22 August 2018
 

                Por su parte, el "señor extraño" que pasaba por allí y no tenía que ver nada con la cuestión, dirá las cosas sin dejarse llevar por la emoción.

¿Cómo la vamos a juzgar nosotros que no presenciamos el accidente?

Si nos referimos a los papás, diremos quizás que al hacer el relato fueron exagerados; del policía diremos que, como no se fijó bien, mintió; y del testigo casual diremos que, al no importarle lo sucedido, confesó cualquier cosa por salir del paso.

Todo esto está diciendo que a la hora de juzgar algo, hay que hacerlo teniendo en cuenta quien lo dice o escribe, e incluso las circunstancias del hecho sucedido.

El Concilio Vaticano II lo dice claramente: "Dios habla en la Escritura por medio de los hombres en lenguaje humano; por lo tanto, el intérprete de la Escritura, para conocer lo que Dios quiso comunicarnos, debe estudiar con atención lo que los autores querían decir y lo que Dios quería dar a conocer con dichas palabras. Para descubrir la intención del autor, hay que tener en cuenta, entre otras cosas, los géneros literarios" (La Divina Revelación, # 12).

                Conclusión

Dios es el autor de la Biblia, Él nos habla en ella, nos da a conocer sus caminos de salvación y nos invita a encontrar la verdad en su Iglesia que Él funda.

NOMBRES QUE HA TENIDO Y SU ESTRUCTURA

( fuente, conoce tu Fe, biblia y tradición)

Origen del nombre "Biblia".

                Cuando lees un libro cualquiera, te fijas ante todo en su título. Luego investigas sobre el nombre del autor. Después abres el libro, repasas el índice de materias y finalmente das un vistazo a las páginas. Y si te interesa la obra, la compras para leerla detenidamente.

Con mayor razón esto aplica al estudio y reflexión de la Sagrada Escritura -el libro más importante del mundo- cuyo conocimiento y estudio continuaremos proponiendo a través de estas lecciones.

                Es común escuchar preguntas como ésta: "¿No conoce algún librito que me enseñe a leer la Biblia y a entenderla sin aburrirme?, es que al llegar al tercer libro me cansé, y habiéndola comprado con tanta ilusión, ahora la tengo arrinconada.

Pero oigo decir a los sacerdotes que la Biblia es la Palabra de Dios; que ignorar las Sagradas Escrituras es ignorar a Cristo y que el tiempo que mejor me va a aprovechar es el que emplee leyendo la Biblia".

                Muchas personas no saben qué hacer ni por dónde comenzar. Se dedican horas y días enteros a leer y profundizar en algunos otros libros, pero la Biblia es para muchos un libro olvidado.

                Leamos la Sagrada Escritura con fe, con humildad, y sobre todo dentro de la Iglesia Católica que es la encargada por Cristo para interpretar su Palabra.

                Mucho cuidado con las sectas que aparentan conocer la Biblia, pero predican verdades de hombres, inventos agresivos, pero no predican la Palabra de Dios, el mensaje de salvación, el camino para salvarse, ya que no están dentro de la Iglesia que autoriza y confirma esta predicación con autoridad apostólica y divina.

"Está escrito: Abre tu boca a la Palabra de Dios. Tú, ábrela. Por Él anhela quien repite sus palabras y las medita en su interior. Hablemos siempre de Él. Si hablamos de sabiduría. Él es la sabiduría; si hablamos de virtud, Él es la virtud; si de justicia, Él es la justicia; si de paz, Él es la paz; si de verdad, Él es la verdad; si de vida, de redención... Él es todo eso". (San Ambrosio, obispo).

El nombre

                La Palabra Biblia viene del griego, Biblos, ciudad donde se hacían los papiros en Grecia para la escritura. Significa “los libros”, y es una pequeña biblioteca, compuesta, para el cristiano católico, por 46 libros del Antiguo Testamento, y 27 libros del Nuevo. Algunas ediciones traen 47 libros en el AT, porque separan el capítulo 6 de Baruc, secretario del profeta Jeremías, y lo colocan como “carta de Jeremías”.

Los libros bíblicos comenzaron a escribirse alrededor del siglo X a.C., en la corte del Rey Salomón, donde había lugar para el ocio (el “otium” griego), la lectura y la escritura. En la corte del hijo del Rey David comienza, por lo tanto, también la actividad literaria.

                Los lugares principales de los hechos bíblicos, son principalmente la Antigua Mesopotamia, hoy compuesta por Siria, Irak e Irán, la actual Israel, la Península Arábiga y Egipto, para los hechos del Antiguo Testamento.

                Para los hechos del Nuevo Testamento, se agregan los territorios conquistados por el griego Alejandro Magno, y en tiempos de Jesús ocupados por el Imperio Romano, que abarcan prácticamente la actual Europa, el norte de África y las Islas Británicas. En el imperio, por lo tanto, se hablaba la lengua griega, impuesta por Alejandro, que en 10 años, entre el 333 y el 323 a.C., realizó sus conquistas, comenzando cuando sólo tenía 23 años. Existía el griego “culto” y el griego “popular”. Éste último se utilizaba cotidianamente en el imperio, y su nombre era “koiné”.

