21 February 2024
 

CUÁL ES LA DOCTRINA DE NUESTRA IGLESIA CATÓLICA

                En nuestra Iglesia católica existen siete (7) sacramentos. Son los sacramentos de la Nueva Ley que fueron instituidos por Cristo: Ellos son: El Bautismo, La Penitencia, La Eucaristía, La Confirmación, La Unción de los enfermos, Orden Sacerdotal y el Matrimonio.

                Estos sacramentos corresponden a todas las etapas y todos los momentos importantes de la vida del cristiano.  En los sacramentos, los católicos descubrimos el nacimiento, el crecimiento, la curación y la misión a la vida de la fe.  Se puede decir que en los sacramentos hay una cierta semejanza de la vida natural y las etapas de la vida espiritual.  Antes de entrar a descubrir los elementos importantes de cada grupo de sacramentos, podemos decir que los sacramentos forman un organismo en el cual cada sacramento particular tiene su lugar vital.  La Eucaristía ocupa un lugar único en cuanto sacramento de los sacramentos: “Todos los otros sacramentos están ordenados a este como a su fin”. (Sth.3,65,3).

CUÁL LA VISIÓN DE LA PASTORAL SALUD FRENTE A LOS SACRAMENTOS...[1]

  • Tomar conciencia del valor de los sacramentos en la vida de los enfermos
  • Descubrir los sacramentos como celebración de la vida al servicio de los que sufren
  • La pastoral encuentra su plenitud en la celebración de los sacramentos
  • La salvación es celebrada y actualizada
  • Se realiza un encuentro con Dios, en Cristo y el Espíritu
  • Toda experiencia humana que el enfermo vive tiene un carácter sacramental
  • Es necesario aprender el arte de saber dar, saber servir, saber escuchar: los sacramentos van en el orden de la misericordia

CÓMO SE DIVIDEN Y CUÁL ES EL CONTENIDO DE LOS SACRAMENTOS

Existe un primer grupo de Sacramentos a los que llamamos de la iniciación cristiana, ellos son: El Bautismo, La Eucaristía y la Confirmación. Estos son los fundamentos de toda vida cristiana. 

                El Papa Pablo VI, define a este grupo de la siguiente manera: “La participación en la naturaleza divina que los hombres reciben como don mediante la gracia de Cristo, tiene cierta analogía con el origen, el crecimiento y el sustento de la vida natural. En efecto, los fieles renacidos por el Bautismo se fortalecen con el sacramento de la Confirmación y finalmente son alimentados en la Eucaristía con el manjar de la vida eterna, y así por medio de estos sacramentos de la iniciación cristiana reciben cada vez con más abundancia los tesoros de la vida divina y avanzan hacia la perfección de la caridad”. (Const.Apost. Divinae Consortium Naturae)

“En verdad te digo: el que no nazca del agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios” (Juan.3,5)

                El Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu. La puerta que abre el acceso a los demás sacramentos. Por el bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión.. “Qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues lo somos” (1.Juan.3,1) El Bautismo no puede quedarse como un episodio de la vida pasada. El cristiano está llamado a vivirlo a lo largo de todos sus días y sus años de vida.  El Bautismo constituye el nacimiento a la vida nueva en Cristo. Según la voluntad del Señor, es necesario para la salvación.  El rito esencial del bautismo consiste en sumergir en el agua o derramar agua sobre la cabeza pronunciando la invocación de la Santísima Trinidad. El Sacramento del Bautismo da la fe y presupone la fe. Es un sacramento del Agua y del Espíritu: Somos bañados y regenerados y debemos brillar por nuestro testimonio de vida.

EUCARISTÍA

Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come de este pan vivirá para siempre (Juan.6, 51). 

Mientras comían Jesús tomó en sus manos el pan y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio a los discípulos diciendo, coman esto es mi cuerpo. Luego tomó en sus manos una copa y habiendo dado gracias a Dios se la pasó a ellos diciendo: Tomen y beban porque esta es mi sangre. (Mateo.26, 26-28)

                La Eucaristía es el sacrificio de Cristo y cena familiar de los hijos de Dios.  En una comida todos participan de lo que hay en la mesa y ponen en común lo que piensan y sienten. Los alimentos están destinados, unos a saciar el hambre, como el pan, otros a servir de signo para expresar diversos sentimientos, como el vino. En torno al pan y al vino, los hombres se reúnen y celebran. Por eso, ambos elementos son signos portadores de valores familiares, sociales, religiosos.  La Eucaristía es fuente y cima de toda la vida cristiana (Cfr. Lumen Gentium 11). La Eucaristía significa y realiza la comunión de vida con Dios y la unidad del pueblo de Dios. La Eucaristía es acción de gracias a Dios (Cfr.Lucas.22,19. 1.Corintios.11,24. Mateo.26,26). 

