21 November 2017
 

27 de marzo 2017.  Autor: Padre Raúl Ortiz Toro – Docente, seminario mayor san José, Popayán, Colombia.   ¿Cuánto nos cuesta el Papa?. “El dinero es el estiércol del demonio”, expresó el Papa Francisco hace un tiempo para evidenciar que, por la avaricia del dinero, al hombre materialista y a la sociedad en general le importan muy poco los demás. El dinero endiosado puso a la Iglesia hace un tiempo en el ojo del huracán por cuenta de los malos manejos del IOR (Instituto para las Obras de Religión)

en Roma y escándalos también los ha habido a nivel local. Por el dinero, hace unos días, un pastor protestante al que le descubrieron sus excesivos bienes materiales resultó haciendo una implícita amenaza a un periodista. El dinero tuerce el corazón y obnubila la conciencia para derivar en el egoísmo y la indiferencia. 

Se nos viene la visita del Papa el próximo septiembre y la gran mayoría de colombianos – una buena parte, incluso, no católicos – ven con agrado este acontecimiento. No puede faltar, por supuesto, las palabras disonantes, incluso dentro de la misma feligresía católica. Por una parte, los que ven una visita papal como el reforzamiento de un culto a la personalidad del pontífice, los que la ven como una especie de sometimiento a una doctrina o un acto público pasado de moda. No falta el que lo ve como un mero acontecimiento o espectáculo y quien pone su acento sobre todo en el tema económico: ¿Cuántos millones cobra el Papa por venir? ¿Se invertirán dineros públicos en la organización y ejecución de la visita papal? ¿Es justo que se inviertan dineros públicos en un acontecimiento religioso? Y un largo etcétera de preguntas y objeciones. 

He iniciado este artículo con aquella frase del Papa para resaltar que el tema del dinero, en verdad, no es importante. En primer lugar, el Papa no cobra absolutamente nada por venir a Colombia. No necesita. Otro asunto son los gastos que tiene una visita papal; al respecto, Francisco ha pedido desde el inicio de su pontificado que las visitas a regiones de Italia o a las naciones sean muy sobrias y que se eviten suntuosidades y gastos innecesarios la Iglesia, a través de sus fieles, colabora en esos gastos y por supuesto hay inversión de dineros públicos, como los hay para una carrera ciclística que pasa por la ciudad, un concierto de rock o una marcha sindical. ¿Habría de enojarme si el Estado invierte en esas actividades porque no las comparto? Pues no. La inversión de dineros del Estado en una visita papal o en una fiesta popular es inevitable. Allí donde haya un ciudadano en una actividad de concurrencia el Estado debe estar presente. Sé que con el tema religioso las cosas son de otro color, porque está de por medio la no confesionalidad del Estado y algunos ven con malos ojos que se apoye a una religión para que venga su líder.

 Sin embargo, la visita del Papa trasciende la libertad de cultos y la confesionalidad. Mal harían, los que defienden este parecer, al impedir nuestro deseo de ver al Papa porque ellos no lo quieren ver o porque quieren que ese dinero se lo lleven a los niños pobres de la Guajira o del Chocó, que, según ellos, sí sería verdadera obra. Pues les cuento que en muchos casos la Iglesia hace más por los niños pobres y los ancianos desfavorecidos que el mismo Estado, y no necesita de la prensa para hacerlo. Finalmente, para los que piensan solo en el dinero, les cuento que una visita papal trae enormes beneficios económicos pues se jalona el comercio, el turismo religioso y la prestación de servicios (transporte, hoteles, alimentación, etc.); por algo las economías europeas añoran tanto una visita papal pensando en la inversión mientras aquí pensamos en el gasto. Correo: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla.