24 November 2017
 

¿Qué es el SINE? Es una sigla que significa SISTEMA INTEGRAL DE NUEVA EVANGELIZACIÓN. Se trata de un método de pastoral que muchas diócesis de América Latina, incluida la nuestra, han adoptado como estrategia para llegar a los files de la Iglesia, alejados o cercanos. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos presentan la primera evangelización: a quienes se les anunció el mensaje (kerigma) y se convirtieron se les invitó a formar comunidad. A quienes formaron comunidad se les congregaba para la enseñanza (didajé) de los apóstoles y para la celebración de su fe. Y fruto de este proceso, compartían sus bienes, de modo que no faltaba nada a ninguno. Así pues, la primera evangelización tuvo estos momentos:

El único momento que se da solo por sí es el anuncio del kerigma, es decir, el primer anuncio: amor de Dios, alejamiento del hombre, invitación a un encuentro personal con Jesucristo y a la conversión. Los otros momentos se dan gradualmente pero pueden llegar a ser simultáneos.

La consigna para la Iglesia en el momento actual es la Nueva Evangelización. ¿Qué es evangelizar? Es buscar las 99 ovejas que están por fuera, es renovar el ímpetu misionero, es anunciarles a todos la Buena Nueva. La evangelización tiene 4 dimensiones inclusivas.

  1. El anuncio del kerigma.
  2. Todo el misterio de la Palabra o ministerio profético.
  3. Toda la misión de la Iglesia por la cual se anuncia, se establece y se extiende el Reino de Dios.
  4. Y finalmente, la transformación social del mundo.

La evangelización es un proceso dinámico en etapas: ir a todos, para darles todo, involucrándolos a todos y a todo el hombre. Este proceso se concretiza en un PLAN.

XI CONGRESO NACIONAL SOBRE NUEVA EVANGELIZACIÓN.  SINE.  Celebrado en Chiquinquirá (Colombia) 8 - 11 Agosto, año 2014.

Ponencias de:   Excelentísimo Señor Arzobispo, Flavio Calle Zapata, de la Arquidiócesis de Ibagué. (Colombia).  Excelentísimo Monseñor Octavio Ruiz Arenas, Arzobispo emérito de Villavicencio (Colombia).  

LA VIRGEN MARÍA, DISCÍPULA Y MISIONERA DE DIOS

Monseñor Flavio Calle Zapata

Discurso de apertura

Congreso SINE 2014, Chiquinquirá

Saludamos con amor a la Madre de Dios, Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Reina de Colombia, que nos ha congregado en su santuario para el XI Congreso Nacional del Sistema Integral de Nueva Evangelización - SINE.

En su afanosa búsqueda por revitalizar la evangelización, Aparecida optó por mirar al cristiano desde dos grandes dimensiones, el discipulado y la misión, que encierran una clara pedagogía y sugieren caminos para la acción. El énfasis más original está en presentar estas dos realidades como inseparables y unidas en un solo lazo conductor que identifica al verdadero seguidor de Cristo. Ser discípulo conlleva el ser misionero, en una complementación que se prolonga en el tiempo, sin interrupción. El discípulo no puede ser “siervo inútil”, debe producir frutos, debe desarrollar los “talentos” como misionero que siembra el Evangelio a largo de su vida.

  1. Introducción

¿Por qué dedicar esta plática a María en un congreso sobre evangelización? Porque a través de ella y con su total cooperación, Dios Padre nos dio a su Hijo Redentor y Salvador. No podemos predicar a Cristo sin acudir a su Madre, quien le dio la humanidad “por obra del Espíritu Santo”. Cuando la evangelización se ha estancado, aparece María abriendo nuevos caminos de esperanza y fortaleciendo a sus discípulos y misioneros.

La historia de la Iglesia y la hagiografía están llenas de la intervención misionera de la Virgen. Mencionemos la ayuda al Apóstol Santiago en Zaragoza, el impulso a la evangelización desde Guadalupe (México), las manifestaciones y nombres de María en los diversos países, la acogida a la Madre de Dios en múltiples expresiones de devoción popular, la renovación del cuadro de Ntra. Señora del Rosario en este lugar que nos hospeda como peregrinos y evangelizadores. Se ha generado un gran desarrollo del Magisterio sobre la Virgen María, que tiene su punto más elevado en el capítulo octavo de la Lumen Gentium, por el Magisterio de los Papas y por los mariólogos que han hecho progresar la teología mariana con sus publicaciones.   


Hablaremos de María a la manera de quien contempla el rostro de la Madre y sigue con amor y ternura los perfiles de su belleza indescriptible. Con profunda veneración ponemos la mirada en ella para admirar su misterio de discípula y misionera de Dios Padre, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo que la llena de su presencia. Se trata de acudir a María, según la indicación del Magisterio latinoamericano, como constructora de la Iglesia que ha seguido a perfección los procesos de hija de Dios, de cristiana que crece prodigiosamente en santidad y aumenta la perfección en la imitación de Cristo, de hermana por ser de nuestra naturaleza e hija de Adán como nosotros, de compañera y a la vez madre nuestra, de misionera y estrella de la evangelización. (cf. Paulo VI, Discurso de clausura del tercer período del Concilio Vaticano II y EN 82)

Queremos resaltar que María no es un misterio petrificado, como una estatua de mármol (expresión de Stefano De Fiores) sino que en la tierra vivió en pleno dinamismo y de esa manera continua desde el cielo en “la comunicación de los bienes espirituales” (LG 48) que alcanza para todos sus hijos. Ella está “unida, en la estirpe de Adán, con todos los hombres que necesitan de la salvación…” (LG 53). Ella, “después de Cristo, ocupa en la Iglesia el lugar más alto y a la vez el más próximo a nosotros”. (LG 54)  

La Virgen María es un mar infinito de santidad, de sabiduría y de enseñanzas. Mirarla toda es imposible. De ella solo podemos balbucir palabras. ¿Quién podrá alabarla como es debido? Nos acercamos a Ella, en cuanto a discípula y misionera de Dios, misterio que se abre a un desarrollo sistemático. La fuente principal de este estudio estará en la Sagrada Escritura, en los mismos hechos o misterios de la vida de la Santísima Virgen María y en el Magisterio.  

  1. María, discípula en los Evangelios

María es la primera invitada de Dios a vivir la más profunda intimidad con Jesús, su vida y ministerio. Es acogida para ser su madre (cf. pasajes de la infancia de Jesús) y así estará siempre con Él, irá tras Él (cf Mc 1,17). Nadie como ella conoce a Jesús, nadie como ella vive el discipulado y cumple la voluntad de Dios, es la más grande misionera de su Hijo (cf pasajes de María en la vida pública de Jesús, en la Pascua, en Pentecostés y en los Hechos).  

En el anuncio del Ángel (cf Lc 1, 26-28) María es saludada de parte de Dios con un entusiásmate invitación a la alegría. Ella responde desde la fe y por eso se ofrece: “Heme aquí”; obedece: “Yo soy la esclava del Señor”; y confía con santo abandono: “Hágase en mí según tu palabra”. María es discípula que escucha con atención la Palabra, cree en ella, (Lc 1,38-45), le da carne engendrándola en su seno y la entrega para la redención del mundo (Lc 1,38).

La Virgen no se alimentó de una permanente visión intuitiva de la Trinidad, sino de la Palabra de Dios que meditaba en su corazón. Dice San Lucas 1,19.51: “María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su interior… Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón”. En estas palabras se esconde un proceso discipular de crecimiento continuo. Vive un conocimiento progresivo y profundo de Jesús desde el primer instante de la Encarnación hasta acogerle su último respiro al pie de la cruz. Lo imita desde la resurrección hasta la ascensión y desde su asunción por la eternidad.

María fue discípula al pie de la cruz “Junto a la cruz estaba su madre” (Jn 19,25). Está allí para vivir la intimidad del misterio de la cruz, la plenitud del amor de Dios, el triunfo de su Hijo sobre el adversario, la cumbre de la obra redentora. María es discípula del dolor, se beneficia de la redención lograda “con la sangre preciosa de Cristo, Cordero sin tacha y sin mancilla” (1P 1,18-19) y a ella se une estrechísimamente. María aprende como discípula y se ofrece a la íntima unión con su Hijo. El Padre recibe el holocausto de su Hijo, pero acoge a la vez el sacrificio de María integrado al de su Hijo. El único redentor es Cristo (LG 60), pero María es su “compañera generosa del todo excepcional…” (LG 61).

En el Nuevo Testamento vemos siempre a María como discípula que crece en la fe: en el diálogo con el Ángel, en el encuentro con Santa Isabel, en el cántico del Magníficat, al acoger las palabras del Niño Jesús encontrado en el Templo. María fue fiel y perseverante en la fe en medio de las pruebas durísimas que soportó: el nacimiento de su Hijo en la pobreza del pesebre, la profecía de Simeón, la huida a Egipto, el odio de los coterráneos, la injusta condena y muerte de su Hijo.

En Juan 12, 26 los discípulos, los que acogen, siguen, escuchan y viven la palabra de Jesús, reciben el nombre de “servidores”. María es la servidora y esclava del Señor, como ella misma lo proclama en su Magníficat.

San Agustín hace el elogio de María como discípula y creyente: “Cumplió Santa María, con toda perfección la voluntad del Padre, y por esto, es más importante su condición de discípula de Cristo que la de Madre de Cristo, es más dichosa por ser discípula de Cristo que por ser madre de Cristo. Por esto, María fue bienaventurada, porque antes de dar a luz a su Maestro, lo llevó en su seno… María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió: “Llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su corazón la verdad de Cristo” (San Agustín, Sermón 25, 7-8 PL 46)    


  1. María, misionera en los misterios de su vida

Misionar es llevar a Cristo a los hombres. María cumple a la perfección esta labor, nos da a Cristo al concebirlo en su vientre, al darlo a luz y al presentarlo en el Templo como luz que alumbra a todas las naciones. Si nos da a Dios, puede con toda propiedad ser llamada la misionera perfecta. Algunos pasajes nos permiten ver su condición de misionera:  

En la Visitación a su prima Isabel María, “Arca de la nueva alianza”, es la misionera que lleva a su Hijo en el vientre. Es misionera de santificación para Juan Bautista, de alegría para Isabel y Zacarías, es portadora de Aquel que salvará al pueblo de sus pecados, como lo había dicho el Ángel a José. En esos tres meses vividos en Ain Karim, el Espíritu Santo inspira las exclamaciones de Isabel que hoy son perlas preciosas en el Ave María, bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre (cf. Lc 1, 42.45) y los cánticos del Magníficat y el Benedictus que se prolongan diariamente como oración de los cristianos.

En el nacimiento de Jesús, María vive su momento cumbre como misionera entregando al mundo el Redentor y Salvador. Entrega a su Hijo Dios y hombre tanto a los humildes pastores como a los reyes magos y poderosos de la tierra.

En las bodas de Caná María es gran misionera, movida por su poder misericordioso. Intercede para que se revele el misterio de Jesús como el Mesías y los discípulos comienzan a creer en él. Aquí enseña a ponerlo todo en manos de Jesús mediante su indicación: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5)

Mientras comparte el dolor de su Hijo, María se convierte en misionera de la salvación. Mientras María y Juan participan de la agonía de Jesús, se escuchan estas palabras: “Mujer, ahí tienes a tu hijo…  Ahí tienes a tu madre” (Jn 19, 26-27). El amor entre los hombres y María se hace misión. María será la misionera de amor para Juan y para toda la humanidad. La humanidad tendrá una fuente inagotable de amor maternal en María. Jesús declara: “Todo está cumplido” (Jn 19, 28) cuando nos deja en brazos de María que guarda la plenitud de la divina revelación en su corazón (cf EG 285).

Gran misionera de la Iglesia es la Virgen María después de la Ascensión del Señor al cielo. Persevera en la oración con los Apóstoles y los primeros discípulos y espera con ellos al Espíritu Santo, fuerza misionera que impulsa a la Iglesia para que llegue hasta los confines de la tierra. El gran poder misionero de María se ensancha en Pentecostés. El Espíritu Santo actuó en ella para la encarnación del Verbo, ahora actúa en Pentecostés para el nacimiento de la Iglesia, Cuerpo Místico que prolonga a Cristo en el mundo.

La Iglesia evangelizadora necesita aprender de María la relación con el Espíritu Santo mediante un renovado pentecostés. La Virgen misionera nos enseña a vivir en el Espíritu Santo, colabora a que Cristo sea formado en nosotros por el Espíritu Santo que nos es dado (cf Rom 5, 5) y a establecer la Iglesia en los diversos lugares y culturas de la tierra. El Papa Francisco, aludiendo al texto de Hch 1, 14, nos dice que María reuniendo a los discípulos para invocar al Espíritu Santo “hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés. Ella es la madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización” (EG 284). Ella era el alma de esa comunidad que recibió la misión, fue la primera en ser enviada: “Id, pues y haced discípulos…” (Mt 28,19).

El Papa León XIII nos presenta a María como la gran misionera de la Iglesia: “(María) fue la admirable ayuda y sostén de la naciente Iglesia por la santidad de su ejemplo, la autoridad de sus consejos, la dulzura de su consuelo, y la eficacia de sus plegarias ferventísimas, mostróse verdaderamente Madre de la Iglesia y fue verdadera maestra y Reina de los Apóstoles” (Carta encíclica Adiutricem Populi, 2-IX-1895).

  1. María, misionera de escatología

En la Asunción María es vista como la imitadora de su Hijo en la entrada triunfal en el Reino del Padre. Desde el cielo es la gran misionera porque en ella resplandece la gloria de Dios. Ella, en su trono de gloria anuncia y prepara el mundo nuevo para todos sus hijos. Como madre y misionera dirige nuestros pasos y atrae a todos sus hijos hacia la casa del Padre (cf Ap 3,21). Ella es misionera por su constante intercesión, en su intimidad con Dios no olvida a sus hijos, por ser plenamente grata a Dios alcanza lo que le pide al Altísimo (cf EG 282)

La Lumen Gentium # 68 nos presenta a María como misionera de escatología: “…en la tierra precede con su luz al peregrinante pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo hasta que llegue el día del Señor (Cf 2P 3,10)”. María es presentada como “luz” que ilumina los pasos del pueblo peregrino. Es maestra de la vida eterna porque está “glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma”, en ella resplandece la gloria de Dios, es primicia de la realidad futura, es compañía para los hijos de Dios peregrinos en el tiempo y en el mundo, es maestra de esperanza, es fortaleza ante las fatigas del camino.

La Iglesia necesita a María como guía en la búsqueda de la “ciudad futura y permanente” (LG 9). María es manantial de auxilios para los viadores en sus debilidades. Se vive en la debilidad de la carne pero con la fuerza del Espíritu (cf Gal 5, 26-23). María, quien como discípula alcanzó ya la perfección, como misionera, madre y maestra, solo busca esculpir el rostro de Jesús en el alma de todos sus hijos.

Como al inicio junto a los Apóstoles, María es también hoy la gran misionera de la Iglesia, su luz, su alegría y su esperanza. Ella es un “punto de referencia constante para la Iglesia” en su “nueva etapa evangelizadora” (Juan Pablo II, Redemptoris Mater, 366). “Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia… En Ella (María) vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes” (EG 288).

La cooperación de María en la salvación de los hombres se prolonga en el tiempo y conserva permanente actualidad. Donde hay un hijo de Dios, allí está Ella presente con su intercesión multiforme, ejerciendo como mediadora de toda gracia, función que se prolongará “hasta la consumación perpetua de todos los elegidos” (LG 62).

  1. Aparecida y su visión de la Virgen María

En armonía con el tema central de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida”, el Documento Conclusivo contempla a la Virgen bajo el título “María, discípula y misionera” (226-272). No se perciben pretensiones de contemplación de los grandes misterios de María, sino más bien de mirarla como modelo perfecto y arquetipo imitable por todos los mortales empeñados en el conocimiento de la voluntad divina, en un progresivo seguimiento de Cristo y en una respuesta coherente al llamado misionero.

Las afirmaciones de Aparecida son tan claras que conviene dejar hablar el texto mismo con citas directas sobre María discípula, madre y misionera.

María, máxima realización de la vida cristiana


  • §  “La máxima realización de la vida cristiana como un vivir trinitario de “hijos en el Hijo” nos es dada en la Virgen María, quien por su fe (cf 1,45) y obediencia a la voluntad de Dios (cf 1,38), así como por su constante meditación de la Palabra y de las acciones de Jesús (cf Lc 2, 19.51), es la discípula más perfecta del Señor (216)
  • §  “Interlocutora del Padre… primer miembro de la comunidad de los creyentes en Cristo… colaboradora en el renacimiento espiritual de los discípulos… mujer libre y fuerte, conscientemente orientada al verdadero seguimiento de Cristo. Ella ha vivido por entero toda la peregrinación de la fe como madre de Cristo y luego de los discípulos…”  (266)
  • §  “Imagen acabada y fidelísima del seguimiento de Cristo… la seguidora más radical de Cristo” (270)
  • §  “En María, nos encontramos con Cristo, con el Padre y el Espíritu Santo, como así mismo con los hermanos” (269)
  • §  La Virgen María es “imagen espléndida de configuración al proyecto trinitario, que se cumple en Cristo…” (141)

María madre de la Iglesia

  • §  “La Virgen de Nazaret tuvo una misión única, concibiendo, educando y acompañando a su Hijo hasta su sacrificio definitivo” (267)
  • §  “Desde la cruz Jesucristo confió a sus discípulos, representados por Juan, el don de la maternidad de María…” (Ibid.)
  • §  “… la Iglesia-familia se genera en torno a una madre (María), quien confiere “alma” y ternura a la convivencia familiar” (268)
  • §  “Ella atrae multitudes a la comunión con Jesús y su Iglesia, como experimentamos a menudo en los santuarios marianos” (Ibid.)

María misionera y formadora de misioneros

  • §  “María es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros” (269)
  • §  “Ella, así como dio a luz al Salvador del mundo, trajo el Evangelio a nuestra América. En el acontecimiento guadalupano, presidió, junto al humilde Juan Diego, el Pentecostés que nos abrió a los dones del Espíritu Santo” (Ibid.)
  • §  “Perseverando junto a los apóstoles a la espera del Espíritu (cf Hch 1, 13-14), cooperó  con el nacimiento de la Iglesia misionera imprimiéndole un sello mariano que la  identifica hondamente” (268)
  • §  María “fortalece los vínculos fraternos entre todos, alienta a la reconciliación y el perdón, y ayuda a que los discípulos de Jesucristo se experimenten como una familia, la familia de Dios” (267)
  • §  “… constatamos que (María) se ha hecho parte del caminar de cada uno de nuestros pueblos” (269)
  • §  “En María, nos encontramos con Cristo, con el Padre  y el Espíritu Santo, como asimismo con los hermanos” (267)
  1. María, discípula que asciende a la suma santidad

Ser discípulo es recorrer un camino que conduce hacia altas metas de perfección, en la escucha y bajo la guía de un maestro. El modelo perfecto lo tenemos en Cristo, quien en cuanto hombre aprendió la obediencia, el sufrimiento, la reverencia al Padre, la sumisión a María y José en el hogar de Nazaret. Por eso es “el Maestro”, convocó discípulos, se presentó como el Camino, la Verdad y la Vida y el sendero que conduce al Padre. Sin Él no hay discípulos pues solo Él tiene palabras de vida eterna. El mundo tiene necesidad de ver a Jesús en el testimonio vivo de sus discípulos.    

El discipulado de María es una categoría única por los sublimes alcances de su aprendizaje, por el grado elevadísimo de santidad alcanzado, por su estrechísima unidad con cada una de las Tres Divinas Personas: María es la hija predilecta del Padre y su obra maestra, es la madre de la sabiduría encarnada y está llena del Espíritu Santo que la toma como su esposa. Por esta excepcional relación trinitaria se puede ubicar el discipulado y la obra misionera de María como una categoría especial.  

El discipulado de María es un camino de perfección, en cooperación activa y entrega total a la obra de la salvación. María escucha, discierne y acepta la propuesta del Ángel, tal como viene de parte de Dios. Ella se ofrece: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra” (Lc 1, 38). Como madre, se consagra enteramente al servicio de su Hijo: “No fue un instrumento puramente pasivo en las manos de Dios, sino que cooperó a la salvación de los hombres con fe y obediencia libres… no pocos Padres antiguos afirman gustosamente… que “lo atado por la virgen Eva en su incredulidad, fue desatado por la Virgen María mediante la fe”… “La muerte vino por Eva, la vida por María” (LG 56) Toda la obra de María fue una entrega fiel y de mayor perfección a cada instante.

María es discípula en el arte de cooperar con Dios. Dios ha querido hacer a los ángeles y a los hombres cooperadores de su obra, con “diversas clases de cooperación” (LG 62). Los títulos de María describen el contenido de su cooperación: Madre de Dios, Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora de toda gracia. Es una discípula que creció en cada una de las formas de cooperación a la obra del mismo Redentor, Cristo Jesús. Ha sido una cooperación íntima y del todo singular.

La vida y la obra de María es íntima unión con Cristo, con el fin de imitarlo, asimilándose más y más a Él. Es en todo momento discípula que escucha, guarda en su alma, contempla y practica la Palabra de Dios. El itinerario discipular de María es presentado por la Lumen Gentium (58) de la siguiente manera: “Avanzó… en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente su unión al Hijo hasta la cruz…”.  Esto quiere decir que María vivió en la forma dicha por Rom 1,17: “El justo vive de la fe”.


  1.  María, llena de gracia y unida siempre a Jesús

María es discípula porque mantuvo su corazón siempre abierto a la gracia de Dios. Ya el Ángel la saludó como “llena de gracia” (Lc 1,28). La gracia no eliminó el esfuerzo personal de María. La gracia no sustituyó su naturaleza sino que la perfeccionó y le permitió vivir en una total armonía y libre aceptación de la divina voluntad: “Hágase en mi según tu palabra” (Lc 1,38). De igual manera estaba llena del Espíritu Santo que la cubrió con su sombra (Lc 1,35). Fue siempre discípula del Espíritu que la colmó de su presencia en Pentecostés y mientras Ella acompañó a la Iglesia naciente en la primera etapa de su expansión.

María es discípula de Cristo porque nadie escuchó como ella la voz de Dios. Jesús dijo: “Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan” (Lc 11,28). El mensaje traído de parte de Dios por el Arcángel Gabriel fue aceptado por María. Ella acogió en su seno al Verbo de Dios, Ella conservó siempre una íntima y profunda comunicación con su Hijo, creciendo siempre como discípula en la configuración con Él. Permaneció unida a Cristo no sólo según la carne, como madre del Verbo humanado por obra del Espíritu Santo, sino mediante la acogida y meditación de la Palabra divina. (cf Lc 2, 19.51).

Se concluye que María es la perfecta discípula de Jesús, la imitadora más fiel, el modelo de todos los discípulos que se acercan a la escuela de Jesús para escucharlo y “estar con Él”. María es el testigo primero e inmediato de Jesús, la primera en oír su voz, la persona más fiel en interpretar sus sentimientos, sus hechos y sus enseñanzas. Las palabras del Papa Paulo VI sobre María discípula encierran precisión: María “en su vida terrena ha realizado la perfecta figura del discípulo de Cristo… y ha encarnado las bienaventuranzas evangélicas proclamadas por Cristo. Por lo cual en Ella toda la Iglesia… alcanza la forma más auténtica de la perfecta imitación de Cristo” (Discurso de clausura de la tercera sesión del Concilio, 21-11-1964).

  1. María misionera en Evangelii Gaudium

El Papa Francisco nos permite llamar a María misionera de la alegría. La palabra que abre el Nuevo Testamento es “alégrate, llena de gracia”, dirigida por el Ángel a María en su casa de Nazaret. La gracia refleja la alegría, sin la gracia no hay alegría, lejos de Dios todo es tristeza. Por María, misionera de la gracia “ha venido la alegría, no solo a los hombres sino también a los mismos coros celestiales” (San Sofronio). Misionera de la alegría desde el Génesis hasta el Apocalipsis porque ha cambiado la maldición de Adán y Eva en bendición y promesa. Ha aparecido revestida de alegría celestial y coronada de doce estrellas.

Misionera de la alegría es María por estar junto a Dios, cooperando estrechísimamente en la obra de la redención: “En ti, Oh Virgen, como en un cielo nítido y purísimo, ha puesto Dios su tienda…” (idem).  Misionera del Padre, como su hija que es predilecta por más semejante a su Hijo, por más hermosa, por más fiel. Misionera de su Hijo Jesús a quien forma en su vientre, da a luz en Belén y es allí proclamado por los ángeles como “una gran alegría”, esconde en Egipto, asiste en Nazaret, presenta en Caná, recibe en la Eucaristía y acompaña al pie de la cruz. Misionera del Espíritu Santo que la invade con el fuego de su amor más que a todos los discípulos en el día de Pentecostés. Nadie tan íntima a las tres divinas personas como María, por eso hablamos de ella como la Misionera de Dios.

En Evangelii Gaudium (286) del Papa Francisco, encontramos motivos para llamar “misionera” a la Virgen María:

Porque “sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pocos pañales y una montaña de ternura”.

Porque “es la esclavita del Padre que se estremece en la alabanza”. Porque “es la amiga siempre atenta para que no falte el vino en nuestra vida”. Porque “como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia”.

Porque “Ella es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos en la vida, abriendo los corazones a la fe con su cariño materno”.

Porque “como una verdadera madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios”. Porque “comparte las historias de cada pueblo que ha recibido el Evangelio, y entra a formar parte de su identidad histórica”. Porque en los santuarios “…reúne a su alrededor a los hijos que peregrinan con mucho esfuerzo para mirarla y dejarse mirar por ella”. Porque a sus hijos “como a San Juan Diego, María les da la caricia de su consuelo maternal y les dice al oído: No se turbe tu corazón (…) ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?” (Nican Mopohua, 118-119) (EG 9).

María, modelo de misioneros en la Iglesia, “es nuestra Señora de la prontitud, la que sale de su pueblo para auxiliar a los demás ‘sin demora’ (Lc 1, 39)”.  A Ella le pedimos que interceda por la Iglesia para que sea “una casa para muchos, una madre para todos los pueblos, y haga posible el nacimiento de un mundo nuevo” (EG 288). El Papa Francisco nos invita a orar a María misionera: “Estrella de la nueva evangelización, ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión, del servicio, de la fe ardiente y generosa, de la justicia y el amor a los pobres, para que la alegría del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz” (Ibid)


  1. Conclusión

Los títulos de discípula y misionera de Dios en María dan impulso a la Iglesia en su dinamismo evangelizador. Cristo es siempre el centro, el único mediador y redentor, el autor de nuestra salvación, el alfa y la omega, la fuente y cabeza de la cual brota toda gracia y la vida misma del pueblo de Dios (cf LG 62).  María como discípula escucha a su Hijo y lo lleva en su corazón, como misionera lo entrega. Con Ella se hace fácil y breve el camino que nos conduce a Dios. 

Al seguir las facetas de María como discípula y misionera de Dios, hemos tenido la alegría de acercarnos a Ella en el misterio de su santidad y omnímoda perfección. La Lumen Gentium dice que “la Iglesia ha alcanzado en la Santísima Virgen la perfección” y que “los fieles levantan sus ojos a María, que resplandece como modelo de virtudes para toda la comunidad de los elegidos” (65). María es la imagen del “nuevo paraíso” que Ella está llamada a habitar por la eternidad.  La Virgen es santa en su ser desde la Inmaculada Concepción, es santa en su itinerario discipular y es santa en su glorificación en el cielo. Es modelo perfecto para todos los peregrinos de este mundo.   

No basta saber de María, es un imperativo acogerla como Juan en nuestra casa y en nuestro corazón, recibiendo con gozo la última herencia de Jesús muriente en la cruz. Su santidad, su belleza, su gracia, su encanto, todas sus perfecciones nos impulsan a reproducir en algún grado esas virtudes. Imitarla es la consecuencia lógica de quien la encuentra y la contempla como hija de Dios, como hermana nuestra, como discípula y evangelizadora de Dios.

Ser discípulo de la Discípula, según el Papa Paulo VI, nos conduce a vivir en un “breve y caluroso y siempre renaciente diálogo con la Madre… (a) introducir el recuerdo, el pensamiento, su imagen, su mirada profunda y materna en la celda de la religión (intimidad) personal, de la piedad interior y secreta del espíritu” (Discurso al Seminario Romano, 8-2-1964).  Los frutos no tardarán: la protección de la Virgen, la abundancia de gracias, la acogida de la voluntad de Dios, la imitación de Cristo, una madura devoción mariana.

El culto a María es parte de la evangelización pues cuando es honrada la Madre, el Hijo es mejor conocido y se cumplen mejor sus mandamientos. En el misterio de Cristo entra el misterio de María. La devoción a María según San Luis María Grignon de Montfort es camino seguro para encontrar a Cristo, para amarlo más tiernamente y para servirlo más fielmente (cf. Tratado de la verdadera devoción a María, 62)

María refleja a Cristo en todo su ser y actuar. Ella no concentra las miradas en su persona, siempre las remite a su Hijo en un prolongado “haced lo que él os diga”. En esta ocasión, siguiendo el espíritu de Aparecida, nuestro deber es imitarla como discípula misionera del Señor y ponerlo en práctica mientras nos dedicamos a la empresa de una nueva evangelización.

† Flavio Calle Zapata

Arzobispo de Ibagué. 

BIBLIOGRAFÍA

Aparecida, Documento Conclusivo

Biblia de Jerusalén

Concilio Vaticano II, Lumen Gentium

Fernando Sebastián, María, Madre de Jesús y Madre nuestra. Ed. Sígueme. Salamanca 2013

Idem. María discípula y misionera en el camino pastoral de América latina, en Aparecida 2007. Luces para América Latina, 63-96, Ed. Vaticana 

P. Enrique Llamas, OCD. La Madre Ágreda y la Mariología del Vaticano II, Ed. Arca de la Alianza - 2007

P. G. Álvarez cjm. La virgen María en el documento de Aparecida, 2013  

P. José Manuel Tovar Carrizosa, María, discípula y misionera al servicio del Señor y de la Iglesia, Revista de estudios marianos Regina Mundi, 21 de marzo de 2012.

Papa Francisco, Exhortación Apostólica Evangelii  Gaudium

Paulo VI, Exhortación Apostólica Marialis Cultus

San Juan Pablo II, Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae

San Luis María Grignon de Montfort. Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen María.  

Stefano de Fiores, María nel mistero di Cristo e della Chiesa. Ed. Monfortane - 1984 

La nueva evangelización

A la luz de la Evangelii Gaudium

S.E. Mons. Octavio Ruiz Arenas

Arzobispo emérito de Villavicencio (Colombia) Agosto 2014.

Secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización

La Exhortación apostólica Evangelii Gaudium del papa Francisco fue un documento muy esperado, sobre todo después de la celebración de la XIII Asamblea General del Sínodo de los

Obispos sobre «La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe», realizada en el mes de octubre del 2012. Al terminar la celebración eucarística del 25 de noviembre del 2013 con ocasión de la conclusión del Año de la Fe, el Papa entregó esta Exhortación apostólica a representantes del

Pueblo de Dios provenientes de 18 países de los cinco continente, entre ellos a un obispo, a un sacerdote, a unos seminaristas y religiosos, a una familia, a algunos artistas de diversas áreas y a un grupo de personas de los distintos medios de comunicación social para hacer ver con claridad que confiaba ese texto a toda la Iglesia, con el fin de que se convierta en una valiosa herramienta para la acción pastoral que ha de realizarse para impulsar la nueva evangelización.

1. Acento pastoral de la Exhortación

En realidad se esperaba que el Papa escribiera una Exhortación apostólica post-sinodal, esdecir, que fuera como una conclusión y desarrollo de los aportes, reflexiones y recomendaciones de los obispos que participaron en la mencionada Asamblea sinodal, pero el Santo Padre quiso darle un alcance mucho mayor para involucrar todo lo que se refiere a la misión prioritaria de la Iglesia, inspirándose en los documentos del Concilio Vaticano II, en el magisterio de sus predecesores y en documentos de algunas conferencias episcopales, pero sin dejar de tener en cuenta las proposiciones  de los Padres sinodales.

Esta Exhortación del Papa Francisco es en realidad un documento programático de su pontificado (EG 25), escrito en un lenguaje sencillo y en muchos casos con un tono casi coloquial, fruto de una profunda inspiración pastoral, con el cual ha querido que todos los fieles comprendan

su mensaje. Francisco propone allí algunas líneas orientadoras para la acción pastoral, invitando a que sean asumidas en cualquier actividad que se realice en la Iglesia (EG 18), y se pongan en marcha con generosidad y valentía, sin prohibiciones ni miedos (EG 33) y de esta manera se pueda acoger, en medio de los compromisos diarios, la recomendación de la Palabra de Dios: «Alegraos siempre en el Señor. Os lo repito, ¡alegraos!» (Flp 4,4).


Al leer el texto de la Exhortación, se percibe que nos encontramos frente al pensamiento de

un pastor que utiliza un lenguaje sereno, cordial y directo, que está en completa sintonía con el

1 De las 58 proposiciones sinodales esta Exhortación menciona directamente 28 de ellas, para acoger el pedido que le hicieron los Padres sinodales y para poner de manifiesto las preocupaciones que tiene el Papa en relación con la obra evangelizadora de la Iglesia (EG 16).2

estilo y con las acciones realizadas por él, como Papa, tanto en Roma como en sus viajes apostólicos a lo largo del tiempo que lleva como obispo de Roma. Así, pues, la Evangelii Gaudiumconstituye un documento central para la promoción y realización de toda la acción evangelizadora de la Iglesia y, en consecuencia, de la nueva evangelización. Asimismo la Exhortación expresa lo

que fue el espíritu con que el Cardenal Bergoglio ejerció su ministerio episcopal en Buenos Aires antes de ser elegido a la Sede de Pedro, como también su preocupación constante por la «colegialidad», ya que él siempre ha tenido un profundo respeto a la tarea que debe ejercer cada uno

de los obispos en sus respectivas sedes y al interior de las Conferencias episcopales (EG 16).

 

Una preocupación constante y eminentemente pastoral que se percibe en esta Exhortación es la de querer animar una transformación misionera de la Iglesia,

2

que parta del corazón del Evangelio y que ponga al centro de su tarea el núcleo fundamental de la Buena Nueva: «la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado» (EG 36). Este anuncio debe llenar de inmensa alegría el corazón y la vida entera de quienes encuentran a Jesús, pues quienes se dejan salvar por Él son libres del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento

(EG 1). El Papa indica con claridad que la entera Exhortación es una invitación para que todos nos empeñemos en poner en marcha una nueva etapa evangelizadora que esté marcada por esa alegría. Fijémonos bien lo que dice el Papa: «una nueva etapa evangelizadora », es decir, la Iglesia continúa realizando la misma tarea de siempre, pero debe avanzar en ella con un acento peculiar:«la alegría que brota del encuentro con Cristo».

Con esta invitación podemos decir que la introducción de la Evangelii Gaudium viene a ser como un eco y una continuación de lo que ya el Papa Benedicto XVI había expresado al convocar la realización del Año de la Fe —que luego en gran parte le correspondió al Papa Francisco animarlo y presidirlo—, con el cual quería que los bautizados redescubrieran el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo.

3 Este encuentro no se reduce a un simple sentimiento interior, sino que debe traducirse en un compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva evangelización que lleve a percibir y a hacer sentir profundamente la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe.

4 Para ello hay que seguir el ejemplo de los primeros cristianos que al comenzar a cumplir el mandato de llevar el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16, 15), lo hicieron manifestando a todos la alegría de la Resurrección del Señor. El Papa Francisco, como lo indica con claridad el título de la Exhortación, presenta una característica ineludible para la evangelización: La alegría del Evangelio que llena el corazón y la vida de los que se encuentran con Jesús y que marca profundamente nuestra realidad de discípulos misioneros. No se trata de una alegría ficticia, simulada, sino de aquella auténtica, aquella que, a pesar de las dificultades y sufrimientos que puede experimentar la persona en su vida diaria, sin

embargo permite que brote esa luz y ese gozo que proviene del amor de Dios manifestado en Cristo.

