24 September 2018
 

11 de enero 2018. El presbítero debe ser un discípulo misionero a ejemplo del buen pastor.  Ese es el lema de los ejercicios espirituales de nosotros los sacerdotes de la arquidiócesis de Ibagué, para nuestro encuentro espiritual con Dios. Iniciamos el retiro el día 8 de enero 2018 a las 8 pm, con una charla introductoria de nuestro arzobispo, Monseñor, Flavio Calle Zapata, quien nos motivó a vivir con intensidad estos días de reflexión y acercamiento más al Maestro de Nazaeth.

Pidió que entrásemos en un ambiente de renovación, cambio y conversión.  Ese debe ser el estado de conciencia para lograr el éxito de motivar nuestras vidas para fortalecer nuestro ministerio. Advierte Monseñor, que el predicador enciende la luz en nosotros a través de la Palabra de Dios, él es quien ilumina nuestras vidas.

            Posteriormente Monseñor, presentó al predicador del retiro:  es el señor obispo de la diócesis de Ocaña (Norte de Santander). Gabriel Villa Vahos. En su charla introductoria y tomando como punto de partida el texto bíblico, Lucas 10, 38-42. “"Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.» Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada.»  Nos invita a escuchar al Maestro a ejemplo de María Santísima quien se sentó a los pies de su Señor. Se trata pues de escuchar al Maestro; el retiro es una oportunidad para sentarnos a los pies del Hijo de Dios. Un buen discípulo es alguien que siempre está en actitud de escuchar, no es el modelo de persona que evade lo que debe hacer y cumplir, sino aquel creyente que asume la oración, la meditación de la Palabra no permite que los afanes de la vida interrumpan su espiritualidad.

            Veamos algunas claves para vivir un retiro espiritual:

La primera la analizamos desde el ambiente de la fe y de la libertad. Un retiro es una oferta de Dios a través de la Iglesia, allí el discípulo se niega así mismo y asume la realidad de su Maestro. La segunda, son los actores del retiro: el protagonista es el Espíritu Santo, así lo recomienda la Escritura: “Donde haya dos o tres reunidos en mi nombre, allí estaré yo en medio de ustedes”. El segundo actor, somos nosotros, que nos disponemos a vivir según el Espíritu de Dios nuestro retiro. El tercer actor es el predicador o diácono del Espíritu Santo, él es el guía que nos acompaña. La tercera clave es el objetivo del retiro: según san Ignacio de Loyola, un retiro es un ambiente muy propicio para poder abandonar los afectos desordenados, para luego buscar la voluntad d Dios, aprendo a conocerme y por ende uso mis mecanismos de defensa para no permitir que las debilidades lastimen mi identidad sacerdotal. La cuarta clave, es el retiro como movimiento: San Ignacio de Loyola decía: “el retiro sirve para suscitar cambios, ideas, conceptos. También toca el campo afectivo y sentimental de nosotros, tiene que ver con las emociones, con lo sensible, los impulsos, los instintos. La propuesta es dominar los instintos para luego ordenarlos con la cabeza.  La quinta clave, es el silencio y el desierto. Retiro es un encuentro con Jesús, a imagen de Cristo que experimentó muchos momentos en su vida, como la soledad, la crítica, el abandono, la tentación, la persecución. Por tal razón la enseñanza para nosotros es que debemos ser fuertes en la contemplación. El Cardenal Carlo María Martini, decía: “Para hablar de Dios se requiere el silencio”.

            La sexta clave, es recurrir al libro más importante para el retiro, que es el libro de nuestras propias vidas. Es nuestra vida leída desde la Palabra de Dios, en este momento nos hacemos personajes bíblicos.  La séptima clave es, la creatividad. Hay que poner a funcionar nuestra voluntad, salirnos de lo ordinario, buscar a Dios. San Ignacio de Loyola recomendada: “se trata de hacer mudanzas” es como salirnos por un momento del campo digital, del mundo de las comunicaciones, de la mensajería electrónica, de las redes sociales, apagar el celular. Hay que estar muy atentos porque lo digital nos ha ido convirtiendo en personas obsesivas”.  La octava clave son las actitudes de pobreza, serenidad y disponibilidad para el retiro. Tomamos conciencia de que somos necesitados de la conversión personal, así lo recomienda la Escritura “Que se no se turbe vuestro corazón”. Hemos venido para orar juntos. La novena clave, es el tema del retiro: Presbíteros discípulos misioneros a ejemplo del buen pastor. Es precisamente el desafío que presenta la quinta conferencia general del episcopado latinoamericano y del caribe, celebrada en Aparecida, Brasil, en mayo del 2007. Su cometido es:  La identidad teológica del ministerio sacerdotal (Aparecida # 193). El ministerio del presbítero inserto en la cultura actual (Aparecida # 194). Aspectos vitales y afectivos al celibato y a una vida espiritual intensa fundada en la caridad pastoral, que se nutre en la experiencia personal con Dios y en la comunión con los hermanos (Aparecida # 195).  La décima claves, es: el retiro es fuente y experiencia de Dios, suscitada por la escucha de la Palabra, comprendida y acogida en la vida personal, bajo la acción del Espíritu Santo, en un clima de silencio y oración, que nuestro lugar privilegiado del retiro sea la capilla y adoración al Santísimo Sacramento. Aprovechemos también para descansar, porque hay que recordar: “El que no descansa, cansa”.  Así terminamos nuestro primer día de retiro.  Regresamos al descanso nocturno.

