24 November 2017
 

El Papa Pablo VI indicaba, con gran perspicacia, que la evangelización, «debe contener siempre —como base, centro y a la vez culmen de su dinamismo— una clara proclamación de que en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, se ofrece la salvación a todos los hombres, como don de la gracia y de la misericordia de Dios».8 La evangelización constituye la tarea esencial y perenne de la Iglesia, es su dicha y vocación propia.

9 Con el anuncio del Evangelio se pretende llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad, dando testimonio, de una manera sencilla

y directa, de Dios revelado por Jesucristo mediante el Espíritu Santo.10 Llevar a cabo el proceso

5 Cf. Pablo Vi, Carta Apostólica Evangelii Nuntiandi, 80

6 Cf. Benedicto XVI, Meditación durante la Hora Tercia al iniciar la XIII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los obispos, 8

de octubre de 2012

7 Benedicto XVI, Encíclica Deus caritas Est, 1.

8

Pablo VI, Carta apostolica Evangelii nuntiandi, 27

9 Cf. Ibid. , 14

10 Cf. Ibid, 18, 264evangelizador es, sin embargo, algo muy complejo puesto que requiere variados elementos: «renovación de la humanidad, testimonio, anuncio explícito, adhesión del corazón, entrada en la comunidad, acogida de los signos, iniciativas de apostolado»

11

Ahora bien, siendo ésta la tarea que ha venido realizando la Iglesia durante más de veinte siglos, para algunos Pastores y teólogos el término «nueva», referido a la evangelización, suscita una cierta perplejidad. Ya el mismo Papa Francisco había planteado esta inquietud haciendo ver que no es de extrañar este desconcierto. Hablando a los miles de participantes en la Jornada de lo

Movimientos apostólicos con motivo del año de la fe decía:

La novedad nos da siempre un poco de miedo porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos, planificamos nuestra vida, según seguimos, lo acogemos, pero hasta un cierto punto; nos resulta difícil abandonarnos a Él con total confianza, dejando que el Espíritu Santo anime, guíe nuestra vida, en todas las decisiones; tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos. Pero, en toda la historia de la salvación, cuando Dios se revela, aparece su novedad... La novedad que Dios trae a nuestra vida es lo que verdaderamente nos realiza, lo que nos da la verdadera alegría, la verdadera serenidad, porque Dios nos ama y siempre quiere nuestro bien. Preguntémonos hoy: ¿Estamos abiertos a las ‘sorpresas de

Dios’? ¿O nos encerramos, con miedo, a la novedad del Espíritu Santo? ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta? Nos hará bien hacernos estas preguntas durante toda la jornada.12

En la Exhortación el Papa no ofrece una clarificación directa sobre lo que significa el adjetivo ‘nueva’ en relación con la evangelización, pero propone una serie de aproximaciones que, como ya hemos visto, se refieren a la fuerza misma del Evangelio, a la alegría con la cual se debe anunciar y al espíritu misionero que debe estar presente en toda la acción pastoral de la Iglesia. En

este sentido es de gran riqueza, por una parte, la introducción de la Evangelii Gaudium, en la que se resalta la alegría con la que se vive y se expresa el encuentro personal con Jesucristo, ya que Él nunca defrauda, más bien se muestra siempre disponible a acoger a todos con los brazos abiertos

(EG 3) y, por otra, el capítulo V, en donde pone de manifiesto la espiritualidad que debe animar el cumplimiento de la misión de la Iglesia. Ambas partes expresan la misma realidad: el amor de

Cristo y la misericordia del Padre que salen al encuentro de todas las personas para manifestar el corazón y la esencia misma de su revelación, es decir, el hacer conocer que la vida de cada uno de

nosotros adquiere sentido en el encuentro con Jesucristo y en el gozo de compartir esta experiencia de amor con los demás (EG 8 y 264). La alegría que debe acompañar la tarea evangelizadora y la espiritualidad que la anima, deben estar cimentadas en la Palabra de Dios escuchada y celebrada, sobre todo en la Eucaristía, que alimenta a los cristianos y los vuelve capaces de un auténtico testimonio evangélico en la vida cotidiana (EG 174).

