NUEVA EVANGELIZACIÓN CATEQUESIS PARA ADULTOS SINE

El Concilio Vaticano II prescribió la redacción de un “Directorio sobre la formación catequética del pueblo cristiano”. C.D. 44

            El 18 de marzo de 1971 fue aprobado y promulgado por Su Santidad Pablo VI el Directorio general para la catequesis. Desde ese año el Directorio ha orientado a las Iglesias particulares en el largo camino de renovación de la catequesis, proponiéndose como punto de referencia tanto en cuanto a los contenidos como en cuanto a la pedagogía y los métodos a emplear.

            El camino recorrido por la catequesis en ese período se ha caracterizado por doquier, por la generosa dedicación  de muchas personas, por iniciativas admirables y por frutos muy positivos para la educación y la maduración de fe de los niños, jóvenes y adultos.

            Sin embargo, no ha faltado – al mismo tiempo – crisis, insuficiencias doctrinales y experiencias que han empobrecido la calidad de la catequesis debido, en gran parte, a la evolución del contexto cultural mundial y a cuestiones eclesiales no originadas en la catequesis.

            Un aporte particularmente rico para la renovación catequética fue el ritual de la iniciación cristiana de adultos, promulgado el 6 de enero de 1972 por la Congregación para el Culto Divino.

Un hito decisivo para la catequesis fue la reflexión realizada por la Asamblea General del Sínodo de los obispos acerca de la evangelización del mundo contemporáneo, que se celebró en octubre de 1974. Las proposiciones de esta Asamblea fueron presentadas al papa Pablo VI, que promulgó la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi,  del 8 de diciembre de 1975.

            Este documento presenta, entre otros, un principio de particular importancia: la catequesis como acción evangelizadora dentro del ámbito de la misión general de la Iglesia. La actividad catequética, de ahora en adelante, deberá ser considerada siempre como partícipe de las urgencias y afanes propios del mandato misionero para nuestro tiempo.

            Este documento presenta, entre otros, un principio de particular importancia: la catequesis como acción evangelizadora dentro del ámbito de la misión general de la Iglesia. La actividad catequética, de ahora en adelante, deberá ser considerada siempre como partícipe de las urgencias y afanes propios del mandato misionero para nuestro tiempo.

            Juan Pablo II asumió en 1978 esta herencia y formuló sus primeras orientaciones en la Exhortación Apostólica Cathequesi Tradendae, del 16 de octubre de 1979. Esta Exhortación forma una unidad con la Exhortación Evangelio Nuntiandi y vuelve a situar plenamente a la catequesis en el marco de la evangelización.

El Sínodo extraordinario de 1985 ha influido, también, de manera decisiva sobre el presente y futuro de la catequesis de nuestro tiempo. Los Padres Sinodales propusieron al Santo Padre la elaboración de un Catecismo universal para la Iglesia Católica.

            La propuesta fue acogida favorablemente y hecha propia por Juan Pablo II. Culminado el paciente y complejo proceso de su elaboración, el Catecismo de la Iglesia Católica fue entregado a los obispos y a las Iglesias particulares mediante la Constitución Apostólica FIDEI DEPOSITUM el 11 de octubre de 1992.

Este acontecimiento impuso la obligación de revisar el Directorio General de la Catequesis, a fin de adaptar este valioso instrumento teológico – pastoral a la nueva situación y a las nuevas necesidades.

            El nuevo directorio conjugó dos exigencias principales:

Por una parte, el encuadramiento de la catequesis en la evangelización, postulado en particular por la E. N y C.T.

Por otra parte, la asunción de los contenidos de la fe propuestos por el Catecismo de la Iglesia Católica.

El  nuevo Directorio General de la Catequesis se publicó el 15 de  agosto de 1997

            La Catequesis por edades es una exigencia esencial para la comunidad cristiana. Por una parte, en efecto, la fe está presente en el desarrollo de la persona; por otra, cada etapa de la vida está expuesta al desafío de la descristianización y, sobre todo, debe construirse con las tareas siempre nuevas de la vocación cristiana.

            Existen, pues, con pleno derecho catequesis diversificadas y complementarias por edades, que vienen pedidas por las necesidades   y capacidades de los catequizandos. C.T. 45

            Los adultos a los que se dirige la catequesis:  la transmisión del mensaje de la fe a los adultos ha de tener muy en cuenta las experiencias vividas, los condicionamientos y los desafíos que tales adultos encuentran, así como sus múltiples interrogantes y necesidades respecto a la fe.

            En consecuencia cabe distinguir entre:

Adultos creyentes, que viven coherentemente su opción de fe y desean sinceramente profundizar en ella.

Adultos bautizados que no recibieron una catequesis adecuada; o que no han culminado realmente la iniciación cristiana; o que se han alejado de la fe, hasta el punto de que han de ser considerados “cuasicatecúmenos” C.T.

            Adultos no bautizados, que necesitan, en sentido propio, un verdadero catecumenado.

También debe hacerse mención de aquellos adultos que provienen de confesiones cristianas no en plena comunión con la Iglesia Católica.

ELEMENTOS Y CRITERIO PROPIOS DE LA CATEQUESIS DE ADULTOS

Esta catequesis se dirige a personas que tienen el derecho y el deber de hacer madurar el germen de la fe que Dios les ha dado, tanto más cuando estas personas están llamadas a desempeñar responsabilidades sociales de diverso género y están sometidas a cambios y crisis a veces muy profundos.

            Por esta razón, la fe del adulto tiene que ser constantemente iluminada, desarrollada  y protegida, para que adquiera esa sabiduría cristiana que da sentido, unidad y esperanza a las múltiples experiencias de su vida personal, social y espiritual.

            La catequesis de adultos debe identificar claramente los rasgos propios del cristiano adulto en la fe, traducir estos rasgos en objetivos y contenidos, determinar algunas constantes en la exposición, establecer las indicaciones metodológicas más eficaces y escoger formas y modelos.

            Entre los criterios que aseguran de modo eficaz una catequesis de adultos, auténtica y eficaz, hay que recordar:

 La atención a los destinatarios adultos, como hombres y como mujeres, teniendo en cuenta sus problemas y experiencias, sus capacidades espirituales y culturales, con pleno respeto a las diferencias.