21 November 2017
 
  1. I.Solemne Vigilia Pascual……Aleluya:

 

 Donde “Cristo es la Luz del mundo”… La Bienaventuranza del Resucitado, “Dichosos los que creen sin haber visto”, está destinada a las generaciones que vendrán después de  aquellos testigos.

Una fe difícil y necesaria… No es fácil hermanos  creer en la resurrección de Jesús; sin embargo, se trata del evento central del cristianismo, sin el cual sería vacío nuestro mensaje y por ende nuestra propia fe (1 Cor 15, 14).

La duda entonces  es el hilo conductor que a todos nos embarga: dudan María Magdalena, duda Pedro y los discípulos,  y también Tomás, pero al final Juan formula una nueva bienaventuranza dirigida a todos nosotros para sacarnos de la duda:“Bienaventurados los que sin ver creyeron” (Jn 20,29).

 

¡”Felíz victoria de la vida sobre la muerte!”… La resurrección de Cristo es el evento que cambió el rostro del mundo y el sentido de la historia en la vida de los hombres. Si Cristo ha resucitado, quiere decir que Dios ha construido un puente que une la muerte con la vida. La muerte ha sido vencida desde el momento en que Cristo aceptó morir por la redención de la humanidad.

El dolor hermanos  ha sido superado desde el momento en que Cristo aceptó libremente sufrir y, el pecado ha sido vencido desde el momento en que Cristo lo cargó sobre sus hombros……. Todo esto es verdad a pesar de que la muerte, el pecado y el sufrimiento, nos siguen acompañando a todos  en medio de nuestra existencia. Pero hay una gran novedad: de que han perdido su condición de ser insuperables.

La Pascua de Cristo hermanos debe marcar toda la moral cristiana en dos grandes dimensiones: vivir como hijos de la Luz y caminar con una vida nueva……..Si vivimos así,  nos convertiremos entonces en “Testigos del Resucitado.  Hay una anécdota que nos impulsa con entusiasmo en esta reflexión: una religiosa quien murió a los veintiún años en un convento de clausura, se había propuesto aquel lema de su vida: “Señor, que quien me mire, te vea siempre”.

¡Que cuantos te miren a ti, no les quede otro remedio que ver a Dios en ti.!

Para llevarlo a la práctica….

  • La Pascua entonces es tiempo de alegría y de fiesta; y de abrirnos sin miedo a la vida de Dios.
  • Propongámonos a luchar contra todo mal; de creer en el Padre que es siempre amor, en el Hijo que es nuestro camino, y en el Espíritu que está presente y vivo en nosotros.
  • Que sepamos finalmente manifestarlo en la coherencia de nuestra propia vida, para que todos vean que tenemos un “rostro de resucitados”.
  1. II.                “LA RAZÓN DE CREER” : Hch 5,12-16/Sal 118/Ap 1,9-11ª. 12-13. 17-19/Jn 20, 19-31.                     

Como los discípulos después de su resurrección, no podemos ver a Cristo con nuestros sentidos, pero podemos experimentarlo como amor viviente a través  de nuestra fe.

 “Tú crees porque me viste. Bienaventurados aquellos que no ven y creen”. Hoy hermanos no es que estemos en situación peor, con respecto a Jesús, que los discípulos de su tiempo.  Este Evangelio tiene además otro significado importante: Jesús ofrece a los suyos  el don de la paz. La verdadera paz es un don pascual, porque hoy día la paz es tan importante como el amor, y es uno de los frutos del amor.

Cristo Resucitado está entre nosotros, pero sólo quienes tienen fe son capaces de descubrir su presencia y transformar sus vidas… ¿nos hemos dado cuenta de que está vivo y camina a nuestro lado? “Yo soy el que vive”, escribe Juan desde su destierro allá en la isla de Patmos,  refiriéndose al Señor. “Estaba muerto y ya ves, vivo por los siglos de los siglos”.

Creer, nos dice este  Evangelio, es renunciar a ver con los ojos de la carne, a tocar con las manos, a meter el dedo en las heridas del crucificado para identificar al resucitado. Creer es buscar y encontrar al Señor en la comunidad de los que creen que Jesús es el Mesías, de los que encuentran en los sacramentos la vida que ha brotado de la cruz, Tomás sigue viviendo en cada uno de nosotros y es hermoso que sea así.

¿Cómo nos afecta en la vida diaria el temor ante las amenazas de la vida, los imprevistos de la existencia compleja, ante las contradicciones de la sociedad, las dificultades para enfrentarnos a nuestra misión y al diálogo con los alejados de la fe?.

Si el Reino de Dios y la vida eterna, si nuestra fe se expresa diariamente en la Oración o en la Eucaristía, entonces el miedo no existe. Y la otra prueba es la posesión de la paz.

Esa “Paz que necesitamos todos” se obtiene manteniendo viva la esperanza en Dios vivo y haciéndolo reinar en cada manifestación de nuestra vida.

Para llevarlo a la práctica:

  • La resurrección es una misión y una tarea por realizar, un testimonio por extender y una verdad por anunciar.
  • Jesucristo ha resucitado como primicia de la vida eterna a la que todos estamos llamados.
  • Sólo el que ama cristianamente posee la verdadera alegría de Cristo resucitado.
  • Podemos entonces hermanos rezar como Tomás diciendo: “Creo Señor, pero ayúdame siempre en medio de mi incredulidad”.   

¡Estuve muerto…y ahora vivo por los siglos!... “Yo soy el que vive…Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos; y tengo las llaves de la muerte y del abismo”.

Algunos como el Apóstol Tomás, desearían ver las cicatrices de los clavos o meter el dedo en las llagas. Pero un acontecimiento que supera el marco de nuestra historia humana y pertenece al tiempo de Dios, escapa a nuestras cosificaciones matemáticas. De ahí mis apreciados amigos que, “La resurrección sólo la entienden los que tienen fe, y ¡sobre todo amor!”

“Los discípulos dijeron a Tomás: Hemos visto al Señor. Pero él les contestó: Si no veo en sus manos la señal de los clavos…no lo creo” … Así como cuando la cera se acerca al fuego, se ablanda de inmediato; y el barro por el contrario se endurece, tengamos en cuenta apreciados hermanos que, ante las maravillas de Dios en nuestra vida, nuestro corazón a veces es de cera, y otras veces puede ser de barro.

¿Qué camino tomar? O será  ¿Proseguir cultivando la esperanza o admitir sin rodeos el fracaso?.

El Señor nos trae a todos la paz, y por intermedio de Tomás nos dice a cada momento: “Traigan su mano y métanla en mi costado y no sean incrédulos sino creyentes”.