25 September 2017
 

4. Contemplando el misterio de la Eucaristía oremos por nuestros sacerdotes y por la erradicación de la pobreza y la exclusión social

No podemos olvidar que 2010 ha sido declarado por la Comisión Europea “Año de lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social”, por eso, en este Año Sacerdotal que estamos terminando y en todo el 2010, contemplando el misterio de la Eucaristía os invitamos a dar gracias a Dios por el don que significa su presencia eucarística y a orar por los sacerdotes y también por todos aquellos que entre nosotros son víctimas de la pobreza y la exclusión social.

Gracias, Señor, por el don de la Eucaristía, por tu Cuerpo entregado y tu Sangre derramada para la vida del mundo. Gracias porque quisiste poner este admirable don en manos de los sacerdotes y porque nos lo dejaste como sacramento de comunión fraterna entre todos los hombres.

Te damos gracias por nuestros sacerdotes y te pedimos por ellos y por su servicio generoso a los más necesitados. Que configurados con Cristo Pastor, su corazón se conmueva siempre ante los pobres, los hambrientos, los excluidos, los marginados. Que identificados con Cristo Sacerdote renueven con gozo la ofrenda de sus vidas en cada Eucaristía al servicio de la salvación de todos los hombres. Que en el seno de nuestras comunidades cristianas sean los hombres de la caridad animando y presidiendo el ejercicio organizado de la caridad.

Y que en este “Año Europeo de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social” oigamos el clamor de los 78 millones de pobres que viven en Europa y trabajemos por superar esta injusticia social que afecta a la dignidad de las personas y a los derechos humanos de un modo inadmisible, sobre todo en una sociedad que dispone de recursos suficientes para erradicar la pobreza si se decide a hacer de la persona el centro de la vida económica y social, como pide el Santo Padre, Benedicto XVI[21].

 

EL PROFESIONAL MÁS FELIZ DEL MUNDO

15 Abril 2012.  Ser sacerdote es ser testigo de valores eternos, es ser solidario de las alegrías y penas de todos los hombres, que buscan la felicidad más allá de las paredes mudas del tiempo y del espacio

                ALFONSO LLANO ESCOBAR, S. J.     Fuente. Periódico el tiempo, Colombia. A finales del pasado mes de noviembre, la prestigiosa revista Forbes, especializada en el mundo de los negocios y finanzas, conocida habitualmente por la publicación anual de los hombres más ricos del mundo, publicó una lista de las diez profesiones más gratificantes, a juzgar por el grado de felicidad de quienes las ejercen. Los sacerdotes católicos y los pastores protestantes están a la vanguardia del ranking.

Más de uno de mis lectores, acostumbrado a juzgar por las apariencias, es posible que opine que la revista anduvo equivocada. Pero los que juzgan por apariencias suelen andar más descarriados, fuera de que, en este caso, no juzgan acerca de sí mismos sino en nombre de un profesional cuya vida íntima desconocen.

Responde hoy un sacerdote -después de 55 años de sacerdocio, vividos de tiempo completo y dedicación exclusiva, después de conocer a muchos sacerdotes de su comunidad, de otras comunidades y del clero diocesano- diciendo, con espontánea sinceridad, que si se entiende por felicidad: unión con Dios, plenitud de vida, sentido de la existencia, servicialidad, trato social, y otros valores por el estilo, ciertamente ser sacerdote es la profesión más bella y feliz de la tierra.

¿Qué pasa en otras profesiones? No quiero referirme a adolescentes y jóvenes, quienes aún no han encontrado un puesto en la vida y la estabilidad de su corazón y su trabajo. Hablo de hombres maduros, de unos 30 años en adelante, y tengo que confesar que muchos de ellos, tal vez la mayoría, no encuentran hoy orientación, densidad de vida, felicidad. Muchos se sienten inestables en su matrimonio, inseguros en su profesión, desorientados en la vida, enfrascados en mil tonterías del presente, esclavos del celular y del blackberry, sin rumbo en la vida, sin Dios y sin Patria. Viven del pan de cada día, sin la mira puesta en un valor trascendente que les aquiete su espíritu, sin rumbo, sin meta, atentos únicamente a la noticia del día, a la olla podrida de la corrupción, a la aventura del momento, Dios no quiera, a la infidelidad consentida.

No así los sacerdotes que conozco, y con humildad agradecida lo confieso, no así el que esto escribe. Es cierto que hoy día atraviesa el sacerdocio una de sus peores crisis en la historia, debida a una lamentable imagen pública, por el descuido sexual de unos pocos hermanos que han manchado el rostro de la profesión sacerdotal. ¡De acuerdo! Vergüenza, dolor, pero jamás claudicación ni desespero.

Modelo invisible, que ostenta un rostro sublime, y la presencia real del resucitado y exaltado, Jesús, Sacerdote Eterno, que mantiene muy en alto nuestra profesión y nuestro ministerio. No trabajamos por la fama del momento, sino por el servicio desinteresado en bien de nuestros hermanos, los hombres.

Ser sacerdote es ser testigo de valores eternos, es ser solidario de las alegrías y penas de todos los hombres, que buscan la felicidad más allá de las paredes mudas del tiempo y del espacio. Ser sacerdote es sobrenadar sobre las ansiedades terrenas de sus hermanos, es levantar al caído, es liberar al cautivo, es visitar al enfermo, es orientar al náufrago perdido.

Ser Sacerdote es ser feliz, con la felicidad profunda, que ignora la mayoría de sus hermanos seglares. Ser sacerdote es estar orientado en medio de las oscuridades del mundo, es vivir con la mira puesta más allá del presente, y con el alma limpia a pesar de pisar con el cuerpo el lodo de las miserias terrenas. Como canta el poeta, el sacerdote vive: "tocada la sandalia con polvo de la tierra, tocada la pupila con resplandor de cielo". Ser sacerdote es caminar, caer y levantarse con sus hermanos, para musitarles al oído: "Caminante, no hay camino, se hace camino al andar".

Ciertamente: ¡el sacerdote es el profesional más feliz del mundo! Tenía razón la revista Forbes.

VIA CRUCIS SACERDOTAL AÑO  2012

Javier Leoz

6 Abril 2012.   Delegación para la Piedad Popular (Pamplona) (Revista Ecclesia)

                PRIMERA ESTACIÓN: JESÚS CONDENADO A MUERTE - Te adoramos Cristo y te bendecimos - que por tu Santa Cruz redimiste al mundo La condena que recibe Cristo se sigue repitiendo en la vida, con todo el peso del dolor que conlleva de no ser aceptado, de ser despreciado, encontrado falto en algo. Sin embargo tenemos excusas para todo: que Pilato fue cobarde, que el pueblo no sabía, que los soldados no creían. Los sacerdotes frecuentemente nos encontramos con esa crítica casi todos los días, con miradas de sospecha, con sonrisas de burla. Muchas veces escuchamos o vemos esa desaprobación y seguimos excusando. El sacerdote que se emplea a fondo en la evangelización siempre será causa de contradicción. Ir contracorriente, predicar íntegramente el mensaje del evangelio, sin dulcificarlo, nos conduce frecuentemente a ser señalados como un freno y a veces como intromisión en el libertinaje que abunda a nuestro alrededor.

Cesare Bisognin ha sido el sacerdote más joven del mundo. Fue ordenado a los 19 años. Había entrado en el Seminario de Turín y, a sus 17 años, en 1974, le detectaron un cáncer a los huesos incurable. Alguien le habló de su gran deseo de ser sacerdote al cardenal de Turín, y él lo transmitió al Papa Pablo VI, quien le dio permiso para ordenarlo sacerdote en su propia casa.

Cesare estaba en su cama y allí recibió el sacramento del Orden sagrado. A la ceremonia sólo asistieron algunos familiares y amigos. En una entrevista que le hicieron ese mismo día de su ordenación, dijo:

Mi primer acto de sacerdote ha sido dar la comunión a mis padres como una señal de agradecimiento por haberme dado la vida. Yo les he dado la Eucaristía, que es el pan de vida, la presencia real de Cristo.

En estos momentos, mi esperanza está en el buen Dios. Si me ha escogido es, porque quiere que viva para los otros. Ser sacerdote es ser de Dios y Dios es de todos, luego el sacerdote es de todos.

Cesare murió a los veinticuatro días de ser sacerdote y sólo pudo celebrar una misa. Pero ahora sigue siendo sacerdote con Jesús por toda la eternidad. Intercede por nosotros. ¿Cómo es nuestra entrega al Señor? ¿Firme o quebradiza? ¿Cómo el primer día o rutinaria? ¿Emocionada o ya sin pasión? Que nuestra entrega sacerdotal sea sin límite, generosa. Que lejos de mirar al reloj sepamos morir para que viva el Señor. Señor pequé ten piedad y misericordia de nosotros pecadores Padrenuestro…

SEGUNDA ESTACIÓN: JESÚS CARGA LA CRUZ. – Te  Te adoramos Cristo y te bendecimos - que por tu Santa Cruz redimiste al mundo Esa cruz de madera que Nuestro Señor cargó por nosotros, la asumimos cada día los sacerdotes cuando nos acercamos hasta el altar para celebrar la Santa Misa. Llevamos en la mente y en el corazón los dolores de los hombres, las intenciones que nos han presentado a través de oraciones, los enfermos que atendemos, los agonizantes que hemos despedido, los pecados que hemos perdonado, los matrimonios que se confían a nuestro consejo. Muchas de las cargas de los demás, y a veces dolorosas, las soportamos en diversas ocasiones en una punzante cruz para entregarla a Dios. Para que Dios la santifique.

                El Padre Luis de Moya Estudió teología en Roma y se doctoró en derecho canónico, además de ser médico. Se ordenó sacerdote del Opus Dei y, en 1991, a los 38 años de edad, quedó tetrapléjico a causa de un accidente automovilístico. Sin embargo, no se ha dado por vencido y, a pesar de todos los inconvenientes de su estado, pues sólo puede mover la cabeza, ha dado sentido a su vida y vive con optimismo, dando clases de Ética en la universidad de Navarra y trabajando como capellán. Ha escrito un libro sobre su vida, titulado Sobre la marcha. En él nos dice que se siente feliz de ser sacerdote y ofrecerle al Señor sus limitaciones y poder ayudar a tantos enfermos que necesitan ayuda y consejos. Dice:

La santa misa es el “momento” del sacerdote. Siempre lo he entendido así, pero, tal vez, ha sido ahora, al tener más tranquilidad para contemplar el sacrificio mientras celebro, cuando mejor he captado el amor de Dios que salva y el sentido del sacerdocio ministerial. Muchas veces, he pedido al Eterno fortaleza para ser otro Cristo y servir a los demás para su salvación.

                Luis de Moya es un ejemplo para tantos que se desesperan y desean la muerte. Porque vale la pena vivir. Mientras hay vida hay esperanza de mejorar. Lo más importante no es trabajar y ser útil, humanamente hablando, sino que lo más significativo es amar y hacer felices a los demás. Y eso lo puede hacer un enfermo, con amor y con su oración. Por la generosidad de su vocación, Señor cúbrenos de tu amor y a nosotros muéstranos su dignidad.

¿Preguntamos y nos interesamos por la cruz de aquellos que nos rodean?¿Presentamos nuestro Ministerio Sacerdotal como fuente de consuelo, cercanía y esperanza?  ¿Preguntamos y nos interesamos por la cruz de aquellos que nos rodean?¿Presentamos nuestro Ministerio Sacerdotal como fuente de consuelo, cercanía y esperanza? Señor pequé ten piedad y misericordia de nosotros pecadores Padrenuestro

TERCERA ESTACIÓN: CAE JESÚS POR EL PESO DE LA CRUZ - Te adoramos Cristo y te bendecimos - que por tu Santa Cruz redimiste al mundo Nos encontramos la primera de las caídas de Nuestro Redentor. Tal vez fue una piedra lo que le hizo tropezar. ¿Cuáles son las piedras que salen a nuestro encuentro? En cuántos momentos el exceso de trabajo se convierte en losa que no nos permite identificarnos más y mejor con Cristo, la superficialidad de la gente que nos busca, tienta y abruma. En cuántos instantes somos aplastados por nuestras propias facetas de ira, depresión, pereza o las propias heridas de la vida.

                AL SANTO CURA DE ARS No le faltaron calumnias y persecuciones. Se empleó a fondo en una labor de moralización del pueblo: la guerra a las tabernas, la lucha contra el trabajo de los domingos. La sostenida actividad para conseguir desterrar la ignorancia religiosa, le ocasionaron sinsabores y disgustos. No faltaron acusaciones ante sus propios superiores religiosos. Sin embargo, su virtud consiguió triunfar, y años después podía decirse con toda verdad que «Ars ya no es Ars». Los peregrinos que iban a empezar a llegar, venidos de todas partes, recogerían con edificación el ejemplo de aquel pueblecillo donde florecían las vocaciones religiosas, se practicaba la caridad, se habían desterrado los vicios, se hacía oración en las casas y se santificaba el trabajo. Permítenos Señor, a tus sacerdotes, que frente a las caídas personales o colectivas guardemos el mismo respeto silencioso que tenemos ante la caída de Jesús. Ayúdanos a levantarnos con el poder de la oración. Con la confianza de saber que Tú estás en medio de nosotros. Ayúdanos a levantarnos de nuestras propias miserias: de nuestra falta de oración, de las prisas en el apostolado, de la superficialidad en nuestras homilías. Señor pequé ten piedad y misericordia de nosotros pecadores Padrenuestro

CUARTA ESTACIÓN: LA SANTÍSIMA VIRGEN SE ENCUENTRA CON SU HIJO JESÚS - Te adoramos Cristo y te bendecimos - que por tu Santa Cruz redimiste al mundo María salió al encuentro de su Hijo por si podía aliviarlo, pero no la dejaron acercarse. Ella es la Madre de cada sacerdote y no deja de acompañarlos en nuestros trabajos, dolores y decepciones. El Padre Bueno le permitió a su Hijo amado, tener a María junto a la cruz. Desde ese día cuando un escogido por el Señor sube al Calvario, junto a él se encuentra la Madre… Don José María García Lahiguera, fue sacerdote y obispo nacido en Fitero, fundador de las Oblatas de Cristo Sacerdote recientemente trasladadas de Javier. En 1936 los milicianos entraron en su casa en Madrid y saliendo a su paso confesó: soy yo el sacerdote. A punto de ser martirizado, y sin ocultar nunca su condición sacerdotal, por una contraorden se salvó de una muerte segura. Años más tarde, a punto de morir en 1989, escribía en su testamento espiritual: Doy gracias a mi Madre Inmaculada, Madre de la Iglesia, siempre Virgen María, Asunta a los cielos, Reina de mi corazón, Señora de mi vida, Dueña de todo mi ser, Madre de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, por haberme concedido para con Ella una tierna devoción mariana, filial, cariñosa, infantil, constitutivo característico de mi piedad. Consagrado a Ella desde mi nacimiento, de Ella como Mediadora Universal de todas las gracias espero confiadamente el perdón de mis pecados, la santidad de mi vida, mi perseverancia final y eterna salvación. Nos encomendamos en esta estación a la intercesión de Santa María. ¿Dejamos que Ella nos auxilie en nuestras tareas pastorales? ¿Cuidamos y cultivamos el rezo del Santo Rosario? ¿Purificamos y potenciamos su devoción en medio de nuestros fieles? ¿La buscamos en tantas aristas o esquinas duras de nuestro viacrucis sacerdotal? ¿Somos promotores de la piedad mariana secundando las romerías diocesanas, el mes de mayo, el tiempo de adviento o la piedad popular?

