17 October 2018
 

Algunos investigadores como Gerhardsson han insistido en que Jesús y sus discípulos estaba inmersos en una cultura de tipo rabínico, en la que la transmisión oral de la Ley y de las tradiciones era muy fiable, gracias a las repeticiones continuas y los medios mnemotécnicos. Y aunque la enseñanza de Jesús está cerca de veces del pensamiento fariseo, no pertenece a la corriente farisea (Jn 7,15).

                Esto manifiesta que si Jesús decidió agrupar en torno a él a unos discípulos para instruirlos, formarlos y enviarlos a predicar, lo hizo porque pretendía transmitir la predicación del Reino. Por ello su enseñanza fue de un tono particular, ritmico, que favoreciese la memorización.

De ahí que una serie de dichos sobre el Reino era el centro de predicación de los primeros discípulos enviados. Por ejemplo: Las tres bienaventuranzas de Lucas Lc. 6, 20-21, o las parábolas del Reino. Y así encontramos otra serie de temas como la penitencia, la conversión urgente; reglas comunitarias, etc.

Criterios para ir de los Evangelios a Jesús

Debemos tener claro dos cosas: Los evangelizo contienen materiales historicos sobre Jesús y que esos materiales han sido elaborados para proclamar el Evangelio y alimentar la fe de los primeros cristianos. Los exagetas han encontrado criterios que nos permiten localizar lo que, dentro de los evangelios, nos permiten remontarnos hasta el Jesús pre-pascual.

1.-El criterio de atestación múltiple. El hecho está mejor atestiguado cuando lo es por diferentes fuentes distintas unas de otras.

2.- El criterio de discontinuidad. Son palabras o actitudes de Jesús que se oponen a las concepciones del judaísmo o a la iglesia primitiva.

3.- El criterio de explicación necesaria. Ante un conjunto de hechos o datos, exige una explicación coherente o suficiente, se ofrece una explicación que ilumina y armoniza estos elementos, concluimos que estamos en presencia de un dato autentico.

Una Tradición viva

Los evangelios reflejan la forma en que los creyentes de las comunidades la asimilaron. La tradición esta animada por un doble dinamismo: dinamismo de conservación y de preservación, ligado a una actitud de fidelidad y a la trasmisión del hecho; y un dinamismo de actualización y de profundización, es decir, lo que es “antiguo” y lo que es más reciente, o “redaccional”.

La Buena Nueva no admite diferencias entre una palabra que la ciencia exegetica reconoce como pronunciada por Jesús tal cual, y otra que ha experimentado cambios al ser usarla por las iglesias. Las dos tienen exactamente el mismo valor de Evangelio.

LOS CUATRO EVANGELIOS

Los cristianos siempre poseyeron escritos sagrados como todos lo judíos, la Ley, los profetas y otros escritos que lejos de abandonarlos, los utilizaron estos escritos revelados para comprender mejor el misterio del maestro. Puesto que él se convirtió en la clave que daba sentido a todas las escrituras.

Los evangelistas emplearon los mismos métodos que los judíos en su tiempo. Y que los podemos resumir con la palabra Misdrash (hebrea) = Buscar. Era necesario una precisa lectura-investigación, y a ella se consagraban los escribas y los doctores de la Ley. Los apóstoles y los evangelistas recogieron este método. La diferencia consistió en: la tradición judía farisea, los rabinos proponía una lectura-investigación de los textos de la Ley y los Profetas, en la que las interpretaciones de los diversos rabinos nunca era definitiva. Con los primeros cristianos el misdrash orientó al texto hacia Jesús como el único que abría las Escrituras y les confería un sentido decisivo.

Podemos encontrar la presencia de las Escrituras en los Evangelios en las siguientes formas:

1.- Las citas de cumplimiento. Se trata de textos de la Escritura introducidos con una mención explícita como: “Para que se cumpliese lo dicho por el profeta...”

2.- Citas introducidas de manera vaga. “Sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura...” Jn. 2, 17.

3.- Citas no introducidas. Agrupa diverso textos junto a frases que se refieren a ningún texto concreto.

4.- En toda a la Escritura, incluso cuando no es citada, constituye una especie de relación entre un sub-texto –las escrituras- y un nuevo texto, los evangelios, por ejemplo: Lc. 7, 15 = 1 Re. 17, 23.

                La tradición del Señor se organiza a raíz de sus dichos, acciones, su pasión, muerte y resurrección lo que garantiza así, una presencia viva de la figura de Cristo salvador. De tal manera que los evangelios conceden un puesto muy importante a la pasión y muerte de Salvador.

                Los evangelistas, cuando reflexionan en el misterio de la muerte del Mesías, viven en comunidades de fieles que celebran al Señor resucitado, viven de su presencia en medio de ellos. Hablan de la vida y muerte de una que está vivo, en el momento en que escriben, por lo que cada evangelista encuentra la forma de expresar que este Jesús, es el Señor.