 NUESTRO SEGUNDO DÍA. Martes 9 de enero 2018. A las 7 am

            Iniciamos con la oración matutina de Laudes.  Monseñor Gabriel explicó su segunda platica recordando los criterios de la quinta conferencia episcopal en cuanto a los desafíos para un auténtico y sano presbítero. Tomando como punto de partida el texto del Evangelio de Juan 1, 35-48. “"Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. 36.Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios.» Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscáis?» Ellos le respondieron: «Rabbí - que quiere decir, "Maestro" - ¿dónde vives?» Les respondió: «Venid y lo veréis.» Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Este se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías» - que quiere decir, Cristo. Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» - que quiere decir, "Piedra". Al día siguiente, Jesús quiso partir para Galilea. Se encuentra con Felipe y le dice: «Sígueme.» Felipe era de Bestsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe se encuentra con Natanael y le dice: «Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.» Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dice Felipe: «Ven y lo verás.» Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?» Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» En su hermenéutica nos presenta la semana inaugural del ministerio de Jesús. El bautista identifica a Cristo como el cordero. Él es el maestro. Juan es solamente la voz, es testigo de la verdad, testigo de la luz. También hay que notar en el texto que los discípulos dejan a Juan y siguen a Jesús. Esa es precisamente nuestra misión, señalar a Jesús para que lo sigan a él. El apóstol Andrés se convierte en un promotor vocacional, invita a su hermano y lo lleva donde Jesús. Cristo también hace su parte, los invita para que lo conozcan a él “Vengan y lo verán”. No hay que perder de vista que cuando Dios elige a una persona, él le cambia el nombre, es como la nueva identidad, es alguien que se convierte en propiedad de Cristo: “De hoy en adelante te llamarás, Cefas”.  Preguntas para la reflexión personal:  1) ¿Quién ha sido para mí, ese Juan Bautista, ese Andrés, ese Felipe, que me ha señalado a Jesús como cordero?. 2) ¿Qué me mueve a permanecer con el Señor en el ejercicio de mi ministerio? 3) ¿Cuál ha sido el Kairós, el tiempo marcante en mi camino vocacional?. 

            Tercera Plática.  9 am   La referencia a Cristo es la clave para la identidad del sacerdote. Tomando como punto de partido el texto de Juan 20, 19-23.  "Ese mismo día, el primero después del sábado, los discípulos estaban reunidos por la tarde, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se puso de pie en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!» Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor. Jesús les volvió a decir: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envío a mí, así los envío yo también.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo: a quienes descarguen de sus pecados, serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos.»  Descubrimos varias verdades sobre el sacerdocio:  el sacerdote no puede considerarse como un mero delegado para la comunidad, sino un pastor para la Iglesia. El mundo del siglo XXI nos presenta una cantidad de formas equivocadas en la identidad de las personas, se imponen propuestas que desdibujan la realidad misma de ser hombre o de ser mujer, ideología de género, libre desarrollo de la personalidad, cada cual como que quiere imponer su propio criterio. En ese mundo estamos nosotros, algunos han perdido la identidad del sacerdote, la identidad de la Iglesia, la identidad de la fe. Nuestro desafío es recuperar esa identidad de Iglesia, de pastores, de laicos, de comunidades. El sacerdote debe sentirse un enviado de Dios, así como lo indica Jesús en su Palabra “Como el Padre me envía, así os envío yo”. Hay que reconocer que la identidad sacerdotal reside en la santísima trinidad: el sacerdote es un enviado por el Padre, por medio de Jesucristo, para vivir y actuar con la fuerza de Cristo (Pastores Davo Vobis 12). El sacerdocio le pertenece al plan salvífico de Dios, ya estaba pensado así.  Según la Lumen Gentium # 4, el ministerio del sacerdote se prolonga en la realidad de la Iglesia. La eclesiología sirve para definir la identidad del presbítero. El sacerdote es derivación y continuidad del mismo Cristo. Es un sacerdote, profeta y rey. Es decir, Cristo se vale de nosotros. Así que, la referencia a Cristo es la clave para la identidad del sacerdocio.

            Ahora pensemos, en cuáles serían las auténticas relaciones para un ministerio sacerdotal muy sano.  Mis relaciones con el Obispo de mi diócesis, las relaciones con mis hermanos sacerdotes en el presbiterio, mis relaciones con la comunidad eclesial. El magisterio de la Iglesia me da las siguientes recomendaciones: De acuerdo con la Lumen Gentium # 28.  Presbyterorum Ordinis # 7, el ministerio funciona en comunión jerárquica con el Obispo, hay que recordar lo que decía san Ignacio de Antioquía: “Todo con el Obispo, nada sin el Obispo”. El sacerdote debe vivir en comunión con el presbiterio, no se entiende un sacerdote aislado de sus hermanos en el ministerio, ni un sacerdote aislado de la comunidad presbiteral. Nosotros no nacimos para estar solos, nos formaron para vivir en comunidad, para trabajar en comunidad, esa es nuestra propia naturaleza. De acuerdo con la Presbyterorum Ordinis # 8, el sacerdote debe estar relacionado con la comunidad, a través de la caridad pastoral.  El punto clave, es cómo nos comportamos nosotros con la gente, cuál es nuestra posición frente a las personas, nos ven y nos identifican como sacerdotes. ((Pastores Davo Vobis 23).  Preguntas para la reflexión personal:  1) ¿Por qué creo que el sacerdocio es la opción que el Señor me ofrece para mi santificación personal?  2) En este momento, son sanas y equilibradas mis relaciones con el obispo, el presbiterio y el pueblo de Dios?. 

