24 November 2017
 

Durante estos años se esperaría un amor más realista a la Iglesia, aceptando serenamente las limitaciones humanas, pero manteniendo la ilusión; sin embargo, no es extraño reconocer un estancamiento intelectual y pastoral; no es raro encontrarse con presbíteros de esta etapa que han caído en la rutina, el conformismo y la mediocridad.

En esta etapa se posibilita la integración progresiva en el colegio de los presbíteros, el presbítero de esta etapa tiene más oportunidades para ser promotor de la comunión presbiteral; no obstante, es frecuente que se acentúe el individualismo y el aislamiento, que se desarrolle una poco sana competitividad y rivalidad y que sea más explícito el resentimiento y la lejanía de los “superiores”.

Aquí sólo se señalan, a grandes líneas, las oportunidades y los desafíos propios de esta etapa. El acompañamiento personal, grupal e institucional de los presbíteros podrá servirse de estos elementos, pero deberá asumir el desafío del misterio de cada persona, de la dinámica de cada grupo y del contexto de cada presbiterio. No hay que perder de vista que no son pocas las experiencias de acompañamiento que se han desarrollado en favor de los presbíteros jóvenes, pero son menos las propuestas para acompañar a los presbíteros en las siguientes etapas de su ministerio.

Será de gran importancia favorecer espacios para que los presbíteros de esta etapa compartan sus experiencias en el presbiterio y asuman liderazgos para impulsar al presbiterio hacia una proyección pastoral más comprometida; es un momento muy oportuno para que se sientan desafiados a superar una pastoral de mantenimiento, para lo cual será pertinente favorecer momentos serios de evaluación que les permitan sentirse desafiados a crecer.

En esta etapa conviene favorecer la consolidación de la amistad entre presbíteros e impulsar el acompañamiento espiritual personal. No sólo por razones del quehacer pastoral, sino sobre todo para consolidarse en su ser, conviene que en los procesos de acompañamiento presbiteral de esta etapa no se descuiden los momentos de encuentro con el presbiterio y que se favorezcan espacios para que los presbíteros de esta etapa asuman tareas en favor de la comunión presbiteral. Será de gran importancia que, particularmente con los presbíteros de esta etapa, las relaciones con los “superiores” esté fincada en el diálogo entre adultos para tratar desde ahí las diferencias, las iniciativas y, sobre todo, las dificultades. Autor:  P. Andrés Torres Ramírez.  Rector ITEPAL

SER SACERDOTE, SIGNIFICA ESTAR INMERSO EN EL CORAZÓN DE JESÚS

10 Junio 2013. El cardenal Mauro Piacenza, prefecto de la Congregación para el Clero, se encuentra en Eslovaquia del 5 al 8 de junio para encontrarse con la Conferencia Episcopal, sacerdotes, seminaristas y responsables de formación del seminario. Con los diferentes grupos tendrá conferencias seguidas por momentos de debate y celebrará la santa misa. La ocasión es la Jornada Mundial de santificación del clero junto con las celebraciones jubilares de santos Cirilo y Metodio, todo dentro del marco del Año de la fe. Fuente: Zenit.

En el encuentro con el clero celebrado hoy, el cardenal Piacenza ha comenzado recordado que "ser sacerdote significa estar totalmente inmersos en el misterio amoroso del Sagrado Corazón de Jesús y, por eso, se convierte a su vez en signo elocuente, para la humanidad, de ese mismo amor, de esa misma, total oblación de sí, que -¡sola! - puede convencer a los hombres, con tanta sede de significado, de amor y de misericordia".

En la primera parte de su intervención, el cardenal ha explicado lo que significa estar inmersos en el Corazón de Jesús. "Partiendo del dato bíblico, según el cual el corazón representa el núcleo central de la persona y la sede de su identidad profunda, nos empuja a reconocer, con el evangelista Juan que 'Dios es amor'", ha señalado.

Sobre el significado de ser sacerdote ha matizado que significa "estar inmersos, cotidianamente y constantemente en el misterio del Corazón de Jesús" y ha recordado que antes de cualquier preocupación pastoral, es necesario "hacer memoria constante de como nuestra misma existencia sacerdotal deba ser acogida, comprendida y recogida como un inmersión permanente en el Sacratísimo Corazón de Jesús".

Explica el purpurado que las fatigas del sacerdote, sus fragilidades humanas, psicológicas y - si las hay - morales, las nubes que a veces se presentan en la vida, todo ello es "abrazado e inmerso en el misterio del Amor de Cristo, en el misterio de una amor totalmente donado, por tanto herido y, por eso, totalmente capaz de abrazar cualquier realidad".

Del mismo modo que del costado de Adán, sale Eva, su esposa, así "del costado de Cristo, de su Corazón traspasado, brota la Iglesia, esposa del Hijo y esposa de cada uno de nosotros sacerdotes".