24 November 2017
 
  1. Conclusión

Los títulos de discípula y misionera de Dios en María dan impulso a la Iglesia en su dinamismo evangelizador. Cristo es siempre el centro, el único mediador y redentor, el autor de nuestra salvación, el alfa y la omega, la fuente y cabeza de la cual brota toda gracia y la vida misma del pueblo de Dios (cf LG 62).  María como discípula escucha a su Hijo y lo lleva en su corazón, como misionera lo entrega. Con Ella se hace fácil y breve el camino que nos conduce a Dios. 

Al seguir las facetas de María como discípula y misionera de Dios, hemos tenido la alegría de acercarnos a Ella en el misterio de su santidad y omnímoda perfección. La Lumen Gentium dice que “la Iglesia ha alcanzado en la Santísima Virgen la perfección” y que “los fieles levantan sus ojos a María, que resplandece como modelo de virtudes para toda la comunidad de los elegidos” (65). María es la imagen del “nuevo paraíso” que Ella está llamada a habitar por la eternidad.  La Virgen es santa en su ser desde la Inmaculada Concepción, es santa en su itinerario discipular y es santa en su glorificación en el cielo. Es modelo perfecto para todos los peregrinos de este mundo.   

No basta saber de María, es un imperativo acogerla como Juan en nuestra casa y en nuestro corazón, recibiendo con gozo la última herencia de Jesús muriente en la cruz. Su santidad, su belleza, su gracia, su encanto, todas sus perfecciones nos impulsan a reproducir en algún grado esas virtudes. Imitarla es la consecuencia lógica de quien la encuentra y la contempla como hija de Dios, como hermana nuestra, como discípula y evangelizadora de Dios.

Ser discípulo de la Discípula, según el Papa Paulo VI, nos conduce a vivir en un “breve y caluroso y siempre renaciente diálogo con la Madre… (a) introducir el recuerdo, el pensamiento, su imagen, su mirada profunda y materna en la celda de la religión (intimidad) personal, de la piedad interior y secreta del espíritu” (Discurso al Seminario Romano, 8-2-1964).  Los frutos no tardarán: la protección de la Virgen, la abundancia de gracias, la acogida de la voluntad de Dios, la imitación de Cristo, una madura devoción mariana.

El culto a María es parte de la evangelización pues cuando es honrada la Madre, el Hijo es mejor conocido y se cumplen mejor sus mandamientos. En el misterio de Cristo entra el misterio de María. La devoción a María según San Luis María Grignon de Montfort es camino seguro para encontrar a Cristo, para amarlo más tiernamente y para servirlo más fielmente (cf. Tratado de la verdadera devoción a María, 62)

María refleja a Cristo en todo su ser y actuar. Ella no concentra las miradas en su persona, siempre las remite a su Hijo en un prolongado “haced lo que él os diga”. En esta ocasión, siguiendo el espíritu de Aparecida, nuestro deber es imitarla como discípula misionera del Señor y ponerlo en práctica mientras nos dedicamos a la empresa de una nueva evangelización.

† Flavio Calle Zapata

Arzobispo de Ibagué. 

BIBLIOGRAFÍA

Aparecida, Documento Conclusivo

Biblia de Jerusalén

Concilio Vaticano II, Lumen Gentium

Fernando Sebastián, María, Madre de Jesús y Madre nuestra. Ed. Sígueme. Salamanca 2013

Idem. María discípula y misionera en el camino pastoral de América latina, en Aparecida 2007. Luces para América Latina, 63-96, Ed. Vaticana 

P. Enrique Llamas, OCD. La Madre Ágreda y la Mariología del Vaticano II, Ed. Arca de la Alianza - 2007

P. G. Álvarez cjm. La virgen María en el documento de Aparecida, 2013  

P. José Manuel Tovar Carrizosa, María, discípula y misionera al servicio del Señor y de la Iglesia, Revista de estudios marianos Regina Mundi, 21 de marzo de 2012.

Papa Francisco, Exhortación Apostólica Evangelii  Gaudium

Paulo VI, Exhortación Apostólica Marialis Cultus

San Juan Pablo II, Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae

San Luis María Grignon de Montfort. Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen María.  

Stefano de Fiores, María nel mistero di Cristo e della Chiesa. Ed. Monfortane - 1984 

La nueva evangelización

A la luz de la Evangelii Gaudium

S.E. Mons. Octavio Ruiz Arenas

Arzobispo emérito de Villavicencio (Colombia) Agosto 2014.

Secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización

La Exhortación apostólica Evangelii Gaudium del papa Francisco fue un documento muy esperado, sobre todo después de la celebración de la XIII Asamblea General del Sínodo de los

Obispos sobre «La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe», realizada en el mes de octubre del 2012. Al terminar la celebración eucarística del 25 de noviembre del 2013 con ocasión de la conclusión del Año de la Fe, el Papa entregó esta Exhortación apostólica a representantes del

Pueblo de Dios provenientes de 18 países de los cinco continente, entre ellos a un obispo, a un sacerdote, a unos seminaristas y religiosos, a una familia, a algunos artistas de diversas áreas y a un grupo de personas de los distintos medios de comunicación social para hacer ver con claridad que confiaba ese texto a toda la Iglesia, con el fin de que se convierta en una valiosa herramienta para la acción pastoral que ha de realizarse para impulsar la nueva evangelización.

1. Acento pastoral de la Exhortación

En realidad se esperaba que el Papa escribiera una Exhortación apostólica post-sinodal, esdecir, que fuera como una conclusión y desarrollo de los aportes, reflexiones y recomendaciones de los obispos que participaron en la mencionada Asamblea sinodal, pero el Santo Padre quiso darle un alcance mucho mayor para involucrar todo lo que se refiere a la misión prioritaria de la Iglesia, inspirándose en los documentos del Concilio Vaticano II, en el magisterio de sus predecesores y en documentos de algunas conferencias episcopales, pero sin dejar de tener en cuenta las proposiciones  de los Padres sinodales.

Esta Exhortación del Papa Francisco es en realidad un documento programático de su pontificado (EG 25), escrito en un lenguaje sencillo y en muchos casos con un tono casi coloquial, fruto de una profunda inspiración pastoral, con el cual ha querido que todos los fieles comprendan

su mensaje. Francisco propone allí algunas líneas orientadoras para la acción pastoral, invitando a que sean asumidas en cualquier actividad que se realice en la Iglesia (EG 18), y se pongan en marcha con generosidad y valentía, sin prohibiciones ni miedos (EG 33) y de esta manera se pueda acoger, en medio de los compromisos diarios, la recomendación de la Palabra de Dios: «Alegraos siempre en el Señor. Os lo repito, ¡alegraos!» (Flp 4,4).