            Cuarta Plática. 11 am

                        En consonancia con el evangelio según san Juan 1, 19-28. "Este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén para preguntarle: «¿Quién eres tú? » Juan lo declaró y no ocultó la verdad: «Yo no soy el Mesías.» Le preguntaron: «¿Quién eres, entonces? ¿Elías?» Contestó: «No lo soy.» Le dijeron: «¿Eres el Profeta?» Contestó: «No.» Entonces le dijeron: «¿Quién eres, entonces? Pues tenemos que llevar una respuesta a los que nos han enviado. ¿Qué dices de ti mismo?» Juan contestó: «Yo soy, como dijo el profeta Isaías, la voz que grita en el desierto: Enderecen el camino del Señor.» Los enviados eran del grupo de los fariseos, y le hicieron otra pregunta: «¿Por qué bautizas entonces, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» Les contestó Juan: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno a quien ustedes no conocen, y aunque viene detrás de mí, yo no soy digno de soltarle la correa de su sandalia.» Esto sucedió en Betsaida al otro lado del río Jordán, donde Juan bautizaba."

El episodio nos narra el testimonio de Juan sobre él mismo. Su respuesta es que él es la voz que clama en el desierto. Juan es la voz que comunica la Palabra. La pregunta para nosotros es la misma que le formulan a Juan: “¿Quién eres?”. Nuestra respuesta la damos en comunión con la teología de san Pablo, quien en su tiempo decía:  somos un espectáculo para el mundo, llevamos el tesoro en vasijas de barrio, nos acosan, pero no nos aplastan. Nuestra respuesta como sacerdotes al interrogante sobre lo que somos confirma nuestra condición de testigos. Es en verdad lo que somo, testigos del resucitado, testigos de la luz. Esto es importantísimo en el sacerdocio ministerial, llega hasta tal punto que si llega un momento en que no podemos credibilidad de nuestro testimonio, el mismo testimonio pierde su razón de ser y su sentido. Hay que tener en cuenta que el mayor ejemplo del testimonio es el de Cristo, de él aprendemos que su testimonio está basado en sus obras y en lo que él hace.  El Señor no se preocupó mucho de dar cátedra de teología o de eclesiología, sino que se dedicó a dar testimonio, a respaldar con sus obrar el carácter de su propia predicación. Razón tuvo cuando dijo:  “Dichoso el que no se siente defraudado por mí”.

            ¿Qué dificultades podemos encontrar en el reto de ser testigos de Cristo? Se pueden presentar tres alternativas: vivimos en una sociedad muy polarizada, donde aparece el decaimiento de la valoración del sacerdocio. Hay ideologías reinantes que no nos ayudan mucho para nuestro ministerio y existe una bibliografía influyente.  En el primer caso, hay desconfianza con la Iglesia y sus ministros por parte de la sociedad, parece que somos estigmatizados por la misma sociedad, algunos se muestran muy agresivos con la Iglesia, otros aprovechan la oportunidad para hacer muy mala publicidad de la Iglesia. En el segundo caso, tenemos una infravaloración del sacerdocio ministerial; para muchos el sacerdote es un ser extraño, algunos no necesitan de él. Nace una super valoración a la vocación laical, algunos le piden al sacerdote que se des clericalice y otros que haga parte de los laicos. Para otros tantos, el sacerdote es un personaje más en el mundo social, es una voz entre los demás.  En el tercer caso, tenemos las ideologías reinantes; vivimos en una desacralización y secularización. Lo religioso ha ido perdiendo su sentido, hoy en día reina más la magia y la superstición. Lo sacramental ha ido quedándose sin fuerza. Hay que recordar que somos sacerdotes y no chamanes, no podemos caer en la trampa del esoterismo. Hay que estar atentos al fenómeno de la desmitificación de la Palabra de Dios, en el mundo aumenta el pluralismo cultural y las ofertas religiosas están por todas partes. Parece que nosotros fuéramos una oferta más para la sociedad, así nos ven algunos.  La bibliografía influyente pone su granito de arena en la sociedad, hay publicaciones y guiones sobre la problemática sacerdotal, es ahí donde muchos aprovechan la debilidad de algunos ministros para desprestigiar la Iglesia, es una mala intención, como si se quisiese bajarle la misma autoridad moral a la Iglesia. 

            La pregunta es:  ¿Qué hacer? Nuestra respuesta debe ser integral.  Se trata de lograr relacionar perfectamente los modelos del ministerio sacerdotal, de nuestra pastoral, de nuestra vida parroquial. Las propuestas son tres:   La primera es que logremos una experiencia fundante, en la cual Dios se convierte en la razón de mi existir. La segunda, Hay que lograr que nuestro modelo de servicio sea apostólico. La tercera, que nuestro modelo cultual lleva a las personas hacia Dios.  El peligro aparece cuando confundimos la experiencia fundante, con hacer cosas materiales, el valor se encuentra es en hacer bien las cosas, aunque sean pocas. El criterio que seguir es “solo Dios basta”.  El segundo peligro es confundir el servicio con multiplicar las obrar, tener como la intención de dejar huellas en u sitio apostólico. Hay que entender que nuestro programa de gobierno no es hacer las veces de un alcalde, sino que nuestro gobierno está es en el orden del Evangelio, se trata de que el servicio se convierta en misión apostólica. El tercer peligro está en lo cultual, bien sabido es que no podemos centrar todo en el culto y con eso restringimos la actividad apostólica, el estar con los demás, el compartir la situación de cada una de las personas.  Cuando todo se centra en el culto, se pierde la noción de la experiencia fundante y se esteriliza, todo se vuelve culto. En síntesis, la regla a seguir es lograr un modelo equilibrado que parte de la experiencia fundante, donde Dios es la razón de nuestro existir, para un servicio apostólico, que se celebre a través del culto.  La Pastores Dabo vobis del santo Padre san Juan Pablo II recomienda: “El sacerdote deberá asemejarse a Cristo, está ordenado para actuar en nombre de Cristo cabeza”. (cf. PDV 5).  Preguntas para la meditación personal:  1) ¿En mi ministerio he sabido integrar: experiencia fundante, servicio apostólico y servicio cultual?  2) ¿Qué situaciones en mi vida, han sido para mi ocasión para decir que valió la pena decirle si al Señor y optar por este ministerio?

            Quinta plática: 4. 30 pm

                        En concordancia con el mensaje del libro del Apocalipsis 2, 1-7. "Al Ángel de la Iglesia de Éfeso, escribe: Esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha, el que camina entre los siete candeleros de oro. Conozco tu conducta: tus fatigas y paciencia; y que no puedes soportar a los malvados y que pusiste a prueba a los que se llaman apóstoles sin serlo y descubriste su engaño. Tienes paciencia: y has sufrido por mi nombre sin desfallecer. Pero tengo contra ti que has perdido tu amor de antes. Date cuenta, pues, de dónde has caído, arrepiéntete y vuelve a tu conducta primera. Si no, iré donde ti y cambiaré de su lugar tu candelero, si no te arrepientes. Tienes en cambio a tu favor que detestas el proceder de los nicolaítas, que yo también detesto. El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias: al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el Paraíso de Dios."

 

Dirigiendo una carta a los hermanos de Éfeso.  Habría que entender en qué consiste la apocalíptica en Biblia. Está se encuentra en la línea de la profecía del siglo II antes de Cristo y culmina en el siglo II después de Cristo.  La apocalíptica tiene su fuerza en los momentos de crisis. Es una invitación a revisar hechos concretos y a cada uno le da su significado. Por ejemplo, hay factores que inciden en el sincretismo de los habitantes, el hedonismo, en precisamente en donde el primer amor y la fe comienzan a apagarse en el ánimo de la comunidad. Por ende, se hace necesario centrar la mira en la persona de Cristo Jesús, porque se pierde el fervor y aparecen divisiones en las comunidades nacientes.  El contexto del apocalipsis es de persecución y de seducción. La invitación de las cartas, según los capítulos 2 y 3 del apocalipsis, es a recuperar el primer amor, y esto se logra por la fe, el compromiso. Aparecen las crisis en las personas, estas cuestionan la identidad de los creyentes. La respuesta es afirmar la finalidad, es tomar el camino de la penitencia, es lograr que todos se vinculen a Cristo, así como lo recomienda la misma Palabra: “busquen el reino de Dios y su justicia”.  La tarea de nosotros los ministros es mantener el cirio encendido, perseverar en la formación permanente, esa es la propuesta de san Pablo a Timoteo: “"No descuides el carisma que hay en ti, que se te comunicó por intervención profética mediante la imposición de las manos del colegio de presbíteros. Ocúpate en estas cosas; vive entregado a ellas para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Vela por ti mismo y por la enseñanza; persevera en estas disposiciones, pues obrando así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen." (I Timoteo 4, 14-16).  Preguntas para la meditación personal:  1) Qué situaciones son motivo de esperanza para la Iglesia local y universal.?  2) Qué situaciones de seducción y persecución ponen hoy en riesgo la identidad cristiana católica de nuestras comunidades.?  3) En mi ministerio, ¿qué situaciones son motivo de esperanza y ponen en riesgo mi identidad.?

            Terminamos el primer día de retiro espiritual, con la celebración eucarística a las 6 pm.

NUESTRO TERCER DÍA. Miércoles 10 de enero 2018. A las 7 am

            Iniciamos con la oración de Laudes.

Sexta plática:   La comunión como parte esencial de la identidad sacerdotal. Tomamos como punto de reflexión el evangelio según san Marcos 3, 13-19.  "Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron donde él. Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que le entregó." °°°

Nos damos cuenta que Jesús llama a sus discípulos para estar con él. Entran en comunión con él. El discípulo es una persona elegida por Jesús para estar y vivir con él y luego es enviado a predicar el Evangelio. Tomamos conciencia que Dios convoca a todos los pueblos para que entren en comunión con él y puedan vivir en comunión con todos los hermanos; así la Iglesia se convierte en sacramento de comunión. El Papa san Juan Pablo II recomienda en la Pastores Davo vobis, que el sacerdote esté insertado con los demás presbíteros para que pueda servir a la Iglesia. Así que estamos llamados a vivir con comunión, el mismo presbítero es un garante de la comunión.  El documento de Aparecida, destaca la vocación del discipulado misionero como vocación a la comunión en la Iglesia. “No hay discipulado sin comunión” (Aparecida # 156).  Los sacerdotes debemos ser personas aptas para trabajar con los demás: Debemos aprovechar los lugares de comunión que propone la quinta conferencia episcopal latinoamericana en su capítulo quinto numerales 154 – 239:  La Diócesis, la parroquia como comunidad de comunidades, los grupos, los movimientos, etc.

            En ese estado de comunión, cuáles serían las características de una madurez humana: La tolerancia, llevar acciones con buen éxito, el equilibrio emocional, aceptar la realidad con objetividad. Los signos de inmadurez en este ambiente son: Incapacidad de admiración hacia los demás, estar prevenido y atacar a los demás; llamar la atención por exhibicionismo u ocultamiento; el egoísmo o incapacidad de dar; la pereza o querer hacer lo mismo; el espíritu de crítica hacia los demás; incumplir la palabra dada. Preguntas para la reflexión personal:  1) ¿Hay coherencia entre lo que creo y lo que vivo? 2) ¿Mi personalidad, sirve de puente o es u obstáculo para los demás en el encuentro con Jesucristo?

Séptima plática: 

            El mundo es todo aquello que se opone a la Palabra. Cada evangelizador debe ser consciente que debe obrar en el mundo y anunciarle al mundo la verdad.  Según el espíritu del Evangelio según san Juan 17, 9-21. “"Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; 10.y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad. No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado."

