19 September 2017
 

9 Julio 2013.  En la modernidad aparecieron situaciones complejas de solucionar. Mil casos clínicos se atienden y los científicos tratan de encontrar cura a todos estos fenómenos patológicos. La enfermedad y el deterioro del cuerpo hacen parte del normal desarrollo, de la transformación del mundo material y del cuerpo animal.

Ninguno está zafo de esta que puede llegar a ser una muy penosa realidad. No quisiéramos ni siquiera mencionar la enfermedad, no quisiéramos que los nuestros se tuvieran que quejar ni por sentir un mosquito. Afortunadamente los científicos van respondiendo a las preguntas variadas que surgen en torno al por qué del dolor.

Vincular el dolor sin sanación es atrapar obligatoriamente el concepto de la muerte, del acabose y del muy común pensar término de la vida. Desembocaría este discurso en el tema del más allá o el tema de la vida eterna.

¿Será que el mundo moderno podrá encontrar el elixir de la vida o la fuente de la juventud? ¿Estaríamos dispuestos a vivir más de 120 años si los medicamentos más sofisticados nos dieran ese chance? Hay quien se cansa de vivir, hay quien desea la muerte, hay quien no quiere acercarse a las terapias que traen la salud y aprenden a soportar y convivir con las dolamas que carcomen y cercenan la existencia. Hay quien infortunadamente en el desequilibrio social está abocado al drama del dolor sin nunca llegar a tener una oportunidad de sanidad porque en su ADN pareciera que esta inscrito; naciste para sufrir por tus muchas enfermedades.

Los cristianos nacieron en Cristo para redimir por el dolor la vida, la propia y la de los demás. La enfermedad como elemento a tratar en la persona trae como supuesto a una persona enferma o enfermiza o que sin asumir un dolor en particular se remata y concentra todo el resto de su ser en un elemento enfermo del ser, elemento particular. ¿Qué pretendemos asistir a la persona o la parte de la persona enferma? En los sistemas modernos de atención del dolor lo que importa es la enfermedad y no el enfermo.

 

El Varón sufriente de la cruz, en unas horas nos regaló de las lecciones más maravillosas para que su comunidad de hermanos se sirvieran de la salvación, es decir, de la salud que emanaba del madero de la cruz. La prueba del dolor de un cuerpo y un alma que padecían todo tipo de ultrajes, colgado en el madero de la cruz y en un trance indeseable, al mismo tiempo, se da salud e imparte salud.

Los cristianos seríamos los únicos capacitados para atender el sufrimiento de la humanidad. Medicamentos aparecen comercialmente a granar, para satisfacer y dar respuesta a elementos enfermos del cuerpo. La integralidad del ser sano lo armoniza Jesús de Nazaret y quienes los hacen presenten hoy, los cristianos. Y también la humanidad por el desequilibrio social, mal putrefacto que hiede en la sociedad, debe acudir a los cristianos, a Jesús y su Evangelio para salvarse, para alcanzar la salud. Podríamos apuntarnos u matricularnos todos en esta escuela, en donde el mismo padecer adquiere sentido y, la santa y bendita muerte trae vida.

Juan Carlos Almario Cabrera. Pbro.

Delegado de la Pastoral de las TIC

Diócesis de Garzón, Huila, Colombia.