2 Este impulso misionero se encuentra mencionado 139 veces a lo largo de la Exhortación, insistiendo en la urgencia de «poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están. Ya no nos sirve, dice el Papa, una ‘simple administración’. Constituyámonos en todas las regiones de la tierra en un ‘estado permanente de misión‘» (EG 25).

3 Benedicto XVI, Carta apostólica Porta fidei, 2

4

Ibid., 73

Pablo VI hablaba de la «dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que  sembrar entre lágrimas».

5 Esta alegría brota, dice Francisco, «cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser verdadero. Allí está el manantial de la acción evangelizadora» (EG 8).

2. El anuncio del Evangelio una novedad permanente

Para entender qué es evangelizar debemos primero tratar de comprender qué significa la palabra ‘evangelio’. El Papa Benedicto XVI en la primera sesión de la Asamblea del Sínodo de los

Obispos sobre La nueva evangelización para la transmisión de la fe hizo una bellísima reflexión al

respecto.6 Decía el Papa que ‘evangelio’ en la literatura griega significaba el anuncio de una victoria, mientras que para Isaías (40,9) era la invitación a anunciar al pueblo de Israel que Dios estaba presente, que no se había olvidado de él y que le abriría pronto las puertas del exilio. El

Nuevo Testamento, además de recoger lo que decía el profeta, hacía eco a lo que se significaba con esa palabra en el Imperio romano, es decir, se trataba de un poderoso mensaje de salvación y renovación que provenía del Emperador. En el Nuevo Testamento, por consiguiente, la palabra

‘evangelio’ puede interpretarse como la palabra del verdadero Emperador del mundo: Jesús. Es decir, es la Palabra misma de un Dios que no se queda mudo, que no es indiferente a nuestra situación, un Dios que se hace sentir en medio de las dudas que se plantea el hombre moderno acerca de su existencia, de su acción, de su interés por nosotros. En Jesús, entonces, Dios nos muestra que nos conoce, que nos ama, que ha entrado a nuestra historia, que goza y sufre con nosotros. Surge, sin embargo, la pregunta: y si esto es así, ¿cómo podemos conocer que sea verdad?

La respuesta no está en un proceso racional, sino en buscar un encuentro personal con Él. Este encuentro se logra a través de la oración para que el Espíritu Santo venga y nos ilumine, pues si

Dios no actúa, nuestras acciones quedarán vacías. Sólo Él mismo puede hablarnos para disipar nuestras dudas, nosotros solo podemos cooperar, pero la iniciativa debe venir de Dios. Así, pues, cuando realizamos la evangelización estamos siempre cooperando con Dios, pero en la medida en que estemos unidos a Él, arraigados en su presencia real a través de la oración. Bien decía el mismo

Papa en su primera encíclica: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva».

7


El Papa Pablo VI indicaba, con gran perspicacia, que la evangelización, «debe contener siempre —como base, centro y a la vez culmen de su dinamismo— una clara proclamación de que en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, se ofrece la salvación a todos los hombres, como don de la gracia y de la misericordia de Dios».8 La evangelización constituye la tarea esencial y perenne de la Iglesia, es su dicha y vocación propia.

9 Con el anuncio del Evangelio se pretende llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad, dando testimonio, de una manera sencilla

y directa, de Dios revelado por Jesucristo mediante el Espíritu Santo.10 Llevar a cabo el proceso

5 Cf. Pablo Vi, Carta Apostólica Evangelii Nuntiandi, 80

6 Cf. Benedicto XVI, Meditación durante la Hora Tercia al iniciar la XIII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los obispos, 8

de octubre de 2012

7 Benedicto XVI, Encíclica Deus caritas Est, 1.

8

Pablo VI, Carta apostolica Evangelii nuntiandi, 27

9 Cf. Ibid. , 14

10 Cf. Ibid, 18, 264evangelizador es, sin embargo, algo muy complejo puesto que requiere variados elementos: «renovación de la humanidad, testimonio, anuncio explícito, adhesión del corazón, entrada en la comunidad, acogida de los signos, iniciativas de apostolado»

11

Ahora bien, siendo ésta la tarea que ha venido realizando la Iglesia durante más de veinte siglos, para algunos Pastores y teólogos el término «nueva», referido a la evangelización, suscita una cierta perplejidad. Ya el mismo Papa Francisco había planteado esta inquietud haciendo ver que no es de extrañar este desconcierto. Hablando a los miles de participantes en la Jornada de lo

Movimientos apostólicos con motivo del año de la fe decía:

La novedad nos da siempre un poco de miedo porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos, planificamos nuestra vida, según seguimos, lo acogemos, pero hasta un cierto punto; nos resulta difícil abandonarnos a Él con total confianza, dejando que el Espíritu Santo anime, guíe nuestra vida, en todas las decisiones; tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos. Pero, en toda la historia de la salvación, cuando Dios se revela, aparece su novedad... La novedad que Dios trae a nuestra vida es lo que verdaderamente nos realiza, lo que nos da la verdadera alegría, la verdadera serenidad, porque Dios nos ama y siempre quiere nuestro bien. Preguntémonos hoy: ¿Estamos abiertos a las ‘sorpresas de

Dios’? ¿O nos encerramos, con miedo, a la novedad del Espíritu Santo? ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta? Nos hará bien hacernos estas preguntas durante toda la jornada.12

En la Exhortación el Papa no ofrece una clarificación directa sobre lo que significa el adjetivo ‘nueva’ en relación con la evangelización, pero propone una serie de aproximaciones que, como ya hemos visto, se refieren a la fuerza misma del Evangelio, a la alegría con la cual se debe anunciar y al espíritu misionero que debe estar presente en toda la acción pastoral de la Iglesia. En

este sentido es de gran riqueza, por una parte, la introducción de la Evangelii Gaudium, en la que se resalta la alegría con la que se vive y se expresa el encuentro personal con Jesucristo, ya que Él nunca defrauda, más bien se muestra siempre disponible a acoger a todos con los brazos abiertos

(EG 3) y, por otra, el capítulo V, en donde pone de manifiesto la espiritualidad que debe animar el cumplimiento de la misión de la Iglesia. Ambas partes expresan la misma realidad: el amor de

Cristo y la misericordia del Padre que salen al encuentro de todas las personas para manifestar el corazón y la esencia misma de su revelación, es decir, el hacer conocer que la vida de cada uno de

nosotros adquiere sentido en el encuentro con Jesucristo y en el gozo de compartir esta experiencia de amor con los demás (EG 8 y 264). La alegría que debe acompañar la tarea evangelizadora y la espiritualidad que la anima, deben estar cimentadas en la Palabra de Dios escuchada y celebrada, sobre todo en la Eucaristía, que alimenta a los cristianos y los vuelve capaces de un auténtico testimonio evangélico en la vida cotidiana (EG 174).

11 Cf. Ibid., 24

12 Papa Francisco, Homilía en la Santa Misa con los Movimientos eclesiales en la solemnidad de Pentecostés, Plaza de

San Pedro, 19 de mayo de 20135

3. ¿Nueva evangelización?

En la Exhortación no aparece una definición de lo que hoy se intenta expresar con el término nueva evangelización, pero al mirar el entero documento en su conjunto podemos encontrar algunas indicaciones y sugerencias que él desarrolla ampliamente en los cinco capítulos de la Evangelii

Gaudium (EG 17). El Papa dice que cuando se habla de nueva evangelización se trata de «alentar una etapa evangelizadora más fervorosa, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin y de vida contagiosa». Pero al mismo tiempo indica con claridad que ninguna motivación será suficiente si no arde en los corazones el fuego del Espíritu. En definitiva, se trata de una evangelización con espíritu, es decir, una evangelización fuertemente soportada y alentada por el Espíritu Santo, ya que

Él es el alma de la Iglesia evangelizadora (EG 261) y quien «infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia (parresía), en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente» (EG 259). Es Él quien a lo largo de toda la historia de la Iglesia ha acompañado, fortalecido e impulsado al Pueblo de Dios y a sus Pastores para cumplir con fidelidad y coraje la misión encomendada.

La novedad al hablar de la evangelización, por consiguiente, no se refiere exclusivamente a los destinatarios o a los desafíos o a las diversas situaciones culturales, políticas y sociales a los cuales debe responder la Iglesia cuando anuncia el Evangelio, como tampoco a los nuevos procesos o estrategias de transmisión, aunque lógicamente hay que prestar «una constante atención para intentar expresar las verdades de siempre en un lenguaje que permita advertir su permanente novedad» (EG 41). Sin duda, cuando hablamos de nueva evangelización, pensamos en un primer momento en las nuevas circunstancias en las que está sumergido el Pueblo de Dios y en cómo anunciar el Evangelio frente al cambio de época que estamos sufriendo, el cual conlleva profundas repercusiones en la cultura de los pueblos. Asimismo viene a nuestra mente la creciente indiferencia religiosa y el influjo del secularismo, por lo cual nos referimos a los esfuerzos que hace la Iglesia para anunciar el Evangelio con «nuevo ardor, nuevos métodos y nueva expresión»,

13 de tal manera que pueda responder a los grandes desafíos que presenta la sociedad actual para el cumplimiento de

la misión encomendada por Cristo. El Papa Francisco, sin desconocer todo lo anterior (GS 52-75), pone su acento más bien en una realidad que es fundamental y que es la que alienta toda la acción evangelizadora, pues se trata del impulso que Dios mismo quiere imprimir a esa acción, es decir, al espíritu que siempre debe animarla (EG 12). En efecto, la nueva evangelización tiene como cometido presentar la novedad perenne, siempre antigua y siempre nueva, de Cristo mismo, que permanece eternamente joven y es fuente de constante novedad, cuya riqueza y cuya hermosura son inagotables. Esta es la fuerza propia y el potente motor de la nueva evangelización, ya que, como dice el Papa, «Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del

Evangelio, brotan nuevos caminos, médos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual» (EG 11).

La Exhortación aclara muy bien que jamás debemos entender la novedad de esta misión como un desarraigo, como un olvido de lo que ha sido el proceso histórico de la evangelización, pues siempre tenemos que tener en cuenta el testimonio de tantos cristianos que a lo largo de los

13 Juan Pablo II, Discurso a la Asamblea del CELAM, Haití, 9 de marzo de 19836siglos han permitido que haya llegado el anuncio gozoso del Evangelio hasta el momento presente

(EG 13).

El Papa Francisco pocas veces ha hablado directamente de «nueva evangelización», pero su naturalidad y cercanía con la gente, su lenguaje simple pero profundo, su compromiso con los pobres, su cariño para con los enfermos y los niños, su invitación a ir en contravía en relación con el ambiente y el influjo de la secularización, su constante súplica para que salgamos hacia las periferias existenciales, pero sobre todo su gozoso testimonio de haber encontrado a Cristo y su coherencia de vida, constituyen un elocuente mensaje de cómo realizar la nueva evangelización.


Cuando el Papa emplea la expresión «nueva evangelización», ya sea en este documento14como también en otras ocasiones, se refiere a toda la acción evangelizadora de la Iglesia, para locual utiliza la misma terminología de los Papas que le han precedido. Insiste, por consiguiente, en el hecho de que la misión de la Iglesia se realiza en tres ámbitos distintos: en el ámbito de la pastoral ordinaria de la Iglesia para hacer arder el mensaje del Evangelio en el corazón de los creyentes; en

el ámbito de las personas bautizadas que no viven las exigencias del Bautismo que viene a ser el ámbito preciso al cual se referían Juan Pablo II y Benedicto XVI cuando hablaban de nueva evangelización; y en el ámbito de la «missio ad gentes» para proclamar el Evangelio a quienes no conocen a Jesucristo o siempre lo han rechazado (EG 14). Sin embargo, a diferencia de sus predecesores, Francisco involucra esos tres ámbitos en la nueva evangelización, para recalcar, como

lo sugerían los padres sinodales, la permanente dimensión misionera que debe animar el cumplimiento de la tarea fundamental que Cristo confió a su Iglesia. Más aún, para Francisco «toda auténtica acción evangelizadora es siempre ‘nueva’», es decir, la evangelización siempre debe ser

realizada con el espíritu que anima lo que hoy llamamos «nueva evangelización» (EG11).

4. Temas centrales

Los temas que trata la Evangelii Gaudium son muchos y de diversa naturaleza, pero siempre con una orientación teológica y una mirada pastoral a lo largo de todo el documento. Un argumento sin embargo, que impregna toda la Exhortación de manera transversal es la invitación que hace el

Papa para una «conversión pastoral» (EG 25), invitación que ha provocado también no pocas incertidumbres. Esta conversión pastoral ha de poner a la «Iglesia en salida», esto es, que deje a un lado la comodidad y tenga el coraje de llegar a todas las periferias existenciales que están urgidas de la luz del Evangelio (EG 20). Por consiguiente, es una invitación a toda la comunidad eclesial para que incluya al pueblo, tome iniciativa, acompañe, festeje, vaya a buscar a los que se han alejado de la comunidad eclesial y que tenga amor por los últimos, por los pobres y por aquellos que descarta la sociedad y los abandona. Esto requiere que no nos encerremos en la parroquia, en los movimientos o con quienes piensan como nosotros las mismas cosas, pues cuando la Iglesia se cierra se enferma, se vuelve una Iglesia enferma. Es necesario que la Iglesia salga de sí misma, que salga a pesar de que pueda ‘accidentarse’. Por esto el Papa dice: «prefiero una Iglesia accidentada,

14 La Evangelii Gaudium utiliza la expresión «nueva evangelización» 10 veces en los numerales 14, 73, 120, 126, 198,

239, 260, 284, 287, 2887herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades» (EG 49). Para explicar mejor lo que significa la Iglesia en salida, utiliza un neologismo: primerear, con el cual expresa la necesidad de saberse adelantar,tomar la iniciativa sin miedo, brindar misericordia, involucrarse con el pueblo, buscar a los alejadosy llegar en la acción pastoral a «oler a oveja» (EG 24).

Aunque la expresión «conversión pastoral», se encuentra mencionada directamente solo dos veces (EG 25. 27), sin embargo enmarca muy bien todo lo que el Papa quiere para una renovación interna de la Iglesia, cuya primera exigencia no puede darse por supuesta: creer de corazón en la

Buena Nueva, es decir, creer en Él y seguirlo (EG 169) y creerle a Él que nos dice que el reino de

Dios está presente en el mundo y que se está desarrollando por doquier de diversas maneras

(EG 278). Esta conversión debe promover espacios y ocasiones para manifestar la misericordia de

Dios, involucrar a todos en el anuncio del Evangelio haciendo partícipes seriamente a los laicos en

la misión de la Iglesia, apoyándolos y acompañándolos sin manipulaciones o sometimientos, reformar aquellas estructuras caducas que se han convertido en obstáculo serio para la evangelización, cambiar de actitudes para atender los problemas de manera pro-activa. Esta conversión pastoral implica un diálogo con el mundo actual, mirándolo con empatía y sin temores, pues es una creación de Dios que Él mismo juzgó buena desde un principio, para escuchar sus gemidos y responder a los interrogantes existenciales que brotan hoy, sobre todo por parte de los jóvenes.

La nueva evangelización, por consiguiente, conlleva, por una parte, un espíritu misioneroque la anime y, por otra parte, un cambio de actitud de la Iglesia para salir, para buscar, par

“primerear” sin miedo y mantener siempre las puertas abierta, ya sea para salir de sí misma, como también para que puedan entrar los que están alejados. Esto supone creatividad, entusiasmo, generosidad, acompañamiento, escucha, solidaridad, preocupación por los otros, pero siempre sin perder de vista la esencia de su misión. Por esta razón el Papa tiene cuidado en indicar que «Desde el punto de vista de la evangelización, no sirven ni las propuestas místicas sin un fuerte compromiso social y misionero, ni los discursos y praxis sociales o pastorales sin una espiritualidad que transforme el corazón» (EG 262). En este sentido tienen particular importancia las observaciones que presenta el documento referente a las tentaciones de los agentes de pastoral, que debemos tener muy en cuenta para que no perdamos el entusiasmo misionero, para que no nos dejemos llevar de manera ilusoria por el ambiente y ocultemos nuestra identidad cristiana, para que no actuemos como si Dios no existiera y lo excluyamos por completo de nuestra vida, para que no caigamos en el pesimismo y el desánimo, para que no intentemos trabajar en la Iglesia de manera aislada o sin una espiritualidad fundada en la Cruz (EG 76-109). Asimismo es necesario que hagamos lo posible para afrontar adecuadamente los desafíos del mundo contemporáneo (EG 52-75) y, de manera muy especial, asumamos con decisión todo lo que implica la dimensión social de la evangelización


(EG 176-258).

Este último punto, que se refiere con gran insistencia a la inclusión social de los pobres, es un argumento ampliamente desarrollado y en el que el Papa muestra particular interés, indicando el lugar privilegiado que tienen los pobres en el Pueblo de Dios, como también la apremiante llamada que nos hace el Señor para que escuchemos su clamor, a fin de que el anuncio del Evangelio no quede en solas palabras y que, en el cumplimento de la misión de la Iglesia, no corramos en vano8

(EG 195). La Exhortación retoma la opción por los pobres como una categoría teológica, entendida como una forma especial de ejercicio de la caridad cristiana,15 de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia y expresa el anhelo ferviente de una Iglesia pobre para los pobres (EG198), en donde compartamos con quien carece de lo necesario, que salgamos al encuentro de los pobres y en ellos toquemos la carne de Cristo. De ahí la urgencia de no tener miedo de ir a las periferias existenciales para encontrar a las personas marginadas, despreciadas, excluidas o que viven en zonas empobrecidas, lesionadas en sus derechos, que sobreviven en medio de grandes dolores humanos (EG 46. 53. 63). Pero debemos ir sólo si llevamos la Palabra de Dios en el corazón, pues

de lo contrario, nos llevaremos a nosotros mismos, olvidando que es el Señor a quien tenemos que hacer presente, pues es Él quien salva.

Para lograr todo lo anterior se requiere dejar a un lado lo que él llama la «mundanidad espiritual» que se esconde detrás de apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia, que consiste en buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal y que encamina hacia la crítica, la descalificación, el orgullo, la prepotencia y las apariencias

(EG 93-97. 207).

Asimismo, al mirar con detenimiento las indicaciones pastorales de la Exhortación merece nuestra atención lo que nos dice el Papa en relación con los responsables del anuncio del

Evangelio, ya que involucra directamente a todos los miembros de la Iglesia (EG 111-134), puesto que el sujeto de la evangelización es el Pueblo que peregrina hacia Dios. En consecuencia Francisco enfatiza que la nueva evangelización «debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados», porque todos ellos han sido llamados a ser siempre «discípulos-misioneros» en la medida en que hayan encontrado el amor de Dios en Cristo Jesús (EG 120) y lo hayan hecho presente por medio de su compromiso social como testimonio creíble de su vida reconciliada

(EG 239). En este sentido, en diversas partes del documento hace referencia a la importancia de los laicos16, en especial de las mujeres 17, y de los movimientos y comunidades eclesiales1 8 en la realización de la misión de la Iglesia, sin descuidar la responsabilidad de los ministros consagrados.

Al referirse al modo concreto como debemos predicar el Evangelio el Papa hace dos anotaciones de gran importancia. Por una parte desarrolla con gran amplitud lo que es la homilía, para lo cual muestra de manera muy clara y sencilla cómo ha de prepararse, señala la urgencia de que el predicador, en una actitud contemplativa, tenga una gran familiaridad con la Palabra de Dios,

para que transmita con sus labios lo que el Señor ha puesto en su corazón, pero hace ver que es necesario que busque y esté atento al mismo tiempo a lo que los fieles necesitan escuchar (EG 135-

159). Por otra parte, se refiere a una forma de predicación informal que compete a todos los bautizados y que se realiza persona a persona, para lo cual es necesario acercarse tanto a los más cercanos, como a los desconocidos, a través de un diálogo personal que permita que el otro exprese sus alegrías, esperanzas e inquietudes y a partir de allí le comunique su experiencia de Jesús y le ponga en contacto con la Palabra (EG 127-130).

15 Cf. Juan Pablo II, Encíclica Sollicitudo rei socialis, 42

16 Cf. EG 81, 102, 159, 169, 201

17 Cf. EG 103, 104, 120, 171, 212, 214, 271, 287, 288

18 Cf. EG 29, 31, 51, 63, 8, 99, 100, 105, 108, 131, 1839

Consciente de lo que fue su anterior experiencia pastoral hace hincapié en la gran riqueza de

la piedad popular, pues tiene una gran fuerza evangelizadora, que coopera en la inculturación del

Evangelio, puesto que, por una parte, ayuda a mantener viva la relación entre la fe y las culturas de

los distintos pueblos y, por otra, es una senda que lleva a lo esencial si se vive en la Iglesia, en

comunión profunda con los Pastores.19 Ella constituye una expresión espontánea de la acción

misionera del Pueblo de Dios, que no se reduce a simples expresiones externas y sentimentales, sino

que tiene una serie de profundos contenidos que se descubren y se expresan más por la vía de los

símbolos (EG 122-124). En la nueva evangelización debe estar presente la piedad popular y no se la

puede despreciar, pues ella ayuda a sanar y a liberar determinadas expresiones de religiosidad

marcadas por la superstición, la fatalidad o el fetichismo (EG 69). Así, pues, hay que volver a

valorarla, pues sus expresiones «tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un

lugar teológico al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva

evangelización» (EG 126).

Teniendo en cuenta la crisis que ha sufrido el proceso catequético, hace hincapié en el rol

fundamental que tiene el kerygma, insistiendo en que éste debe ocupar el centro de toda la actividad

evangelizadora y de todo intento de renovación eclesial, ya que, apoyado en la Palabra de Dios, es

el anuncio primero, el principal, en el que la fe se debe apoyar, pues se trata de hacer resonar en lo

más profundo del corazón que «Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu

lado cada día para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte» (EG 164). La catequesis viene luego

como una profundización del kerygma y una progresiva iniciación mistagógica (EG 166), que debe

acompañar el proceso de crecimiento de la vida de todo cristiano.

Por último, aunque de manera breve, el Papa Francisco hace una referencia explícita al papel

que desempeña la parroquia en toda la tarea de la evangelización. Considera que no es una

estructura caduca, encerrada en sí misma, alejada de la gente sino que, por el contrario, es una

institución evangelizadora llena de creatividad misionera, capaz de reformarse y adaptarse

continuamente, para alentar y formar a sus miembros para que sean discípulos misioneros. Pero

dadas las circunstancias actuales es necesario revisar y renovar la parroquia, ya que todavía no ha

dado los frutos necesarios para que sea un ámbito de comunión y participación y se oriente por

completo a la misión (EG 28-29).


5. Recomendaciones particulares del Papa Francisco

El Santo Padre, no solo en la Evangelii Gaudium sino también en muchas de sus

intervenciones públicas, ha dado una serie de indicaciones, que de una u otra manera están

sugiriendo la forma en la que se debe llevar a cabo la nueva evangelización.

Una primera indicación, que ha hecho con insistencia, ha sido la de que quien evangeliza ha

de tener una gran familiaridad con Cristo, pues el discípulo tiene que estar con su Maestro para

escucharlo y aprender de Él. Sólo así el evangelizador podrá hablar de Cristo y hacerlo presente en

19 Cf. Papa Francisco, Homilía en ocasión de la jornada de las cofradías y de la piedad popular, Plaza de San Pedro, 5 de

mayo de 2013 10

el mundo para servir a la humanidad con humildad y alegría, evitando toda autorreferencialidad,

todo encerramiento en sí mismo.

20 El Papa, por esto, insiste en la oración y presenta el ejemplo de

Madre Teresa de Calcuta, la cual se arrodillaba para servir a los más enfermos y desechados por la

sociedad pero no tenía miedo de arrodillarse dos horas ante el sagrario para adorar al Señor. A partir

de ese ejemplo Francisco nos invita a no tener miedo de salir de nosotros mismos cuando oramos y

cuando realizamos la acción pastoral, pues hay que ser valientes y estar llenos de Cristo para anunciar el Evangelio.

21 Para evangelizar se requiere mucha oración, de la cual el Papa Francisco

nos da un gran ejemplo, pues «sin ella toda acción en la Iglesia corre el riesgo de quedarse vacía y

el anuncio carece de alma» (EG 259).

Francisco nos invita también a tomar conciencia de la propia y primera vocación. Todos los bautizados estamos llamados a ser discípulos del Señor, es decir estar atentos a los pies del Maestro

para escuchar su palabra, conocerlo, seguirlo, vivir como Él. Esa experiencia gozosa nos debe llevar a comunicarla a los demás. Por ello la primera responsabilidad para cumplir el mandato misionero es la de ‘hacer discípulos’ que, como lo hicieron los primeros cristianos, salgan a comunicar la experiencia de su encuentro y comuniquen con fidelidad la Palabra del Señor. Por esta razón ya no debemos decir que somos «discípulos» y «misioneros», puesto que siempre somos y tenemos que ser «discípulos misioneros».

22 Todo bautizado será misionero en la medida en que se encuentre con

el amor de Dios en Cristo Jesús (EG 120). Así, pues, al evangelizar no cumplimos simplemente una tarea, un encargo, sino que realizamos nuestra vocación de discípulos misioneros que, llenos de entusiasmo y coherencia de vida, comunicamos a los demás el gran tesoro que es Cristo y de esa manera formamos nuevos discípulos misioneros. Esto requiere, sin embargo, un testimonio lleno de fidelidad. El Papa recordaba el año pasado a los catequistas lo que San Francisco de Asís decía a sus frailes: «Predicad siempre el Evangelio y si fuese necesario, también con las palabras».23

Desde que inició su pontificado en Roma el Papa no se ha cansado de repetir en múltiples ocasiones que la misericordia es el mensaje y ejemplo más fuerte del Señor. Este fue el tema de su

primera homilía dominical en la que decía que «El señor nunca se cansa de perdonar, ¡jamás!

Somos nosotros los que nos cansamos de pedirle perdón»,24 incluso porque muchas veces lo

ministros sagrados que tienen el encargo de administrar el sacramento de la Reconciliación olvidan

que deben actuar con las entrañas de misericordia del Señor, ya que ésta constituye el corazón del

Evangelio, porque es la buena noticia de que Dios nos ama, que ama al hombre pecador, y con su amor lo atrae hacia sí y lo invita a la conversión.25 Ser misioneros y testigos de la misericordia de Dios, que espera siempre y nos ama infinitamente, constituye el secreto de la fecundidad pastoral,

20 Cf. Papa Francisco, Discurso a los participantes en el Congreso Internacional sobre la Catequesis, Vaticano, 27 de septiembre de 2013

21 Cf. Papa Francisco, Discurso a los participantes en el Encuentro con los seminaristas, los novicios y las novicias,

Vaticano, 27 de julio de 2013

22 Esta expresión «discípulo-misionero» surgió durante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano realizada en Aparecida en mayo de 2007. La redacción del Documento conclusivo fue presidida por el Cardenal Mario Bergoglio.

23 Cf. Papa Francisco, Discurso a los participantes en el Congreso Internacional sobre la Catequesis, Vaticano, 27 de septiembre de 2013

24 Homilía en la parroquia de Santa Ana, Vaticano 17 de marzo de 2013

25 Cf. Papa Francisco, Discurso a la Penitenciaría apostólica, Vaticano, 28 de marzo de 20141 la cual no procede ni del éxito ni del fracaso según los criterios de valoración humana, sino de conformarse con la lógica de la Cruz de Jesús, que es la lógica del amor, la lógica de salir de sí

mismos para darse completamente a los demás (EG 279). Por esto el Papa nos invita a no tener miedo a la ternura, más aún nos recuerda que «El Hijo de Dios en su encarnación, nos invitó a la


revolución de la ternura» (EG 88) y espera que renunciemos a todo lo que nos distancia de los otros para que conozcamos de verdad la fuerza que emana de ella (EG 270).

Ante una sociedad que cada vez más propaga una «cultura del desencuentro y del descarte» que va excluyendo y aislando a las personas, y en donde el influjo de las redes sociales es cada vez mayor, hasta el punto que «se pretenden relaciones interpersonales sólo mediadas por aparatos

sofisticados, por pantallas y sistemas que se pueden encender y apagar a voluntad» (EG 88),

el Santo Padre nos invita a desarrollar una cultura del encuentro (EG 220), en donde, como pide el Evangelio, corramos el riesgo del encuentro con el rostro del otro, con su dolor, con sus

reclamos, con su alegría, para así aprender a valorar ese encuentro, como también hallar la compañía y amor de Jesús. Es por tanto urgente acabar con lo que Francisco llama «la globalización de la indiferencia» (EG 54).

Finalmente, entre muchas otras recomendaciones, Francisco no se cansa de insistir que es necesario ser creativos, puesto que la creatividad es como la cultura vertebral de quien anuncia el

Evangelio26. Tenemos que seguir la huella del actuar de Dios que es siempre creativo (EG 11), sale

al encuentro, no está encerrado. Para ser creativos es necesario responder al amor de Dios que

quiere valerse de nosotros como seres vivos y libres, tenemos que dejarnos penetrar por su Palabra

y no tener miedo de cambiar para adecuarnos a las circunstancias en las que hay que anunciar

el Evangelio (EG 151.156).

26 Cf. Papa Francisco, Discurso a los participantes en el Congreso Intern

INFORME SOBRE EL PROCESO, S.I.N.E,  sistema integral para la nueva evangelización, en la Arquidiócesis de Ibagué, año 2014. El 25 de Enero del año 2014, Monseñor Gustavo Vásquez Montoya, Vicario de Pastoral de nuestra Arquidiócesis,  se reunió con todas las delegaciones del proceso SINE, en el Colegio Tolimense de la ciudad de Ibagué.  los participantes recibieron formación,  la temática estuvo centrada en el tema de la importancia de la catequesis de adultos como etapa primordial en el proceso de la evavngelización.  A continuación un extracto de esas catequesis. 

CATEQUESIS DE ADULTOS ETAPAS EN EL PROCESO DE EVANGELIZACIÓN EN LA ARQUIDIÓCESIS DE IBAGUÉ. COLOMBIA S.I.N.E MINISTERIO CATEQUESIS DE ADULTOS ESTRUCTURA

  1. INTRODUCCIÓN:

            La renovación de la catequesis de adultos es relativamente reciente; la catequesis estaba centrada en las etapas de la niñez y en la preparación a la primera comunión.

            Un alto porcentaje de adultos no están suficientemente evangelizados, son poco practicantes y se mantienen alejados.

            Es necesario cambiar, y dar a la catequesis la importancia que se merece: “esta catequesis debe ser considerada como la forma principal de la catequesis, a la que todas las demás, ciertamente necesarias, se ordenen. Esto implica que la catequesis de otras edades debe tenerla como punto de referencia y articularse con ella en un proyecto catequético coherente de pastoral diocesana”.  (DGC 59; Cfr. CT 43).

            En la tradición cristiana la catequesis propiamente dicha ha sido la de adultos; ejemplo de ello fue la catequesis catecumenal de los primeros siglos.

Las personas adultas son responsables de la familia, de la sociedad, por lo tanto, la catequesis, con la Palabra de Dios, vendrá a ser la que dé sentido, unidad y esperanza a la vida familiar  y social.  (Cfr. DGC 173).

            El proceso evangelizador está estructurado en etapas o momentos: acción misionera, acción catequética y acción pastoral.

            El momento de la catequesis es una etapa de la evangelización que trata de conducir a la adultez en la fe a quienes han optado por el Evangelio o se encuentran deficientemente iniciados en la vida cristiana (Cfr. CT 18). Va dirigida a los necesitados de un proceso de iniciación y a llenar vacíos en su iniciación.

            Esta acción se orienta a las personas que, mostrando interés por el Evangelio les falta una experiencia de encuentro profundo con Jesucristo, una síntesis orgánica y significativa del contenido de la fe, no tienen un suficiente conocimiento y manejo de la Palabra de Dios, adolecen de un nivel adecuado de experiencia comunitaria, les falta proyección apostólica y poco influyen en la transformación cristiana de su entorno.

            Se necesita un trabajo serio de educación de adultos (Cfr. ChL 57) para que la totalidad de la acción evangelizadora funcione bien. Su papel es de fundamentación que consolidará la vida comunitaria y su proyección misionera.

2. MARCO DOCTRINAL

            2.1 La catequesis debe inspirarse en la manera como Jesús formaba a sus discípulos. Jesús realiza una enseñanza especial con sus discípulos (Mc 4, 10), les enseña a orar (Lc 11, 1), los acompaña, los estimula a imitar sus actitudes (Mt 11, 29) y los envía a evangelizar (Lc 10,1;  Mc 16,15).

            2.2 La adhesión de la fe reclama el conocimiento de la fe; la catequesis entonces debe ofrecer una síntesis orgánica y significativa del mensaje cristiano, que tenga como fuente principal la Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia. Además debe ofrecer una capacitación básica para orar y celebrar en la liturgia. La fe se proclama, se celebra, se confiesa y se hace oración; es muy importante la vinculación a Jesucristo a través de la oración y la liturgia.

            2.3 Los pasos de la catequesis de adultos nos hablan de una gradualidad inspirada en la misma tradición cristiana y en la naturaleza misma de la catequesis que acompaña el proceso de conversión de la persona. La conversión es permanente, no se da de una vez para siempre y de forma definitiva. (Cfr. DGC 89). Dicha gradualidad debe tener en cuenta:


            2.3.1 La catequesis Kerigmática: Que permite introducir a la persona a una comunicación personal con el Señor, abre el camino para la fe, la conversión y la misión, está dirigida a quienes ya han recibido el anuncio Kerigmático, pero no lo han hecho claramente suyo.

2.3.2 La catequesis de la iniciación cristiana: Que consiste en la profundización de la fe a través del conocimiento del Evangelio y la vivencia del misterio cristiano, para incorporar al catequizando a la vida de la Iglesia por los sacramentos de la iniciación cristiana y su proyección en la vida.

            2.3.3 La catequesis de la reiniciación cristiana: Que tiene como objetivo fundamentar y fortalecer la comunión viva con Cristo y con la Iglesia; la fe y la conversión se dan en el marco de una comunidad y se celebra en la Iglesia Particular y Universal.

            2.3.4 La catequesis permanente: Que proporciona una formación orgánica y sistemática de la fe que dura toda la vida bajo la inspiración de Cristo; está dirigida a los cristianos que han pasado la etapa de iniciación o de reiniciación.

3. OBJETIVO GENERAL

            Garantizar la formación catequética de adultos en la parroquia, después de la evangelización fundamental, a través de la catequesis sistemática y el contacto con la Palabra de Dios, en el marco de las Pequeñas Comunidades que se han formado después del Retiro de Eucaristía (Koinonía).

4. OBJETIVOS ESPECÍFICOS

            4.1 Formar los catequistas para las pequeñas comunidades.

            4.2 Fortalecer el conocimiento del misterio de la salvación y el crecimiento de la madurez en la fe.

            4.3 Facilitar jornadas de capacitación especializadas a quienes forman parte del ministerio de catequesis.

            4.4 Elaborar esquemas catequísticos, de acuerdo a las realidades diocesanas o parroquiales.

            4.5 Organizar y ofrecer servicios de catequesis a grupos y movimientos existentes en la parroquia.

            4.6 Trazar la pedagogía y didáctica apropiadas que lleve a fortalecer la catequesis.     

5. ORGANIZACIÓN

            El Ministerio se organizará teniendo en cuenta el siguiente orden práctico:

            5.1 Párroco.

            5.2 Consejo Pastoral Parroquial.

            5.2.1 Cabeza o responsable del ministerio de catequesis en la Parroquia.

            5.2.2 Jefe de sector.

            5.2.3 Contacto del sector (por cada nivel de Catequesis) en el Ministerio de Catequesis de Adultos.

6. PERFIL DEL RESPONSABLE

            6.1 Una persona evangelizada y madura en la fe, de buen testimonio, fiel a la Iglesia.

            6.2 Una persona estudiosa y suficientemente formada.

            6.3 Que con exclusividad se dedique a este ministerio.

            6.4 Que tenga capacidad de trabajar en equipo.

            6.5 Con capacidad para comunicar contenidos y con buen manejo de grupo.

            6.6 Que sea catequista y hermano de los integrantes de las pequeñas comunidades.

7. FUNCIONES

            7.1 Facilitar los subsidios de estudio en cada uno de los niveles.

            7.2 Proporcionar cursos de capacitación especializada a los catequistas.

            7.3 Organizar y ofrecer servicios de catequesis a grupos y movimientos existentes en la parroquia.

            7.4 Realizar los retiros para los catequistas de adultos.

8. FORMACIÓN

   8.1 Su formación tendrá que ser en perspectiva Cristocéntrica, Eclesiológica, Neumatológica y Mariana.

   8.2 Estudios especializados:

   8.2.1 ESPAC (Escuela Parroquial de Catequistas).

   8.2.2 FIC (Formación Inicial de Catequesis)

   8.2.3 Escuelas de Teología.

   8.3   Estudio del Directorio General para la Catequesis.

   8.4 Estudio de los documentos del Magisterio de la Iglesia.

8.5 Estudio del Catecismo de la Iglesia Católica.

8.6 Estudio del Concilio Vaticano II.

8.7 Cursos Bíblicos.

8.8 Cursos de liturgia: año litúrgico, sacramentos,    oración y espiritualidad


ARQUIDIÓCESIS DE IBAGUÉ RED NACIONAL PARA LA NUEVA EVANGELIZACIÓN CATEQUESIS PARA ADULTOS SINE

El Concilio Vaticano II prescribió la redacción de un “Directorio sobre la formación catequética del pueblo cristiano”. C.D. 44

            El 18 de marzo de 1971 fue aprobado y promulgado por Su Santidad Pablo VI el Directorio general para la catequesis. Desde ese año el Directorio ha orientado a las Iglesias particulares en el largo camino de renovación de la catequesis, proponiéndose como punto de referencia tanto en cuanto a los contenidos como en cuanto a la pedagogía y los métodos a emplear.

            El camino recorrido por la catequesis en ese período se ha caracterizado por doquier, por la generosa dedicación  de muchas personas, por iniciativas admirables y por frutos muy positivos para la educación y la maduración de fe de los niños, jóvenes y adultos.

            Sin embargo, no ha faltado – al mismo tiempo – crisis, insuficiencias doctrinales y experiencias que han empobrecido la calidad de la catequesis debido, en gran parte, a la evolución del contexto cultural mundial y a cuestiones eclesiales no originadas en la catequesis.

            Un aporte particularmente rico para la renovación catequética fue el ritual de la iniciación cristiana de adultos, promulgado el 6 de enero de 1972 por la Congregación para el Culto Divino.

Un hito decisivo para la catequesis fue la reflexión realizada por la Asamblea General del Sínodo de los obispos acerca de la evangelización del mundo contemporáneo, que se celebró en octubre de 1974. Las proposiciones de esta Asamblea fueron presentadas al papa Pablo VI, que promulgó la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi,  del 8 de diciembre de 1975.

            Este documento presenta, entre otros, un principio de particular importancia: la catequesis como acción evangelizadora dentro del ámbito de la misión general de la Iglesia. La actividad catequética, de ahora en adelante, deberá ser considerada siempre como partícipe de las urgencias y afanes propios del mandato misionero para nuestro tiempo.

            Este documento presenta, entre otros, un principio de particular importancia: la catequesis como acción evangelizadora dentro del ámbito de la misión general de la Iglesia. La actividad catequética, de ahora en adelante, deberá ser considerada siempre como partícipe de las urgencias y afanes propios del mandato misionero para nuestro tiempo.

            Juan Pablo II asumió en 1978 esta herencia y formuló sus primeras orientaciones en la Exhortación Apostólica Cathequesi Tradendae, del 16 de octubre de 1979. Esta Exhortación forma una unidad con la Exhortación Evangelio Nuntiandi y vuelve a situar plenamente a la catequesis en el marco de la evangelización.

El Sínodo extraordinario de 1985 ha influido, también, de manera decisiva sobre el presente y futuro de la catequesis de nuestro tiempo. Los Padres Sinodales propusieron al Santo Padre la elaboración de un Catecismo universal para la Iglesia Católica.

            La propuesta fue acogida favorablemente y hecha propia por Juan Pablo II. Culminado el paciente y complejo proceso de su elaboración, el Catecismo de la Iglesia Católica fue entregado a los obispos y a las Iglesias particulares mediante la Constitución Apostólica FIDEI DEPOSITUM el 11 de octubre de 1992.

Este acontecimiento impuso la obligación de revisar el Directorio General de la Catequesis, a fin de adaptar este valioso instrumento teológico – pastoral a la nueva situación y a las nuevas necesidades.

            El nuevo directorio conjugó dos exigencias principales:

Por una parte, el encuadramiento de la catequesis en la evangelización, postulado en particular por la E. N y C.T.

Por otra parte, la asunción de los contenidos de la fe propuestos por el Catecismo de la Iglesia Católica.

El  nuevo Directorio General de la Catequesis se publicó el 15 de  agosto de 1997

            La Catequesis por edades es una exigencia esencial para la comunidad cristiana. Por una parte, en efecto, la fe está presente en el desarrollo de la persona; por otra, cada etapa de la vida está expuesta al desafío de la descristianización y, sobre todo, debe construirse con las tareas siempre nuevas de la vocación cristiana.

            Existen, pues, con pleno derecho catequesis diversificadas y complementarias por edades, que vienen pedidas por las necesidades   y capacidades de los catequizandos. C.T. 45

            Los adultos a los que se dirige la catequesis:  la transmisión del mensaje de la fe a los adultos ha de tener muy en cuenta las experiencias vividas, los condicionamientos y los desafíos que tales adultos encuentran, así como sus múltiples interrogantes y necesidades respecto a la fe.

            En consecuencia cabe distinguir entre:

Adultos creyentes, que viven coherentemente su opción de fe y desean sinceramente profundizar en ella.

Adultos bautizados que no recibieron una catequesis adecuada; o que no han culminado realmente la iniciación cristiana; o que se han alejado de la fe, hasta el punto de que han de ser considerados “cuasicatecúmenos” C.T.

            Adultos no bautizados, que necesitan, en sentido propio, un verdadero catecumenado.

También debe hacerse mención de aquellos adultos que provienen de confesiones cristianas no en plena comunión con la Iglesia Católica.

ELEMENTOS Y CRITERIO PROPIOS DE LA CATEQUESIS DE ADULTOS

Esta catequesis se dirige a personas que tienen el derecho y el deber de hacer madurar el germen de la fe que Dios les ha dado, tanto más cuando estas personas están llamadas a desempeñar responsabilidades sociales de diverso género y están sometidas a cambios y crisis a veces muy profundos.

            Por esta razón, la fe del adulto tiene que ser constantemente iluminada, desarrollada  y protegida, para que adquiera esa sabiduría cristiana que da sentido, unidad y esperanza a las múltiples experiencias de su vida personal, social y espiritual.

            La catequesis de adultos debe identificar claramente los rasgos propios del cristiano adulto en la fe, traducir estos rasgos en objetivos y contenidos, determinar algunas constantes en la exposición, establecer las indicaciones metodológicas más eficaces y escoger formas y modelos.

            Entre los criterios que aseguran de modo eficaz una catequesis de adultos, auténtica y eficaz, hay que recordar:

 La atención a los destinatarios adultos, como hombres y como mujeres, teniendo en cuenta sus problemas y experiencias, sus capacidades espirituales y culturales, con pleno respeto a las diferencias.


La atención a la condición laical de los adultos, que por el Bautismo tienen la misión de buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios y así mismo que están llamados a la santidad.

COMETIDOS GENERALES Y PARTICULARES DE LA CATEQUESIS DE ADULTOS

Para que la catequesis de adultos pueda responder a las necesidades más profundas de nuestro tiempo, debe proponer la fe cristiana en su integridad, autenticidad y sistematicidad, de acuerdo con la comprensión que de ella tiene la Iglesia, poniendo en un primer plano el anuncio de la salvación;  iluminando con su luz las dificultades, oscuridades, falsas interpretaciones, prejuicios y objeciones hoy presentes; mostrando las implicaciones y exigencias morales y espirituales del mensaje; introduciendo a la lectura creyente de la Sagrada Escritura y a la práctica de la oración.  El Catecismo de la Iglesia Católica presta un servicio fundamental a la catequesis de adultos y -en relación a él- los Catecismos de adultos de cada Iglesia particular.

            Más en particular tareas de la catequesis de adultos son:

  Promover la formación y la maduración de la vida en el Espíritu de Cristo Resucitado, con medios adecuados como son la pedagogía sacramental, los retiros, la dirección espiritual. 

            Educar para juzgar con objetividad los cambios socio-culturales de nuestra sociedad a la luz de la fe. De este modo el pueblo cristiano es ayudado a discernir los valores auténticos, los riesgos de nuestra civilización, y a asumir los comportamientos adecuados.

            Dar respuesta a los interrogantes religiosos y morales de hoy, es decir, aquellas cuestiones que se plantean los hombres de nuestro tiempo, como por ejemplo a propósito de la moral pública e individual, o las relacionadas con las cuestiones sociales, o las que se refieren a la educación de las nuevas generaciones.

            Esclarecer las relaciones existentes entre acción temporal y acción eclesial, manifestando las mutuas distinciones, recíprocas implicaciones y, por consiguiente, la debida interacción.  A este fin, la doctrina social de la Iglesia es parte integrante de la formación de los adultos.

            Desarrollar los fundamentos racionales de la fe.  La catequesis debe demostrar que la recta inteligencia de la fe y de las verdades que hay que creer está conforme con las exigencias de la razón humana y que el Evangelio es siempre actual y oportuno.

            Es, pues, necesario promover eficazmente una pastoral del pensamiento y de la cultura cristiana.  Esto permitirá superar ciertas formas de integrismo y de fundamentalismo, como también de interpretaciones arbitrarias y subjetivas.

            Formar para asumir responsabilidades en la misión de la Iglesia y para saber dar testimonio cristiano en la sociedad. Se ha de ayudar al adulto a descubrir, valorar y vivir todo lo que ha recibido de la naturaleza y de la gracia, tanto en la comunidad eclesial como en la comunidad humana.

            De este modo podrá también superar los riesgos de la masificación y del anonimato, particularmente frecuentes en algunas sociedades de hoy, que llevan a la pérdida de identidad y a la desconfianza en las propias posibilidades. 

FORMAS PARTICULARES DE LA CATEQUESIS DE ADULTOS

Hay situaciones y circunstancias que exigen particulares formas de catequesis:

 La catequesis de la iniciación cristiana o el catecumenado de adultos que es regulado expresamente por el Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos

            La catequesis del pueblo de Dios en las formas tradicionales debidamente adaptadas, a lo largo del año litúrgico, o en la forma extraordinaria de las misiones populares.

 La catequesis perfectiva dirigida a quienes tienen una tarea de formación en la comunidad: los catequistas y todos los que están comprometidos en el apostolado de los laicos.

            La catequesis que hay que realizar con ocasión de los principales acontecimientos de la vida, como son el matrimonio, el bautismo de los hijos y los otros sacramentos de la iniciación cristiana, en los momentos críticos del crecimiento de los jóvenes, en la enfermedad, etc.  Son circunstancias en las cuales las personas se sienten más movidas que nunca a preguntarse por el verdadero sentido de la vida.

            Las catequesis con ocasión de situaciones particulares, como la entrada en el mundo del trabajo, el servicio militar, la emigración…  Son cambios que pueden generar enriquecimientos interiores, pero también confusión y pérdida de orientación, por lo que se necesita la luz y la ayuda de la Palabra de Dios.

La catequesis referida al uso cristiano del tiempo libre, sobre todo con ocasión de vacaciones y viajes de turismo

            La catequesis que hay que hacer con ocasión de acontecimientos particulares que afectan la vida de la Iglesia y de la sociedad.

Estas y otra formas particulares de catequesis no disminuyen en manera alguna la necesidad de instituir para todos los adultos procesos sistemáticos, orgánicos y permanentes de catequesis que toda comunidad eclesial debe garantizar


Los que ya han sido evangelizados, han renovado su bautismo, y reavivado el don del Espíritu, necesitan continuar asiduos a la Palabra de Dios y a la enseñanza, en una catequesis permanente y progresiva, como dice CT 4.3

            “ La catequesis ha de ser permanente y no detenerse al umbral de la edad madura”   la Catequesis es un elemento del proyecto parroquial, por tanto es de suma importancia, igual que los otros, pero nunca será aislado ni independiente, es una necesidad para la vida cristiana

            Una catequesis que llegue a la razón y al corazón para que sea capaz de cumplir con su finalidad específica: educar en la fe hasta llegar a la talla adulta de Cristo.

Porque si el Kerigma nos presenta la persona de Jesús, la catequesis nos hace conocerlo y mientras más le conocemos más nos enamoramos de El; el Kerigma suscita la fe, la catequesis la acrecienta y madura haciéndonos verdaderos discípulos y apóstoles hasta llevarnos a la santidad

La Catequesis debe ser:

 Sistemática

 Gradualizada

 Elemental

 Enseñanza ungida y muy vivencial

La Nueva Evangelización propone una catequesis de adultos contenida en

Ocho niveles diferentes:

Vida nueva

Pueblo de Dios

            (Introducción general a la Biblia)

Seguimiento de Jesús

Caminar en el espíritu

            (Introducción especial a la Biblia)

Están en el mundo

No son del mundo

Misión en la Iglesia

Misión en el mundo

            Cada dos niveles tienen una cierta temática, y se recomienda una introducción general a la Biblia después del segundo nivel y una introducción especial  después del cuarto nivel

            Cada nivel =  24 temas agrupados en 6 bloques

Cada bloque = 4 temas

Cada tema = dos semanas

Primera semana = estudio de la doctrina

Segunda semana = Aplicación a la vida

Un año aproximadamente por Nivel

Hay varios sistemas para impartir la catequesis de adultos dependiendo de:

 la infraestructura parroquial

 las Condiciones territoriales

 Número de comunidades

 Niveles de catequesis

Sistemas:

 Dictada.  Un catequista la presenta semanalmente a todas las pequeñas comunidades que les corresponda, precisando el objetivo del tema; este sistema requiere que en la parroquia tengan salones suficientes y que las personas acepten asistir en día diferente a su reunión de comunidad.

Durante la Reunión de Pequeña Comunidad.

Se estudia entre todos los miembros. El riesgo es que diluyan el objetivo central del tema

Preparando Catequistas.

Para que como servicio apostólico impartan catequesis en cada comunidad, durante el tiempo de estudio

En todos los casos el ministerio de Catequesis deberá vigilar el desarrollo y aplicación del calendario; también a este ministerio le corresponde la formación de los catequistas en su caso; supervisar y evaluar el proceso Catequético a nivel parroquial en perfecto acuerdo con el responsable de cada uno de los sectores.

Con esta catequesis se estará formando al discípulo para que sea:

Apto para vivir según el evangelio, transformando su vida en función de las exigencias del mismo.

 Apto para orar y vivir en intimidad con Jesús

Apto para vivir en Iglesia y comunidad

 Apto para ser un verdadero apóstol y misionero en la Iglesia y en el mundo

Todo lo anterior se logrará si se presenta la catequesis no como adquisición de doctrina sino como vida en función de la Fe.


LA MISIÓN DEL CATEQUISTA

EN LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

Arquidiócesis de Ibagué,  SINE.  AÑO 2014

CONTENIDO

La misión de Jesús.

 La misión de la Iglesia.

 La misión del fiel laico en la Iglesia y en el mundo.

 La vocación y misión del catequista.

1 .   LA MISIÓN DE JESÚS

            Jesús enviado y misionero del Padre

Dice la carta a los Hebreos:  “En tiempos antiguos, habló Dios a nuestros padres muchas veces y de muchas maneras por medio de los profetas. Ahora en los últimos tiempos nos ha hablado por su Hijo” (Heb 1,1-2)  Jesús es el misionero del Padre, es el verbo de vida que salió de la presencia del Padre para venir a este mundo (Jn 16,28) y revelarnos el rostro de Dios y darnos el Espíritu Santo para que fuésemos santos e inmaculados en su presencia. Él es el enviado del Padre, nacido de mujer (la Virgen María) que vino para redimirnos y para que recibieramos la adopción filial (ser hijos adoptivos de Dios.

 Misión de Jesús

Anunciar el Reino

Salvar los hombres

Dar gloria al Padre

Cómo realiza Jesús su misión

Hace la voluntad del Padre.

 Anuncia y enseña su mensaje de  salvación con palabras y hechos.

 Instaura el Reinado de Dios en la tierra y pide a la humanidad acogerlo con una sincera conversión.

            Jesús hizo el bien por amor a todos

Predicó la Palabra de Dios por donde pasó.

Ayudó a los que más sufrían: pobres, hambrientos, pecadores.

Enseñó cómo alcanzar la felicidad y la santidad.

Curó a los enfermos, ayudó a los necesitados, amó y nos enseñó a amar.

Jesús recorría los pueblos y ciudades predicando.

Su sabiduría sorprendía a todos y le llamaban Maestro.

Enseñaba lo que sabía, a través de parábolas.

Hablaba en las sinagogas, en el campo, en las calles

Jesús forma una comunidad con los discípulos que sigue y continúa sus enseñanzas.               

(Mc 3, 13-14)

Jesús dio su vida por nosotros, vence el mal y vive con nosotros para siempre.

Jesús muere y resucita cumpliendo el mandato recibido de su Padre, Jesús se entregó libremente a la muerte en cruz y en ella nos redimió de nuestros pecados (DP 194)

JESÚS UN ENVIADO QUE ENVÍA

Organiza una comunidad para dar continuidad a su misión.

Jesús se convierte en el enviado que envía.

Su misión pasa a los discípulos, es decir a la

 Iglesia (Mc 16,15)

MISIÓN DE LA IGLESIA

            La misión de la Iglesia proviene de Jesús

«Id y contad a Juan lo que oís y veis:

los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva” (Mt 11,4-5).   

            La Evangelización (Evenglii Nuntiandi 14)

La Iglesia tiene viva conciencia de que las palabras del Salvador: «Es preciso que anuncie la Buena Nueva del Reino de Dios», se aplican con toda verdad a ella misma. Y ella añade de buen grado: «Porque, si evangelizo, no es para mí motivo de gloria, sino que se me impone como necesidad. ¡Ay de mí, si no evangelizara!». La tarea de la evangelización de todos los hombres, constituye la misión esencial de la Iglesia. Evangelizar constituye la gracia y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar: para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia: reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la Santa Misa, memorial de su Muerte y Resurrección.

            Contenido de la Evangelización

“La Buena Nueva proclamada por el testimonio de vida deberá ser pues, tarde o temprano, proclamada por la Palabra de vida. No hay evangelización verdadera, si no se anuncia el Nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el Reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios”.  Evangelii Nuntiandi 22

LA MISIÓN DEL FIEL LAICO EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO

            Quién es el fiel laico?

Devoto, creyente, practicante, inseparable.

Es la persona que:   Acepta a Jesús en su vida.  Cree en Jesús.

Se compromete con Jesús.   Vive como Jesús.  Hijo de Dios por el bautismo. Discípulo de Jesús. Constructor de comunidad. Miembro activo de la Iglesia. Llamado a ser santo, hermano y apóstol.  Testigo de Cristo.

            La constitución Lumen Gentium del Concilio Vaticano II llama laicos a todos los fieles cristianos menos los sacerdotes y miembros de la vida consagrada. 

            La participación del laico en la Iglesia: Unidad y diversidad de oficios o servicios – Chisti Fideles Laici. 18-20

- Para construir la comunión.  Según los carismas – Chisti Fideles Laici. 21-24 - ministerio jerárquico  - Ministerios laicales  - Vida consagrada

            Espacios de participación:

La familia o iglesia doméstica.  Comunidad eclesial de base

Pequeña comunidad.  En el lugar de trabajo.  En un servicio eclesial.  Como ciudadano en lo social  y en lo político. 

            VOCACIÓN Y MISIÓN DEL CATEQUISTA

La vocación del catequista es un DON que el Espíritu da a ciertas personas para que contribuyan en la Iglesia al crecimiento de la fe, tanto de las comunidades ya formadas como de aquellos cristianos que quieren convertirse en discípulos de Cristo. Una persona creyente enviada por la comunidad. Para ser animadora y educadora de la fe de sus hermanos. Que vive en un proceso constante de formación

            MISIÓN DEL CATEQUÍSTA

Formar nuevos y mejores discípulos de Jesús.

            El catequista ha sido.  Liberado: del hombre viejo, del miedo y de los prejuicios

 Salvado: se siente hijo de Dios, se fía de la gracia

 Convocado: por fuerza del Espíritu Santo a vivir la fe en comunidad.

 Enviado: desde la comunidad, para comunicar la fe anunciando el Evangelio

            E catequista es:   Un cristiano maduro

 Hermano; ama a sus catequizandos

 Maestro: conoce y anuncia la Palabra y denuncia la maldad.

 Educador: formador de personas que quieren crecer en la fe

 Testigo: anuncia a Cristo con su vida

 Discípulo y Misionero

            El catequista:   Acompaña a los catequizandos para que vivan su fe en comunidad.

 Crea un ambiente de esperanza.

 Articula el lenguaje de Dios, la tradición y el lenguaje de los hombres - la cultura -

 Testimonia con su vida lo que dice

            El catequista debe tener en cuenta:  Prepara el encuentro con anticipación.

 Llega por lo menos 10 minutos antes.

Organiza las sillas y el lugar del encuentro.

 Acoge a los catequizandos con cariño, ternura y amor.

DECÁLOGO DEL CATEQUISTA

Propone el mensaje, no lo impone ni lo acomoda.

Habla más con su testimonio de vida que con sus palabras.

Tiene presente en todo momento la realidad y la experiencia de sus catequizandos.

Se esfuerza por formar comunidades y no grupos.


Se enriquece y alienta en la oración y favorece el encuentro con Dios.

No sólo habla a la inteligencia sino también a la imaginación, a los sentimientos, al cuerpo: al hombre integral.

Favorece el diálogo, la creatividad y el sentido crítico.

Promueve un proceso auténtico de liberación.

Es catequista donde quiera que se encuentre.

Es fiel al Magisterio y a la fe.

PEDAGOGÍA DEL CATEQUISTA

Conoce la realidad que caracteriza y envuelve a sus catequizandos.

 Profundiza y asume la realidad a nivel personal y comunitario.

 Sale al encuentro de sus catequizandos, los visita para conocer sus familias y hacerse más cercano.

 Presta atención a los valores y actividades de sus catequizandos para potencializarlos.

 Respeta el ritmo del catequizando, teniendo en cuenta el sexo, la cultura, su condición social, la edad, entre otros.

 Conduce a los catequizandos a la contemplación y a la vivencia del mensaje recibido.

 Busca que los encuentros sean dinámicos y alegres; creativos y entusiastas.

 Se evalúa periódicamente su trabajo

NOS CONVERTIMOS PARA PODER ENCONTRAR A DIOS

El Retiro espiritual para los sacerdotes de la Arquidiócesis

en esta oportunidad tuvo como tema central

un retiro Kerygmático, basado en el proceso

de evangelización S.I.N.E

            14 – 18 Enero 2013.  Retiro Espiritual Sacerdotal.  El retiro es un nuevo aire, un don para entusiasmar nuestra vida espiritual, es tomar nuevas fuerzas, es un momento de conversión pastoral para lograr el camino de la Nueva Evangelización.  Verdaderamente es un encuentro con el rostro de Jesús. Cuando existe la conversión en nuestras vidas, todo comienza a cambiar. Recuerdo en este momento el pasaje bíblico sobre los Peregrinos de Emaús, cuando lograron el encuentro con el Maestro, sus vidas cambiaron notablemente y regresaron a Jerusalén. Así pues, que a todos nos conviene una buena tarde como los peregrinos del Evangelio.  Aprovecho este encuentro con Jesús en nuestro retiro para revisar nuestro proyecto de vida, este es de los regalos que Dios sabe dar en la justa medida que cada uno de nosotros lo necesitamos.  Palabras con las cuales nuestro  Arzobispo, Monseñor, Flavio Calle Zapata, dio apertura al retiro y encuentro con Dios durante estos días del 14 al 18 de Enero del año 2013. Para esta ocasión, fueron invitados como predicadores y animadores del retiro a un grupo selecto de la Diócesis de Pereira, ellos son:  Pbro. Marco Antonio Guerrero, Martha Isabel Naranjo y Henry Arango.

            El Padre predicador inició la noche el 14 de Enero a las 8 pm, invitándonos a vivir este encuentro con el Señor, con una confianza total en la acción del Espíritu Santo, se trata de un Retiro Kerygmático, basado en un proceso de evangelización (SINE), necesitamos abrirnos a la Gracia del Señor para poder seguirlo a Él, razón suficiente para decir que necesitamos una conversión permanente.  Para poder entender la pedagogía y mecánica del retiro, los predicadores propusieron nombrar 16 pastorcitos para que ellos en comunión con un pequeño grupo de sacerdotes, dirijan al final de cada anuncio, un encuentro espiritual en torno a lo que el grupo general de presbíteros ha recibido.  Así pues, que se nombraron como Pastorcitos a:  Padre, Orlando Espitia, Padre, Carlos Andrés Pinzón, Padre, Juan Carlos Zuñiga, Padre Isidoro García, Padre, Félix María García, Padre, Miguel Alexis Saavedra, Padre, Roger Santiago Aroca, Padre José Ferney Quimbayo, Padre, Giovanny Sandoval, Padre, Belisario Quintero, Padre, Wilson Acosta, Padre, Zamir Pérez, Padre Duván Pérez, Padre, Luis Fernando Aguirre, Padre, José María Russy y Padre Julio César Russy.  A las 9pm terminamos nuestro primer encuentro con la Oración del descanso nocturno.

            DÍA SEGUNDO, 15 de Enero.  Asistimos a la celebración Eucarística presidida por nuestro Obispo Auxiliar, Monseñor, Orlando Roa Barbosa, quien en la Homilía nos invitó a realizar nuestro proceso de conversión ante el Señor.  A las 9 am   recibimos el primer anuncio del Kerygma: “El amor de Dios”,  dirigido por Martha Isabel, quien insistió en el grande y misericordioso amor de Dios.  Lo que somos se lo entregamos a Dios, y este es un momento providencial, es necesario renovar el amor primero a Dios.  Debemos tomar conciencia que Dios nos ama, que el mismo Dios nos dice “te amo” porque somos hijos de Dios, porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios.  El Señor fiel a lo que Él se comprometió desde un principio, El permanece fiel, Él nunca nos falla, Él nunca nos ha dejado de amar a pesar de nuestro pecado, de nuestro abandono, Él nunca nos ha fallado.  El Señor dice: no temas que yo te he rescatado, siempre he estado contigo. Es que nosotros pertenecemos al plan del amor de Dios. El mismo Dios nos ha liberado de muchos momentos difíciles, quiere que vivamos bien. Tomemos conciencia que el amor de Dios es muy diferente al amor humano, muchos de los que nos han dicho, te amo, nos han fallado en la vida, no podemos vivir mendingando amor a los demás. Separados del amor de Dios no podemos hacer nada. No podemos estar creyendo en falso criterios humanos, precisamente el pecado permite que huyamos del amor de Dios.  A ratos tenemos una imagen distorsionada de Dios, muy lejana quizás, porque estamos viviendo dentro de una situación de pecado, pues deberíamos saber que Dios no nos juzga, no nos condena como hace el mundo, al contrario Él está ahí para liberarnos, para que seamos los ungidos del Señor. Me pregunto, quién soy yo, para merecer tanto amor de Dios, le he fallado muchas veces al Señor, mas sin embargo, Dios siempre me ama, me seguirá amando y seguirá esperando que yo responda a su amor.  Terminado este anuncio de 30 minutos, en comunión con cada uno de los pastorcitos delegados tuvimos la profundización del tema en pequeños grupos de 5 personas, basados en dos preguntas nos dispusimos a escuchar a nuestros hermanos de comunidad:  En qué has experimentado el amor de Dios en tu vida?  Crees que la relación con tus padres y tu familia te ha servido para sentir la presencia de Dios en tu vida?


            SEGUNDO ANUNCIO “El pecado y sus consecuencias.  A las 10 am.  Recibimos esta noticia que nos puso a pensar muy seriamente:  charla dirigida por el Pbro. Marco Antonio.  Lo que más nos aleja del amor de Dios es el pecado. Nos alejamos de la propia vida, nos convertimos como en jueces del bien y del mal, nos sentimos avergonzados ante los demás, el pecado propiamente nos lleva a la muerte, nos desajusta personal y mentalmente ante los demás. Con el pecado le hacemos mucho daño a las demás personas, el pecado deteriora el tejido social, lleva a la mentira y termina en una cadena de fracasos.  El drama del pecado es doloroso porque borra el proyecto de Dios en nosotros, nos quita la paz, nos excluye, dejamos de hacer la voluntad de Dios, vivimos sin Dios y terminamos armando nuestro propio proyecto de pecado.  Solo la acción del Espíritu de Dios, nos permite saber dónde estamos? En lugar de aceptar las salidas falsas que nos ofrece el mundo.   Terminado este segundo anuncio de 30 minutos, regresamos al Pastoreo, para profundizar sobre este tema con las siguientes preguntas:  Qué consecuencias del pecado son más palpables en la vida humana?.  Reconocemos y sabemos que la mayor cauda de situación de pecado, es que hemos perdido en el mundo la conciencia de lo que es el pecado, caímos en un anticristianismo, en unas estructuras de presión hacia el pecado, parece como si el mal se fortaleciera cada día más.  Santa Teresa decía:  Aversio a Deo, Conversio Ad Creaturas. Cambiamos a Dios por los placeres de este mundo, por el poder, el placer, el tener, el hedonismo.

            TERCER ANUNCIO.  Lo recibimos a las 11 am.  Jesús es la solución de Dios.  Dirigido por: Henry Arango.  No todo el que me diga Señor, Señor, entrará en el Reino de Dios, sino el que haga la voluntad de Dios.  De igual forma, el que escucha mi Palabra y la pone en práctica será como el que edifica su casa en la roca.   Tengamos en cuenta que no tgodo está acabado, sino que hay una solución.  Dios nos ha dado una respuesta para encontrar la solución a nuestro problema del pecado y del alejamiento de Dios.  Precisamente Jesús es la solución. Es el único camino y no hay otro.  El camino es el Señor, lo que pasa es que nosotros hemos buscado otras soluciones en el mundo. Se supone que ya tenemos la salvación que Jesús nos ha ofrecido desde su Encarnación sabemos que El vino para salvar al mundo, lo único que debe hacer en esta vida es conservar esa Gracia y esa salvación que viene de Dios; bien dice la Sagrada Escritura: el que cree en Jesús no perecerá, tendrá la vida eterna. Terminado este anuncio de 30 minutos, regresamos a nuestro encuentro de pequeña comunidad con nuestro pastorcito para resolver la siguiente pregunta:  Qué dice la gente sobre Jesús de Nazaret?  Algunos saben muy poco sobre Él, otros lo racionalizan, otros desconocen su divinidad.  Jesús es el Hijo de Dios, el camino, la verdad y la vida, el amigo, el confidente, el salvador, lo mejor que me puede pasar en mi vida.  Así terminamos la mañana de este día martes, con el almuerzo y el descanso. 

            CUARTO ANUNCIO.  “La Conversión” a las 3 pm recibimos este mensaje, a cargo de Martha Isabel.  Trata con misericordia a tu siervo, enséñame tus leyes. Es la hora de la misericordia. Este es un anuncio especial, es el fundamento de nuestra vida cristiana. Dios ofrece unas normas y reglas de comportamiento, hay que cumplir unas metas que están en el mismo Evangelio.  La conversión empieza con un encuentro personal con Dios, es fruto del amor de Dios, a medida que uno se va enamorando de Dios, empieza a cambiar, es un cambio de lo interior a lo exterior, es una experiencia de vida: “El Reino de Dios está cerca, conviértanse y crean en el Evangelio”  la conversión es una exigencia inicial para comenzar a vivir ese Reino de Dios.  Si yo quiero y doy ese paso, mi vida comienza a transformarse. Tener cosas materiales, dinero o poder, necesariamente no me va a ser más feliz.  Nada de lo que uno acumula en la vida se lo va a llevar para el cielo.  Lo que me pide Dios es que me abandone en las manos de Dios.  Es necesario regresar a Dios, para ser más libres, para poder decir, aquí estoy Señor para hacer tu voluntad. Nadie sale de algo para marchar hacia algo peor.  Lo importante es para dónde vamos, hacia dónde marcha nuestra vida.  Es una marcha de lo bueno hacia lo mejor.  La conversión es el giro, es la vuelta, el salir de para irnos hacia °°°.  La pregunta es, qué es lo que yo debo dejar en este momento, qué clase de vida, debo abandonar.  Dios quiere que seamos mejores cada vez, en cada oportunidad, en cada ocasión. Los más beneficiados en cambiar de dirección somos nosotros. Lo que me hace feliz, es vibrar con el Evangelio. La Palabra cuestiona, transforma, anuncia, prevé el camino equivocado en que a veces nos encontramos.  La situación más difícil es que nosotros cambiamos a Dios por lo que más nos gusta y nos llama la atención. No reconocemos la presencia y la acción de Dios en nuestra vida.  El pecado es lo que nos separa del amor de Dios.  Tenemos que convertirnos de todo resentimiento, cómo puedo decir que amo a Dios si no amo a mi hermano a quien puedo ver.  Nos cuesta mucho perdonar a los demás.  Así bloqueamos el perdón que Dios tiene para nosotros. Dios es misericordia infinita. Si Dios perdona, quién soy yo, para no poder perdonar a mi hermano. La conversión debe ser permanente de todo resentimiento y de las obras de satanás.  Muchas veces hacemos dos cosas a la vez, le creemos a Dios y le creemos a satanás, a sus obras del mal, al esoterismo, astrología, horóscopo.  Los pasos de esa conversión inicia con el encuentro con el Señor, reconocer mi propio pecado, porque la conversión es obra del Espíritu Santo.  La salvación es obra de la Gracia de Dios.  Si uno reconoce ese pecado, es allí donde empezamos a ser libres.  Así que se trata de regresar a la casa mi Padre (Hijo Pródigo), muchas veces nos habremos arrepentido pero no nos hemos puesto en camino.  El pecado no nos duele porque no lo hemos reconocido, porque no aceptamos el dolor que causamos en los demás.  Finalmente el paso conclusivo para la conversión es la enmienda y la reconciliación.  Quizás no podemos volver a tener la misma relación buena que tenía con alguien pero sí sirve como medio de transformación en nuestras vidas, el orgullo no nos permite dar este paso.  Al terminar el mensaje nos congregamos en grupos con nuestro pastorcito para analizar la siguiente pregunta: De qué debemos convertirnos?.

            QUINTO ANUNCIO “Renuncia a las obras de Satanás” recibimos esta noticia a las 4.30 pm.  A Cargo Henry. El mal es muy sutil, pues logra separarnos del amor de Dios. “No imites las prácticas horrendas de aquellos juegos, no adivinación, no superstición, el sortilegio, el encantamiento. Quien no haya quien consulte a los adivinos e invoque a los espíritus, o interrogue a los muertos. Todo esto ante los ojos de Dios es abominable.  Deuteronomio 18, 9 ss.  Dios exige conversión de todo pecado, conversión de todo resentimiento, conversión de las obras de satanás.  A las cosas hay que llamarlas por su nombre, a veces maquillamos con palabras, ciertas realidades y cuando lo hacemos es simplemente para disminuir la gravedad de esa misma realidad y nos da miedo hablar de satanás y de hablar claramente de las obras de él.  Hablar de satanás no es un tema superado, el problema entre la vida del hombre, satanás sigue presente con sus obras. Satanás existe, hay que llamarlo por su nombre, tiene mucho poder.  Hay que aprender a conocer cómo actúa el mal, no es tanto una serpiente, el mal es muy astuto. Hay que renunciar con mucha radicalidad y firmeza, sabemos que el mal no duerme, no descansa, está siempre presente. Debemos descartar todo esoterismo de nuestras vidas.  La solución es la ley de Dios: Amarás al Señor, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu corazón.  A Dios no le agrada que lo reemplacemos, que lo cambiemos.    