El documento de Aparecida hablando de la identidad y misión de los presbíteros, propone un segundo desafío en que se refiere al ministerio del presbítero inserto en la cultura actual. “El presbítero está llamado a conocerla para sembrar en ella la semilla del Evangelio; para que el mensaje de Jesús llegue a ser una interpelación válida, comprensible, esperanzadora y relevante para la vida del hombre y de la mujer de hoy, especialmente para los jóvenes” (Aparecida # 194).  También hay cambios que han ido afectando y a su vez dándole un nuevo color a la cultura actual, por ejemplo:  se les conoce como fenómenos de globalización. Un factor determinante es la ciencia y la tecnología con su capacidad de manipular genéticamente la vida misma de los seres vivos y su capacidad de crear una red de comunicaciones de alcance mundial tanto pública como privada °°° (Aparecida # 34).  Asistimos a una cultura lejana y hostil, donde hay abundancia de ofertas religiosas; nuestro reto es, mostrar la capacidad de Iglesia para formar discípulos misioneros que respondan a la vocación recibida. También hay signos positivos en nuestra cultura como: Una sed de justicia y de paz; la preocupación por el cuidado de la creación, que casi se puede decir como una divinización de la naturaleza; hay búsqueda de valores éticos; Hay despertar de lo religioso, no necesariamente católico; nos incursionamos en la valoración de la persona. Los problemas que debemos afrontar en nuestra época actual para nuestra misión de evangelizadores son:  El relativismo, ya las verdades se convirtieron en provisionales; el racionalismo; el subjetivismo; el individualismo; la ortodoxia y la orto praxis; la verdad por el sentido de las cosas; el nuevo modelo pedagógico, pues los medios han invadido los espacios; hay un predominio de la cultura urbana y existe la disgregación familiar. Preguntas para la reflexión personal:  1) ¿Tengo apretura al cambio, de salirme de aquello de “ siempre se ha hecho así”?.  2) ¿Cómo inter actúo con los diversos grupos humanos? (ancianos, adultos, jóvenes, niños, campesinos, profesionales). 3) ¿Qué manejo doy a la internet, a las redes sociales, a la telefonía móvil?.  

Octava Plática.    11  am

            El discípulo debe estar atento a los signos de los tiempos.  Llamado del Evangelio según san Marcos 13, 5-13. "Y Jesús empezó a decirles: «Estén sobre aviso y no se dejen engañar. Porque muchos reivindicarán lo que es mío, y dirán: «Yo soy el que están esperando», y engañarán a muchos. Cuando oigan hablar de guerras y de rumores de guerra, no se alarmen, porque eso tiene que pasar, pero todavía no será el fin. Habrá conflictos: nación contra nación, y reino contra reino. Habrá terremotos y hambre en diversos lugares. Estos serán los primeros dolores del parto. Pero ustedes preocúpense de sí mismos, porque van a ser apresados y entregados a los tribunales judíos, serán azotados en las sinagogas y tendrán que presentarse ante los gobernadores y reyes por mi causa, para ser mis testigos ante ellos. Porque primero el Evangelio tiene que ser proclamado en todas las naciones. Cuando sean arrestados y los entreguen a los tribunales, no se preocupen por lo que van a decir, sino digan lo que se les inspire en ese momento; porque no serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu Santo. El hermano entregará a la muerte al hermano y el padre al hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y les darán muerte. Y serán odiados por todos a causa de mi nombre. Pero el que se mantenga firme hasta el fin se salvará."

La buena recomendación es que debemos escuchar al mundo, antes de convertirlo. Asistimos hoy en día a un nuevo humanismo, surgen nuevas formas de integración, todos necesitamos de todos. Aparecen unidades de integración en la sociedad, por ende, hay que buscar la solidaridad. En medio de estas cosas tan buenas, también aparecen negativas como:  campañas en contra del dolor, el sufrimiento, la muerte, se idean formas de acabar con la vida, como por ejemplo, interrumpir el embarazo. La vida actual se volvió como un negocio (las EPS). Aumentan los antivalores como:  la infidelidad, la intriga, la pasión, parece que el opinómetro es el criterio moral del humanismo. Hay privatización de las personas, muchos han caído en el anonimato urbano. Se destacan tres factores en la forma de  vivir el mundo hoy:  La explotación de la riqueza de los pueblos pobres, el empoderamiento de las potencias mundiales, la riqueza y la pobreza conviven de una manera escandalosa.  Hay aumento de desplazados, se reduce la persona al consumo.  Aparece entonces, un nuevo modelo de hombre:  Ambivalente, irreflexivo, anónimo y unidimensional, un hombre agresivo. Preguntas para la reflexión personal:  1) Ante el nuevo panorama social, ¿Cuál es mi actitud como discípulo del Señor? 2) ¿Mantengo los principios defendidos por la Iglesia, inspirado en la Sagrada Escritura y su magisterio, o me dejo conducir por las corrientes en boga?. 

Novena Plática:  4 pm

            La renovación de la Iglesia ante los retos de nuestro tiempo.  Iluminados por el Evangelio según san Mateo 9, 14-17, “"Entonces se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: «Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido, y se produce un desgarrón peor. Ni tampoco se echa vino nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan, el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan.»"

La propuesta evangélica es “Vino nuevo en odres nuevos”.  Jesús prepara la comunidad para la nueva Alianza, es una nueva manera de pensar. Hay que buscar la nuevas formas de entregar el Evangelio, tal como se vienen proponiendo desde la renovación de la Iglesia con el Concilio Vaticano II.   El documento del Concilio, Optatam Totius, propone la renovación de la Iglesia, desde los mismos presbíteros o pastores. Se trata de renovar y adaptar la iglesia para que pueda ser evangelizadora.  “Nueva en su ardor, nueva en su expresión, nueva en sus métodos”.  El Papa Francisco propone el discipulado como un excelente método para la misión en la Iglesia, eso es lo que Dios quiere, (Evangelii Gaudium # 26 y 27).  

