17 October 2018
 

C) La Palabra de Dios me habla a mí, individuo concreto, con nombre e historia propias, con mis situaciones personales, con mis diferentes capacidades. Esta Palabra viva me confronta en mi situación concreta. Me permite ver mi situación actual a la luz de Dios. Los sentimientos que brotan muchas veces es la de no estar a la altura de lo que Dios me está pidiendo (perdonar, amar, ayudar, socorrer …), o bien será de consuelo saber que en mi situación Dios se hace presente para transformarla; a veces será de acusación: No me he comportado según lo que Dios quiere de mí, no he seguido su Palabra sino mis caprichos e intereses; o tal vez de esperanza, alegría, solicitud, etc. Es realmente cuando experimentamos que la Palabra de Dios es de Dios y es viva.

Sugerencias

A) De por sí, si se ha efectuado una buena lectura, la meditación brota espontánea y natural sin forzaduras de hacer decir al texto lo que el texto no dice. Sin embargo, muchas veces se corre el riego de caer en esta tentación. O una tentación mayor es la de querer repartir a los demás: "El texto nos dice", o frecuentes son las frases "El señor nos pide", "tenemos que", "deberíamos de" pero no se trata de lo que NOS dice, sino de lo que me dice A Mí (perdón por la insistencia), sin repartir a los demás.

B) Para no tergiversar el sentido del texto y de creer lo que el texto no dice, hay que recurrir frecuentemente a lo que ya dijimos por lo que se refiere a la Lectura: ¿Qué sentido quiso expresar el autor inspirado a sus destinatarios inmediatos? El contacto frecuente con el sentido originario, el que quiso trasmitir a sus directos receptores, nos dará el criterio de que estamos percibiendo también el sentido para nosotros, confrontándolo con nuestra vida.

ORATIO

                Es la respuesta a la Palabra de Dios que me ha hablado y también brota espontánea desde el fondo de nuestro corazón: Dios me habla, yo respondo. Responde a la pregunta ¿qué me hace decir el texto? Es la respuesta que yo doy a las provocaciones que ha causado en mí la Lectura orante de la Palabra. Sin duda la Lectura y la Meditación, han hecho surgir en mí muchos sentimientos. Muchas cuerdas de mi corazón han sido tensadas y tocadas. Es el momento de darle rienda suelta en la oración. A veces será de agradecimiento a Dios que nos ha revelado el sentido de una palabra o una perícopa que hasta entonces no habíamos comprendido, de su voluntad, de la iluminación de nuestra vida; otras, será una petición de ayuda por no estar a la altura de esa Palabra, de no corresponder siempre como debería. La oración, como se puede notar, es variable, viva y personal.

Sugerencias:

Puesto que se está efectuando una lectura dinámica y puesto que la Palabra de Dios es actual, también la oración es actual y viva. No puede ser repetición de oraciones aprendidas y recitadas quien sabe cuantas veces. Tiene que ser viva, como viva la Palabra que me habla, aquí y ahora. Aquí y ahora, yo respondo, y es muy distinto de ayer o anteayer que leí el mismo texto.

CONTEMPLATIO

                La Contemplación es el último escalón de la Lectura creyente. Es el momento culminante y cualificativo de la lectura. Es realmente cuando me percibo que en verdad Dios me ha hablado. Es el momento de la adoración silenciosa, de la alabanza y del silencio delante de Dios que está comunicándose conmigo. San Jerónimo decía que habría que llegar a tocar el mismo rostro de Cristo en cada página de la Escritura. Es el momento del encuentro vivo con Jesucristo vivo. Los Padres de la Iglesia comparaban la Lectio al hecho de alimentarse: Lectura: preparar bien la comida, con todos y cada uno de los ingredientes; Meditación: masticar y rumiar el alimento exquisitamente preparado; Oración: ingerir el alimento y nutrirse de él; Contemplación: sentir la satisfacción de la plenitud que viene después de haber gustado un delicioso manjar que invita al descanso y al sosiego. También la asemejaban con el texto de Ap. 3,20: “Mira que estoy a la puerta y toco” Lectura (primer escalón): esfuerzo personal para comprender que es Cristo quien está llamando a nuestra puerta, identificar su voz y su toquido. “Si alguien escucha mi voz y me abre”. Meditación (segundo escalón): entrar en diálogo con él, dejar que nos hable, “Entraremos donde él”. Oración (tercer escalón): momento del diálogo y de la comunicación plena y personal, “Y cenaremos con él”. Contemplación (cuarto escalón): momento de máxima intimidad y convivencia. Todo esto da la idea de que la contemplación es un momento silencioso de satisfacción, de gusto, de gozo. La verdadera Contemplación será ese gozo indecible, difícil de comunicar lo que se siente, que me mostrará de un solo golpe quien soy yo y a lo que estoy llamado a ser según Dios.

