21 November 2017
 

Catequistas dialogantes

La multiculturalidad  se manifiesta como verdadero emergente de un mundo globalizado y en permanente cambio y sincronía. La poderosa mediación de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación “disuelve” las fronteras y provoca la convivencia de diversas culturas. Esta diversidad cultural va de la mano de una profunda diversidad religiosa. Las culturas coexistentes en un mismo espacio pueden hallarse en tres situaciones posibles: en conflicto, en diálogo o en situación de indiferencia.  Esto conlleva tres interpretaciones posibles de la multiculturalidad.

La interpretación etnocentrista considera que una de las culturas es la hegemónica y las demás deben subordinarse. Existe la multiculturalidad, pero puede observarse una cultura dominante que quiere reprimir a las otras. Podemos hablar, entonces, de una intención monocultural. Esta interpretación responde al pensamiento único o a la llamada homogeneización de las culturas.

La posición liberal, en cambio, afirma  y permite la existencia de la diversidad. Pregona que todos sean como quieren ser, pero no plantea los últimos condicionamientos de las diferencias. Por eso, es tolerada la pobreza, como parte de la diferencia, afirmando que siempre hubo y habrá ricos y pobres. Favorece el relativismo, admitiendo la existencia de muchas verdades.

Finalmente, la interpretación intercultural pone el acento en la vinculación de las culturas diferentes, sin pretender que una se asimile a la otra. Favorece el diálogo en la diferencia conscientemente asumida. Se excluye la violencia y se busca pacientemente la justicia a través del diálogo.

La diversidad como una de las expresiones más reiteradas de la multiculturalidad es, ciertamente, uno de los desafíos más repetidos hoy a nuestro ministerio catequístico. Desafío que se presenta como realidad cultural a los distintos ámbitos de la vida social: la educación, la política, la economía, la evangelización. Se convierte, en no pocas ocasiones, en reclamo a la equidad y nos demanda respuestas justas y creativas. Este desafío asume distintas perspectivas. La diversidad es amplia y variada en sí misma.

En otros tiempos, en los cuales la socialización religiosa y la cultural se identificaban, las personas llegaban a los procesos catequísticos en situaciones de fe más similares. Hoy, cuando la religiosidad de los padres y maestros ya no constituye el modelo único a transmitir, los interlocutores llegan a la catequesis desde caminos diversos y nos reclaman, explícita o calladamente, itinerarios diversos.

A veces creemos que la tolerancia es respuesta suficiente ante la diversidad. Si asumimos esta postura, estamos realizando una interpretación liberal donde todo vale en un aparente pacifismo sin compromiso y sin diálogo con aquél que piensa o cree de modo diferente.  A veces centrados en cuestiones que tienen que ver con la organización o con la cantidad de los que vienen o no vienen, ¿advertimos que la diversidad nos desafía hoy a ser diversos? ¿O seguimos uniformando y cerrando nuestra propuesta con rígidos monólogos, sin permitirnos la justicia y la creatividad de la escucha y del diálogo?

Los buenos encuentros de catequesis propician el diálogo. Los interlocutores le responden libremente a Dios desde la hondura de su interior. En otras ocasiones, no dejamos espacio a este diálogo. Preocupados por lo que “tenemos” que decir o por lo que los catequizandos “tienen” que saber, convertimos el encuentro en discursos magistrales. La clave consiste en escuchar y dialogar, para pasar, de este modo, del sentido literal al sentido simbólico, de la opacidad a la iluminación y del texto al sentido.

Empecemos a construir redes

Los catequistas tenemos vocación para el diálogo y para la diversidad. A veces, no nos sale del todo bien, pero nos basta volver la mirada y el corazón hacia Jesús catequista. Él advierte la diversidad, la considera y la incluye en su propuesta. Llama la atención y conmueve la originalidad de cada diálogo. Nicodemo, la samaritana, el recaudador de impuestos, los niños, los enfermos, los pecadores, el joven rico… A todos los incluye. Nadie queda afuera del anuncio. Con todos ellos entabla un diálogo único y personal.

Jesús animaba a los apóstoles a echar las redes mar adentro. Resulta sencillo imaginarlo junto al mar de Tiberíades remedando nudos y asegurando la fortaleza de la red. Que alcance para todos, que todos se beneficien con la pesca compartida. La escena nos inspira también a nosotros, catequistas. Podemos empezar a construir una red.

“Son necesarios los tejedores de redes, es decir, gente que dedique tiempo y esfuerzos a abrir espacios comunes de colaboración con otros individuos y entidades… Ser tejedor de redes requiere tesón y esperanza, pues todo diálogo y toda colaboración suponen una dedicación añadida al trajín de cada día; suponen apertura al otro valorando su identidad y estilo, requieren creatividad y tiempo para poner en marcha formas nuevas de trabajo común.” 7

Los catequistas somos hombres y mujeres con fuerte sentido de pertenencia. Amamos la comunidad porque en ella encontramos al mismo Jesús vivo y presente entre todos. Al mismo tiempo, sabemos que una comunidad nunca ha de estar encerrada entre las cuatro paredes de un templo. La comunión que intentamos vivir en cada comunidad cristiana es para la misión. “La comunión es misionera y la misión es para la comunión”. 8 Porque el amor se entrega, se abre, se multiplica, se expresa, crece y se hace fecundo. El amor verdadero, el que viene de Dios que es amor, nunca permanece encerrado en las paredes de la comunidad. El amor verdadero no puede quedarse quieto y se hace misión… No le alcanza la quietud de los que se aman. Se pone en camino, sale a la búsqueda, acompaña, recibe y envía.

Las nuevas tecnologías vienen en nuestra ayuda para hacernos catequistas tejedores de redes, que no piensan sólo en su comunidad, sino que conciben a sus comunidades como nodos de una gran red, donde circulan los saberes, las intuiciones, los interrogantes y las reflexiones catequéticas de todos los que nos hemos propuesto “pensar la catequesis”. La propuesta es simple. Hoy hay innumerables comunidades de catequistas que tienen algún espacio virtual: redes sociales, blogs, sitios, … Todos ellos son “portales de verdad y de fe; nuevos espacios para la evangelización.” 9 Se trata sencillamente de entretejer esos espacios en una red virtual que nos haga salir de nuestras comunidades y, al mismo tiempo, nos mantenga unidos a muchos otros hermanos catequistas de otras comunidades

Habitar el espacio virtual, manteniéndonos abiertos a la riqueza de los otros para poder recibir de ellos y, al mismo tiempo, disponibles a sus necesidades para brindarles lo que cada uno tiene. Los detalles y las precisiones ya los iremos pensando juntos. Ahora se trata, simplemente, de decir un “sí” generoso para saber dar y un “sí” humilde para saber recibir.

Pbro. José Luis Quijano

Rector del ISCA.  21 de agosto día de los Catequistas

Fiesta de San Pío X, santo patrono