            ¿Qué características debe tener una Iglesia renovada?  Que sea una Iglesia evangelizadora y misionera. Una Iglesia dialogante. Una Iglesia inculturada, que asume valores de la cultura emergente. Una Iglesia solidarizada con las víctimas de la sociedad. (cf  Documento de Aparecida # 407 – 430).  Una Iglesia que sea celebrativa y testimonial, no tanto ritualista.  Para que esto se cumpla, es necesario la renovación de los presbítero y pastores en la Iglesia.  Así que, se requiere un sacerdote:  1) Que pase del pedestal a una participación comunitaria. 2) Que dialogue con la gente, es como pasar de un predicador clásico, a un hombre que predica y entrega el misterio.  3) un sacerdote que pase de una espiritualidad monástica a una espiritualidad en la caridad pastoral. 4) Un sacerdote que haga el cambio de salvar almas a liberar personas, es decir, con los pies en la tierra y la mirada en el cielo, que logre unir Evangelio y vida cotidiana.  5) Un sacerdote que se salga de reyes dominadores a ser un servidor humilde de la grey.  6) Un sacerdote que no se quede siendo un maestro, doctor, y que pase a la sabiduría de un corazón que sabe escuchar. 7) Un sacerdote, que deje de ser tan residente y se ubique como el itinerante. 8) Un sacerdote que no sea autosuficiente y se convierte en un pobre y servidor. 9) Un sacerdote que no piense tanto en atender las grandes masas, sino que puede tener mucho cuidado personal con sus fieles.  10) Un sacerdote, que no se limite a ser un oficiante de servicios religiosos y pase a ser el presidente de la fiesta de la vida. Que celebre acontecimientos con su gente, con sus parroquianos.   Preguntas para la reflexión personal:  1) En mi vida ministerial, ¿Qué rasgos del ministerio de Jesús descubren en mí, quienes entran en contacto con mi ministerio?.  

NUESTRO CUARTO DÍA. Jueves 11 de enero 2018. A las 7 am

            Décima Plátia:  En el ambiente de la oración de Laudes, escuchamos el texto bíblico: Lucas 8, 11-15. Parábola del sembrador.  Tomamos conciencia que los más importantes en nuestra vida de pastores es el oído:  Aprender a escuchar, tal como lo recomienda la Palabra: “ El que escucha mi Palabra y la pone en práctica” °°°°  Nuestra respuesta a la palabra de Dios, nace precisamente de una buena escucha. Por ello es necesario aprender el don de la obediencia, es una obediencia en la fe, escuchar se convierte en una condición ineludible.  El gesto de escuchar requiere: estar interesado en lo que nos están comunicando, hacer silencio y a su vez reconocer nuestra propia limitación, cuando no permitimos por los afanes de la vida, el escuchar atentamente.  Cuando logramos escuchar, invertimos la identidad de nuestro sacerdocio, ya perdemos el horizonte, el tener, el poder y el placer se convierten en fines y no en medios de nuestras vidas. Estos fines se convierten en un obstáculo para que la Palabra se quede con nosotros. Hay que recordar que el terreno bueno conserva la palabra, con el corazón bueno y recto se puede dar fruto.   

            Undécima Plática:  9 am

                        Dice la voz del Maestro: “Quien no renuncia a todo, no pude ser discípulo mío °°° “. “El que no carga con su cruz °°° “.   Meditamos el texto bíblico:  Lucas 14, 25-33   El ser del discípulo requiere calcular si somos capaces de asumir las exigencias. De ahí que es necesario discernir lo que vamos a hacer y a lo que nos vamos a comprometer.  El documento de Aparecida en sus numerales 192 y 195  °°° Nos habla de los aspectos vitales y afectivos de un discípulos que quiere seguir bien a su Maestro: “ El tercer desafío se refiere a los aspectos vitales y afectivos, al celibato y a una vida espiritual intensa fundada en la caridad pastoral, que se nutre en la experiencia personal con Dios y en la comunión con los hermanos, etc  °°°°” (Aparecida 195). 

            Pensemos en los desafíos para un buen discípulo.  Son tres:   La pobreza, la castidad y la obediencia.  Los consejos evangélicos para todo sacerdote, deben ser una manera muy plena de vivir como un auténtico discípulo.   La dificultad aparece cuando los placeres, el poder  y la ambición material ocupan el campo de la vivencia de la identidad sacerdotal.  Jesucristo es el máximo ejemplo de cómo derrotar los asuntos de este mundo y convertirlos en consejos para la misión y la obra evangelizadora. (cf   Tentaciones de Jesús en el desierto)

            Para entender el celibato sacerdotal hay que partir de un presupuesto:  No es fácil ser célibe en el mundo actual, porque el mundo se volvió erotizado, con una cultura hedonista, existe la tendencia a vivir y gozar sin preocuparnos de los demás, la ley de hoy en día, es viva y deje vivir, viva y goce la vida, viva y no se deje comprometer con un embarazo, viva lo que le guste. Existe también una idolatría del cuerpo, una tendencia a lo sensible, a lo que produce placer, prima lo sensual y sensible sobre lo intelectual.  La sociedad se volvió permisiva de los placeres y esa misma sociedad, cuando cometemos una debilidad, nos juzga severamente. Además, el celibato tiene mala prensa ante la sociedad, nosotros no sabemos explicarlo como tampoco defenderlo. Así que, el asunto celibato, no es un problema que se arregla con el matrimonio, sino que es un asunto de estructura, de madurez humana, de vida espiritual, de los alcances de la fe.

