24 November 2017
 

9.- La codicia es peor que la lujuria. El dinero hace falta para evangelizar. Muchos instrumentos de evangelización cuestan dinero. Pero el apego al dinero puede apartarnos de Dios.

10.- Sé fiel al MAGISTERIO OFICIAL DE LA IGLESIA. Debemos dejarnos conducir por quien Dios ha puesto al timón de la Iglesia, y no por las opiniones de un marinero de cubierta.

11.- Debemos procurar ser “otros Cristos” en la tierra: pasar haciendo el bien. Que todo el que se acerque a nosotros se aleje mejorado espiritualmente.

12.- Y por supuesto, atiende a todos siempre con buena cara. Que nunca nadie pueda considerar que no lo has atendido bien.

13.- Cuida mucho los juicios que emites de otros. Alguna persona se apartó de la Iglesia por lo que dijo de ella un sacerdote. Hay que combatir el error, pero sin despreciar a la persona equivocada.

14.- Si te equivocas, reconócelo; y pide perdón si alguien se ha sentido herido por tu culpa. La soberbia en un sacerdote es funesta. La humildad resulta atractiva.

15.- Que se te vea piadoso. Trata a la Eucaristía con todo respeto y devoción. El P. Ángel Peña, agustino recoleto, tiene un bonito libro titulado SACERDOTE PARA SIEMPRE, que termina con este consejo: ‘Sacerdote, celebra tu misa, como si fuera tu primera misa, como si fuera tu última misa, como si fuera tu única misa’.  

"La Iglesia no tapa, no camufla, no omite, no permite

y no comulga con abuso a menores

Con esta contundente frase el director del Departamento de Ministerios Ordenados del episcopado colombiano, P. Juan Álvaro Zapata, recordó la posición de rechazo de la Iglesia Católica frente a casos de abuso a menores. Estas declaraciones las hizo tras compartir con el presbiterio de El Espinal la presentación del Decreto de Prevención de Abuso contra Menores que empezó a regir en esta jurisdicción.

El sacerdote afirmó que la Iglesia ha creado mecanismos que buscan "prevenir, contrarrestar y afrontar estas realidades tristes y dolorosas".

El decreto que se presentó el 29 de octubre tiene tres dimensiones: la recepción de las víctimas, seguimiento e investigación del caso y la determinación canónica.

"La iglesia rechaza este tipo de actos, busca hacer justicia y por ello está poniendo todos los medios para cooperar con todas las investigaciones a nivel canónico y civil", subrayó el presbítero.

En esta línea, puntualizó que la Iglesia "está haciendo un trabajo fuerte y profundo en los seminarios" durante el proceso de discernimiento, acompañamiento y formación de los candidatos. De esta forma se asegura ordenar presbíteros que respondan y estén preparados para vivir su vocación con coherencia.

Al referirse a las causas que impulsan este tipo de actos explicó que la pedofilia y la Efebofilia son patologías y enfermedades que no provienen de la opción que hace una persona al renunciar a una vida sexual en pareja y opta por el celibato.

"Es una realidad que siempre ha existido en la sociedad como un hecho pecaminoso y un delito. Lo han producido muchos hombres y mujeres de cualquier área. Surge en el ser humano de cualquier condición y cualquier dignidad. Esta realidad no depende de la vida celibataria, es fruto de una patología que es consecuencia de muchos factores", aclaró el sacerdote.

El P. Juan Álvaro Zapata destacó que la estructura del decreto y los procedimientos que en él se señalan son integrales porque implican a juristas, penalistas, psicólogos y asesores espirituales que orientan a las víctimas y a los denunciados.

El decreto es fruto de líneas que emanaron de la última Asamblea Plenaria del episcopado colombiano realizado el mes de julio de 2013. Hasta el momento estas líneas se han convertido en decretos en las diócesis de El Espinal y en Tunja. El resto de las jurisdicciones están en proceso de publicar sus decretos. Una vez que es declarado decreto cualquier persona puede consultarlo.  

QUÉ SE ESPERA EN LOS 20 PRIMEROS AÑOS DE MINISTERIO SACERDOTAL

21 Junio 2013.  En muchas diócesis, cuando se habla de formación permanente de los presbíteros, se piensa inmediatamente en los primeros cinco años; en algunos lugares... ...esta etapa del clero joven se suele extender, llegando en ocasiones a incluir hasta los diez primeros años. Sin embargo, si tomamos en serio que la persona vive en permanente proceso de desarrollo, resulta obvio que la formación permanente no se agota en esta primera etapa, tiene que procurarse también en las siguientes etapas de la vida y ministerio de los presbíteros.

Es de esperarse que entre los seis y los veinte años de ministerio el presbítero alcance a identificarse plena y serenamente con su vocación y misión, y que con mayor facilidad logre poner sus carismas al servicio de los demás; sin embargo, puesto que ya ha logrado un conocimiento suficiente de las luces y sombras de su presbiterio y de la acción pastoral de su diócesis, no faltan los casos en los que se refleja una tendencia a instalarse, a aburguesarse y a buscar privilegios; no es extraño encontrar en esta etapa a quienes se dejan llevar por complejos de superioridad y un afán desmedido por los bienes materiales.

En esta etapa es posible que el presbítero logre una mayor estabilidad emocional, una más desarrollada capacidad de comprender a los demás y de manejar adecuadamente las crisis personales; no obstante, no faltan los casos en los que al no resolver las crisis se da la búsqueda de compensaciones y en algunos casos se pueden reconocer adicciones y desviaciones afectivas y sexuales.