                La Eucaristía sin ser el sacramento específico de la enfermedad, guarda una estrecha relación. Porque el enfermo que ya vive en la fe la incorporación de su enfermedad a la pasión de Cristo, puede tener el deseo de celebrarla sacramentalmente. Porque la Eucaristía servirá para que el enfermo, tentado de encerrarse egoístamente en sí mismo descubra el sentido de comunión total con Dios y los hombres que Cristo da a la vida.[2]

                La Eucaristía es la celebración del amor, de la entrega, de la donación del ofrecimiento del propio dolor por los hermanos.[3]

CONFIRMACIÓN

“Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén en toda Judea y Samaría y hasta los confines de la tierra” (Hechos.1,8).

                Por el nacimiento, el hombre se abre a la luz de la vida con mil posibilidades: crece y se desarrolla hasta conseguir la madurez plena, es decir, una vida sólida y estable. En el bautismo recibimos el germen de la vida de Dios y la confirmación es el sacramento del crecimiento.  La confirmación consolida y perfecciona el germen recibido en el bautismo.  Con el Bautismo y la Eucaristía, el sacramento de la confirmación constituye el conjunto de los sacramentos de la iniciación cristiana. Este sacramento es necesario para la plenitud  de la gracia bautismal. 

                Por este sacramento, nos sentimos más íntimamente unidos a la Iglesia, nos enriquece y nos fortalece el Espíritu Santo, nos comprometemos como auténticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con la palabra y con el testimonio.[4].  El ministro de este sacramento es el Obispo. Fuera de la imposición de las manos por parte del Señor Obispo, el signo de este sacramento es la Unción, la cual designa e imprime el sello espiritual: El aceite es signo de abundancia (Cfr.Deuteronomio.11,14). signo de alegría (Cfr. Sal.23,5. 104,15). Purifica (unción antes y después del baño) Da agilidad, es signo de curación (Cfr. Isaías.1,6. Lucas.10,34). El ungido irradia belleza, santidad y fuerza. Por la Confirmación los cristianos participan plenamente de la misión de Cristo y en la plenitud del Espíritu Santo que este posee a fin de que toda su vida desprenda el buen olor de Cristo (Cfr. II Corintios. 2,15).

SACRAMENTOS  DE  CURACIÓN

Penitencia y Unción de los enfermos

La Penitencia: Reconciliación con Dios y con la Iglesia

“Recibid el Espíritu Santo, a quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados.”. (Jn.20,22-23)

                Muchas veces en la vida nos sentimos impotentes ante una tarea, un proyecto, in ideal; o ante las exigencias que la vida cristiana nos plantea. Entonces decimos: “no soy capaz”, “no puedo”, sin embargo en muchos de estos casos logramos salir adelante, es Cristo quien con la ayuda de su gracia, nos llama a la conversión. En este camino de conversión, la ayuda de los demás es decisiva.

                La Conversión es una gracia de Dios. El quiere siempre tomar la iniciativa para invitarnos a volver al camino del hijo pródigo (Cfr. Lucas.15, 11-32),  que vuelve al padre y es acogido por él. Es el signo de que el pecador por la mediación del sacerdote, regresa a la Iglesia viva, herida por su pecado y que mediante el sacramento lo recibe con amor y comprensión.  Como el pecado es un hecho profundamente personal, la acusación debe ser ordinariamente individual.

                Los que se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra El y al mismo tiempo se reconcilian con la Iglesia, a la que ofendieron con sus pecados.  Ella, les mueve a la conversión con su amor, su ejemplo y sus oraciones.[5]

                Todo sacramento es la celebración de una vivencia, de un camino que el hombre, respondiendo a la iniciativa libre y gratuita de Dios, realiza en la fe. En el caso de los enfermos el sacramento de la paz favorece el camino de la conversión, el coraje para afrontar la propia situación, la voluntad de ofrecer a Dios el sufrimiento para la salvación propia y de los hermanos.

