24 November 2017
 

            SEGUNDO ANUNCIO “El pecado y sus consecuencias.  A las 10 am.  Recibimos esta noticia que nos puso a pensar muy seriamente:  charla dirigida por el Pbro. Marco Antonio.  Lo que más nos aleja del amor de Dios es el pecado. Nos alejamos de la propia vida, nos convertimos como en jueces del bien y del mal, nos sentimos avergonzados ante los demás, el pecado propiamente nos lleva a la muerte, nos desajusta personal y mentalmente ante los demás. Con el pecado le hacemos mucho daño a las demás personas, el pecado deteriora el tejido social, lleva a la mentira y termina en una cadena de fracasos.  El drama del pecado es doloroso porque borra el proyecto de Dios en nosotros, nos quita la paz, nos excluye, dejamos de hacer la voluntad de Dios, vivimos sin Dios y terminamos armando nuestro propio proyecto de pecado.  Solo la acción del Espíritu de Dios, nos permite saber dónde estamos? En lugar de aceptar las salidas falsas que nos ofrece el mundo.   Terminado este segundo anuncio de 30 minutos, regresamos al Pastoreo, para profundizar sobre este tema con las siguientes preguntas:  Qué consecuencias del pecado son más palpables en la vida humana?.  Reconocemos y sabemos que la mayor cauda de situación de pecado, es que hemos perdido en el mundo la conciencia de lo que es el pecado, caímos en un anticristianismo, en unas estructuras de presión hacia el pecado, parece como si el mal se fortaleciera cada día más.  Santa Teresa decía:  Aversio a Deo, Conversio Ad Creaturas. Cambiamos a Dios por los placeres de este mundo, por el poder, el placer, el tener, el hedonismo.

            TERCER ANUNCIO.  Lo recibimos a las 11 am.  Jesús es la solución de Dios.  Dirigido por: Henry Arango.  No todo el que me diga Señor, Señor, entrará en el Reino de Dios, sino el que haga la voluntad de Dios.  De igual forma, el que escucha mi Palabra y la pone en práctica será como el que edifica su casa en la roca.   Tengamos en cuenta que no tgodo está acabado, sino que hay una solución.  Dios nos ha dado una respuesta para encontrar la solución a nuestro problema del pecado y del alejamiento de Dios.  Precisamente Jesús es la solución. Es el único camino y no hay otro.  El camino es el Señor, lo que pasa es que nosotros hemos buscado otras soluciones en el mundo. Se supone que ya tenemos la salvación que Jesús nos ha ofrecido desde su Encarnación sabemos que El vino para salvar al mundo, lo único que debe hacer en esta vida es conservar esa Gracia y esa salvación que viene de Dios; bien dice la Sagrada Escritura: el que cree en Jesús no perecerá, tendrá la vida eterna. Terminado este anuncio de 30 minutos, regresamos a nuestro encuentro de pequeña comunidad con nuestro pastorcito para resolver la siguiente pregunta:  Qué dice la gente sobre Jesús de Nazaret?  Algunos saben muy poco sobre Él, otros lo racionalizan, otros desconocen su divinidad.  Jesús es el Hijo de Dios, el camino, la verdad y la vida, el amigo, el confidente, el salvador, lo mejor que me puede pasar en mi vida.  Así terminamos la mañana de este día martes, con el almuerzo y el descanso. 

