1 February 2023
 

5 de octubre 2016. Todos ganamos, ganó Colombia. Padre, Mario García Isaza, formador, seminario mayor, Ibagué. ColombiaLos resultados que arrojó la votación de los colombianos en el plebiscito del dos de octubre deben ser, para quienes vivimos convencidos de que Dios es un Padre providente que vela por nosotros, un motivo de profunda y sentida acción de gracias. 

Y lo digo porque creo que, así el NO al acuerdo haya triunfado por un margen estrecho, esa victoria constituye un verdadero milagro; era David contra Goliat; era la defensa casi inerme de unas convicciones y de unos valores éticos y políticos enfrentando a una maquinaria aplastante que contaba con todas las baterías del aparato estatal y que blandía sus armas, no pocas veces en forma tabernaria, con el apoyo incondicional y sumiso de los más poderosos medios de comunicación. 

Y lo digo, además, porque pienso sinceramente que, aunque muchos no lo entiendan, todos ganamos, ganó Colombia. Démosle gracias a Dios, porque nuestra patria se ha salvado, quiéralo Él que sea definitivamente, del tortuoso camino por el que el pacto entre el gobierno y las FARC querían llevarla : hacia una sociedad de la que estuvieran ausentes la ley de Dios, la inspiración cristiana, los fundamentos de la doctrina social de la Iglesia, los valores morales y espirituales que los colombianos heredamos de nuestros mayores; hacia un proyecto nacional inspirado en el socialismo marxista, y atravesado en todas sus estructuras por aviesas ideologías. 

No será fácil, seguramente, lo que ahora se viene; el gobierno, el mismo grupo sedicioso de las FARC, los partidos políticos, y todos los colombianos, necesitaremos sabiduría, discernimiento, serenidad y luz, para encontrar caminos muy distintos a los equivocados que quisieron seguirse, que nos lleven a lo que todos anhelamos: una paz verdadera, cimentada en la justicia y en la verdad, inspirada en la sana doctrina. Necesitaremos grandeza de alma para no alimentar resentimientos y tratar de enderezar el rumbo, para seguir buscando la reconciliación sin sacrificar las exigencias de la justicia, para rescatar los innegables aspectos positivos de lo que hasta ahora se ha logrado pero purificando el conjunto de los muchos elementos perversos que, como cizaña maléfica, pretendían ahogar lo bueno. Necesitaremos magnanimidad y sentido de fe, para entender que no es vacua palabrería aquello de que la voz del pueblo es la voz de Dios. Y de ese Dios, el Dios de Colombia que tantos han aquerido desterrar de nuestras instituciones, de ese Dios tenemos que recabar todo eso que vamos a necesitar. Ahora, más aún, tenemos que intensificar nuestra oración por Colombia, por quienes tienen en sus manos el gobernalle de la nave, por los que han trasegado los caminos de la violencia, por quienes mantengan, o asuman ahora, la responsabilidad de conducir los diálogos en busca de un acuerdo que sea aceptable y bien inspirado. En este mes del Rosario, ¿por qué no sentirnos invitados a pedir la intercesión de María para alcanzar de Dios esos dones? Todos ganamos, ganó Colombia. ¡Dios sea bendito !  Correo: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla.