24 November 2017
 

3. Destinatarios

Envejecimiento. Soledad. Emigración. Marginación. Abandono. Desatención. Abuso. Pobrezas. Pasividad. Desconfianza. Aburrimiento. Desorientación. Desclasamiento... Estas son algunas de las negras etiquetas que se cuelgan hoy en la solapa del hombre campesino. Son tintes negativos, comúnmente aceptados por todos los sectores sociales como válidos para describir su triste situación.

A este hombre y a este campo necesitados de liberación se dirige también hoy la Palabra de Dios y la tarea pastoral de la Iglesia. Una pastoral que en su quehacer debe de tener en cuenta estas situaciones, que afectan negativamente a estos hombres y mujeres hijos de la tierra.

Desde lo más hondo y sincero del corazón campesino surge una petición a la sociedad en demanda de ayuda: "Sacadme de aquí". Y cada uno intenta salir como puede. Y huye de esta tierra como si fuese un lugar maldito. Los padres, que desean un futuro de mejor trato y justicia, realizan ingentes sacrificios para que sus hijos puedan hallar un puesto en los estudios o en las fábricas de la ciudad. "Aquí no hay futuro es el lema consagrado para desarraigar a los jóvenes y arraigarles en el mundo de la industria o servicios. Actualmente en el campo sólo vive la cuarta parte de la población española (nueve millones). El número de personas ocupadas en faenas agrícolas ha descendido del 17% en 1980 al 8% en 1998. La reforma agrícola impuesta por Europa (PAC) ha restado 500.000 trabajadores al campo en el periodo 1989-1995. Por otro lado, los labradores que no viven en el campo suman más de medio millón.

El cambio en todos los órdenes es una constante muy arraigada en el sector agrícola y rural. Y lo llamativo del cambio es la velocidad con que ha llegado y que se manifiesta tanto en los métodos más modernos y herramientas de trabajar como de pensar. Las ideas que rigen el comportamiento de estas personas, especialmente el de los más jóvenes, han hecho tambalear el mundo tradicional del campesinado español.

Este cambio ha convertido al mundo rural de cerrado, en abierto a nuevos aires; de inculto y desinformado, en medianamente informado; de carente de servicios, en poseedor de unos mínimos, que aún son insuficientes; de deficitario en recursos productivos, en un sector social y económico de clase media; de morador en núcleos sucios y oscuros, en digno habitante de pueblos con agua, luz y pavimento; de manipulado por caciques, en dirigido por sistemas elementalmente democráticos; de despreciado por paleto, en apreciado por su paz, sosiego y paisaje (y por el chorizo de la abuela).

Estos rasgos opuestos entre sí coexisten simultáneamente en muchos lugares rurales. Ello supone un obstáculo para el señalamiento de unas líneas o actuaciones pastorales. No está claro si en muchos de nuestros pueblos medianos y grandes debe de aplicarse una pastoral rural o urbana. En estos se confunden y mezclan los modernos pisos con las antiguas casas de labranza, la pequeña fábrica con la nave agroganadera y el coche de lujo con el utilitario tractor. ¿Quién predominará en esta serie de binomios?, ¿quién devorará a quién? La respuesta parece no ofrecer dudas: el gigante urbano al pequeño rural, la potente grúa de inmobiliaria a la débil ordeñadora y la corbata al buzo.

Este abanico de connotaciones tan variopintas asentadas en el campo en estos últimos tiempos aún no han sido bien digeridas por el campesino. Y esta indigestión de ideas y vivencias producen en él cierta inestabilidad y malestar. La conocida imagen de hombre resignado, pacífico y conformista se tambalea ante los aires de progresía y cambio que llegan a su mundo. Por ello este hombre pide una palabra de luz y una compañía para el camino. Y aquí es donde la Iglesia y la pastoral rural deben dar respuestas concretas y reales. Para hacer de este hombre el destinatario del Mensaje liberador de Jesús. Y ayudarle a convertirse en:

Hombre maduro y culto, que entienda su propia situación personal en relación con la naturaleza, con los hermanos y con Dios. Que acepte lo positivo de su vida y rechace lo que suponga subdesarrollo, infravaloración y marginación.