            DÍA TERCERO.  16 Enero.   Iniciamos esta jornada a las 7 am, con la Celebración Eucarística presidida por nuestro Arzobispo. 

            SEXTO ANUNCIO  “La Fe”.  Si confesamos que Jesús es el Señor, seremos salvos. Hebreos 2,14-18.  Debo creer que Jesús es el Hijo de Dios y que se ha hecho hombre y por lo tanto es mi Salvador.  Los reyes magos lo adoran y lo reconocen como el Hijo de Dios. Jesús es el Señor de Todo, el Señor de mi vida, Él es el Mesías.  Debo aceptar la salvación que se me ofrece en Jesús.   Muchas personas tienen crisis de Fe. Muy interesante como el Santo Padre Benedicto XVI, plante el tema de la Fe en su Motu Proprio “Porta Fidei” numeral 13: “A lo largo de este Año, será decisivo volver a recorrer la historia de nuestra fe, que contempla el misterio insondable del entrecruzarse de la santidad y el pecado. Mientras lo primero pone de relieve la gran contribución que los hombres y las mujeres han ofrecido para el crecimiento y desarrollo de las comunidades a través del testimonio de su vida, lo segundo debe suscitar en cada uno un sincero y constante acto de conversión, con el fin de experimentar la misericordia del Padre que sale al encuentro de todos.

            Durante este tiempo, tendremos la mirada fija en Jesucristo, «que inició y completa nuestra fe» (Hebreos 12, 2): en él encuentra su cumplimiento todo afán y todo anhelo del corazón humano. La alegría del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte, todo tiene su cumplimiento en el misterio de su Encarnación, de su hacerse hombre, de su compartir con nosotros la debilidad humana para transformarla con el poder de su resurrección. En él, muerto y resucitado por nuestra salvación, se iluminan plenamente los ejemplos de fe que han marcado los últimos dos mil años de nuestra historia de salvación.

            Por la fe, María acogió la palabra del Ángel y creyó en el anuncio de que sería la Madre de Dios en la obediencia de su entrega (cf. Lucas 1, 38). En la visita a Isabel entonó su canto de alabanza al Omnipotente por las maravillas que hace en quienes se encomiendan a Él (cf. Lucas 1, 46-55). Con gozo y temblor dio a luz a su único hijo, manteniendo intacta su virginidad (cf. Lucas 2, 6-7). Confiada en su esposo José, llevó a Jesús a Egipto para salvarlo de la persecución de Herodes (cf. Mateo 2, 13-15). Con la misma fe siguió al Señor en su predicación y permaneció con él hasta el Calvario (cf. Juan 19, 25-27). Con fe, María saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cf. Lucas 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo (cf. Hechos 1, 14; 2, 1-4).

            Por la fe, los Apóstoles dejaron todo para seguir al Maestro (cf. Mateo 10, 28). Creyeron en las palabras con las que anunciaba el Reino de Dios, que está presente y se realiza en su persona (cf. Lucas 11, 20). Vivieron en comunión de vida con Jesús, que los instruía con sus enseñanzas, dejándoles una nueva regla de vida por la que serían reconocidos como sus discípulos después de su muerte (cf. Juan 13, 34-35). Por la fe, fueron por el mundo entero, siguiendo el mandato de llevar el Evangelio a toda criatura (cf. Marcos 16, 15) y, sin temor alguno, anunciaron a todos la alegría de la resurrección, de la que fueron testigos fieles.

            Por la fe, los discípulos formaron la primera comunidad reunida en torno a la enseñanza de los Apóstoles, la oración y la celebración de la Eucaristía, poniendo en común todos sus bienes para atender las necesidades de los hermanos (cf. Hechos 2, 42-47). Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había trasformado y hecho capaces de llegar hasta el mayor don del amor con el perdón de sus perseguidores.

            Por la fe, hombres y mujeres han consagrado su vida a Cristo, dejando todo para vivir en la sencillez evangélica la obediencia, la pobreza y la castidad, signos concretos de la espera del Señor que no tarda en llegar. Por la fe, muchos cristianos han promovido acciones en favor de la justicia, para hacer concreta la palabra del Señor, que ha venido a proclamar la liberación de los oprimidos y un año de gracia para todos (cf. Lucas 4, 18-19).

            Por la fe, hombres y mujeres de toda edad, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida (cf. Apocalipsis 7, 9; 13, 8), han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor Jesús allí donde se les llamaba a dar testimonio de su ser cristianos: en la familia, la profesión, la vida pública y el desempeño de los carismas y ministerios que se les confiaban. También nosotros vivimos por la fe: para el reconocimiento vivo del Señor Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia.” 

            SÉPTIMO ANUNCIO.  “Vida Nueva”.  Recibimos este mensaje a las 10 am.  Es el resultado de todo un proceso de vida cristiana.  Inicia propiamente en la conversión, como la decisión precisa de seguir en los caminos del Señor.  Renunciar a las obras de satanás es clave para lograr una vida diferente.  Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida.  Mi vida debe ser centrada en Cristo, la misión es un envío.  Nadie puede conocer el Reino de Dios, si no nace del Agua y del Espíritu Santo.  Se toma una decisión consciente para lograr una vida nueva, que es la vivencia propia de la Gracia.   Reconociendo nuestra situación de pecado, lo podremos lograr. 

            PREPARACIÓN A LA LITURGIA PENITENCIAL.


A las 2.30 pm entramos en preparación para el Sacramento de la Reconciliación. Somos conscientes que sólo el Espíritu Santo produce la conversión, con un verdadero reconocimiento de pecado, en su justa medida y en la situación en que cada uno se encuentra en este momento. No basta un examen de conciencia realizado sólo por la propia y personal introspección o análisis de la situación actual espiritual, religiosa y moral; es necesario la intervención y la luz del Espíritu Santo para que haga ver y reconocer el pecado y la condición de pecador de cada uno.  Es el Espíritu Santo el que da la conciencia de pecado: reconocimiento objetivo de actos y situación de pecado y reconocimiento subjetivo de ser pecador, necesitado de la salvación.

            Tres áreas específicas necesitamos reconocer y de las que necesitamos salir:   Pecado, resentimientos y obras de satanás.   Antes de revisar en detalle las fallas concretas en determinada área, contra algún mandamiento específico, es necesario ver y analizar primero cómo está nuestra relación personal con un Dios vivo y con cada persona divina.  La vida cristiana es la relación personal con cada persona divina: las preguntas serían: Actúo diariamente y en cada momento en la presencia de Dios?, Busco consciente y efectivamente armonizar mis actos con su voluntad?, Busco agradar al Padre y cumplir en todo su voluntad?, Trato de no contristar al Espíritu Santo del que soy templo vivo?.  Se hace necesario revisar cada aspecto y reconocer honestamente nuestra situación de pensamientos mantenidos y alimentados, tendencias y deseos sostenidos, conversaciones y palabras dichas o escuchadas, acciones cometidas con conocimiento y consentimiento, omisiones conscientes y culpables. 

            DÍA CUARTO.  17  Enero.   Iniciamos nuestra jornada con la celebración Eucarística presidida por nuestro Obispo Auxiliar, Orlando Roa Barbosa. A las 7 am, quien insistió en su homilía en la necesidad de vivir la vida cristiana en el ambiente de la humildad, la mortificación, la oración, el silencio; destacó la vida maravillosa de San Antonio Abad como ejemplo de una persona muy llena de Dios que logró ser padre para los demás.

            OCTAVO ANUNCIO.  “El Señorío de Jesús”.  Segundo bloque de nuestra experiencia con Jesús, el propósito es hacer de Jesús nuestro Señor y la Acción del Espíritu Santo en nuestras vidas.  Recibimos este mensaje a las 9 am. Jesús debe ser el Señor de nuestra vida, si él nos ha regalado una vida nueva, que podamos abrirle nuestra puerta a Jesús, que lo invitemos a nuestra vida, Jesús no forza la puerta, él dice, abre la puerta, entraré y cenaré contigo.  CANTO.  Jesús es mi pastor.  Dios ha constituido Señor a Jesús, a quienes ustedes han crucificado. Reconocemos y aceptamos a Jesús como señor de Nuestra vida. Me debo consagrar a él, me debo rendir a él, que él sea el señor de mi tiempo, de mis afectos, de lo que tengo, ser cristiano es precisamente tomar a Jesús como el Señor de mi vida. Que él sea el señor de mis afectos, de mi tiempo, de todo lo que yo soy.  Nos cuesta mucho dejarlo todo en lo material y nos cuesta mucho abandonar los afectos desordenados.  Renunciar a sí mismo es mucho más complicado que renunciar a lo material, a lo sentimental.  “El que quiera irse conmigo que renuncie a sí mismo”.  Si no se acepta a Jesús como el Señor, no es posible recibir el don del Espíritu.  Cómo demuestras que Jesús es el Señor de tu vida?

            NOVENO ANUNCIO.  “La promesa del Padre”.  Recibimos este mensaje a las 10 am.

(Henry). Cuando venga el Espíritu de la verdad que yo los enviaré y que procede del Padre, él dará testimonio de mí y ustedes serán mis testigos porque han estado conmigo desde el principio.  La acción y la presencia del Espíritu es discreta en el Antiguo Testamento, en el Nuevo, la acción del Espíritu Santo, se aprecia de una manera más clara en esa Iglesia naciente y en todo el orden.  La promesa del Padre es el Espíritu Santo, apreciamos 4 características se viven en la persona que se apropia, que hace suya esa promesa del Padre, que acepta y vive en su vida, la promesa del Padre celestial, esas características son:   esa promesa lleva a la persona al conocimiento pleno de la verdad, “conoceréis la verdad y seréis libres”, no es un conocimiento humano, no es intelectual, es el conocimiento pleno de Dios, quien se deja guiar por la promesa del Padre, es una persona que tiene el conocimiento de Dios. Es difícil que tenga confusión en el mundo de hoy, porque Dios le guía, le ilumina puede distinguir claramente, porque el conocimiento viene de Dios.  La segunda característica es que esa promesa capacita al hombre para tener un encuentro personal con Jesucristo, un encuentro real y vivo, un encuentro de ojos abiertos y corazón palpitante con el Señor resucitado según Juan Pablo II.   La tercera característica, despierta en la persona un impulso fuerte a la misión, es el deseo de extender el Reino de Dios.  Es imposible quedarme callado o no compartir a otros, dar a conocer esa alegría y ese gozo a otras personas, para que experimenten ellos lo mismo.  La cuarta característica es la valentía la unción, para anunciar la Buena Nueva, sin temor se anuncia lo que se ha recibido. 

            DÉCIMO ANUNCIO.  “El don del Espíritu”.  Recibimos este anuncio a las 11.30 am.  (Martha Isabel). “Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo”.   Es necesario todo un proceso para poder llegar a un Pentecostés. Aparecieron unas lenguas como de fuego y se repartieron sobre ellos, empezaron a hablar en lenguas, según el Espíritu les disponía expresarse. Empezaron a anunciar la Palabra de Dios con valentía.  La promesa del Padre se cumple en el primer Pentecostés.  Vayan y proclamen la buena nueva hasta todos los extremos de la tierra. Los efectos permanentes son muy importantes, por ejemplo el impulso misionero, la salida ocurre en ese primer pentecostés, eso es para la misión.  La presencia del Espíritu permite que anunciemos el Evangelio con valentía. Otro efecto es que la Escritura dice que en el mismo Pentecostés nace la primera comunidad, fruto del encuentro con Jesús. Reina la Koivovía entre los miembros de la comunidad.  No había reparos para cumplir con la obligaciones con la comunidad, todo lo ponían en común, todo lo compartían.  Allí brotan los carismas para el edificación de la comunidad.  Necesitamos aprender a caminar según el Espíritu Santo. La misión que Cristo nos encomendó fue:  caminar en el Espíritu. 

            UNDÉCIMO ANUNCIO.  “Un nuevo Pentecostés”.  Recibimos este mensaje a las 3 pm. (Padre, Marco Antonio). Como el Pentecostés de los apóstoles, como el de la Iglesia históricamente, como el del Concilio Vaticano II.  A veces somos funcionarios sacramentales, no tenemos claro lo que debemos hacer.  Nuevo pentecostés descubrir que es estar al servicio del pastorear y la experiencia misionera en la Parroquia, compartir con la misma familia.  Es descubrir un nuevo pentecostés para mí al descubrir que debo ser discípulo, le pido a Dios que me enseñe a orar, la importancia de mi espiritualidad.  Sacar el tiempo necesario para la misión, para la oración, para la atención a los demás. Descubrir la riqueza de ser un discípulo que quiere aprender cada día más.  Miro con atención las necesidades de mis hermanos.  No puedo delegar a las instituciones la atención de los demás.  La vida sacerdotal es un nuevo pentecostés, pasar de una vida cultual a descubrir mi experiencia como sacerdote de ser pastor, de ser misionero, de ser discípulo, de ser servidor.  Sentir la alegría de poder evangelizar.  Estamos muy atrapados por el mundo actual que nos aturde.  

            DUOCÉCIMO ANUNCIO “La promesa es para ti”.  Recibimos este mensaje a las 3.30 pm.   (Henry)  Cómo hacer realidad esa promesa de Dios en el marco de la Nueva Evangelización.  Como apropiarme de la acción del Espíritu Santo en mi vida de pastor.  Se puede hacer realidad esa promesa, a través de los diversos ministerios que contempla este sistema integral de nueva evangelización.  En el ministerio de Evangelización se extiende en Reino de Dios a través de muchas modalidades.  Misión permanente, misión especializada. Se preparan unos agentes especializados para este campo, proclamadores y pastorcitos ungidos para una tarea específica.  El ministerio de evangelización es el encargado de ese primer anuncio.  Hay que saber seleccionar muy bien los carismas para el éxito de la misión, el ministerio de comunidades, acompaña la vida en pequeña comunidad.  De igual manera es importante el ministerio de catequistas para adultos.  En la escuela de formación básica en la fe está la dirección de los catequistas.  Se preparan las personas no solo para recibir un sacramento sino para la vivencia de la Fe. 


PASOS FUNDAMENTALES PARA UNA ESPIRITUALIDAD BÁSICA EN LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

25 Mayo 2012. Autor: Rigoberto Corredor B. Obispo de Pereira.

                Hablar de espiritualidad y de Nueva evangelización, son palabras mayores, propias de un especialista en estos campos tan serios y profundos, sobretodo en estos tiempos de travesía de la Iglesia por el desierto del mundo, que está viviendo una época completamente nueva, Con estas páginas solo pretendemos dar unas pinceladas, apoyados en algunos documentos del Magisterio de la Iglesia, para orientar a nuestros discípulos misioneros en la urgente y necesaria tarea de la nueva evangelización, No podemos perder más tiempo tratando de evangelizar sin apoyarnos en una sólida espiritualidad, para que sea una verdadera fuerza divina, la que nos lance sin miedo y sin cálculos humanos a tarea de la misión evangelizadora. Y esta espiritualidad no puede existir en nosotros sin un contacto con el Espíritu Santo. Él es el agente principal de toda obra apostólica en la Iglesia, como nos lo recordaba/el Papa Pablo VI, en la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi: Él es quien, hoy igual que en los comienzos de la Iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por Él y pone en sus labios las palabras que por sí solo no podría hallar, predisponiendo también el alma del que escucha para hacerla abierta y acogedora de la Buena Nueva y del Reino anunciado" (n. 75).

La vida espiritual en cualquier discípulo misionero no reemplaza ningún sistema o método evangelizador, es verdad que nosotros debemos respetar y acatar los pasos de nuestro proceso. pero en el mismo documento que hemos citado antes leemos lo siguiente: "Las técnicas de evangelización son buenas pero ni las más perfeccionadas podrían reemplazar la acción concreta del Espíritu. La preparación más refinada del evangelizador no consigue absolutamente nada sin Él.... Sin Él los esquemas más elaborados sobre bases sociológicas o sicológicas se revelan pronto desprovistos de todo valor" (Ibíd. n 75).

                Podríamos preguntarnos: ¿Qué pasa con nuestro proceso evangelizador en la Diócesis de Pereira? Dentro de múltiples  respuestas podríamos afirmar que hemos perdido el amor primero, (Cf. Ap 2,4), esto es, que la mística y el convencimiento inicial se ha debilitado, el fervor se ha desvanecido. Aunque podríamos  preguntarnos si en realidad ha habido un amor primero. La lluvia fresca de una vida espiritual renovada, es absolutamente necesaria en esta travesía por el mundo actual, con tantos desafíos que afectan a nuestras comunidades y han hecho difícil la conversión de nuestras mentes y de nuestros corazones.

                El contexto de la Asamblea de Aparecida, en donde todos estamos llamados a ser discípulos misioneros, nos exige una clara y decidida opción por la formación espiritual de todos los bautizados, cualquiera que sea la función que desarrollen en la Iglesia: Obispos, Sacerdotes, Diáconos, Religiosos, Religiosas y Laicos. El itinerario formativo del seguidor de Jesús hunde sus raíces en la naturaleza dinámica de la persona y en la invitación personal de Jesucristo, quien llama a los suyos por su nombre, y estos lo siguen porque conocen su voz. (Cfr. D.A nn.276-277).

                Finalmente, queremos concretar las pinceladas de estas páginas, que  buscan aportar un camino básico y elemental para la espiritualidad del discípulo misionero, apoyándonos principalmente en el Documento de Aparecida; sobre cinco pasos  fundamentales que surgen de diversos modos en el sendero que recorremos todos, dentro de nuestra vida de consagrados y de apóstoles laicos.  Meditemos estos cinco pasos, como principios básicos de una formación permanente necesaria, sin los cuales puede llegar a ser inútil, de una u otra manera, nuestra misión apostólica.

ENCUENTRO CON JESUCRISTO VIVO

"No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva" (Benedicto XVI, Dios es Amor, n. 1), Sólo Cristo nos puede marcar las coordenadas definitivas para obtener el total significado de nuestra existencia humana y cristiana. Aparecida nos dice que "este encuentro debe renovarse constantemente, por el testimonio personal, el anuncio del Kerygma y la acción misionera de la comunidad. El Kerygma no es solo una etapa, sino el hilo conductor de un proceso que culmina en la madurez del discípulo de Jesucristo" (D.A. 278, a).