            CUARTO ANUNCIO.  “La Conversión” a las 3 pm recibimos este mensaje, a cargo de Martha Isabel.  Trata con misericordia a tu siervo, enséñame tus leyes. Es la hora de la misericordia. Este es un anuncio especial, es el fundamento de nuestra vida cristiana. Dios ofrece unas normas y reglas de comportamiento, hay que cumplir unas metas que están en el mismo Evangelio.  La conversión empieza con un encuentro personal con Dios, es fruto del amor de Dios, a medida que uno se va enamorando de Dios, empieza a cambiar, es un cambio de lo interior a lo exterior, es una experiencia de vida: “El Reino de Dios está cerca, conviértanse y crean en el Evangelio”  la conversión es una exigencia inicial para comenzar a vivir ese Reino de Dios.  Si yo quiero y doy ese paso, mi vida comienza a transformarse. Tener cosas materiales, dinero o poder, necesariamente no me va a ser más feliz.  Nada de lo que uno acumula en la vida se lo va a llevar para el cielo.  Lo que me pide Dios es que me abandone en las manos de Dios.  Es necesario regresar a Dios, para ser más libres, para poder decir, aquí estoy Señor para hacer tu voluntad. Nadie sale de algo para marchar hacia algo peor.  Lo importante es para dónde vamos, hacia dónde marcha nuestra vida.  Es una marcha de lo bueno hacia lo mejor.  La conversión es el giro, es la vuelta, el salir de para irnos hacia °°°.  La pregunta es, qué es lo que yo debo dejar en este momento, qué clase de vida, debo abandonar.  Dios quiere que seamos mejores cada vez, en cada oportunidad, en cada ocasión. Los más beneficiados en cambiar de dirección somos nosotros. Lo que me hace feliz, es vibrar con el Evangelio. La Palabra cuestiona, transforma, anuncia, prevé el camino equivocado en que a veces nos encontramos.  La situación más difícil es que nosotros cambiamos a Dios por lo que más nos gusta y nos llama la atención. No reconocemos la presencia y la acción de Dios en nuestra vida.  El pecado es lo que nos separa del amor de Dios.  Tenemos que convertirnos de todo resentimiento, cómo puedo decir que amo a Dios si no amo a mi hermano a quien puedo ver.  Nos cuesta mucho perdonar a los demás.  Así bloqueamos el perdón que Dios tiene para nosotros. Dios es misericordia infinita. Si Dios perdona, quién soy yo, para no poder perdonar a mi hermano. La conversión debe ser permanente de todo resentimiento y de las obras de satanás.  Muchas veces hacemos dos cosas a la vez, le creemos a Dios y le creemos a satanás, a sus obras del mal, al esoterismo, astrología, horóscopo.  Los pasos de esa conversión inicia con el encuentro con el Señor, reconocer mi propio pecado, porque la conversión es obra del Espíritu Santo.  La salvación es obra de la Gracia de Dios.  Si uno reconoce ese pecado, es allí donde empezamos a ser libres.  Así que se trata de regresar a la casa mi Padre (Hijo Pródigo), muchas veces nos habremos arrepentido pero no nos hemos puesto en camino.  El pecado no nos duele porque no lo hemos reconocido, porque no aceptamos el dolor que causamos en los demás.  Finalmente el paso conclusivo para la conversión es la enmienda y la reconciliación.  Quizás no podemos volver a tener la misma relación buena que tenía con alguien pero sí sirve como medio de transformación en nuestras vidas, el orgullo no nos permite dar este paso.  Al terminar el mensaje nos congregamos en grupos con nuestro pastorcito para analizar la siguiente pregunta: De qué debemos convertirnos?.

            QUINTO ANUNCIO “Renuncia a las obras de Satanás” recibimos esta noticia a las 4.30 pm.  A Cargo Henry. El mal es muy sutil, pues logra separarnos del amor de Dios. “No imites las prácticas horrendas de aquellos juegos, no adivinación, no superstición, el sortilegio, el encantamiento. Quien no haya quien consulte a los adivinos e invoque a los espíritus, o interrogue a los muertos. Todo esto ante los ojos de Dios es abominable.  Deuteronomio 18, 9 ss.  Dios exige conversión de todo pecado, conversión de todo resentimiento, conversión de las obras de satanás.  A las cosas hay que llamarlas por su nombre, a veces maquillamos con palabras, ciertas realidades y cuando lo hacemos es simplemente para disminuir la gravedad de esa misma realidad y nos da miedo hablar de satanás y de hablar claramente de las obras de él.  Hablar de satanás no es un tema superado, el problema entre la vida del hombre, satanás sigue presente con sus obras. Satanás existe, hay que llamarlo por su nombre, tiene mucho poder.  Hay que aprender a conocer cómo actúa el mal, no es tanto una serpiente, el mal es muy astuto. Hay que renunciar con mucha radicalidad y firmeza, sabemos que el mal no duerme, no descansa, está siempre presente. Debemos descartar todo esoterismo de nuestras vidas.  La solución es la ley de Dios: Amarás al Señor, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu corazón.  A Dios no le agrada que lo reemplacemos, que lo cambiemos.    

            DÍA TERCERO.  16 Enero.   Iniciamos esta jornada a las 7 am, con la Celebración Eucarística presidida por nuestro Arzobispo. 

            SEXTO ANUNCIO  “La Fe”.  Si confesamos que Jesús es el Señor, seremos salvos. Hebreos 2,14-18.  Debo creer que Jesús es el Hijo de Dios y que se ha hecho hombre y por lo tanto es mi Salvador.  Los reyes magos lo adoran y lo reconocen como el Hijo de Dios. Jesús es el Señor de Todo, el Señor de mi vida, Él es el Mesías.  Debo aceptar la salvación que se me ofrece en Jesús.   Muchas personas tienen crisis de Fe. Muy interesante como el Santo Padre Benedicto XVI, plante el tema de la Fe en su Motu Proprio “Porta Fidei” numeral 13: “A lo largo de este Año, será decisivo volver a recorrer la historia de nuestra fe, que contempla el misterio insondable del entrecruzarse de la santidad y el pecado. Mientras lo primero pone de relieve la gran contribución que los hombres y las mujeres han ofrecido para el crecimiento y desarrollo de las comunidades a través del testimonio de su vida, lo segundo debe suscitar en cada uno un sincero y constante acto de conversión, con el fin de experimentar la misericordia del Padre que sale al encuentro de todos.