Un momento crítico puede ser la ocasión para oír la llamada de Dios.[6]

La enfermedad pone al enfermo en conflicto con su conciencia, con los demás y con Dios.

El enfermo necesita recuperar la paz y la unidad interior.

La gran noticia puede ser: tus pecados son perdonados…[7]

UNCIÓN

La unción de los enfermos es fortaleza y esperanza en el Señor.

“Los apóstoles salieron a predicar la conversión ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban” (Marcos.6, 13)

Con frecuencia la enfermedad nos separa de los demás y nos vemos necesitados de cuidados especiales.  Nos sentimos como una carga. En esta situación el enfermo palpa su fragilidad. La experiencia de su limitación hace mella en él. La inseguridad y hasta la angustia lo envuelven.

                Jesucristo se hace presente en este momento crucial del hombre a través de la Unción. El enfermo puede experimentar que no está solo, que Dios lo ama y lo acompaña en esta difícil situación.  El Evangelio de Jesús muestra el cuidado corporal y espiritual con que el Señor atendió a los enfermos. Las curaciones que Jesús realiza significan a su vez, el triunfo sobre el mal y la presencia del Reino entre nosotros.

                Con la sagrada unción de los enfermos y con la oración de los sacerdotes, toda la Iglesia entera encomienda a los enfermos al Señor sufriente y glorificado para que los alivie y los salve, e incluso los anima a unirse libremente a la pasión y muerte de Cristo y contribuir así al bien del pueblo de Dios.[8]          La unción con el óleo de los enfermos tiene por objeto dar fuerza al enfermo y hacerlo capaz de unirse a Cristo, el cual llevó sobre sí todas nuestras enfermedades, además de sufrir con todos los que tienen que soportar, como él, la enfermedad (Cfr. Isaías.53,4-5).

 

Es el sacramento específico para el tiempo de la enfermedad.[9]

La unción lleva a plenitud los gestos de solidaridad, presencia y servicio a los hermanos.

Es el sacramento de los enfermos y no de los moribundos.

Es el sacramento de la salvación total.

Es el sacramento de toda la comunidad y no individual.

Es el sacramento de la esperanza.

Ungir el enfermo es infundir en él el espíritu de Jesús; es comunicarle vida…

 

 

RECOMENDACIONES…

                Informar al enfermo y a su familia para la celebración sacramental

                Cuidar la dimensión comunitaria de los sacramentos

                Organizar celebraciones especiales  “con y para los enfermos”

                Partir de la vida y de la situación específica del enfermo…

                Que la comunión muestre una verdadera celebración de la fe.

                Evitar el riesgo de retrasar indebidamente el sacramento

                Cuando el sacerdote es llamado junto a un enfermo que ya ha muerto, debe orar por él y pedir a Dios que le absuelva de sus pecados: no debe ungirlo… [10]

 

PENSEMOS Y RESOLVAMOS

Cómo se deben celebrar los sacramentos con los enfermos?

Qué sentido tiene para un enfermo el sacramento de la Reconciliación?

Cómo puedo evangelizar a un enfermo?

Por qué muchos creyentes añaden a los sacramentos creencias, esoterismo, muerte…?

Qué significa, la oración en la fe, ayudará al enfermo?

Debo orar permanentemente por los enfermos?

Cómo puedo concientizar a mi comunidad parroquial sobre el dolor y el sufrimiento?

Los enfermos y los que sufren deben ser la predilección de mi oración personal…

La fe encuentra su mayor expresión en la misericordia y la caridad con los que sufren…

 

 


[1] Pastoral de la salud, Adriano Tarrarán e Isabel Calderón, C.E.C. pp. 101-112

[2] Ritual de la unción, 63

[3] Juan Pablo II, Salvifici Doloris, 24

[4] Concilio Vaticano II, Lumen Gentium,11

[5] Ibid

[6] Ritual de la Unción, 61

[7] Mateo 9, 5-6.  Cfr. Salmo 103

[8] Concilio Vaticano II. Lumen Gentium,11

[9] Santiago 5, 14-15

[10] Ritual de la Unción 15 y 70