24 November 2017
 

Los nuevos tiempos nos han traído una nueva imagen y presencia del cura rural. Hasta en los libros y revistas de Iglesia se le ha cambiado de nombre. Ahora es Agente Pastoral, aunque mucho le va a costar al Sr. Antonio de mi pueblo dejar de llamarle Sr. Cura. Y las pocas gentes jóvenes del lugar le llamarán por su nombre de pila sin más. Sin antepuestos ni añadidos: Luis, Ignacio, Javier..., simplemente.

Queremos detenernos ahora en los rasgos cualitativos que han de poseer cada uno de los agentes pastorales rurales (personas y grupos). Qué actitudes y aptitudes han de caracterizarlos. Qué comportamientos han de distinguirlos. Para que su trabajo en el campo no consista exclusivamente en mantener unos valores ya caducos, por más que en tiempos pasados fueran válidos. El trabajo que Dios quiere es que el rural de hoy participe en el proyecto de hacer un pueblo libre y liberador. El trabajo de confeccionar los nuevos odres para el vino eterno de la salvación. Sabemos que la gracia de Dios actúa libremente en el corazón del hombre cuando este no se cierra a ese don divino. Pero ello no exime al agente pastoral del esfuerzo por adornarse de unas cualidades concretas para que pueda cumplir con fidelidad la misión de pastoreo que ha recibido de las manos y de orden del Buen Pastor y de sus sucesores. Apuntamos algunos de esos rasgos en ese rostro de pastor.

Espiritualidad específicamente rural. Fundamentada en un amor a lo pequeño y a lo humilde. En el campo florecen aún valores relacionados con la pobreza evangélica. El pastor que opta por vivir su ministerio en estos núcleos campesinos ha de tener el convencimiento de que la "cultura del pesebre" es la sabiduría de Dios, que eligió lo sencillo para denunciar y eliminar la dominación de unos hermanos sobre otros. Y en esta misión rural el evangelizador vive su espiritualidad actualizando a Jesús, que sigue pasando por nuestros pueblos. Aquí radica la identidad sacerdotal rural. Y aquí se encuentra la razón de entregar los años y la vida a la causa de este plan de Jesús.

Encarnación profunda en la historia y en el hombre campesino. Si Jesús "tuvo que asemejarse a todos sus hermanos" (Hebr. 2,17), la fidelidad a El pide a todos sus sucesores las mismas actitudes de encarnación. El pastor rural auténtico no se queda en la periferia del campo ni en las afueras de los pueblos. Se introduce en su vida y en el corazón de las gentes para el alivio de sus llagas. Pues sólo cuando se da esta bajada a lo más profundo de la tierra y del ser humano, puede producirse la ascensión a mayores niveles de dignidad.

Presencia de servicio y calidad. Porque la encarnación no es una expresión de lujo. Es una exigencia de comportamientos concretos y radicales: rechazo a privilegios clericales; renuncia al funcionariado parroquial; oposición al sistema de escalafón que utiliza a las parroquias rurales como peldaños de ascenso; y superación del "sacramentalismo" como compraventa de unos servicios religiosos. Los aspectos positivos de una presencia encarnada serían: apuesta por una fe gratuita y de conversión; ilusión por el trabajo con el fin de borrar de la conciencia de los laicos la extendida fama del cura inactivo; estilo de vida al nivel de la gente sencilla del pueblo y total cercanía a los más necesitados. La compañía de los agentes de pastoral rural a los hombres y mujeres del campo ha de ser permanente, gratuita y gozosa. No cabe aplicar aquí el "pase" de funcionario, que cae por el pueblo dos días a la semana y atado a su inseparable portafolios pretende con mil documentos oficiales y en tiempo récord sanar las muchas y viejas heridas de este pueblo viejo. El cuidado y la mejora de la comunidad exigen vocación, tiempo, constancia, cercanía y trabajo bien programado entre varios.

Ojos y oídos bien abiertos. Para conocer la historia y la vida de las gentes del campo. Y poder analizarla, estudiarla, rezarla y transformarla. No es serio ir al campo con esquemas pastorales caducos y prefijados desde lo urbano. Ni siquiera todos los núcleos campesinos presentan las mismas necesidades ni piden las mismas respuestas. Confeccionar un programa de pastoral rural de calidad exige llevar las antenas sensoriales bien desplegadas para captar las imágenes y sonidos de la vida y de la tierra, que ayuden a conocerla y amarla. En esta tarea de observación y análisis las ciencias sociales y psicológicas prestan un importante apoyo a la teología, a fin de que ésta se convierta en ciencia aplicada y liberadora.

Trabajo y vida en equipo. El último responsable de la obra liberadora de Jesús es la Iglesia, Pueblo de Dios. Y no el agente o pastor aislado en el capillismo de su parcela. Por ello, el equipo de pastoral libera de visiones personalistas acerca de la evangelización rural y reparte el peso entre varios hombros. Ser Iglesia es sentirse comunitario por naturaleza y origen. Pertenecer a un Presbiterio, Arciprestazgo o equipo parroquial y zonal es cumplir con fidelidad la llamada de Jesús, que manifestó su deseo de seguimiento en grupo, en apostolado. El Colegio de "los doce" es anticipo y figura de toda pastoral programada y realizada en equipo.

Esto no obliga a renunciar a la rica gracia que Dios ha dado a cada uno ni a la individualidad personal (salud, aficiones, intimidad, atención doméstica, situación familiar, economía, etc.). La persona y el equipo se complementan mutuamente. El equipo recibe lo que cada miembro aporta. Y éste, la suma de todas las aportaciones personales. En definitiva, es la comunidad o pueblo quien sale beneficiado de ese movimiento solidario y dialogal entre persona y equipo.

Talante humilde sin pretensiones mesiánicas. La Iglesia fiel a Jesucristo no puede utilizar una metodología de obligación y sometimiento. El ofreció la salvación y nunca la impuso. El respeto al hombre y su decisión libre es norma capital para que el acto humano sea válido. Sobre todo cuando deseamos que dicho acto se convierta en virtud y el Evangelio en gracia de Dios. La condición humilde que debe adornar al pastor y a los grupos de Jesús les obliga a estar continuamente en ejercicio de autocrítica y perfeccionamiento. Los discípulos únicamente somos sus instrumentos. El protagonista y agente principal es El.

Con este sentimiento de debilidad y pobreza propio de la naturaleza humana la Iglesia aceptará sus errores pasados y se comprometerá a caminar por las pequeñas sendas de la sencillez evangélica. Y aquí, en el campo se admitirá que el pueblo y la parroquia no son para el cura ni para el equipo, sino al contrario. Para no caer en la tentación de mesianismo y poderío de otras épocas el agente pastoral practicará los métodos de la revisión de vida, la formación permanente integral, la vacación liberadora y reconfortante y las jornadas de convivencia, oración y celebraciones litúrgicas fraternales.