24 November 2017
 

PASOS FUNDAMENTALES PARA UNA ESPIRITUALIDAD BÁSICA EN LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

25 Mayo 2012. Autor: Rigoberto Corredor B. Obispo de Pereira.

                Hablar de espiritualidad y de Nueva evangelización, son palabras mayores, propias de un especialista en estos campos tan serios y profundos, sobretodo en estos tiempos de travesía de la Iglesia por el desierto del mundo, que está viviendo una época completamente nueva, Con estas páginas solo pretendemos dar unas pinceladas, apoyados en algunos documentos del Magisterio de la Iglesia, para orientar a nuestros discípulos misioneros en la urgente y necesaria tarea de la nueva evangelización, No podemos perder más tiempo tratando de evangelizar sin apoyarnos en una sólida espiritualidad, para que sea una verdadera fuerza divina, la que nos lance sin miedo y sin cálculos humanos a tarea de la misión evangelizadora. Y esta espiritualidad no puede existir en nosotros sin un contacto con el Espíritu Santo. Él es el agente principal de toda obra apostólica en la Iglesia, como nos lo recordaba/el Papa Pablo VI, en la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi: Él es quien, hoy igual que en los comienzos de la Iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por Él y pone en sus labios las palabras que por sí solo no podría hallar, predisponiendo también el alma del que escucha para hacerla abierta y acogedora de la Buena Nueva y del Reino anunciado" (n. 75).

La vida espiritual en cualquier discípulo misionero no reemplaza ningún sistema o método evangelizador, es verdad que nosotros debemos respetar y acatar los pasos de nuestro proceso. pero en el mismo documento que hemos citado antes leemos lo siguiente: "Las técnicas de evangelización son buenas pero ni las más perfeccionadas podrían reemplazar la acción concreta del Espíritu. La preparación más refinada del evangelizador no consigue absolutamente nada sin Él.... Sin Él los esquemas más elaborados sobre bases sociológicas o sicológicas se revelan pronto desprovistos de todo valor" (Ibíd. n 75).

                Podríamos preguntarnos: ¿Qué pasa con nuestro proceso evangelizador en la Diócesis de Pereira? Dentro de múltiples  respuestas podríamos afirmar que hemos perdido el amor primero, (Cf. Ap 2,4), esto es, que la mística y el convencimiento inicial se ha debilitado, el fervor se ha desvanecido. Aunque podríamos  preguntarnos si en realidad ha habido un amor primero. La lluvia fresca de una vida espiritual renovada, es absolutamente necesaria en esta travesía por el mundo actual, con tantos desafíos que afectan a nuestras comunidades y han hecho difícil la conversión de nuestras mentes y de nuestros corazones.

                El contexto de la Asamblea de Aparecida, en donde todos estamos llamados a ser discípulos misioneros, nos exige una clara y decidida opción por la formación espiritual de todos los bautizados, cualquiera que sea la función que desarrollen en la Iglesia: Obispos, Sacerdotes, Diáconos, Religiosos, Religiosas y Laicos. El itinerario formativo del seguidor de Jesús hunde sus raíces en la naturaleza dinámica de la persona y en la invitación personal de Jesucristo, quien llama a los suyos por su nombre, y estos lo siguen porque conocen su voz. (Cfr. D.A nn.276-277).

                Finalmente, queremos concretar las pinceladas de estas páginas, que  buscan aportar un camino básico y elemental para la espiritualidad del discípulo misionero, apoyándonos principalmente en el Documento de Aparecida; sobre cinco pasos  fundamentales que surgen de diversos modos en el sendero que recorremos todos, dentro de nuestra vida de consagrados y de apóstoles laicos.  Meditemos estos cinco pasos, como principios básicos de una formación permanente necesaria, sin los cuales puede llegar a ser inútil, de una u otra manera, nuestra misión apostólica.

ENCUENTRO CON JESUCRISTO VIVO

"No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva" (Benedicto XVI, Dios es Amor, n. 1), Sólo Cristo nos puede marcar las coordenadas definitivas para obtener el total significado de nuestra existencia humana y cristiana. Aparecida nos dice que "este encuentro debe renovarse constantemente, por el testimonio personal, el anuncio del Kerygma y la acción misionera de la comunidad. El Kerygma no es solo una etapa, sino el hilo conductor de un proceso que culmina en la madurez del discípulo de Jesucristo" (D.A. 278, a).

                El Señorío de Jesús en nuestra vida sigue siendo el núcleo central de nuestra fe. El Santo Padre, en la carta apostólica Puerta de la Fe, con la cual nos convoca para el Año de la Fe, nos dice que desde el comienzo de su ministerio como sucesor de Pedro ha "recordado la exigencia de redescubrir el camino de la fe, para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo" (Puerta de la Fe, 2).No olvidemos que Cristo durante su vida mortal nos dio ejemplo de oración al no desprenderse nunca de contemplar el rostro de su Padre Dios. El misterio de unión con su Padre le permitió llevar a plenitud la misión encomendada. Si el discípulo misionero sea Laico, Religioso, Diácono o Sacerdote, no renueva constantemente el encuentro personal y comunitario con Cristo pierde la dirección correcta, se desvía hacia otros intereses, y sus criterios llegan a ser, no los de Cristo, ni los de la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, sino que, mediante una confusión desconcertante, termina por auto-erigirse como principio de sí mismo. No olvidemos que el encuentro con Cristo es un alimento indispensable para nuestra supervivencia cristiana, como discípulos misioneros en un mundo que reclama testigos veraces. Al respecto, es muy significativa esta urgente exhortación del Papa Benedicto: "La Iglesia en su conjunto y en ella sus pastores, como Cristo, han de ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida y la vida en plenitud" (Puerta_de la Fe, 2). Sería absolutamente irresponsable pretender evangelizar sin un encuentro personal y comunitario (eclesial) con Jesucristo.

El encuentro de Pablo con Cristo resucitado, en el camino de Damasco, fue definitivo para que el perseguidor acérrimo del nuevo camino vivido por los cristianos, se transformara en el inigualable Apóstol de las gentes Este encuentro marcó su vida, transformó su existencia, cambió su rumbo; su mentalidad, sus proyectos y sus sueños, fueron colmados con la Persona de Cristo Crucificado. En este contexto toma fuerza la necesidad de asimilar todo el contenido del Kerygma cristiano, ya que no es una etapa pasajera del proceso de la nueva evangelización. No. Es un encuentro único y definitivo, que nos debe impactar de tal manera que podamos actualizarlo todos los días, a todas horas, como si fuera nuestro oxígeno vital, que debe vivificar todos los pasos de nuestro proceso evangelizador. Sin llegar a impensables fanatismos, no podemos perder la admiración de vivir este encuentro gozoso con mí Señor, mí Redentor, mi único Salvador. "Para mí la vida es Cristo".