19 September 2017
 

Lo repito a menudo: entre una Iglesia accidentada por salir a la calle y una Iglesia enferma de autoreferencialidad, prefiero sin duda la primera. Y las calles del mundo son el lugar donde la gente vive, donde es accesible efectiva y afectivamente. Entre estas calles también se encuentran las digitales, pobladas de humanidad, a menudo herida: hombres y mujeres que buscan una salvación o una esperanza. Gracias también a las redes, el mensaje cristiano puede viajar «hasta los confines de la tierra» (Hch. 1,8). Abrir las puertas de las iglesias significa abrirlas asimismo en el mundo digital, tanto para que la gente entre, en cualquier condición de vida en la que se encuentre, como para que el Evangelio pueda cruzar el umbral del templo y salir al encuentro de todos.

Estamos llamados a dar testimonio de una Iglesia que sea la casa de todos. ¿Somos capaces de comunicar este rostro de la Iglesia? La comunicación contribuye a dar forma a la vocación misionera de toda la Iglesia; y las redes sociales son hoy uno de los lugares donde vivir esta vocación redescubriendo la belleza de la fe, la belleza del encuentro con Cristo. También en el contexto de la comunicación sirve una Iglesia que logre llevar calor y encender los corazones.

No se ofrece un testimonio cristiano bombardeando mensajes religiosos, sino con la voluntad de donarse a los demás «a través de la disponibilidad para responder pacientemente y con respeto a sus preguntas y sus dudas en el camino de búsqueda de la verdad y del sentido de la existencia humana» (Benedicto XVI, Mensaje para la XLVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 2013).

Pensemos en el episodio de los discípulos de Emaús. Es necesario saber entrar en diálogo con los hombres y las mujeres de hoy para entender sus expectativas, sus dudas, sus esperanzas, y poder ofrecerles el Evangelio, es decir Jesucristo, Dios hecho hombre, muerto y resucitado para liberarnos del pecado y de la muerte. Este desafío requiere profundidad, atención a la vida, sensibilidad espiritual. Dialogar significa estar convencidos de que el otro tiene algo bueno que decir, acoger su punto de vista, sus propuestas. Dialogar no significa renunciar a las propias ideas y tradiciones, sino a la pretensión de que sean únicas y absolutas

Que la imagen del buen samaritano que venda las heridas del hombre apaleado, versando sobre ellas aceite y vino, nos sirva como guía. Que nuestra comunicación sea aceite perfumado para el dolor y vino bueno para la alegría. Que nuestra luminosidad no provenga de trucos o efectos especiales, sino de acercarnos, con amor y con ternura, a quien encontramos herido en el camino. No tengan miedo de hacerse ciudadanos del mundo digital. El interés y la presencia de la Iglesia en el mundo de la comunicación son importantes para dialogar con el hombre de hoy y llevarlo al encuentro con Cristo: una Iglesia que acompaña en el camino sabe ponerse en camino con todos. En este contexto, la revolución de los medios de comunicación y de la información constituye un desafío grande y apasionante que requiere energías renovadas y una imaginación nueva para transmitir a los demás la belleza de Dios.     

NO BASTA COMUNICARSE HAY QUE SABERLO HACER

29 Abril 2014.  Entrevista con el profesor Daniel Arasa, vicedecano de la Facultad de Comunicación Institucional. Comunicación de la Iglesia: estrategias creativas para promover un cambio cultural. “No basta con comunicarse, hay que hacerlo bien.”

¿En qué medida una buena comunicación en la Iglesia puede ayudar a promover este cambio cultural?

--Daniel Arasa: La experiencia diaria nos enseña que no es suficiente comunicar para hacerse entender, sino que hay que hacerlo bien y de una manera profesional. La Iglesia, desde este punto de vista, tiene un gran potencial pues el Evangelio, cuando se encarna en los estilos de vida, en las ideas y en la cultura, posee una fuerza creativa capaz de cambiar el mundo. No debemos olvidar que cada creyente es un "comunicador" de la fe.

 El papel de los comunicadores institucionales es el de promover y fortalecer la comunicación de todos para poner en marcha un proceso de cambio cultural que sea duradero y penetrante. Se puede recordar aquí el hecho de que el mensaje cristiano es esencialmente positivo; esta positividad es una fuerza performativa de la sociedad, la cultura y el hombre. No en vano, dice el Evangelio, que los cristianos son "la sal de la tierra".

¿Cuál es el principal objetivo de este Seminario?

-- Daniel Arasa: Uno de los principales objetivos es conocer proyectos concretos de comunicación creativa realizados en otros lugares en el mundo. El seminario profesional es una oportunidad para compartir experiencias profesionales sobre la comunicación de las organizaciones de la Iglesia y de las organizaciones sin afán de lucro; es una oportunidad para el intercambio de ideas y para poner de relieve la experiencia positiva de otros en la transmisión de la fe. Es, por tanto, una oportunidad de networking, para establecer contactos, única. Tenga en cuenta, además, que el seminario de este año se iniciará al día siguiente de la canonización del beato Juan Pablo II y el beato Juan XXIII y, por lo tanto , muchos comunicadores de la Iglesia estarán en Roma y también tendrán la oportunidad de asistir a la audiencia con el Padre Santo.

Esto es en sí mismo una experiencia de la catolicidad y de la comunicación de la fe de la que se aprende mucho. Con los años, el seminario se ha convertido en un punto de referencia para los comunicadores de la Iglesia, no sólo para los responsables de comunicación de las diócesis y conferencias episcopales de todo el mundo, sino también para los operadores de comunicaciones en organizaciones sin ánimo de lucro tales como, por ejemplo, universidades, hospitales, organizaciones no gubernamentales, además de expertos y asesores de comunicación corporativa.