11 December 2018
 

                El afán de predicar a Cristo nos lleva a leer la historia para escudriñar los problemas, las aspiraciones y las esperanzas de la humanidad, que Cristo debe curar, purificar y llenar de su presencia. En efecto, su mensaje es siempre actual, se introduce en el corazón de la historia y es capaz de dar una respuesta a las inquietudes más profundas de cada ser humano. Por eso la Iglesia debe ser consciente, en todas sus partes, de que “el inmenso horizonte de la misión de la Iglesia, la complejidad de la situación actual, requieren hoy nuevas formas para poder comunicar eficazmente la Palabra de Dios” (Benedicto XVI, Exhort. apostólica postsinodal Verbum Domini, 97). Esto exige, ante todo, una renovada adhesión de fe personal y comunitaria en el Evangelio de Jesucristo, “en un momento de cambio profundo como el que la humanidad está viviendo” (Carta apostólica Porta fidei, 8).

                En efecto, uno de los obstáculos para el impulso de la evangelización es la crisis de fe, no sólo en el mundo occidental, sino en la mayoría de la humanidad que, no obstante, tiene hambre y sed de Dios y debe ser invitada y conducida al pan de vida y al agua viva, como la samaritana que llega al pozo de Jacob y conversa con Cristo. Como relata el evangelista Juan, la historia de esta mujer es particularmente significativa (cf. Jn 4,1-30): encuentra a Jesús que le pide de beber, luego le habla de una agua nueva, capaz de saciar la sed para siempre. La mujer al principio no entiende, se queda en el nivel material, pero el Señor la guía lentamente a emprender un camino de fe que la lleva a reconocerlo como el Mesías. A este respecto, dice san Agustín: “después de haber acogido en el corazón a Cristo Señor, ¿qué otra cosa hubiera podido hacer [esta mujer] si no dejar el cántaro y correr a anunciar la buena noticia?” (In Ioannis Ev., 15,30). El encuentro con Cristo como Persona viva, que colma la sed del corazón, no puede dejar de llevar al deseo de compartir con otros el gozo de esta presencia y de hacerla conocer, para que todos la puedan experimentar. Es necesario renovar el entusiasmo de comunicar la fe para promover una nueva evangelización de las comunidades y de los países de antigua tradición cristiana, que están perdiendo la referencia de Dios, de forma que se pueda redescubrir la alegría de creer. La preocupación de evangelizar nunca debe quedar al margen de la actividad eclesial y de la vida personal del cristiano, sino que ha de caracterizarla de manera destacada, consciente de ser destinatario y, al mismo tiempo, misionero del Evangelio. El punto central del anuncio sigue siendo el mismo: el Kerigma de Cristo muerto y resucitado para la salvación del mundo, el Kerigma del amor de Dios, absoluto y total para cada hombre y para cada mujer, que culmina en el envío del Hijo eterno y unigénito, el Señor Jesús, quien no rehusó compartir la pobreza de nuestra naturaleza humana, amándola y rescatándola del pecado y de la muerte mediante el ofrecimiento de sí mismo en la cruz.

En este designio de amor realizado en Cristo, la fe en Dios es ante todo un don y un misterio que hemos de acoger en el corazón y en la vida, y del cuál debemos estar siempre agradecidos al Señor. Pero la fe es un don que se nos dado para ser compartido; es un talento recibido para que dé fruto; es una luz que no debe quedar escondida, sino iluminar toda la casa. Es el don más importante que se nos ha dado en nuestra existencia y que no podemos guardarnos para nosotros mismos.

El anuncio se transforma en caridad

                ¡Ay de mí si no evangelizase!, dice el apóstol Pablo (1 Co 9,16). Estas palabras resuenan con fuerza para cada cristiano y para cada comunidad cristiana en todos los continentes. También en las Iglesias en los territorios de misión, iglesias en su mayoría jóvenes, frecuentemente de reciente creación, el carácter misionero se ha hecho una dimensión connatural, incluso cuando ellas mismas aún necesitan misioneros. Muchos sacerdotes, religiosos y religiosas de todas partes del mundo, numerosos laicos y hasta familias enteras dejan sus países, sus comunidades locales y se van a otras iglesias para testimoniar y anunciar el Nombre de Cristo, en el cual la humanidad encuentra la salvación. Se trata de una expresión de profunda comunión, de un compartir y de una caridad entre las Iglesias, para que cada hombre pueda escuchar o volver a escuchar el anuncio que cura y, así, acercarse a los Sacramentos, fuente de la verdadera vida.

Junto a este grande signo de fe que se transforma en caridad, recuerdo y agradezco a las Obras Misionales Pontificias, instrumento de cooperación en la misión universal de la Iglesia en el mundo. Por medio de sus actividades, el anuncio del Evangelio se convierte en una intervención de ayuda al prójimo, de justicia para los más pobres, de posibilidad de instrucción en los pueblos más recónditos, de asistencia médica en lugares remotos, de superación de la miseria, de rehabilitación de los marginados, de apoyo al desarrollo de los pueblos, de superación de las divisiones étnicas, de respeto por la vida en cada una de sus etapas.

                Queridos hermanos y hermanas, invoco la efusión del Espíritu Santo sobre la obra de la evangelización ad gentes, y en particular sobre quienes trabajan en ella, para que la gracia de Dios la haga caminar más decididamente en la historia del mundo. Con el Beato John Henry Newman, quisiera implorar: “Acompaña, oh Señor, a tus misioneros en las tierras por evangelizar; pon las palabras justas en sus labios, haz fructífero su trabajo”. Que la Virgen María, Madre de la Iglesia y Estrella de la Evangelización, acompañe a todos los misioneros del Evangelio.

                               Vaticano, 6 de enero de 2012, Solemnidad de la Epifanía del Señor

PONTIFICIUM OPUS A SANCTA INFANTIA LA PASTORAL MISIONERA

EN LA EVANGELIZACION

1. LA PASTORAL MISIONERA

        Cuál es nuestro puesto y cuál es nuestra misión en la Iglesia ?. Cómo podemos ayudar a que nuestros hermanos se conviertan en verdaderos misioneros ?.

         Esta reflexión nos ayudará a valorar nuestro servicio dentro de la pastoral misionera y a integrarlo en el corazón de la evangelización. Así podremos realizarnos mejor como animadores misioneros.

         Las fuentes que utilizamos son la Palabra de Dios, la Tradición y la vida de la Iglesia, las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia, especialmente, el concilio Vaticano II, la exhortación apostólica Evangelli Nuntiandi y la carta Redemptoris Missio. Además, la referencia a la realidad concreta de la evangelización actual. Escuchemos, pues, la enseñanza de Jesús, analicemos, después, la evangelización y profundicemos juntos sobre el puesto, importancia y tareas de la pastoral misionera en el centro de la evangelización.

          Es Jesús mismo quien nos llama "amigos" y nos ha enviado a evangelizar a todas las gentes (Mt 28,19). Es nuestra vocación: ser sus discípulos y a hacer discípulos para El. Discipulado y misión son interdependientes y complementarios : somos discípulos para la misión, realizamos la misión para ser fieles discípulos de Cristo. El Espíritu Santo es quien nos ilumina, fotalece y vivifica para la plena realización de esa misión.

          Como lo presenta la carta encíclica Redemptoris Missio," la fe se fortalece dándola" ( RM 2). Pero para pasar a darla se requiere la animación misionera, la cual conlleva la información misionera, la formación misionera, la cooperación misionera y la promoción de las vocaciones misioneras ( cf. RM 83). La Iglesia declara que a esta animación y formación misionera se ha de dar la prioridad dentro de la pastoral diocesana y parroquial (RM 83). Es en comunidad eclesial en la que se crece y se comparte la fe, mediante el testimonio, el anuncio, la caridad y el diálogo evangelizador ( R M cap. V). O es misionera la comunidad...o no es cristiana, o somos misioneros...o no somos cristianos. De este conjunto de acciones y medios, llamado Pastoral misionera, somos responsables todos en la Iglesia, coordinados por los correspondientes organismos en cada nivel eclesial ( R M cap. VII).

          Dentro de la evangelización, podemos decir, entonces, que la Pastoral Misionera es el servicio evangelizador con el cual se anima y forma misioneramente a los cristianos para que realicen eficazmente su misión local y universal.

2. PUESTO Y SERVICIOS DE LA PASTORAL MISIONERA DENTRO DE LA EVANGELIZACIÓN LOCAL Y UNIVERSAL.

         La evangelización cumple tres tareas al servicio del Reino de Dios: anunciar a Jesucristo único Salvador ; formar y ayudar a madurar comunidades cristianas; y realizar una auténtica promoción humana con la vivencia de los valores evangélicos (cf. RM 30).

         Dentro de estas tareas evangelizadoras, la pastoral misionera anima y forma el espíritu misionero universal de los cristianos para que realicen eficientemente su misión local y universal. Seguramente por ello, se recuerda a cada Iglesia particular que la animación, formación, comunión y cooperación misioneras ( pastoral misionera) han de ocupar el puesto central dentro de la pastoral diocesana (cf. RM 83). Así mismo, deberá ser prioritario para cada persona y para cada comunidad local.

         La evangelización es un proceso dentro del cual se integran varios pasos, medios y actividades. La descripción que nos proporcionan los documentos eclesiales ( sobre todo, Evangelii Nuntiandi y Redemptoris Missio) muestra que este proceso se comienza con el testimonio evangelizador; luego, se hace el anuncio de la Buena Nueva; después, la conversión y crecimiento en la fe; a continuación, la vivencia comunitaria eclesial; y, finalmente, el compromiso evangelizador o misionero.

