24 November 2017
 

2. Agentes de pastoral rural

La Pastoral rural resume sus objetivos en encarnar la liberación cristiana en el mundo campesino. Esa encarnación no se realiza por ningún acto automático, mágico o fruto del "ex opere operato". Se requieren unas personas e instituciones que protagonicen esa obra liberadora, siguiendo las huellas del gran Liberador Jesucristo. Son los agentes de esta pastoral.

El sujeto o agente de la pastoral rural no es únicamente el "ordenado" que ha recibido la imposición de manos y la misión canónica de parte del obispo diocesano. El deber de predicar, celebrar y animar la comunidad es un deber repartido entre varias manos: las de todos los que han recibido el sacerdocio bautismal.

El primer agente pastoral es la propia comunidad o grupo que opta por Jesús y que desea iluminar a su pueblo y a su campo con la luz de la Palabra de Dios y el testimonio de vida acorde con el de Jesucristo. Cada miembro comunitario actúa desde su vocación, carisma y puesto de trabajo para que se cumpla el gran objetivo de la comunidad: Hacer de la vida una mesa común en la que todos puedan sentarse y sentirse como hermanos y en la que el Padre Dios aparezca claramente como lazo de unión que junte en una misma familia a los hijos dispersos.

Es en segundo lugar agente de pastoral el equipo o grupo de personas que trabajan con ilusión y metodología en un proyecto pastoral de parroquia o comarca rural. Los miembros de este equipo pueden ser laicos y clérigos y compartir a distintos niveles trabajo y vida en común. Este equipo eclesial presenta en principio las mejores garantías de eficacia apostólica, pues en él se concentran los diversos carismas del Pueblo de Dios, que ayudan al enriquecimiento del propio equipo y de las otras personas de la parroquia e Iglesia comarcal e incluso de la diocesana. Otras veces el equipo sería exclusivamente presbiteral, que a la vez puede presentar distintas modalidades: de oración, de revisión de vida, de programación pastoral, de trabajo común, de vida común o de bienes en común.

Algunos de los equipos de sacerdotes existentes en el mundo rural asumen más de una de estas facetas o modalidades. Si el equipo pastoral mixto (laicos y clérigos) aparece como el agente ideal para la evangelización, el equipo sacerdotal es el más fácil de conseguir y el más frecuente en nuestros campos de pastoreo rural. Y en ambos casos se cumple el deseo de Jesús. Sus enviados no caminan en solitario. Al menos han de hacerlo de dos en dos (Lc. 10,1), pues evangélica y psicológicamente la fidelidad de los misioneros queda más garantizada de este modo y el mensaje transmitido será mejor aceptado. El Señor se hace presente en la reunión, en el encuentro de hermanos que comparten vida y proyectos. Es el equipo la mejor experiencia de fraternidad apostólica y cristiana.

En tercer lugar nos referimos al agente pastoral rural llamado cura de pueblo. Este por su cuenta atiende una o varias parroquias. Esta ha sido tradicionalmente la presencia del clero con respecto al pueblo en la España rural de los siglos pasados. Era aquel un mundo estático. Todo en él estaba sabido y preestablecido. También la figura del cura en la aldea. Viviendo en la casa parroquial, vieja y grande. Atendido por la fiel criada. Con Misa por la mañana, rosario y doctrina por la tarde y breviario al mediodía por el atrio del templo. El cura con estas características era un elemento esencial y una garantía de consistencia para el pueblo. Sin la negra sotana deambulando de la casa rectoral a la iglesia y de ésta a la escuela, muchos vecinos de ayer hubieran pensado que algo grave podía suceder en su pequeño pero sagrado mundo. Porque siempre habían contemplado esa figura y lo mismo le habían contado sus antepasados.