            ¿Cuál es el significado del Celibato?  Lo aceptamos porque pertenece a los secretos del Reino de Dios, y así lo explica la Escritura:  “El que pueda entender que entienda”. El celibato es signo de solidaridad; es la gran capacidad de amar. No es la negación de la sexualidad, es el hecho de poder amarlos a todos, entenderlos a todos, estar con todos.  El celibato nos permite ser más pobres y obedientes, nuestro ministerio siempre está en función de amar a la gente. El celibato es consagración de la castidad, purifica el amor del egoísmo, es la gran obra del Espíritu Santo. 

            ¿Qué medios se pueden recomendar para vivir el celibato?  1) una relación personal con Dios. Una buena dosis de oración, una vivencia plena de la Eucaristía.  2) Darse al apostolado con una creatividad generadora. 3) Cultivar la fraternidad y amistad con los demás sacerdotes. 4) La prudencia en el trato y en la relación con los demás.  5) Actuar siempre con sencillez y transparencia. 6) Evitar dar esperanzas frustrantes a las demás personas, no se puede prometer amores donde nunca van a ser realidad, ni tampoco es bueno engañar a las personas. 6) Siempre tener una comunicación decente con los demás.  7) Hay que conservarse limpios de corazón, no nos dejemos enredar: “Palabras ociosas y chabacanerías, decía san Pablo el apóstol”.  8) Hay que llevar una vida ordenada y disciplinada.  9) Hay que ejercitarse con la ascesis; no podemos hacer lo que hacen los demás en la sociedad, por ejemplo, licor, pornografía, etc.  10) Dialogar oportunamente las dificultades que se van presentando con el asesor espiritual.  11) mantener una devoción sincera con la Santísima Virgen María, el santo Rosario.   Algún autor decía:  Un celibato mal llevado, nos convierte en personas neuróticas, desordenadas, duras, agresivas, de mal humor, intransigentes, autoritarios, como que le complicamos la vida a los demás.  El Papa Francisco decía:  “ A un sacerdote no se le perdona que sea déspota, regañón, que sea avaro y desordenado en el campo afectivo”.   Pregunta para la reflexión personal: 1) En un mundo erotizado, marcado por los deseos de poder y afanado por la riqueza, ¿qué medios estoy empleando para proteger mi ministerio de estos ídolos?.  

 

Duodécima Plática.   11 am

                        La obediencia. Una virtud primordial en un sacerdote.  ¿Qué presupuestos tenemos?:  Según el mundo moderno, no está de moda el hecho de ser una persona obediente. Lo que hoy se busca es la autonomía, el libre desarrollo de la personalidad, mandar es equivalente a obedecer y eso le cuesta a muchas personas.  Los hombres modernos no quieren ajustarse a las personas, a las instituciones, a las normas de convivencia social. También hay que decir, que todo lo que sea norma o institución, nadie quiere sujetarse a ello, el mundo se mueve más en el campo de la liberación.  El obedecer pone en juego la tendencia a  obrar con instituciones y modos de pensar, eso no cabe en muchas personas.  El mismo hecho de la autoridad ha perdido prestigio y se le enfrenta, pues las autoridades han perdido su identidad moral, razón por la cual nadie quiere obedecer.

            ¿Qué significado le damos a la obediencia desde la fe?  El obedecer tiene que ver con dar oídos, poner cuidado, atender, es el querer escuchar la voluntad de Dios.  Necesita un discernimiento, porque se supone que obedecemos en aras a la misión que cumplimos.  Obedecer es un movimiento de escucha, siempre lo será:  Por ejemplo, quienes obedecieron a Dios pudieron cumplir perfectamente su misión:  Abraham, Moisés, Elí, María Santísima, san José.  Todos ellos escucharon y cumplieron.  Cristo es la máxima expresión de la persona obediente, y fue obediente hasta la muerte en Cruz.  Para ser obediente, se hace necesario guardar una relación entre la escucha y el superior.  Obedecer, así se cumple en creer.  La obediencia siempre será un aprendizaje, se supone que somos administradores y no dueños de la misión, eso es lo que recomienda el apóstol san Pablo.  Obedecer tiene que ver con la vida comunitaria, pues pertenecemos a un clero diocesano, no podemos dañar la unidad fraternal por ser personas desobedientes.  Por último, obedecer es un gesto que está ligado al misterio de la Cruz del redentor.

            ¿Qué medios podemos tener en cuenta, para vivir la obediencia?

1). Hay que conocer, amar e imitar a Jesús.  2) La obediencia hay que vivirla en actitud de escucha. 3) La obediencia es corresponsabilidad, es la búsqueda del sentido común de pertenencia a una organización.  4) hay que aprender a obedecer con alegría.  5) El heho de obedecer, tiene que ver con la participación, debemos trabajar en equipo.  6) En el ambiente de la obediencia se hace obligatorio, aprender a hablar de una manera directa, sincera y muy respetuosa para con los demás.  7) Ser obediente, implica avalar el consenso, aunque no estemos de acuerdo con el consenso de la mayoría.    8) Obedecer, es practicar lo que se decide comunitariamente.  9) Obedecer, también es responder a las consultas que se nos hacen; no podemos dejar esos compromisos a un lado. 10) Obedecer, es participar con alegría en nuestros eventos diocesanos, no a regañadientes. Por último, obedecer, es ejercer también la autoridad, pero con el ánimo del servicio, no debemos de abusar del poder que se nos da. 

            VEAMOS EL AMBIENTE DE LA POBREZA, COMO VIRTUD

1 Timoteo 6, 7-10. 

            Se dice que la raíz de muchos males es el exagerado amor al dinero.  ¿Qué presupuestos tenemos?  1) El mundo se mueve en medio del lucro, de todo lo que produce placer, lo que produce utilidad. 2) Nos movemos en una sociedad de consumo, toda la publicidad está orientada a consumir, a comprar.  3) Todo tiene la marca de la utilidad.   El santo Padre Francisco con motivo de su visita a Colombia advertía:  “El diablo entra por el bolsillo”.  La Biblia nos pide pensar:  “No se le puede servir a dos señores”.  

            ¿Qué significado le damos a la pobreza desde la fe?   Según la Escritura, es desprendimientos, es señal de la llegada del Reino.  Cristo mismo es el ejemplo, porque él trae la buena nueva a los pobres y a los humildes.  Cristo pide para su seguimiento un desprendimiento total:  “Vende lo que tienes  y luego ven y sígueme” °°°°  Hay que tomar una actitud ante la pobreza.  Te quedas con Dios o con el dinero.   Las bienaventuranzas, proclaman: “Dichosos aquellos que sean pobres”  °°°°  La pobreza da autoridad para el área de la evangelización.  La pobreza permite quitar todo tipo de apegos. Con la pobreza, ganamos más solidaridad para con los necesitados.  La pobreza es un abandono a la providencia.

            ¿Qué medios podemos usar para vivir la pobreza?

Nos identificamos con Cristo.  Estamos en contacto con los más pobres.  Aprendeos a vivir sobrios y de una manera ordenada.  Cuando somos pobres, prima el servicio a los demás y mis propios valores.  Siendo pobres, tenemos tiempo para el descanso, cuidamos la salud física y mental. Cuidamos de los bienes comunitarios parroquiales que se nos encomiendan, somos buenos administradores. Nos convertimos en organizadores y buenos administradores. El ser pobre, me enseña a ser justo con los demás, por ejemplo, me preocupo por el bienestar de los empleados parroquiales. 

Décima tercera plática:  4.30 pm

            La vida espiritual del sacerdote. 

Tomamos como punto de referencia el texto del Evangelio según san Lucas 4, 14-21.  Jesucristo da inicio a su vida pública, el cual lo lleva a su plenitud según la profecía del profeta Isaías. “El Señor me ha ungido y me ha enviado a cumplir una misión”.  Todo se envuelve en el término de la caridad pastoral.  Se entiende la espiritualidad de un presbítero desde la misma caridad. La caridad va a mostrar la manera de actuar y de pensar del ministro de Dios.   De acuerdo al documento de Aparecida, en sus numerales 195 y 199, el sacerdote debe llevar una vida espiritual intensa, una vida de oración y debe saber hacer uso de los medios de perseverancia para que pueda cumplir su misión perfectamente.

 

            ¿Cuál es el significado de la vida espiritual?  Como primera medida, la espiritualidad del sacerdote debe centrarse en la santidad de vida.  Ese es el primer llamado de Dios a cualquier persona, a ser santos como él es santo (cf. Romanos 6,4).  Todos estamos llamados a ser santos. Nuestra vida debe estar orientada a partir del espíritu de Cristo, tal cual, se le dice a un sacerdote en su ordenación: “ Imita lo que conmemoras °°°°”.   Una buena espiritualidad se debe vivir en el ambiente de la caridad pastoral (cf  Presbyterorum Ordinis, 14; Pastores Davo Vobis, 21-29).  La espiritualidad debe ser eclesial y misionera.  Los buenos comportamientos de una espiritualidad en el ministro de Dios, deben ser propios y los mismos de Cristo (cf. Pastores Davo Vobis 21). 

 

            ¿Qué líneas podemos descubrir en la espiritualidad?  Una espiritualidad donde el sacerdote guarda una profunda amistad con Jesús.  Su servicio eclesial debe ser eminentemente evangelizador, con un buen celo apostólico.  El buen pastor, debe ser un hombre de la misericordia y la compasión. 

            ¿Qué medios, podemos usar para una buena espiritualidad?  Aprovechar al máximo la vida en comunión con los demás presbíteros (cf. 1 Pedro 3, 8-9).  Se puede hablar de un decálogo para la comunión espiritual en los sacerdotes.  Veamos:  1) quererse así mismo, tener una alta auto estima, dar y recibir mucho afecto, guardar buenas relaciones con los demás, cultivar las buenas amistades, aceptar la corrección fraterna y no hablar nunca mal en ausencia del sacerdote. El Papa Francisco recomienda, No a la mundanidad espiritual: (cf. Evangelii Gaudium, 98).  Llevar una sencillez de vida, estar abierto al servicio, evitar los chismes, estimular a los demás y no destacar tanto lo malo en el otro. Abrir caminos de esperanza con actitudes de afecto.  

            La buena espiritualidad marcha en la línea de la Lectura orante de la Palabra de Dios. La misma oración es respuesta a la Palabra de Dios.  Hay que conservar y mantener la dirección espiritual, que es un acompañamiento para el discernimiento. Que el sacerdote sea el primer beneficiario del sacramento de la reconciliación. Que la Eucaristía sea plena y fervorosa como fuente de la espiritualidad sacerdotal. Una buena devoción a la Santísima Virgen María. 

 

 

            Terminamos nuestro retiro, este día jueves 11 de enero 2018 a las  7 pm con la celebración Eucarística.  Agradecimientos inmensos a Monseñor,  Gabriel Villa Vahos, por sus magistrales y profundas reflexiones.  Dios permita que nosotros los sacerdotes, regresemos a nuestras parroquias, renovados en el espíritu y con muchos deseos de seguir siendo discípulos misioneros de Jesucristo.   Padre, Jairo Yate Ramírez.  Arquidiócesis de Ibagué.