11 Cf. Ibid., 24

12 Papa Francisco, Homilía en la Santa Misa con los Movimientos eclesiales en la solemnidad de Pentecostés, Plaza de

San Pedro, 19 de mayo de 20135

3. ¿Nueva evangelización?

En la Exhortación no aparece una definición de lo que hoy se intenta expresar con el término nueva evangelización, pero al mirar el entero documento en su conjunto podemos encontrar algunas indicaciones y sugerencias que él desarrolla ampliamente en los cinco capítulos de la Evangelii

Gaudium (EG 17). El Papa dice que cuando se habla de nueva evangelización se trata de «alentar una etapa evangelizadora más fervorosa, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin y de vida contagiosa». Pero al mismo tiempo indica con claridad que ninguna motivación será suficiente si no arde en los corazones el fuego del Espíritu. En definitiva, se trata de una evangelización con espíritu, es decir, una evangelización fuertemente soportada y alentada por el Espíritu Santo, ya que

Él es el alma de la Iglesia evangelizadora (EG 261) y quien «infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia (parresía), en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente» (EG 259). Es Él quien a lo largo de toda la historia de la Iglesia ha acompañado, fortalecido e impulsado al Pueblo de Dios y a sus Pastores para cumplir con fidelidad y coraje la misión encomendada.

La novedad al hablar de la evangelización, por consiguiente, no se refiere exclusivamente a los destinatarios o a los desafíos o a las diversas situaciones culturales, políticas y sociales a los cuales debe responder la Iglesia cuando anuncia el Evangelio, como tampoco a los nuevos procesos o estrategias de transmisión, aunque lógicamente hay que prestar «una constante atención para intentar expresar las verdades de siempre en un lenguaje que permita advertir su permanente novedad» (EG 41). Sin duda, cuando hablamos de nueva evangelización, pensamos en un primer momento en las nuevas circunstancias en las que está sumergido el Pueblo de Dios y en cómo anunciar el Evangelio frente al cambio de época que estamos sufriendo, el cual conlleva profundas repercusiones en la cultura de los pueblos. Asimismo viene a nuestra mente la creciente indiferencia religiosa y el influjo del secularismo, por lo cual nos referimos a los esfuerzos que hace la Iglesia para anunciar el Evangelio con «nuevo ardor, nuevos métodos y nueva expresión»,

13 de tal manera que pueda responder a los grandes desafíos que presenta la sociedad actual para el cumplimiento de

la misión encomendada por Cristo. El Papa Francisco, sin desconocer todo lo anterior (GS 52-75), pone su acento más bien en una realidad que es fundamental y que es la que alienta toda la acción evangelizadora, pues se trata del impulso que Dios mismo quiere imprimir a esa acción, es decir, al espíritu que siempre debe animarla (EG 12). En efecto, la nueva evangelización tiene como cometido presentar la novedad perenne, siempre antigua y siempre nueva, de Cristo mismo, que permanece eternamente joven y es fuente de constante novedad, cuya riqueza y cuya hermosura son inagotables. Esta es la fuerza propia y el potente motor de la nueva evangelización, ya que, como dice el Papa, «Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del

Evangelio, brotan nuevos caminos, médos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual» (EG 11).

La Exhortación aclara muy bien que jamás debemos entender la novedad de esta misión como un desarraigo, como un olvido de lo que ha sido el proceso histórico de la evangelización, pues siempre tenemos que tener en cuenta el testimonio de tantos cristianos que a lo largo de los

13 Juan Pablo II, Discurso a la Asamblea del CELAM, Haití, 9 de marzo de 19836siglos han permitido que haya llegado el anuncio gozoso del Evangelio hasta el momento presente

(EG 13).

El Papa Francisco pocas veces ha hablado directamente de «nueva evangelización», pero su naturalidad y cercanía con la gente, su lenguaje simple pero profundo, su compromiso con los pobres, su cariño para con los enfermos y los niños, su invitación a ir en contravía en relación con el ambiente y el influjo de la secularización, su constante súplica para que salgamos hacia las periferias existenciales, pero sobre todo su gozoso testimonio de haber encontrado a Cristo y su coherencia de vida, constituyen un elocuente mensaje de cómo realizar la nueva evangelización.