18 May 2024
 

UNA VISIÓN CRISTIANA DE LA ECOLOGÍA

1. La Creación como don de Dios: “Creación” es más que naturaleza. Es un proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado. La naturaleza suele entenderse como un sistema que se analiza, comprende y gestiona, pero la creación solo puede ser entendida como un don que surge de la mano abierta del Padre de todos, como una realidad iluminada por el amor que nos convoca a una comunión universal.

2. El pecado, ruptura de la armonía original: La existencia humana se basa en tres relaciones fundamentales estrechamente conectadas: la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra. Vínculos fundamentales que se han roto externa e internamente por el pecado. La armonía entre el Creador, la humanidad y todo lo creado fue destruida. Este hecho desnaturalizó también el mandato de “dominar” la tierra (cf. Gn 1, 28) y de “labrarla y cuidarla” (cf. Gn 2,15). Como resultado de ello, la relación originariamente armoniosa entre el ser humano y la naturaleza se transformó en un conflicto.

3. El hombre, dominus de la creación: la teología de la creación nos recuerda que no somos Dios y que la tierra nos precede y nos ha sido dada. “Dominar” la tierra no significa la explotación salvaje de la naturaleza. Del hecho de ser creados a imagen de Dios y del mandato de dominar la tierra no se debe deducir un dominio absoluto sobre las demás criaturas. Los relatos bíblicos nos invitan a “labrar y cuidar” el jardín del mundo. Mientras “labrar” significa cultivar, arar o trabajar; “cuidar” significa proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar. Esto implica una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza.

CONSECUENCIAS ÉTICAS

1. Una comunión universal: Siendo creados por el mismo Padre, todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde.

2. Destino común de los bienes: En la visión cristiana es fundamental el destino común de los bienes, cuyos frutos deben beneficiar a todos. Dios creó el mundo para todos. Todo planteamiento ecológico debe incorporar una perspectiva social que tenga en cuenta los derechos fundamentales de los más débiles. El principio de la subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes y, por tanto, el derecho universal a su uso es una “regla de oro” del comportamiento social y el “primer principio de todo el ordenamiento ético-social”.

3. Coherencia testimonial: No puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos. Es necesaria una ecología integral (ambiental, económica, social, cultural y de la vida cotidiana) que posibilite un cambio de rumbo, una conversión ecológica.  

CARTA ENCÍCLICA LAUDATO SI’ CAPÍTULO TERCERO: RAÍZ HUMANA DE LA CRISIS ECOLÓGICA (101-136)

Ponente.  Padre  José Ferley Gómez Cubides.  Licenciado en filosofía sistemática, universidad gregoriana de Roma, Italia. Los síntomas de la crisis ecológica corresponden a un modo equivocado de entender la vida y la acción humana, que surge del paradigma tecnocrático y del antropocentrismo moderno.  En este capítulo quiere el papa mostrar cómo “la técnica separada de la ética difícilmente será capaz de autolimitar su poder” (136).

I. LA TECNOLOGÍA: CREATIVIDAD Y PODER (101-105)

Por un lado, la tecnología y la ciencia han ayudado a superar condicionamientos materiales, a modificar la naturaleza con fines útiles, a mejorar la calidad de vida, a descubrir y manifestar la belleza, e incluso aportan ideas para un desarrollo sostenible.  Pero, por otro lado, dan gran poder a quienes tiene el conocimiento y el poder económico para utilizarlo.  No siempre hemos utilizado bien este dominio sobre la naturaleza.  Nos faltan una ética sólida, una cultura y una espiritualidad que pongan límites al uso de nuestra libertad y poder.