1. Origen del nombre "Biblia"

                El pueblo de la Biblia no tenía nuestra Biblia, si por eso entendemos el conjunto de 73 libros que aceptamos los católicos como inspirados y canónicos. La colección aún no estaba completa; sin embargo existían ya algunos conjuntos de libros que ellos consideraban como normativos, sin que podamos llegar a una precisión exacta de cuáles eran los que abarcaban.

Los nombres que les daban eran diversos, por ejemplo:

Libros, Daniel 9, 2.

Libros Santos, 1 Mac 12, 9; 2 Mac 8, 23.

Escrituras, Mt 21, 42; Mc 14, 49; Lc 24, 27; Jn 5, 39; Hech 17, 2; Rom 15, 4; 1 Cor 15, 3-4; 2 Pe 3, 16.

                Escritura, 1 Cr 15, 15; 2 Cr 30, 5; Esd 6, 18; Mc 12, 10; Lc 4, 21; Jn 2, 22; Hech 1, 16; 2 Pe 1, 19-21.

Santas Escrituras, Rom 1, 2.

Sagradas Letras (Escrituras), 2 Tim 3, 15.

Antiguamente se le llamaba la Escritura o las Escrituras. En este sentido se expresa Jesús, por ejemplo, cuando dice a los saduceos: "Ustedes están equivocados porque no conocen las Escrituras" (Mt 22, 29).

Y Lucas pone en labios de los dos discípulos de Emaús esta frase: "¿No es verdad que el corazón nos ardía en el pecho cuando Jesús venía hablando en el camino y explicando las Escrituras?" (Lc 24, 32). Esta denominación todavía la usamos hoy.

Después ha venido recibiendo otros nombres, como: Libros Santos, Libros Sagrados, Sagradas Letras, Palabra de Dios, etc. Actualmente, el nombre más usual parece ser el de Biblia, Santa Biblia o Sagrada Biblia, Sagradas Escrituras.

El origen de la expresión Biblia se remonta, según afirman los entendidos, al libro II de los Macabeos, de texto griego, en que se llama a las Escrituras: Biblia ta agía, (en griego) esto es: Libros Santos. Usándose como se usaba la lengua griega en la primitiva Iglesia, la expresión ta Biblia –los libros por excelencia- se hizo denominación general entre los cristianos.

San Clemente –padre apostólico, discípulo de San Pablo- fue el primero en llamar a la colección de los libros santos ta Biblia. En el siglo XIII se empezó a emplear en singular femenino latino lo que antes era solamente plural neutro de la misma lengua, esto es, a decirse Biblia y así fue adoptándose poco a poco por las nacientes lenguas modernas.

Hay quien ve su origen en la antigua ciudad fenicia Biblos, situada en la costa mediterránea entre Trípoli y Beirut y mencionada incluso por dos veces en la Sagrada Escritura (Jos 13, 5; Ez 27, 9), ciudad que llegó a ser un importante centro comercial y religioso, rico en madera, cobre y papiro. Pero no parece que exista una verdadera relación entre ambos aspectos.

El término Biblia, pasó del griego al latín. Y, de éste, a las lenguas modernas. Hoy significa la colección de libros sagrados para los judíos y los cristianos.

2. Orden de la Biblia

a) Origen general

                Desde muy antiguo, y sobre todo en orden a la lectura litúrgica se vio la necesidad de dividir el texto sagrado.

                Hubo diversos sistemas, tanto entre judíos ("Sedarim"; "Perashiyyot"; "Pesuquim"), como entre cristianos (Cfr. "Cánones eusabiani", de Eusebio de Cesarea [+340] para dividir los evangelios en 1162 secciones: Mt 355; Mc 233; Lc 342; Jn 232).

Cada libro está dividido en capítulos y versículos numerados. La división en capítulos y versículos facilita y uniforma las citas. Así es más fácil localizar exactamente un texto y tener todos una misma referencia.

El nombre de cada libro tiene su propia abreviatura; aparece al inicio de las diversas ediciones, en esta abreviatura la primera letra es mayúscula: Jn, Mt, Mc, Lc, Hech, etc. En cada libro el número correspondiente al capítulo se coloca después de la abreviatura, esta abreviatura no lleva un punto.

Por ejemplo, Segundo libro de los Reyes, Capítulo 5 se abrevia en 2 Re 5.

                Los capítulos se subdividen en versículos. Y se numeran poniendo una coma después del capítulo. Así, el Segundo libro de los Reyes, Capítulo 5, versículo 7 se abrevia en: 2 Re 5, 7. los libros con un solo capítulo sólo numeran los versículos.

                Por ejemplo, la Carta a Filemón, versículo 5, se abrevia en Flm 5.

Los signos de puntuación tienen otros significados concretos:

La coma (,) entre dos números indica que el primero se refiere al capítulo y el segundo al versículo: Mt 5, 7.

El punto (.) se utiliza para significar "y": Ex 15, 5.9 = Éxodo capítulo 15, versículos 5 y 7.

El punto y coma (;) se utiliza para separar una cita de otra: Lc 5, 6; Jn 3, 4.

b) Origen de la división actual