                El Señorío de Jesús en nuestra vida sigue siendo el núcleo central de nuestra fe. El Santo Padre, en la carta apostólica Puerta de la Fe, con la cual nos convoca para el Año de la Fe, nos dice que desde el comienzo de su ministerio como sucesor de Pedro ha "recordado la exigencia de redescubrir el camino de la fe, para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo" (Puerta de la Fe, 2).No olvidemos que Cristo durante su vida mortal nos dio ejemplo de oración al no desprenderse nunca de contemplar el rostro de su Padre Dios. El misterio de unión con su Padre le permitió llevar a plenitud la misión encomendada. Si el discípulo misionero sea Laico, Religioso, Diácono o Sacerdote, no renueva constantemente el encuentro personal y comunitario con Cristo pierde la dirección correcta, se desvía hacia otros intereses, y sus criterios llegan a ser, no los de Cristo, ni los de la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, sino que, mediante una confusión desconcertante, termina por auto-erigirse como principio de sí mismo. No olvidemos que el encuentro con Cristo es un alimento indispensable para nuestra supervivencia cristiana, como discípulos misioneros en un mundo que reclama testigos veraces. Al respecto, es muy significativa esta urgente exhortación del Papa Benedicto: "La Iglesia en su conjunto y en ella sus pastores, como Cristo, han de ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida y la vida en plenitud" (Puerta_de la Fe, 2). Sería absolutamente irresponsable pretender evangelizar sin un encuentro personal y comunitario (eclesial) con Jesucristo.

El encuentro de Pablo con Cristo resucitado, en el camino de Damasco, fue definitivo para que el perseguidor acérrimo del nuevo camino vivido por los cristianos, se transformara en el inigualable Apóstol de las gentes Este encuentro marcó su vida, transformó su existencia, cambió su rumbo; su mentalidad, sus proyectos y sus sueños, fueron colmados con la Persona de Cristo Crucificado. En este contexto toma fuerza la necesidad de asimilar todo el contenido del Kerygma cristiano, ya que no es una etapa pasajera del proceso de la nueva evangelización. No. Es un encuentro único y definitivo, que nos debe impactar de tal manera que podamos actualizarlo todos los días, a todas horas, como si fuera nuestro oxígeno vital, que debe vivificar todos los pasos de nuestro proceso evangelizador. Sin llegar a impensables fanatismos, no podemos perder la admiración de vivir este encuentro gozoso con mí Señor, mí Redentor, mi único Salvador. "Para mí la vida es Cristo".


LA CONVERSIÓN

"Es la respuesta  inicial de quien ha, escuchado al Señor con admiración, cree en Él por/la acción del Espíritu Santo, se decide a ser su amigo e ir tras de El, cambiando su forma de pensar y vivir, aceptando la cruz de Cristo, consciente de que morir al pecado es alcanzar la vida" (D.A. 278, b). En este sentido, nos dice el Papa Benedicto que un objetivo del Año de la Fe "es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo" (P.F.6). Es necesario que la comunidad eclesial emprenda todos los días el camino de Jesús, como forma concreta de conversión. Es evidente que no podemos desconocer la autoridad de Dios cuando nos llama a la conversión. Pero para Cristo la paternidad de Dios, cuando nos invita a la conversión, es la misericordia. Es este uno de los principales mensajes que Jesús anuncia en su predicación y qué con mayor convicción brota de sus labios, como es el, del amor y la misericordia del Padre. Podríamos decir que lo propio y lo específico del Hijo de Dios es hablar con gozo de ese Dios que es Padre y que ama entrañablemente a todos los seres humanos.

                Cuando Cristo nos llama a la conversión, lo hace desde su misma realidad de Hijo, porque conoce las entrañas más recónditas de Dios. Él posee autoridad moral y espiritual para atestiguar con certeza total que Dios espera y busca a los pecadores, que se alegra más por un pecador arrepentido, que por noventa y nueve justos no necesitados de penitencia; que hace fiesta cuando el hijo pródigo retorna arrepentido y sediento del perdón y del amor de su Padre (Lc. 15). Jesús predica la Fe en dios Padre, como expresión de una confianza filial que se extiende a todas las realidades humanas y que inducen al  movimiento interior de la conversión. El hombre que se reconoce pecador, recibe la inspiración para acercarse a Dios y recibir el perdón, lleno de ternura y de misericordia. Nosotros, como discípulos misioneros, en esta convulsionada etapa de vida eclesial, debemos tener clara la postura de Jesús, que propicia la conversión, animando a sus oyentes a recibir el perdón de los pecados, como uno de los signos fundamentales de la cercanía del Reino de Dios.

                La conversión es una tarea para toda la vida. Es una actitud  permanente del discípulo misionero, que le permite sostener hasta el final el encuentro con Jesucristo. Desde la perspectiva bíblica, la fidelidad de Dios es inquebrantable, como se puede experimentar su actuación en todas las etapas de la historia de la salvación. La Alianza de salvación es irrevocable por parte de Dios. Pero la tragedia es la infidelidad del hombre, tanto desde el punto de vista individual, como colectivo. Es que la libertad "humana, herida por el pecado, requiere permanentemente un camino de conversión, es decir de corregir el rumbo. Y retornamos a Dios con la certeza de encontrar en Él unas manos acogedoras y llenas de perdón y misericordia: “Le conversión real de los corazones, que significa abrirse a la acción  transformadora y renovadora de Dios, es el 'motor' de toda reforma, y se traduce en una verdadera fuerza evangelizadora. … Sólo quien se deja renovar profundamente por la Gracia divina puede llevar en sí mismo la novedad del Evangelio y, por tanto, anunciarla" (Benedicto XVI a los Obispos americanos, marzo de 2012).

EL DISCIPULADO

El discipulado es una escuela de madurez progresa en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesús Maestro. El discípulo debe profundizar en el misterio de su persona, de su ejemplo y de su doctrina, Para dar este paso es de fundamental importancia la catequesis permanente y la vida sacramental (Cfr. D.A. 278 e). Solo escuchando la Palabra vivida y explicada por la Iglesia y con la práctica fiel de los sacramentos, podríamos empezar a entender qué es el discipulado. En la Escuela de  Jesús se escucha la voz del Padre, retransmitida por los labios del Maestro. "El discipulado cristiano no es una teoría, ni una serie de reglas por cumplir o de nociones por aprender, sino un camino educativo hacia el verdadero ser, hacia la verdad de sí mismo provocada por la fascinación que Cristo ejerce sobre el corazón del hombre". (Aparecida 2007. Ponto Comisión para América Latina, p.131). El documento de Aparecida habla constantemente de aspiraciones profundas despertadas por el encuentro con Cristo: atracción y asombro suscitados por una Presencia. Además afirma que "ser discípulo es un don destinado a crecer y que la iniciación cristiana da la posibilidad de un aprendizaje gradual en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesucristo. Así forja la identidad cristiana con las convicciones fundamentales y acompaña la búsqueda del sentido de la vida" (D.A. 291).

 Nosotros debemos aprender del dinamismo educativo que lleva a los primeros discípulos a seguir a Jesús. Ellos se apoyan en una pregunta existencia que les dirige Jesús: “Qué buscan?” (Juan 1,38) este interrogante los obliga a entrar en la identidad de sí mismos, en su conjunto de exigencias y evidencias que constituyen su rostro de hombre y que la Escritura llama sintéticamente “corazón” (Fr. 1Sam. 16,7; Mc. 2,6-8).  En el fondo lo que el Señor les pregunta es "quiénes son ustedes?", o mejor individualmente hablando "quién eres tú?", Es que el discípulo debe ir a lo más hondo de su ser, para encontrar una respuesta adecuada a la inmensidad de lo que su corazón exige. En esta búsqueda se abre un horizonte inconmensurable para aceptar a la Persona de Jesús, Dios y hombre. En efecto, la respuesta de Jesús a estos discípulos es "vengan y lo verán" (Jn. 1,39). Esto, en el fondo, es una invitación a entrar en lo más profundo del propio yo, para comprender qué es lo que realmente buscan, siguiendo a Jesús. Aquí el Señor mismo se propone como el contenido de lo que hay en ei corazón humano (Cfr. R Niebuhr, La naturaleza y destino del hombre, Nueva York, 1943, 6). Podemos afirmar que los discípulos en la convivencia con Jesús alcanzarán poco a poco una certeza moral que los despierta a su propio yo, los identifica en sus exigencias más humanas, hasta ver las realizadas en la incomparable humanidad del Maestro. Comprenderán que si quieren ser verdaderos hombres, deben adquirir sus sentimientos, parecerse a El, pensar y vivir como lo hacía Jesús. En una palabra, deberán ser discípulos, deberán ser "suyos" y se sentirán en la vida completamente interpretados en su corazón, por la humanidad y divinidad de su Maestro y Señor, Jesús de Nazareth. El discipulado es una tarea impostergable para vivir la nueva evangelización, ya que es imposible hablar de Jesús con seriedad y credibilidad sin haber aprendido a escuchar lo muchas horas, sentados a los pies del Maestro, en su escuela de amor y santidad.

LA COMUNIÓN             

La vocación de los discípulos misioneros es justamente Vivir en comunión, tanto con Dios en su realidad trinitaria, como con la comunidad concreta en la que cada uno está insertado, ya que esta verdad de pertenecer a una comunidad es una dimensión constitutiva de todo cristiano.  La vocación cristiana recoge el designio maravilloso de Dios que quiere que todo ser humano, hombre y mujer, viva a partir del encuentro con Cristo, una triple relación de íntima comunión: con Él, comunión con los hermanos y comunión con toda la creación. Esta comunión se expresa de manera muy concreta en la familia, en la experiencia de pequeñas comunidades y movimientos, en la parroquia, en la Diócesis y en la Iglesia universal. Es un encuentro vital de discípulos y hermanos, que unidos por el vínculo del amor, manifestado en la presencia del Espíritu Santo, viven en Cristo la fraternidad y la solidaridad. Todo esto exige y nace de una            Intensa oración personal y comunitaria, es decir, de una comunicación viva y palpitante con Dios, en la plegaria permanente. y comunitaria, es decir, de una comunicación viva y palpitante con Dios, en la plegaria permanente.

                Aquel que vive la verdadera comunión empieza por amar y respetar a los demás, en una actitud de valoración de todo ser humano, reconociéndole dignidad íntima de cada persona y respetando sus derechos fundamentales. A partir de esta perspectiva humana básica, se construye la comunión eclesial, que nos permite ver y reconocer en todo ser humano el rostro de Cristo. En este sentido, mi benevolencia en favor de los demás pasa de ser una mera actitud solidaria de convivencia pacífica, para edificar una gran familia universal, apoyada en Dios y sostenida por el Espíritu Santo, que nos da la unidad en la Fe, la Esperanza y el amor en Cristo, Nuestro Señor y Redentor. 

                A nivel de Iglesia, debemos reconocer que El Santo Padre, Sucesor de Pedro y Vicario de Cristo en la tierra, es la cabeza visible de la Iglesia universal, soporte tangible de la unidad de todo el cuerpo eclesial; esto nos exige vivir la comunión con Él, ya que la Iglesia es una. Pero esta comunión con el Papa se transmite por medio del 'Obispo diocesano, quien a su vez es Sucesor de los apóstoles. Es el legítimo pastor de la Diócesis, designado directamente por el Santo Padre para pastorearen nombre de Cristo un conjunto de comunidades denominadas parroquias, haciendo efectiva la unidad de la única 'Iglesia de Cristo. Finalmente, el Párroco, nombrado por el Obispo es pastor del rebaño parroquial, para construir la unidad y la comunión entre los fieles a él asignados y. de ellos con el Obispo diocesano. Dentro de este espíritu de unidad, la Eucaristía es la fuerza vinculante que realiza y construye todos los días, la comunión eclesial.

                Por tanto, nadie puede ubicar su carisma y su movimiento apostólico  por fuera de este espíritu de comunión ni por encima de los demás miembros de la comunidad, ni mucho menos al margen del servicio que la Iglesia realiza en favor de la verdad como garante de ella: Nuestra opción fundamental no es primeramente buscar adeptos para que se incorporen a nuestros movimientos, sino para que sigan a Cristo, el único Señor y Salvador, dentro del seno de nuestra Madre la Iglesia.

LA MISIÓN

"La misión es inseparable del discipulado, por lo cual no debe entenderse como una etapa posterior a la formación, aunque se realice de diversas maneras de acuerdo a la propia vocación y al momento de maduración humana y cristiana en que se encuentre la persona (Aparecida 278 e) Es aquí en donde nosotros debemos entender lo que significa la madurez de nuestra Fe, para vivir una seria espiritualidad, que nos impulsa a la conversión misionera.  “La misión es inseparable del discipulado”. En  este sentido, hace algunos años, el Beato Juan Pablo II nos dijo lo siguiente: "A los veinticinco años de la clausura del Concilio y de la publicación del Decreto sobre la actividad misionera Ad Gentes y a los quince de la Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi del Papa Pablo VI, quiero invitar a la Iglesia a un renovado compromiso misionero, siguiendo al respecto el Magisterio de mis predecesores ... La fe se fortalece dándola" (La misión del Redentor, 2).


                Heredando el Magisterio de Juan Pablo II y siguiendo la línea del pensamiento de Benedicto XVI, la Conferencia de Aparecida anuncia que la Iglesia en América Latina y El Caribe quiere ponerse en estado de misión, para lo cual requiere, no solo de la colaboración de los fieles laicos, sino que en la Iglesia ellos deben ser tenidos muy en cuenta con un espíritu de comunión y participación (Cf. Aparecida, 213; Pastores Gregis, 11). En otras palabras, la Iglesia misionera no pude dejar de lado a ninguno de sus miembros. Todos tienen que participar como discípulos misioneros en el cumplimiento de su tarea fundamental.  "Sin duda alguna que, el re lanzar con gran fuerza la convicción de que la Iglesia es y debe ser siempre misionera, como parte esencial de su realidad eclesial, ha sido uno de los grandes logros de Aparecida. Reconocemos que dentro del ser profundo de la Iglesia está su condición misionera. Pero esta realidad hay que renovarla y fortalecerla. Tomar conciencia de esta realidad es caminar por el sendero de la conversión pastoral, ya que una Iglesia misionera es una Iglesia de brazos abiertos, acogedora, que sale al encuentro, que se arraiga profundamente en la Palabra de Dios y vive de la Eucaristía, que celebra el gozo de la presencia y el encuentro permanente de su Señor en medio de Ella" (Pontificio Comisión para América Latina, Aparecida 2007, pp. 56,57).

                No podemos olvidar que todos los que hemos tomado conciencia de nuestro ser de cristianos, dentro del seno de la Iglesia, estamos llamados a buscar a todos los alejados del redil del Señor. No nos podemos quedar plantados en une actitud indiferente, o como discípulos mudos. Es urgente que comuniquemos con unción y convencimiento las riquezas insondables de Cristo nuestro Señor y Salvador, a todos los que nos rodean.

                Uno de los objetivos que se ha propuesto el Santo Padre, al programar para la Iglesia el Año de la Fe, es precisamente reimpulsar la tarea de la nueva evangelización, dentro de una gran espíritu misionero eclesial: "Caritas Christi urget nos" (2 Co 5)4). Es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar. Hoy como ayer, Él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra (Cf. Mt 28,19). Con su amor Jesucristo atrae hacia sí a los hombres de cada generación; en todo tiempo convoca a la Iglesia y le confía el anuncia del Evangelio, con un mandato que es siempre nuevo. Por eso, también hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva evangelización, para redescubrir la alegría de creer y de volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe" (Puerta de la Fe, 7).

CONCLUSIÓN

Dios por medio de la Iglesia en la persona del Santo Padre, Benedicto XVI y en comunión con todos los Obispos de América Latina y del Caribe, nos invita a creer y a comunicar la Fe. Nuestro objetivo con estas cortas páginas era el presentar una ruta espiritual breve y fundamental, para iluminar los aspectos básicos de todo lo que significa seguir a Jesucristo, a la luz de Aparecida.

                Es fundamental propiciar siempre el encuentro personal y comunitario con Cristo. Sin este paso todo lo que se construya a nivel de espiritualidad cristiana es vacío y pasajero. Además, con el fin de sostener el ritmo espiritual de crecimiento en la fe y teniendo en cuenta los vaivenes de la condición humana y la volubilidad del corazón, es necesario el ejercicio de la conversión, como un proyecto de retorno constante a la fuente de toda espiritualidad, que es Dios. Él nos concede siempre entrar en su presencia mediante el perdón y la misericordia.

                El encuentro con El Señor y la conversión permanente nos predisponen a ser discípulos del Maestro supremo y único. Él es para nosotros el camino, la verdad y la vida. Necesitamos sentarnos a sus pies para escuchar y recibir de sus labios la verdad del Evangelio para nuestra salvación y la de nuestros hermanos. La escuela de Jesús es la única escuela en donde no se agotan las clases de vida eterna, porque la materia central es el amor que nunca se acaba. "Señor, ¿A quién iremos? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna"(Jn 6, 68- 69).

                Nuestra relación íntima con Jesús nos una a su Padre y al Espíritu Santo. Es una comunión con la Santísima Trinidad. Tal realidad nos permite hacer efectiva la comunión dentro del seno de nuestra Madre la Iglesia, en los distintos niveles: familiar (comunidad), parroquial, diocesana y de la Iglesia universal. Todo esto brota de la Eucaristía como signo de comunión con la humanidad y la creación entera.

                Finalmente, apoyados en el corazón del Señor, sentimos su palpitar continuo en favor de la salvación de todos los hombres. Por lo tanto, brota la misión como efecto del amor de Dios. Si de verdad seguimos a Cristo, debemos anunciar a todos la totalidad de la salvación que Él nos transmite. Cuando un hijo de la Iglesia rechaza la misión, como exigencia fundamental de su Fe, está muy lejos de transitar por la nueva evangelización ya que cuando un bautizado es evangelizado, necesariamente nace un misionero para la Iglesia.

                Que la intercesión de María, la primera creatura evangelizada y evangelizadora, la Reina de la nueva evangelización, nos ayude a lograr una profunda espiritualidad que nos haga verdaderos discípulos misioneros del único salvador del mundo, nuestro Señor Jesucristo.