         La pastoral misionera se propone dinamizar todo este proceso evangelizador para que se llegue al quinto paso, al compromiso misionero. Con ello el cristiano , que ha estado recibiendo el servicio evangelizador, efectivamente se comprometa y dé testimonio evangelizador, haga el anuncio del Evangelio, acompañe a otros en su conversión y crecimiento de su fe; ayude a madurar eclesialmente su familia y su comunidad; y, sobre todo, trabaje para que los demás también asuman su compromiso misionero y se conviertan en activos evangelizadores.

         Los horizontes de la misión son universales (cf. RM, cap. IV). La evangelización ha de llegar a todos los hombres, a todos los pueblos, hasta las raíces de sus culturas, en todos los tiempos, en todas partes. Por ello, ha de atender las diversas situaciones que se le presentan: la de los que no han recibido la primera evangelización (misión Ad gentes), la de los cristianos no católicos (ecumenismo), la de los católicos alejados (nueva evangelización) y la de los buenos católicos (atención pastoral) (cf. RM 33 y 34). Respecto a cada una de estas situaciones, la Iglesia ha de realizar su misión con actividades y medios adecuados.

La pastoral misionera ha de estar activamente presente en todas las situaciones y formas de evangelización:·

en la "atención pastoral" de los católicos para ayudarlos a que realicen su misión local y universal, sobre todo, en favor de los no cristianos; ·

es claro que la pastoral misionera ha de estar especialmente presente en la "primera evangelización" de los no cristianos para ayudarlos, desde el principio, a comprometerse en un cristianismo que dé continuamente testimonio de Jesucristo Salvador, anuncie su Evangelio, acompañe a otros en su camino de conversión, viva y celebre comunitariamente su fe y ayude a que otros también realicen su compromiso misionero de salir a evangelizar a todas las gentes (cf. Mt 28, 19). ·

en la "nueva evangelización": es la misión la que renueva la identidad cristiana e inspira y sostiene la nueva evangelización (cf. RM 2), ayuda a que los católicos no militantes asuman y cumplan su compromiso misionero de vivir y comunicar el Evangelio en su comunidad y en la evangelización universal;

         Las dificultades que encuentra la evangelización son grandes. Unas de ellas son externas, otras son internas de parte de los mismos católicos, sobre todo, por falta de fervor y escaso interés por el compromiso misionero derivado de la mentalidad indeferentista (cf. RM 36). Nuestra esperanza está en el Espíritu Santo, protagonista de la misión, que nos lleva a un compromiso efectivo en la evangelización universal.

         La pastoral misionera ayuda a afrontar esas dificultades internas despertando, avivando y sosteniendo el espíritu misionero universal, dando formación misionera y ayudando a que las personas se unan en comunidades eclesiales vivas y dinámicas para realizar su misión. Con ello, tendremos católicos dóciles al Espíritu y continuamente misioneros.

          La responsabilidad de la misión universal es de todos y de cada uno en la Iglesia. En concreto, una responsabilidad fundamental recae en cada Iglesia particular. Su misión es local y universal, dando prioridad a los no cristianos del mundo entero. Por ello, toda su vida y servicio habrá de tener una proyección misionera universal. Toda la Iglesia es misionera por naturaleza. Esta pastoral misionera es un núcleo dinamizador de todas las comunidades y de las actividades evangelizadoras que se les ofrecen. Es centro, eje, del proceso evangelizador en el que participan los niños, los jóvenes, las familias, los consagrados y diversas Instituciones y comunidades. Ella da sabor "católico" a nuestra vida y a nuestros servicios. Ella ayuda a que cada persona, cada comunidad ( Ver R.M. 2 ) y cada familia sea misionera. Lleva, así, a la parroquia y la diócesis a ser verdaderamente misioneras.

         Así, la pastoral misionera es parte fundamental dentro del proceso general de la evangelización. Es la evangelización orientada a conseguir que todos cumplamos adecuadamente nuestra misión local y universal. En esta pastoral, no solo buscamos ser misioneros sino ayudar a que otros sean misioneros. Logramos "ser" discípulos de Jesús, "hacer discípulos" para Jesús y mover a "que ellos hagan" más discípulos para El.

         Este servicio misionero se realiza con la participación de los niños. Jesús mismo es quien les ha dado una misión en la Iglesia y en el mundo. Ellos mismos han de colaborar evangelizándose y evangelizando a todas las gentes. Ellos, ciertamente, son destinatarios de la pastoral misionera. Pero, ante todo, los niños son sus principales agentes: por tanto, ella solo puede ser pastoral misionera "con" los niños. Este es el tema específico que analizamos ahora.

3. AREAS DE LA PASTORAL MISIONERA:

          Qué servicios concretos podemos realizar para ayudar a que nuestros hermanos, no solo vivan la fe, sino que la defiendan y la difundan ?. Qué pasos dar y con cuáles medios ?.