Señor pequé ten piedad y misericordia de nosotros pecadores Dios te Salve María

QUINTA ESTACIÓN: EL CIRENEO AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ - Te adoramos Cristo y te bendecimos - que por tu Santa Cruz redimiste al mundo Dios nos creó en comunidad y para la comunión, por eso necesitamos tanto de cirineos que nos ayuden a llevar la cruz, cuando se nos hace muy pesada. Dice el evangelio que el cirineo seguía a Cristo con la cruz y el pueblo lo seguía. Los sacerdotes tenemos que ser personas que por vocación, estemos siempre disponibles para socorrer a las almas. Para sostener, para preservar, para purificar, para enderezar, para alegrar, para consolar, para distribuir bienes espirituales y materiales. Intentamos cargar cruces que no son propias y, cuando las llevamos en carne viva, es cuando más sentimos que somos guías del pueblo. Siendo cirineos, nos damos frecuentemente cuenta de ello, sabemos que llegamos al corazón de las personas, que nuestros gestos hablan más que nuestras propias palabras. El misionero Pedro Manuel Salado, de 43 años, falleció hace un mes en Ecuador.El 5 de febrero marchó con un grupo de niños y niñas a una playa cercana a su misión. Cuando los niños estaban jugando en el agua cerca de la orilla una ola se llevó a siete niños hacia dentro. Pedro no dudó y, a pesar del miedo, se lanzó al agua y los fue sacando uno a uno. Tras sacar a los dos últimos fallecía en la orilla exhausto. Pedro murió como vivió: “ayudando a los demás”. “Si el grano de trigo cae en tierra y muere da mucho fruto”. Concédenos, Jesús, generosidad sin límites. Que como el cirineo no miremos al tamaño de la cruz, si nos gusta o no, si pertenece a un amigo o a un desconocido. La cruz, muchas veces, es la misión encomendada por nuestro obispo a cada uno de nosotros (a veces pesada, no buscada, irrelevante, agobiante o incómoda) otras veces, la cruz del Señor, puede ser la obediencia: cuando nos cuesta ver la voluntad de Dios en aquello a lo que se nos llama. Ayúdanos Señor a salir siempre decididos al encuentro de los demás. Sin miramientos. Sin buscar otros intereses que no sean los de aliviar cruces, ayudar y rescatar a tantos hermanos nuestros que están siendo engullidos por las olas del secularismo, del relativismo, de la falta de fe o de las dudas en la misma Iglesia. Señor pequé ten piedad y misericordia de nosotros pecadores Padrenuestro

6ª ESTACIÓN: LA VERONICA LIMPIA EL ROSTRO A JESUS - Te adoramos Cristo y te bendecimos - que por tu Santa Cruz redimiste al mundo Lo que para la Verónica fue un regalo, (recibir el Rostro bendito de Cristo en su lienzo) como sacerdotes intentamos, con el Sacramento de la Reconciliación , devolver la belleza del rostro cristiano a cada hijo de Dios. Como la Verónica, por la confesión, quitamos con cuidado del alma de cada uno de los penitentes aquello que, la cruz de la vida, va marcando, malogrando y sangrando en el interior o en el exterior de los que vienen hasta nosotros. ¡Bendita la confesión sacramental! La que nos devuelve el Rostro de Cristo, puro y limpio, para que seamos luego signo de su presencia. ¡Bendita la confesión sacramental! Que, con paciencia, constancia…y a veces sin frutos aparente, hace posible que devolvamos al mundo semblantes relucientes en santidad y alegría, en esperanza e ilusión, en amor a Dios y en deseos de permanecer fieles a Cristo. La Verónica salió al paso de Cristo con lo que tenía ¿Por qué nos cuesta a nosotros ofrecer el pañuelo de la Misericordia de Dios a través del Sacramento de la Penitencia?

                Era una tarde en la iglesia de San Juan de Cáceres. Entré más por curiosidad artística que por celo sacerdotal. Mi vestimenta me identificaba. Me encontraba visitando una preciosa capilla de la Virgen Dolorosa cuando, una joven, me preguntó con lágrimas en los ojos: ¿Padre…me puede confesar? Me sorprendí y, la verdad, yo me quería escapar de esa situación. Le dije que no era de esa Diócesis. Que tal vez necesitaría el permiso del párroco.

¡Tenga misericordia de mí, padre! ¡Lo necesito! ¡Se lo pido por favor!

Nos sentamos en un banco bajo la mirada de la Madre. No os relato los pecados, pero me hicieron estremecerme. Os digo que aquella joven se fue feliz. Hacia 15 años que no pisaba una iglesia. Otros tantos que no se confesaba y…Dios se sirvió de ella para darme dos lecciones:

                Soy instrumento de su misericordia y estoy para sanar heridas. ¿Queréis creerme que, desde entonces, sólo por una persona me siento todos los días a confesar?

Se me acercó una señora. ¿Padre por qué llora? ¿Le ocurre algo? ¡No! Dios ha pasado por aquí! ¡Dios ha pasado por aquí! Y casi dejo que pase de largo. Dios me hizo ver que está mucho más cerca de mí, como sacerdote, de lo que yo pienso. Te damos gracias Señor porque, como la Verónica, devolvemos a muchos rostros el brillo en sus ojos y la fuerza para que sigan hacia adelante con el Sacramento de la Penitencia.