            Durante este tiempo, tendremos la mirada fija en Jesucristo, «que inició y completa nuestra fe» (Hebreos 12, 2): en él encuentra su cumplimiento todo afán y todo anhelo del corazón humano. La alegría del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte, todo tiene su cumplimiento en el misterio de su Encarnación, de su hacerse hombre, de su compartir con nosotros la debilidad humana para transformarla con el poder de su resurrección. En él, muerto y resucitado por nuestra salvación, se iluminan plenamente los ejemplos de fe que han marcado los últimos dos mil años de nuestra historia de salvación.

            Por la fe, María acogió la palabra del Ángel y creyó en el anuncio de que sería la Madre de Dios en la obediencia de su entrega (cf. Lucas 1, 38). En la visita a Isabel entonó su canto de alabanza al Omnipotente por las maravillas que hace en quienes se encomiendan a Él (cf. Lucas 1, 46-55). Con gozo y temblor dio a luz a su único hijo, manteniendo intacta su virginidad (cf. Lucas 2, 6-7). Confiada en su esposo José, llevó a Jesús a Egipto para salvarlo de la persecución de Herodes (cf. Mateo 2, 13-15). Con la misma fe siguió al Señor en su predicación y permaneció con él hasta el Calvario (cf. Juan 19, 25-27). Con fe, María saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cf. Lucas 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo (cf. Hechos 1, 14; 2, 1-4).

            Por la fe, los Apóstoles dejaron todo para seguir al Maestro (cf. Mateo 10, 28). Creyeron en las palabras con las que anunciaba el Reino de Dios, que está presente y se realiza en su persona (cf. Lucas 11, 20). Vivieron en comunión de vida con Jesús, que los instruía con sus enseñanzas, dejándoles una nueva regla de vida por la que serían reconocidos como sus discípulos después de su muerte (cf. Juan 13, 34-35). Por la fe, fueron por el mundo entero, siguiendo el mandato de llevar el Evangelio a toda criatura (cf. Marcos 16, 15) y, sin temor alguno, anunciaron a todos la alegría de la resurrección, de la que fueron testigos fieles.

            Por la fe, los discípulos formaron la primera comunidad reunida en torno a la enseñanza de los Apóstoles, la oración y la celebración de la Eucaristía, poniendo en común todos sus bienes para atender las necesidades de los hermanos (cf. Hechos 2, 42-47). Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había trasformado y hecho capaces de llegar hasta el mayor don del amor con el perdón de sus perseguidores.

            Por la fe, hombres y mujeres han consagrado su vida a Cristo, dejando todo para vivir en la sencillez evangélica la obediencia, la pobreza y la castidad, signos concretos de la espera del Señor que no tarda en llegar. Por la fe, muchos cristianos han promovido acciones en favor de la justicia, para hacer concreta la palabra del Señor, que ha venido a proclamar la liberación de los oprimidos y un año de gracia para todos (cf. Lucas 4, 18-19).

            Por la fe, hombres y mujeres de toda edad, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida (cf. Apocalipsis 7, 9; 13, 8), han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor Jesús allí donde se les llamaba a dar testimonio de su ser cristianos: en la familia, la profesión, la vida pública y el desempeño de los carismas y ministerios que se les confiaban. También nosotros vivimos por la fe: para el reconocimiento vivo del Señor Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia.” 

            SÉPTIMO ANUNCIO.  “Vida Nueva”.  Recibimos este mensaje a las 10 am.  Es el resultado de todo un proceso de vida cristiana.  Inicia propiamente en la conversión, como la decisión precisa de seguir en los caminos del Señor.  Renunciar a las obras de satanás es clave para lograr una vida diferente.  Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida.  Mi vida debe ser centrada en Cristo, la misión es un envío.  Nadie puede conocer el Reino de Dios, si no nace del Agua y del Espíritu Santo.  Se toma una decisión consciente para lograr una vida nueva, que es la vivencia propia de la Gracia.   Reconociendo nuestra situación de pecado, lo podremos lograr. 

            PREPARACIÓN A LA LITURGIA PENITENCIAL.