El Evangelio de Marcos

Marcos organiza su evangelio siguiendo un esquema geográfico muy sencillo y que tiene una dimensión religiosa: Comienza con el bautismo en el Jordán, predica en Galilea (región pagana), sube a Jerusalén (ciudad cerrada y hostil), ahí predica, actúa y muere.

En el primer versículo de su relato, Marcos dice todo a su lector: Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, pero necesitará 16 capítulos para decirlo, desarrollando una estrategia narrativa llamada del “secreto mesiánico”. Es decir: quien sepa que Jesús es el Mesías que se callen(1, 34; 8, 29), para que quienes no lo saben aprendan a hablar.

Si Marcos experimenta la necesidad de traducir ciertas palabras arameas (7,27), o de explicar las costumbres judías (7, 3-4), es porque se dirige a paganos. Se admite generalmente que Marcos siguió a Pedro a Roma y que allí redactó su evangelio, poco antes del 70, basándose en las enseñanzas del Apóstol. En el sentido que le da Papías de “interprete”. A Marcos se le identifica con Juan Marcos, originario de Jerusalén (Hch. 12,12) y habría sido compañero de Pablo (Hch. 12,25) y luego de Pedro (1 Pe. 5,13) en Roma.

El Evangelio de Mateo

Mateo comienza su relato con un evangelio de la infancia, centrando este momento en José. Así Mateo hace progresar su relato hacia la idea de que Jesús es el verdadero Mesías de los judíos, rechazado por algunos de ellos. Para Mateo, Jesús es el Maestro y Señor por excelencia, por tal motivo lo encontraremos enseñando en la montaña (Cap. 5).

Mateo se dirige a una comunidad de judeo-cristianos que se ha distanciado del ambiente judío. Lo vemos claro en el cap. 23 y nos da entender que es un momento fuerte de separación entre los judíos fieles de las sinagogas y los judíos convertidos a Jesús. Los años 85-90 corresponden bastante bien a este estado de cosas. Esta comunidad a la que se dirige Mateo podríamos situarla en una región como Siria, quizá en Antioquía.

La tradición identificó al autor con el apóstol Mateo-Leví, el publicano recaudador de impuestos (Mt. 9,9). Papías declara sobre él: “Mateo ordenó la sentencia (del Señor) en lengua hebrea; pero cada uno las traducía como mejor podía” (Eusebio, Historia Eclesiástica III. 39, 16). Ya que el evangelio de Mateo nos ha llegado en griego podríamos decir que ese documento del que nos habla Papías fue traducido y reelaborado por autores desconocidos, con destino a cristianos de lengua griega. Y de ello de habla de la “Escuela de Mateo”.

Lucas escribió una obra en dos volúmenes: el evangelio (centrado en Jesús) y los Hechos de los Apóstoles (comienzos de la Iglesia). Lucas escribe como un historiador creyente. Lucas como Mateo, tiene un relato de la infancia, centrando el papel de María, la madre de Jesús.

La organización del tiempo y de los lugares juega un papel importante. El tiempo se distribuye en tres períodos: tiempo de la promesa, de Jesús y de la Iglesia. La geografía tiene un peso teológico. El evangelio comienza y termina en Jerusalén; y los Hechos comienzan en Jerusalén y termina en Roma. Para Lucas, Jerusalén ya no es el centro religioso de los que creen en Cristo. Por eso, la salvación se dirige a los paganos, cuyo símbolo es Roma (Hch. 28,28).

Las tres secciones del evangelio son:

1.- El ministerio en Galilea( 4,14-9, 50). Jesús enseña con autoridad.

2.- De Galilea a Jerusalén (9,51-19,28). Deja descubrir lo que es ser discípulo y sigue el camino de los profetas que lo precedieron, que lleva a morir en Jerusalén.

3.- En Jerusalén(19,29-24,53) La parte final cuenta la muerte y la resurrección de Jesús.

Los destinatarios de Lucas son paganos de cultura griega a los que va familiarizando con la cultura judía. Lucas es un creyente venido del paganismo, posiblemente de Siria o de Filipos. La tradición antigua lo señala como compañero de Pablo.

El Evangelio de Juan

Juan tiende a limitarse a un pequeño número de acontecimientos y a subrayar su significado con ayuda de discursos y debates. Divide su evangelio en dos partes: la primera habla de una Palabra preexistente, que es luz y vida, que se hace carne. Las palabras clave de este prólogo son: vida, luz, gloria, Hijo y Revelación. La segunda parte está ocupada por la gran obra de Jesús, su muerte gloriosa en la cruz.

A pesar de algunas dudas, se puede decir que Juan, uno de los doce apóstoles de Jesús está a la base oral y escrita que produjo el cuarto Evangelio. Los destinatarios son fácilmente identificados por sus centros de interés. Este evangelio fue dirigido a las personas, en quienes Juan se interesa más que los otros evangelistas. Dirigido a creyentes que han fusionado la Tradición de Pedro y la del discípulo amado. La forma actual oscila entre los años 90 y 95.

VALOR DE LA PALABRA DE DIOS EN LA COMUNIDAD

Autor: Benedicto XVI | Fuente: Catholic.

Cuál es el valor de la palabra de Dios en la comunidad eclesial, cómo promover el conocimiento de la Biblia para que la Palabra forme a la comunidad también para un camino ecuménico.

                Sin duda alguna, la Biblia, en su integridad, es algo grandioso y que hay que descubrir poco a poco. Porque si la consideramos sólo parcialmente, a menudo puede resultar difícil comprender que se trata de la palabra de Dios: por ejemplo, en ciertas partes de los libros de los Reyes, con las crónicas, con el exterminio de los pueblos existentes en Tierra Santa. Muchas otras cosas son difíciles. Precisamente también el Qohélet puede ser aislado y puede resultar muy difícil: justamente parece teorizar la desesperación, porque nada permanece y porque también el sabio al final muere junto con los necios. Acabamos de leerlo ahora en el Breviario.

                Un primer punto me parece precisamente leer la Sagrada Escritura en su unidad e integridad. Cada parte forma parte de un camino, y sólo viéndolas en su integridad, como un camino único, donde una parte explica la otra, podemos comprender esto. Detengámonos, por ejemplo, con el Qohélet. En otro tiempo estaba la palabra de la sabiduría, según la cual quien es bueno vive también bien, es decir, Dios premia a quien es bueno. Y después viene Job y se ve que no es así, y precisamente quien vive bien sufre más. Parece verdaderamente olvidado por Dios. Siguen los Salmos de aquel período, donde se dice: ¿qué hace Dios? Los ateos, los soberbios viven bien, están gordos, se alimentan bien, se ríen de nosotros y dicen: ¿dónde está Dios? No se interesa por nosotros, y nosotros hemos sido vendidos como ovejas de matadero ¿Qué haces con nosotros? ¿Por qué es así? Llega el momento en que el Qohélet dice: pero toda esta sabiduría, al final, ¿dónde permanece? Es un libro casi existencialista, en el que se afirma: todo es vano. Este primer camino no pierde su valor, sino que se abre a la nueva perspectiva que, al final, conduce hacia la cruz de Cristo, “el Santo de Dios”, como dice san Pedro en el capítulo sexto del evangelio de san Juan. Termina con la cruz. Y precisamente así se demuestra la sabiduría de Dios, que luego nos describirá san Pablo.

                Y, por tanto, sólo si consideramos todo como un único camino, paso a paso, y aprendemos a leer la Escritura en su unidad, podemos también realmente acceder a la belleza y a la riqueza de la Sagrada Escritura. Por consiguiente, leer todo, pero siempre teniendo presente la totalidad de la Sagrada Escritura, donde una parte explica la otra, un paso del camino explica el otro. La exégesis moderna puede ser de gran ayuda en lo que respecta a este punto. Consideremos, por ejemplo, el libro de Isaías, cuando los exegetas descubrieron que a partir del capítulo 40 el autor es otro, el Deutero-Isaías, como se dijo en aquel tiempo. Para la teología católica fue un momento de gran terror.

                Alguno pensó que así se destruía Isaías y, al final, en el capítulo 53, la visión del Siervo de Dios ya no era del Isaías que había vivido casi 800 años antes de Cristo. ¿Qué hacemos?, se preguntaron. Ahora hemos comprendido que todo el libro es un camino de relecturas siempre nuevas, donde se entra cada vez con más profundidad en el misterio propuesto al inicio y se abre cada vez más plenamente cuanto estaba inicialmente presente, pero aún cerrado.

                En un libro podemos comprender precisamente todo el camino de la Sagrada Escritura: se trata de una relectura permanente, un volver a comprender cuanto se ha dicho antes. La luz se va encendiendo lentamente y el cristiano puede comprender cuanto el Señor ha dicho a los discípulos de Emaús, explicándoles que todos los profetas habían hablado de él. El Señor nos abre la última relectura: Cristo es la clave de todo, y sólo uniéndose en el camino a los discípulos de Emaús, sólo caminando con Cristo, releyendo todo en su luz, con él crucificado y resucitado, entramos en la riqueza y en la belleza de la Sagrada Escritura.

                Por esta razón, diría que el punto importante es no fragmentar la Sagrada Escritura. Precisamente la crítica moderna, como vemos ahora, nos ha hecho comprender que es un camino permanente. Y también podemos ver que es un camino que tiene una dirección y que Cristo es el punto de llegada. Comenzando desde Cristo podemos reanudar el camino y entrar en la profundidad de la Palabra.