21 November 2017
 

                Desde el punto de vista mencionado, resulta la propuesta de que el diácono se empeñe al nivel supraparroquial: al nivel de la ciudad, del decanado o de la región. Es cierto que él debe ser vinculado a una determinada comunidad, pero con este punto de referencia, puede extender sus actividades en varias comunidades y crear una red. El acento debe ser colocado en ganar, formar, acompañar y promover colaboradores voluntarios en las respectivas comunidades y ofrecerles el contacto en una ciudad o región. En nuestra diócesis ya se inició un tal proyecto, y de forma muy exitosa. Ahí se encuentran enormes oportunidades para el diaconado permanente.

                Con su participación en el ministerio de la Iglesia, el diácono tiene un papel incluso en la dirección de la comunidad. A este respecto, él tiene que envolver también la diaconía y cuidar de que ella pueda recibir el lugar que le corresponde en el contexto de la pastoral. Como representante oficial de la comunidad, él es el hombre de contacto por excelencia con las asociaciones Cáritas regionales como también con las estaciones sociales. Debe participar en las instituciones diaconales ecuménicas. A través de él, las comunidades deben tener contactos con todos los que en las municipalidades o instituciones independientes de atención, son competentes por la asistencia social. "La situación de nuestra sociedad se tornó sin perspectivas y la necesidad tomó tantas caras, que no puede ser aproximada de otra manera que por una colaboración firme y llena de confianza entre los operadores profesionales de caridad, las iniciativas locales de base, las instituciones caritativas comunitarias y los diáconos comunitarios”[16].

                Muchas de las tareas descritas pueden ser cumplidas sólo de manera profesional, otras pueden ser cumplidas por un diácono con profesión civil. En el caso del diácono con una profesión civil, la oportunidad se encuentra ante todo en su actividad profesional. El puede y debe, como los padres trabajadores, en su medio profesional concreto y en su vida profesional, representar a la Iglesia y estar presente, donde nadie la está representando. Debe después traer estas experiencias a la comunidad y defender allí la diaconía. De esta manera será honesto hacia su ministerio independiente y no solamente un suplente en tiempos de falta de sacerdotes.

                Por supuesto, no solamente la comunidad, sino también la pastoral social es un campo ideal de trabajo para el diácono. Estoy pensando en los hospitales, hogares para ancianos, pastoral de empresas, pastoral carcelaria, asilos, etc. También estoy contando con la colaboración en la dirección de la diócesis, en los ámbitos donde se trata ante todo de tareas diaconales de dirección. A este respecto, quiero notar que la comunidad de los diáconos de una diócesis puede ser un gremio de consejeros muy importante para el obispo. Los diáconos pueden -como comunidad- ser ojo y oído del obispo en cuanto a las necesidades de las personas, ayudándolo a ser "Padre de los pobres".

                Por supuesto, el diácono debe ser cualificado para todas sus tareas. Pero no puedo insistir ahora en este sentido.

                En conclusión, una idea más que puede parecer utópica, a una mirada superficial. Puesto que no hay iglesia sin diaconía y puesto que la iglesia tiene un ministerio propio para la diaconía, no sería un error tener un diácono en cada comunidad. Eso no causaría problemas financieros, puesto que también hay diáconos con profesión civil. Creo que toda comunidad tiene un potencial que está lejos de ser agotado. El caso ideal sería que la misma comunidad dijera: "Este hombre nos lo podemos imaginar como diácono con profesión civil". El párroco y la comunidad lo podrían presentar después al obispo y al responsable diocesano para el diaconado.

                Recibí informaciones de la diócesis francesa de Besançon que fue incluso más allá. Allí los responsables para el diaconado se presentan en las conferencias decanales, pidiendo que los decanados singularicen los enfoques sociales en su ámbito y observar a hombres cualificados sobre los cuales creen que pudiesen ejercer el ministerio de diácono con profesión civil en los ámbitos correspondientes. Aquellos son contactados enseguida y se les confronta con la perspectiva del diaconado. Reciben un tiempo de reflexión de un año. Al decidirse positivamente, ya pueden empezar la formación. Creo que este modelo es digno de consideración.

                Así, podemos concluir: Los diáconos con motivación espiritual, bien calificados y razonablemente interesados son muy importantes para la Iglesia. Ellos no son ni sacerdotes suplentes, ni asistentes sociales. Ellos son, de manera sacramental, representantes de Jesucristo, el diácono. Ellos hacen presente para nuestro mundo el amor de Dios que por el Espíritu Santo fue derramado en nuestros corazones (Rm 5,5). Ellos son la vanguardia de una nueva "civilización del amor". Son una bendición para la Iglesia y para las personas confiadas a nosotros. Por esto, ya es tiempo de avanzar en la renovación de la diaconía y del diaconado y así, dar mucho más espacio en la Iglesia al impulso del Espíritu Santo a través del Concilio Vaticano II.

SE TRANSFORMA LA IGLESIA, SIRVIENDO A LA COMUNIDAD   °°°°

21 Octubre 2012.  «Traer tantas almas para Dios como sea posible». El padre Michel-Marie Zanotti-Sorkine se ha tomado esta frase muy a pecho y se ha convertido en su principal objetivo como sacerdote. Autor: Javier Lozano. Fuente: religion en libertad °°°

Así lo está haciendo tras haber transformado una iglesia que iba a ser clausurada y demolida en la parroquia con más vida de Marsella. Su mérito es aún mayor cuando el templo está situado en un barrio con una enorme presencia de musulmanes en una ciudad donde menos del 1% de la población es católica practicante.

Había sido músico de éxito La clave para este sacerdote que previamente había sido músico de éxito en multitud de cabarets de París y Montecarlo es la “presencia”, hacer presente a Dios en el mundo de hoy. Las puertas de su iglesia están todo el día de par en par y viste de sotana porque «todos, cristianos o no, tienen derecho a ver un sacerdote fuera de la iglesia».

De 50 feligreses en Misa a 700   Su balance es abrumador. Cuando llegó en 2004 a la parroquia de San Vicente de Paúl del centro de Marsella la iglesia permanecía cerrada durante la semana y la única misa dominical se celebraba en la cripta a la que apenas acudían 50 personas.

                Como él mismo cuenta lo primero que hizo fue abrir el templo todos los días y celebrar en el altar mayor. Ahora la iglesia permanece abierta casi todo el día y hacen falta sillas adicionales para albergar a los fieles. Más de 700 todos los domingos, más incluso en las grandes fiestas. Casi 200 adultos se han bautizado desde que llegó, 34 en esta última Pascua. Se ha convertido un fenómeno de masas no sólo en Marsella sino en toda Francia, con reportajes de medios de todo el país atraídos por la cantidad de conversiones.

El nuevo cura de Ars en la Marsella agnóstica

                Una de las iniciativas principales del padre Zanotti-Sorkine para revitalizar la fe de la parroquia y conseguir tal afluencia de gente de toda edad y condición social es la confesión. Antes de la apertura del templo a las 8 de la mañana ya hay gente esperando en la puerta para poder acudir a este sacramento o para pedir consejo a este sacerdote francés.

                Tal y como cuentan sus feligreses, el padre Michel-Marie está buena parte del día en el confesionario, muchas veces hasta pasadas las once de la noche. Y si no está ahí siempre se le encuentra vagando por sus pasillos o en la sacristía sabiendo la necesidad de que los sacerdotes estén siempre visibles y cercanos para salir en auxilio de todo aquel que lo necesite.

La iglesia siempre abierta