19 August 2018
 

4. «El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 2). Por lo tanto, la humanidad tiene una gran necesidad de aprovechar la salvación que nos ha traído Cristo. Los discípulos son los que se dejan aferrar cada vez más por el amor de Jesús y marcar por el fuego de la pasión por el Reino de Dios, para ser portadores de la alegría del Evangelio. Todos los discípulos del Señor están llamados a cultivar la alegría de la evangelización. Los obispos, como principales responsables del anuncio, tienen la tarea de promover la unidad de la Iglesia local en el compromiso misionero, teniendo en cuenta que la alegría de comunicar a Jesucristo se expresa tanto en la preocupación de anunciarlo en los lugares más distantes, como en una salida constante hacia las periferias del propio territorio, donde hay más personas pobres que esperan.

En muchas regiones escasean las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. A menudo esto se debe a que en las comunidades no hay un fervor apostólico contagioso, por lo que les falta entusiasmo y no despiertan ningún atractivo. La alegría del Evangelio nace del encuentro con Cristo y del compartir con los pobres. Por tanto, animo a las comunidades parroquiales, asociaciones y grupos a vivir una vida fraterna intensa, basada en el amor a Jesús y atenta a las necesidades de los más desfavorecidos. Donde hay alegría, fervor, deseo de llevar a Cristo a los demás, surgen las verdaderas vocaciones. Entre éstas no deben olvidarse las vocaciones laicales a la misión. Hace tiempo que se ha tomado conciencia de la identidad y de la misión de los fieles laicos en la Iglesia, así como del papel cada vez más importante que ellos están llamados a desempeñar en la difusión del Evangelio. Por esta razón, es importante proporcionarles la formación adecuada, con vistas a una acción apostólica eficaz.

5. «Dios ama al que da con alegría» (2 Co 9,7). La Jornada Mundial de las Misiones es también un momento para reavivar el deseo y el deber moral de la participación gozosa en la misión ad gentes. La contribución económica personal es el signo de una oblación de sí mismos, en primer lugar al Señor y luego a los hermanos, porque la propia ofrenda material se convierte en un instrumento de evangelización de la humanidad que se construye sobre el amor.

Queridos hermanos y hermanas, en esta Jornada Mundial de las Misiones mi pensamiento se dirige a todas las Iglesias locales. ¡No dejemos que nos roben la alegría de la evangelización! Os invito a sumergiros en la alegría del Evangelio y a nutrir un amor que ilumine vuestra vocación y misión. Os exhorto a recordar, como en una peregrinación interior, el “primer amor” con el que el Señor Jesucristo ha encendido los corazones de cada uno, no por un sentimiento de nostalgia, sino para perseverar en la alegría. El discípulo del Señor persevera con alegría cuando está con Él, cuando hace su voluntad, cuando comparte la fe, la esperanza y la caridad evangélica.

Dirigimos nuestra oración a María, modelo de evangelización humilde y alegre, para que la Iglesia sea el hogar de muchos, una madre para todos los pueblos y haga posible el nacimiento de un nuevo mundo.  

TENTACIONES DEL DISCÍPULO MISIONERO

El Obispo de Ciudad Rodrigo, (Salamanca), monseñor Raúl Berzosa ha viajado hasta Rímini para compartir y vivir el encuentro de la Renovación Carismática en Italia que celebra su XXXVIII congreso nacional de animadores y responsables del 1 de octubre al 4 de noviembre.  Fuente:  Zenit.

El obispo ha hablado tentaciones que vive el discípulo-misionero, ya que es necesario entender las estrategias que utiliza el espíritu de mal. En primer lugar la ideologización del mensaje del evangelio entre las que están: el reduccionismo social, la ideologización psicológica, la propuesta gnóstica que se da mayormente en grupos de élite donde se tiende a verse como 'católicos iluminados' y la propuesta pelagiana, que busca una solución únicamente disciplinal. Una segunda tentación sobre la que ha advertido el prelado español es el funcionalismo. Su acción en la Iglesia es paralizante, esta concepción no tolera el misterio porque va a la eficacia. Y la tercera tentación que ha explicado es el clericalismo, que según ha indicado monseñor Berzosa, en la mayoría de los casos, se trata de una complicidad pecadora: el párroco clericaliza y el laico que piede por favor que lo clericalice, porque en el fondo le resulta más cómodo.

El prelado español lo ha señalado durante su charla sobre "La misión, programa y paradigma de la Iglesia"  reflexionando sobre el mandato de Jesús "Id y haced discípulos míos".

Ha recordado también que  "no hay Iglesia sin misión" y que el "centro de la Iglesia es la periferia". Asimismo ha señalado que no podemos olvidar que la fuerza de la evangelización viene de Dios. Frente a la tentación de cerrarse, debemos abrirnos a la misión para el crecimiento de la comunidad cristiana, ha indicado. También ha recordado que la evangelización es una labor que debemos asumir, incluso para llegar a los más alejados, se podría hablar de una misión Ad Gentes en Europa, "una misión continental como está Latinoamerica".

Del mismo modo, ha reforzado en varias ocasiones la importancia de que la comunión y la evangelización deben ir unidas. Porque el discípulo no está aislado, vive una misión continental. Así ha invitado a realizar una conversión pastoral, en la que la brújula sea la identidad católica que nos lleve a la evangelización.

Para finalizar ha dado algunos "criterios eclesiales" para la misión. A la luz del Espíritu, comprender el camino que Dios quiere para este nuestro hoy. Dios es real y se manifiesta en el hoy. El hoy es lo más similar a la eternidad y en el hoy se juega la vida eterna.

En un segundo aspecto ha recordado que el discipulado misionero es vocación: llamada e invitación. Es tensión y no estático, el discípulo misionero vive en las periferias, no en el centro. El que está en el centro es Jesús que convoca y envía, ha subrayado monseñor Berzosa.

El tercer criterio a tener en cuenta es el hecho de que si la Iglesia se pone al centro se hace autorreferencial, Cristo quiere una Iglesia esposa, madre, cuerpo de Cristo Sierva, maestra de la fe y no 'controladora de la fe'. Como cuarto ha señalado dos 'categorías personales' que surgen de la originalidad del Evangelio. Dos 'criterios' para valorar el mundo en el que vivimos el discipulado misionero: la cercanía y el encuentro, el modo en el que Dios se ha mostrado al mundo, la Iglesia no es nuestra es de Cristo. En el último criterio ha reflexionado sobre el hecho de que todos somos evangelizadores, y es necesario estar cerca de la gente y los hermanos, con gran mansedumbre, paciencia y  misericordia.  Monseñor Berzosa ha subrayado que el motor de la Evangelización es el Espíritu Santo y de su acción surgen nuevas energías y un nuevo modo de hacerlo.

Mensaje del Santo Padre, Francisco. Con motivo de la 87 Jornada mundial misionera a celebrarse el 20 de Octubre de 2013. “Todo bautizado tiene el deber de anunciar a Cristo, pero con la Iglesia.

 

"Queridos hermanos y hermanas:

Este año celebramos la Jornada Mundial de las Misiones mientras se clausura el Año de la fe, ocasión importante para fortalecer nuestra amistad con el Señor y nuestro camino como Iglesia que anuncia el Evangelio con valentía. En esta prospectiva, quisiera proponer algunas reflexiones.

1. La fe es un don precioso de Dios, que abre nuestra mente para que lo podamos conocer y amar, Él quiere relacionarse con nosotros para hacernos partícipes de su misma vida y hacer que la nuestra esté más llena de significado, que sea más buena, más bella. Dios nos ama. Pero la fe necesita ser acogida, es decir, necesita nuestra respuesta personal, el coraje de poner nuestra confianza en Dios, de vivir su amor, agradecidos por su infinita misericordia.

Es un don que no se reserva sólo a unos pocos, sino que se ofrece a todos generosamente. Todo el mundo debería poder experimentar la alegría de ser amados por Dios, el gozo de la salvación. Y es un don que no se puede conservar para uno mismo, sino que debe ser compartido. Si queremos guardarlo sólo para nosotros mismos, nos convertiremos en cristianos aislados, estériles y enfermos.

El anuncio del Evangelio es parte del ser discípulos de Cristo y es un compromiso constante que anima toda la vida de la Iglesia. «El impulso misionero es una señal clara de la madurez de una comunidad eclesial» (Benedicto XVI, Exhort. ap. Verbum Domini, 95). Toda comunidad es "adulta", cuando profesa la fe, la celebra con alegría en la liturgia, vive la caridad y proclama la Palabra de Dios sin descanso, saliendo del propio ambiente para llevarla también a las "periferia", especialmente a aquellas que aún no han tenido la oportunidad de conocer a Cristo.

fuerza de nuestra fe, a nivel personal y comunitario, también se mide por la capacidad de comunicarla a los demás, de difundirla, de vivirla en la caridad, de dar testimonio a las personas que encontramos y que comparten con nosotros el camino de la vida.

2. El Año de la fe, a cincuenta años de distancia del inicio del Concilio Vaticano II, es un estímulo para que toda la Iglesia reciba una conciencia renovada de su presencia en el mundo contemporáneo, de su misión entre los pueblos y las naciones. La misionariedad no es sólo una cuestión de territorios geográficos, sino de pueblos, de culturas e individuos independientes, precisamente porque los "confines" de la fe no sólo atraviesan lugares y tradiciones humanas, sino el corazón de cada hombre y cada mujer.

El Concilio Vaticano II destacó de manera especial cómo la tarea misionera, la tarea de ampliar los confines de la fe es un compromiso de todo bautizado y de todas las comunidades cristianas: «Viviendo el Pueblo de Dios en comunidades, sobre todo diocesanas y parroquiales, en las que de algún modo se hace visible, a ellas pertenece también dar testimonio de Cristo delante de las gentes» (Decr. Ad gentes, 37).