Sugerencias

Para quien no está acostumbrado, la Contemplación será algo difícil al comienzo, y sólo con la práctica persistente logrará ver los frutos de la lectura atenta, meditada y orada de la Palabra. Cabe decir, sin embargo que si se han seguido bien los escalones, también la contemplación brotará espontánea.

CONCLUSIÓN

                La Lectura orante de la Palabra de Dios no concluye ahí. La misma Palabra de Dios lleva una fuerza interna que culminará en la acción. No una acción cualquiera, sino aquella que brota de la Palabra de Dios. Al hacer la Lectio no buscamos conocimiento o temas de predicación, algo para repartir a los demás, ni para hacer lo que a mí me parece, sino que ahora actuaré según lo que la palabra de Dios me ha iluminado. Desde este momento nuestras decisiones y acciones serán verdaderamente evangélicas.

Fuente:  Pbro. Martín Nava Bello, IAFOBI, Arquidiócesis de México

EL PROFETISMO EN ISRAEL

Fuente:  Padre William Arias, hermano de Emaús

                La mayor parte de las religiones han conocido el fenómeno profético. Por profecía no entendemos la predicción del futuro, sino la mediación e interpretación de la mente y voluntad de Dios, como lo resalta el término en griego: Profetes, que significa el que habla en lugar de otro o interprete; en hebreo el nombre dado al profeta es: Nabi. Para comunicar los designios divinos el Profeta se vale de varios medios como son: los sueños, visiones, experiencias estáticas o místicas, etc. La profecía es un carisma..

En el medio oriente antiguo existían los videntes y adivinos, la religión israelita tendía a considerar la adivinación como superstición; sociedades como la Fenicia, la Babilónica que con diversos nombres llamaba a este tipo de persona, que usualmente usaba estilos estáticos (parecido a la famosa montadera entre nosotros) y medios  tales como higados y huesos para sus artes adivinatotias con carácter mágico, eran clientelistas. Pero donde apareció el profetismo, y se dio parecido al de Israel, fue en la desaparecida región de Mari, textos encontrados recientemente aseguran un gran parecido con la profecía de Israel..

Pero aunque se den parecidos entre el fenómeno profético israelí y otras culturas o religiones, este tiene unos rasgos que le son muy propios y únicos. La tradición bíblica sitúa el comienzo de la profecía en Moisés, es decir, la profecía comienza con la misma existencia de Israel. Moisés y Aarón son llamados profetas (Ex 7,1; Num 12,2.8); luego aparece dandóle este nombre, pero  como profetisa a una mujer: Débora (Jue 4,4), y más tarde a Samuel (1Sam 19,20). Un rasgo que hay que tener en cuenta es el hecho del extatimos por el cual el profeta se convierte como en otro hombre, muy diferente al adivino o vidente, pues mediante esta situación, lo que se quiere hacer ver era que el profeta estaba ante una genuina experiencia religiosa, es decir, ante un contacto verdadero con Dios..

La época clásica y grande de la profecía israelí se da a partir de la aparición de la monarquía, es en esta época cuando aparecen los grandes profetas bíblicos, de los cuales el Antiguo Testamento ha conservado sus enseñanzas y en algunos casos sus nombres encabezan algunos libros. Vale aclarar la alusión que la misma Biblia hace a los llamados Falsos profetas, que eran en sí profetas, pero que se habían dejado engañar en sus juicios, confundiendo sus propios deseos y esperanza con la palabra auténtica de Yahvé (Is 28,7; Jer 23,5ss), eran profetas de la corte y les interesaba decir al rey y a sus ministros los que ellos querían oír, sacando beneficios monetarios de sus profecías..

El profetismo clásico se caracterizará por la revelación intrépida de la voluntad moral de Yahvé, el Dios de la alianza israelita; comenzó a manifestarse a partir de las denuncias de Elías (1Re 21,17.24) y Eliseo (2Re 5,26); vale señalar un ejercicio profético previo  través de los profetas Natán, Ajías de Silo y Miqueas ben Yimia. Los profetas clásicos más conocidos, son los aparecidos en los siglos VIII, VII y VI a.c. El siglo VIII es conocido como la época de oro del profetismo en Israel. El orden cronológico sería el siguiente: Amos, Oseas, Isaías, Miqueas, Nahum, Sofonías, Habacuc, Jeremías y Ezequiel, ahora bien, el profetismo clásico no se reduce a estos nombres hay otros profetas que también escribieron o sobre ellos se escribió e incluso cuyas palabras se han perdido y sus nombres no conocemos. Lo que mueve a estos profetas clásicos a su ejercicio profético no es otra cosa que su vocación especial de Yahvé, de la cual proviene también su autoridad en medio del pueblo de Israel..