24 November 2017
 

                Educar, del verbo latino educere (sacar, desarrollar), es poner todo el sistema educativo al servicio del desarrollo de todas las potencialidades del educando para formarlo hombre íntegro, ciudadano ejemplar.

                Lo cual no debe ser opcional, sino imperativo, de acuerdo con el modelo de hombre que necesite la sociedad. Si la institución educativa desea formar ciudadanos íntegros y honestos, científicamente competentes, escoja un sistema educativo y un programa equilibrado que dé por resultado profesionales eficientes, ciudadanos completos y bien educados.

                Si la institución opta por "formar bárbaros, científicamente competentes, que es el tipo de seres humanos más peligroso que hoy existen en la sociedad", entonces que elimine la ética y las materias humanísticas de sus programas y se limite a darles ciencias y tecnologías.

                La educación trabaja con una filosofía y un concepto del hombre, explícitos o implícitos en la mente de los educadores, que les sirve de modelo al cual deben configurar al educando. Las características principales del hombre actual, según el sociólogo francés Gilles Lipovetski, son: "Libre despliegue de la personalidad, legalización del placer, reconocimiento de las exigencias personales, modelación de las instituciones con base en las aspiraciones de los individuos, con un mínimo de coacciones y un máximo de elecciones privadas posible; con un mínimo de austeridad y un máximo de deseo; con la menor represión y la mayor comprensión posible". Y se podría completar diciendo que la educación actual tiende a ser individualista, egoísta, orientada al lucro, al consumo y a la indiferencia frente a los pobres y marginados. Consecuencia de haber sacado de los programas a la ética, los valores y las materias humanísticas.

                A juzgar por los resultados, la sociedad actual ya resolvió el dilema y eligió este concepto individualista de hombre, y t rata de ajustar a los educandos a este modelo. Las consecuencias no se han hecho esperar. Fuera de un reducido número de profesionales honestos que buscan servir a la sociedad, abundan los políticos corruptos, los ladrones de cuello blanco y corbata, los jóvenes drogadictos, los adolescentes parranderos, obsesionados por la droga, la música ruidosa y el sexo fácil (light), la risa estridente y chabacana, los juegos bruscos y las peleas con sangre; o bien, las situaciones depresivas, fruto de la soledad, la ausencia de Dios, el vacío, la falta de sentido, que desembocan en los dolorosos intentos de suicidio. A nivel internacional, tenemos las masacres causadas por muchachos inestables y perturbados psicológicamente.

                Los padres de familia no deben continuar indiferentes ante estos hechos, funestos y frecuentes. Se trata nada menos que de sus hijos e hijas. Tienen que reaccionar, ojalá de forma masiva y organizada, con manifestaciones públicas y peticiones concretas, con el eslogan de 'queremos educación, no solo instrucción para nuestros hijos'.

                Háganlo por ustedes, por ellos, por la sociedad. Necesitamos que el hombre futuro no sea un robot, con un celular en una mano y un Black-Berry en la otra, montado en un automóvil último modelo, con apartamento en Miami o Cartagena.

                No. Ustedes, padres de familia, deben aspirar al ciudadano ideal, el hijo fiel que mire por ustedes, respetuoso del celador y del anciano, que sonría, que tenga buenas amistades, que sea honesto, buen padre, buen hijo, buen ciudadano.  Alfonso Llano Escobar, S. J.  Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla.